IEEE. El Mediterráneo ampliado como espacio estratégico

Mapa estratégico de Egipto y regiones colindantes que detalla el trazado de cables submarinos de telecomunicaciones existentes y los enlaces proyectados

10 jul 2026

IEEE. El Mediterráneo ampliado como espacio estratégico

Lourdes Romero Armenteros. Periodista y analista especializada en geopolítica, política internacional y asuntos europeos

Introducción

La Unión Europea vuelve a mirar a sus vecinos del sur, y no lo hace precisamente por nostalgia geográfica ni por una renovada vocación euromediterránea, sino porque la fragmentación del entorno internacional, cada vez más competitivo y adverso, la hace más vulnerable. Por este motivo, y por la necesidad de recuperar peso político en la región, la UE quiere impulsar una nueva etapa de su política en la región, treinta años después de la Declaración de Barcelona, firmada en noviembre de 1995.

En este espacio confluyen, por un lado, actores como China, Rusia y los países del Golfo, que llevan años ganando peso e influencia, y, por otro, intereses europeos cada vez más vinculados a la seguridad energética y marítima, a la conectividad y a la estabilidad regional. Como señala Tarek Megerisi, del European Council on Foreign Relations (ECFR), en el artículo «The full Monty: Why the Mediterranean needs to offer the Works», el sur del Mediterráneo es hoy «el lugar donde se ganarán o se perderán la prosperidad, la seguridad y la relevancia geopolítica de Europa»1.

Ese giro político se concretó con el lanzamiento del nuevo Pacto por el Mediterráneo, adoptado el 16 de octubre de 2025. El Parlamento Europeo, en su briefing (documento o sesión informativa que resume la información clave de un proyecto) The Pact for the Mediterranean, lo presentó como un nuevo marco estratégico orientado a reforzar la cooperación con los socios del sur y a construir un «espacio mediterráneo común» más integrado, estable y próspero. El mismo documento lo define, además, como un «ambicioso cambio de paradigma» en las relaciones euromediterráneas, basado en la copropiedad, la cocreación y la responsabilidad conjunta2.

Con una particularidad relevante: el Mediterráneo que articula este nuevo marco, aunque dirigido principalmente a diez países mediterráneos, se abre también al Golfo, a África subsahariana, a los Balcanes Occidentales y a Turquía. La lógica es clara: el Mediterráneo ya no puede leerse solo como la frontera sur de la Unión Europea, sino como un espacio estratégico ampliado en el que confluyen la energía, las infraestructuras, la seguridad, la inversión y la competencia geopolítica.

También se configura como un espacio donde Europa se juega parte de su seguridad, su autonomía estratégica, su influencia y su proyección exterior, con implicaciones directas para España3. La propia Comisión Europea lo presenta, de hecho, como un esfuerzo por construir un espacio mediterráneo «más conectado, próspero, resiliente y seguro»4.

Sin embargo, conviene no ser ingenuos. Como advierte Richard Youngs, del Carnegie Endowment for International Peace, en el artículo «The EU’s Dead-on-Arrival Pact for the Mediterranean», el Mediterráneo actual es muy distinto al de los años del Proceso de Barcelona: la política regional está hoy mucho más condicionada por potencias no occidentales y por dinámicas intrarregionales, mientras que la propia UE se ha vuelto más dependiente de los gobiernos de la región en cuestiones como la migración, la energía o la cooperación antiterrorista5.

A ello se suma la heterogeneidad de intereses y posiciones entre los propios Estados miembros. Con todo ello sobre la mesa, la pregunta de fondo es si esta nueva estrategia europea responde realmente a un cambio de enfoque o si constituye, en lo esencial, una reformulación de la política de vecindad.

Por qué el Mediterráneo vuelve a convertirse en eje central para la UE

El Mediterráneo ya no puede leerse únicamente como un espacio de cooperación, vecindad o diálogo interregional. Para la Unión Europea, se ha convertido en una zona donde convergen buena parte de sus prioridades estratégicas: la seguridad energética, la migración, la estabilidad regional, la adaptación climática, las rutas comerciales, la conectividad, la competencia entre potencias y la influencia política.

La propia Comisión Europea presenta el nuevo Pacto por el Mediterráneo como una iniciativa destinada a construir un espacio común «más integrado, resiliente y seguro», en una región que reconoce como atravesada por «desafíos globales y regionales complejos»6.

La guerra de Ucrania aceleró este cambio. Antes de la invasión rusa de este país, Moscú era un proveedor energético central para la UE. Según la Comisión Europea, en 2021 suministraba el 45% de las importaciones europeas de gas. Esa dependencia cayó hasta el 12% en 2025, pero el giro obligó a la Unión a reconfigurar con rapidez sus fuentes de suministro y a mirar con más atención hacia los países del flanco sur en busca de gas, electricidad, interconexiones y energías renovables.

En 2025, el norte de África representaba ya el 13% de las importaciones europeas de gas, por detrás de Noruega y Estados Unidos. En este nuevo contexto, el Mediterráneo pasa de ser una periferia para formar parte de la respuesta europea a una doble necesidad: la seguridad energética y la descarbonización7.

Pero la transformación no es solo energética. La región se ha vuelto mucho más competida y los gobiernos mediterráneos disponen hoy de más alternativas que hace una década. China es el ejemplo más visible: el comercio entre Pekín y los países de la Liga Árabe alcanzó en 2023 unos 393.750 millones de dólares, según datos de la Administración General de Aduanas china recogidos por la agencia de noticias, Xinhua8.

Su presencia ya no se limita a la compra de hidrocarburos del Golfo, sino que se extiende a las infraestructuras, los puertos, la energía, la tecnología y la financiación vinculada a la Nueva Ruta de la Seda, con una posición especialmente relevante en economías como Egipto, Argelia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Marruecos.

Rusia, por su parte, mantiene influencia en varios frentes pese al desgaste de la guerra de Ucrania. En Siria, su presencia militar y energética sigue siendo un elemento de poder; en Libia, continúa siendo un actor relevante a través de redes militares, diplomáticas y de seguridad; y, en el Sahel —Malí, Burkina Faso o Níger—, ha intentado ocupar el espacio dejado por Francia y otros actores occidentales mediante el antiguo ecosistema Wagner y su sucesor, Africa Corps.

El Parlamento Europeo ha advertido de que la influencia rusa en África opera también a través de canales no oficiales, como compañías militares privadas y operaciones de información9. PISM, por su parte, describe Africa Corps como un instrumento cada vez más subordinado al Ministerio de Defensa ruso, que trabaja en ampliar su presencia militar en África10.

Turquía también ha reforzado su perfil como potencia regional autónoma. Su interés no se limita al Mediterráneo oriental y a las disputas marítimas o energéticas con Grecia y Chipre; también se extiende a Libia, donde Ankara ha utilizado acuerdos militares, presencia de seguridad y vínculos económicos para ganar influencia en un país clave para el equilibrio del Mediterráneo central.

Un análisis de Small Arms Survey sobre la política turca en Libia subraya precisamente esa combinación de intereses económicos, políticos y de seguridad11. En ese sentido, Libia funciona como un nodo que conecta los intereses turcos en el Mediterráneo, África subsahariana y Oriente Medio.

A ello se suma el peso creciente de los países del Golfo. Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Catar ya no actúan solo como proveedores de capital, sino como inversores estratégicos y actores diplomáticos. Egipto es el caso más evidente: el Fondo Monetario Internacional señaló que el acuerdo de 35.000 millones de dólares de Abu Dabi para desarrollar Ras El-Hekma alivió las presiones inmediatas sobre la balanza de pagos egipcia12.

También la agencia Reuters informó de otro proyecto de Qatari Diar, brazo inmobiliario del fondo soberano catarí, por 29.700 millones de dólares en la costa mediterránea egipcia13. En paralelo, Emiratos Árabes Unidos ha mediado varios intercambios de prisioneros entre Rusia y Ucrania14, mientras que Catar ha consolidado un papel de mediador especialmente visible en Gaza y mantiene interlocución activa en otros expedientes regionales15.

Este nuevo equilibrio da a los gobiernos de la región un margen de maniobra mayor que en etapas anteriores. Ya no dependen únicamente de Europa o de Estados Unidos, sino que pueden diversificar alianzas y negociar con varios actores a la vez.

Sus prioridades no pasan necesariamente por alinearse con la agenda europea, sino por proteger intereses propios como la estabilidad interna, la inversión, la seguridad alimentaria y energética, el control migratorio, el acceso a tecnología, el desarrollo de infraestructuras y una mayor autonomía diplomática.

La guerra de Ucrania lo mostró con claridad. En la votación de la Asamblea General de la ONU de marzo de 2022 que condenó la invasión rusa, cinco de los diecinueve países de Oriente Medio y Norte de África analizados por The Washington Institute no apoyaron la resolución16. Argelia, Irán e Iraq se abstuvieron, Siria votó en contra y Marruecos no votó.

Entre ellos figuraban, además, tres países directamente vinculados a la cuenca mediterránea —Argelia, Marruecos y Siria—, lo que confirma que también en este espacio prevaleció una lógica de cautela estratégica y preservación del margen de maniobra.

La paradoja para la UE es evidente: el Mediterráneo gana centralidad estratégica justo cuando la relación política entre Europa y buena parte de su vecindad sur atraviesa uno de sus momentos de menor confianza. El informe de EuroMeSCo/IEMed Shaping Policy: Regional Consultation on the New Pact for the Mediterranean señala que «la respuesta de la UE al conflicto israelo-palestino ha socavado sus valores fundamentales y su credibilidad en la región»17.

El documento apunta, además, que desde 2023 existen indicios de una brecha de confianza creciente, especialmente vinculada a Palestina. Según la encuesta recogida en el informe, el 20,2% de los participantes considera que la respuesta europea ha dañado la reputación de la Unión en la región; el 20,5% cree que ha perjudicado su capacidad de influencia a través de la diplomacia y los valores compartidos; y el 37,9% considera que ha debilitado su compromiso con los derechos humanos y el Estado de derecho.

Ese distanciamiento no es solo gubernamental. También es social y reputacional. El artículo When soft power is spent: Gaza, Ukraine, and Europeans’ standing in the Arab world, publicado por ECFR, sostiene que la reacción occidental ante Gaza ha alterado radicalmente el contexto de las relaciones europeas con la sociedad civil árabe18.

Para muchos actores de la región, Gaza ha hecho visible una contradicción entre la defensa europea del derecho internacional en Ucrania y su respuesta al conflicto israelo-palestino. Esa percepción golpea una de las principales fuentes de influencia de Europa: su imagen como actor comprometido con los derechos humanos, la democracia, el Estado de derecho y la sociedad civil.

Por una combinación de urgencia e inseguridad, el Mediterráneo vuelve al centro de la agenda europea. La UE necesita a la región para su suministro de energía, su seguridad, su política migratoria, su adaptación climática y su proyección geopolítica. Pero se encuentra con una vecindad sur más autónoma, más disputada por otros actores y menos dispuesta a aceptar la narrativa europea sin cuestionarla.

El nuevo Pacto por el Mediterráneo nace precisamente de esa tensión. Bruselas necesita relanzar la relación, pero ya no puede hacerlo desde la lógica asimétrica que marcó otros momentos. Si quiere recuperar influencia, tendrá que ofrecer una asociación más equilibrada, concreta y creíble.

La nueva lógica estratégica del Mediterráneo

Ya no basta con mirar al Mediterráneo en clave de vecindad, diálogo político o gestión de crisis. Hoy en día, no funciona solo como la frontera sur de Europa, sino como un espacio donde se disputa el control de las rutas, las infraestructuras, los suministros y la capacidad de influencia.

Leerlo únicamente como una línea de separación entre la UE y su vecindad sur deja fuera lo esencial: cómo se reorganizan en ese espacio la seguridad del suministro, la descarbonización, la inversión y la capacidad de negociación entre ambas orillas. Ese cambio de escala se percibe con especial claridad en tres planos: la energía, la conectividad y la creciente competencia entre actores por la seguridad, las infraestructuras y la proyección estratégica.

La energía: del suministro a la interdependencia estratégica

La primera pregunta que puede surgir es evidente: ¿sigue siendo el Mediterráneo principalmente una cuestión de gas? La respuesta es sí, pero cada vez menos. Argelia sigue siendo un proveedor importante para la UE y, según Tarek Megerisi en The full monty: Why the Mediterranean pact needs to offer the works (ECFR), aporta en torno al 11% de las importaciones europeas de gas19.

Pero limitar la lectura mediterránea a ese dato sería quedarse en el pasado. Lo que hoy está en juego no es únicamente sustituir suministros, sino decidir qué papel tendrá el sur del Mediterráneo en la nueva arquitectura energética europea: si será solo una plataforma de exportación o si, por el contrario, podrá convertirse en un socio integrado en las redes, la inversión, la industria y la transición.

Este planteamiento es clave. Como plantean Gonzalo Escribano y Aitor Errazkin, analistas del Real Instituto Elcano, en Renovación del espacio energético y climático euromediterráneo, la cuenca mediterránea debe pensarse como un espacio de interdependencia energética y climática, no como una suma de proveedores y clientes20.

El documento sostiene que el Mediterráneo puede desempeñar una función vital tanto en la diversificación de fuentes como en la integración de las energías renovables, el hidrógeno y otras tecnologías bajas en carbono. Una pista importante es que la energía ya no estructura este espacio solo por lo que Europa compra, sino por lo que pretende construir allí.

Escribano subraya, en su artículo La energía en el nuevo Pacto por el Mediterráneo, que la principal novedad del Pacto no está tanto en el suministro fósil como en la insistencia en invertir en las renovables, las redes euromediterráneas y las cadenas industriales descarbonizadas21.

Eso explica también por qué la Comisión Europea no presenta el Pacto únicamente en clave de seguridad de abastecimiento. Su lenguaje mezcla energías limpias, cadenas de suministro, materiales críticos e infraestructuras, mientras que el Parlamento Europeo lo vincula a la seguridad económica europea, a la reducción de dependencias y a la necesidad de integrar economías y cadenas de valor.

En otras palabras, la energía mediterránea se vuelve estratégica porque conecta tres planos a la vez: el del suministro, el de la transición y el de la política industrial. No se trata solo de recibir más gas, sino de asegurar las redes, las interconexiones, las tecnologías limpias y la capacidad de producción cercana para una Europa que quiere descarbonizarse sin perder competitividad.

Pero ¿puede la UE construir esa interdependencia sin reproducir viejas asimetrías? Aquí conviene introducir cautela. Philipp Wagner, experto de ECFR, advierte en su artículo, «Power sharing: The politics of European-Tunisian energy cooperation», que la diplomacia energética europea solo será sostenible si incorpora la política interna de sus socios y genera beneficios tangibles, y no únicamente proyectos concebidos desde Bruselas22.

La advertencia es importante porque toca uno de los puntos débiles de la relación euromediterránea: la tentación de ver el sur como un espacio de extracción, tránsito o externalización, sin integrar de verdad sus intereses productivos y sociales. Dicho de forma más simple, la cooperación energética solo tendrá sentido si también es percibida como desarrollo, empleo e infraestructura útil en la otra orilla.

Además, el vector energético no ordena el Mediterráneo en abstracto, sino a través de rivalidades muy concretas. El cierre, en 2021, del gasoducto Magreb-Europa, por el deterioro de la relación entre Argelia y Marruecos, mostró hasta qué punto una disputa bilateral puede alterar un corredor con impacto directo sobre España y Portugal.

Esa lección sigue vigente: el Mediterráneo energético no es un tablero neutro, sino un espacio donde las infraestructuras, los regímenes, las inversiones y los conflictos regionales se condicionan mutuamente. Por eso la energía no es solo uno de los vectores del Mediterráneo: es, probablemente, el ejemplo más claro de cómo ese espacio ha pasado de ser una frontera a convertirse en un corredor estratégico.

La conectividad: rutas, puertos, cables y cadenas de suministro

La conectividad es el segundo gran vector que ordena hoy el Mediterráneo. Su importancia no se mide solo en términos comerciales, sino también por su capacidad para articular los datos, las infraestructuras, la logística y el acceso a mercados.

La Comisión sitúa entre sus prioridades la mejora de las infraestructuras digitales, la integración de las cadenas de suministro y el impulso de una economía azul más sostenible. Ya no se trata solo de gestionar una vecindad, sino de ordenar un espacio de circulación y competencia.

La dimensión marítima sigue siendo decisiva. El Parlamento Europeo advierte de que los conflictos en Gaza, Líbano e Irán, así como la inestabilidad en Libia o el Sahel pueden repercutir rápidamente en Europa al alterar la seguridad marítima y las rutas comerciales.

Esa idea es importante porque cambia el enfoque: el Mediterráneo no aparece solo como escenario de crisis, sino como una infraestructura estratégica cuya disrupción tiene efectos casi inmediatos sobre el comercio, la logística y, en consecuencia, sobre la economía europea.

Sin embargo, la conectividad mediterránea ya no es únicamente marítima. También es digital. En The Strategic Future of Subsea Cables: Egypt Case Study, Erin L. Murphy y Thomas Bryja, del CSIS, describen Egipto como un nodo crítico entre Europa, Asia, Oriente Medio y África23.

Su dato más revelador es que el país canaliza aproximadamente el 17% del tráfico mundial de internet y más del 90% de las comunicaciones entre Europa y Asia a través de cables que pasan por Egipto y el mar Rojo. Eso convierte al Mediterráneo en algo más que una ruta comercial: lo transforma en una pieza de la infraestructura global de datos.

Pero la conectividad no solo es tránsito, ahora tiene la capacidad de atraer inversión, fijar nodos, concentrar datos y capturar valor estratégico, y Egipto está en el centro de esa dinámica. Según el U.S. Department of Commerce, a mediados de 2025 el país estaba conectado a 15 cables submarinos operativos y tenía tres más en construcción. Además, se está posicionando como un «centro regional para centros de datos e infraestructuras digitales» entre África, Oriente Medio y Europa24.

Con todo esto sobre la mesa, surge una nueva pregunta: ¿quién controla esa conectividad? No basta con que existan puertos, cables o corredores; importa quién los financia, quién los protege y quién obtiene capacidad de influencia a través de ellos.

Por eso la conectividad se ha transformado en una cuestión de poder y por eso también, el Mediterráneo debe leerse como un espacio donde se disputa algo más que el paso de mercancías: está en juego la capacidad de Europa para seguir influyendo en los flujos que la conectan con Asia, África y Oriente Medio.

Seguridad y competencia de actores: un espacio disputado

La seguridad en el Mediterráneo depende, cada vez más, de quién logra convertir su presencia en influencia duradera: financiando infraestructuras, sosteniendo gobiernos bajo presión, ofreciendo mediación o controlando corredores estratégicos.

Eso explica por qué a la UE le cuesta más ordenar este espacio que en el pasado. Ya no se enfrenta únicamente a actores que proyectan fuerza, sino a competidores capaces de combinar capital, protección y capacidad diplomática en una misma oferta.

El problema, por tanto, no es solo quién está en la región, sino quién consigue que su presencia sea políticamente útil y estratégicamente rentable.

Para la UE, el problema no es solo que el entorno se haya vuelto más inseguro, sino que su capacidad para influir en él se ha reducido. El Centre for European Reform advierte que, a medida que Oriente Medio se ha vuelto «cada vez más inestable», los europeos han sido «incapaces de ejercer influencia» en algunos de los conflictos más graves de su vecindad y han quedado reducidos a actores «marginales»25.

Esa pérdida de margen se produce, además, en un entorno de fuerte densidad estratégica y militar: según SIPRI, Oriente Medio concentró el 27% de las importaciones mundiales de armas en 2020-202426.

La combinación de inestabilidad, militarización y competencia externa ayuda a explicar por qué la región ya no es solo una periferia expuesta a crisis, sino un espacio disputado en el que Bruselas tiene intereses directos, pero cada vez menos capacidad para imponer por sí sola las reglas del juego.

La prueba de estrés: Irán, Líbano y Ormuz

La actual escalada con Irán y la crisis en torno al estrecho de Ormuz han convertido en algo visible lo que hasta hace poco podía sonar demasiado teórico: el Mediterráneo funciona como un sistema estratégico continuo.

Ormuz no está en el Mediterráneo, pero su cierre o semiparálisis altera de forma directa el valor estratégico de todo el arco que conecta el Golfo, el mar Rojo, Suez y Mediterráneo oriental. La Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) recuerda que en 2025 por Ormuz transitó en torno al 20% del comercio mundial de petróleo y cerca de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado (GNL)27, mientras que UNCTAD documentó que, tras la escalada de finales de febrero de 2026, el tráfico diario por el estrecho cayó casi un 97% respecto al porcentaje medio anterior28.

La consecuencia fue que, entre el 27 de febrero y el 9 de marzo, los precios internacionales del crudo y del GNL subieron un 27% y un 74% respectivamente. Estos datos muestras que, cuando Ormuz se bloquea, el Mediterráneo deja de ser una periferia y pasa a formar parte de una secuencia de riesgos interconectados.

Para la Unión Europea, el impacto no se mide solo en dependencia directa, sino en exposición sistémica. La Unión depende menos que Asia del GNL que cruza Ormuz, pero no queda al margen: la IEA estima que alrededor del 7% de las entradas totales de GNL en Europa en 2025 procedieron de flujos que pasaron por el estrecho.

Eso basta para mover precios, rutas y expectativas de mercado. En otras palabras, el problema no es únicamente cuánto gas o petróleo recibe Europa desde esa vía, sino que su seguridad energética, su comercio y su percepción de riesgo siguen atados a un corredor que no controla plenamente.

Ese es precisamente el tipo de dependencia que convierte al Mediterráneo en un espacio geopolítico de primer orden: no porque concentre una sola crisis, sino porque conecta varias crisis con efectos inmediatos sobre la economía europea.

Líbano añade otra capa a esa prueba de estrés. La escalada en su territorio no solo tensiona la zona, sino que confirma que este espacio es también un cinturón de fragilidad política con consecuencias directas para Europa.

El Consejo Europeo ha advertido29 del aumento de hostilidades y del riesgo de desestabilización regional, mientras el EEAS ha hablado de más de un millón de desplazados en el país30.

Desde una óptica europea, eso afecta a la seguridad, la ayuda humanitaria, la presión migratoria y la capacidad de mediación. Pero también pone sobre la mesa una pregunta incómoda: si la seguridad del sistema Ormuz-Suez-Mediterráneo depende, sobre todo, de la disuasión militar de Estados Unidos, de coaliciones navales ad hoc y de equilibrios regionales muy frágiles, ¿hasta qué punto puede la UE actuar como un actor estratégico?

Por qué la UE intenta reordenarlo ahora

La UE lanza el Pacto por el Mediterráneo ahora porque ha asumido que el marco anterior ya no le basta. Durante años, la relación con la vecindad sur se apoyó en una mezcla de política de vecindad, acuerdos bilaterales y gestión de crisis.

El problema es que ese esquema dejó a la Unión con mucha presencia financiera, pero con menos capacidad de ordenar políticamente el espacio. El propio documento del Parlamento Europeo sitúa el nuevo Pacto como respuesta a una región marcada por las brechas de inversión, la baja integración económica, la presión migratoria, la inseguridad y las disrupciones en rutas y suministros.

La segunda cuestión es qué intenta corregir. Sobre el papel, el Pacto quiere superar dos límites muy claros de la etapa anterior: la fragmentación y el cortoplacismo. El Parlamento Europeo insiste en que el problema mediterráneo no es solo de seguridad, sino también de baja integración regional y de economías que no logran atraer suficiente inversión ni subir en las cadenas de valor.

La Comisión, por su parte, intenta ordenar bajo un mismo marco lo que antes aparecía disperso: la energía, el ámbito digital, la seguridad, la movilidad, la inversión y las cadenas de suministro. El mensaje implícito es que Europa ya no puede relacionarse con el sur solo a golpe de acuerdo migratorio, paquete financiero o respuesta táctica a una crisis concreta. Necesita una arquitectura más amplia.

Ahora bien, ¿qué ofrece realmente? Aquí conviene distinguir entre narrativa e instrumentos. La narrativa es ambiciosa: un «espacio mediterráneo común» más integrado, resiliente y seguro, articulado en torno a tres pilares (las personas, las economías sostenibles e integradas, y la seguridad, la preparación y la gestión de la migración).

Los instrumentos son más concretos: alineación con Global Gateway, inversiones en el ámbito digital, la energía y el transporte, y apertura a financiación privada para proyectos euromediterráneos31. La Comisión asegura que Global Gateway ya alcanzó su anterior objetivo de 300.000 millones de euros antes de plazo y ha fijado uno nuevo de 400.000 millones hasta 202732. Además, está utilizando ese marco para impulsar iniciativas como la expansión del sistema de cable submarino Medusa y convocatorias para las energías renovables y las tecnologías limpias en el Mediterráneo. La pregunta razonable, por tanto, no es si Bruselas tiene un relato, sino si dispone de una oferta lo bastante grande, visible y creíble como para competir con otros actores en la región.

Ahí aparece la duda de fondo: ¿es una respuesta estratégica suficiente o sigue siendo demasiado limitada? Tarek Megerisi, del ECFR, cree que el Pacto va en la dirección correcta, pero advierte en The full monty: Why the Mediterranean pact needs to offer the works, que un enfoque tipo «menú» corre el riesgo de quedarse en acuerdos parciales y de corto plazo; su propuesta es pasar a «grandes acuerdos» que agrupen la inversión, la energía, los visados y las infraestructuras.

Richard Youngs, desde Carnegie, es menos optimista y sostiene en The EU’s Dead-on-Arrival Pact for the Mediterranean que el nuevo Pacto puede acabar siendo una política «más limitada, más defensiva» y más subordinada a intereses geopolíticos europeos que a una asociación realmente equilibrada.

Entre ambos diagnósticos se mueve hoy el debate real sobre el Pacto: Bruselas lo presenta como un «cambio de paradigma», pero sigue abierta la pregunta de si tiene la escala política, financiera y de credibilidad necesaria para ser algo más que una reformulación de la vieja política de vecindad.

Qué significa esto para España

Para España, el Mediterráneo ampliado no es una abstracción geopolítica, sino su entorno estratégico más inmediato. Es la frontera sur europea, sí, pero también un punto de conexión entre Europa, el Magreb, el Sahel y los corredores marítimos que enlazan el Atlántico con el Mediterráneo central y oriental.

Esa posición genera riesgos evidentes, pero también una ventana de oportunidad poco habitual. Si la UE quiere construir una estrategia más coherente hacia el sur, España está mejor situada que muchos de sus socios para actuar como nodo energético, logístico y político.

Luis Simón, director de la oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas, lo resume en «Finding the balance: Russia, the South and the future of Spain’s defence»: la defensa española necesita equilibrar la solidaridad euroatlántica con la atención a sus «prioridades estratégicas propias», entre las que el sur ocupa un lugar central33.

La oportunidad más clara está en el terreno energético y de interconexión. Brookings recuerda en «After the energy crisis: Policy responses in the Iberian Peninsula» que la península ibérica dispone de una ventaja competitiva en Europa por su base renovable, su infraestructura de GNL y su posición geográfica34.

Pero esa ventaja sigue limitada por un cuello de botella conocido: su escasa conexión con el resto del mercado eléctrico europeo. En 2025, España y Portugal insistieron ante Bruselas en que la interconexión eléctrica ibérica con Francia apenas ronda el 3%, muy por debajo del objetivo europeo del 15% para 203035, mientras que el Banco Europeo de Inversiones aprobó 1.600 millones de euros para apoyar la interconexión submarina por el golfo de Vizcaya36. El mensaje es claro: España puede convertirse en núcleo energético europeo, pero, para hacerlo, necesita que Europa trate la conectividad ibérica como un asunto estratégico y no como problema periférico.

Los riesgos, sin embargo, son igual de concretos. España está especialmente expuesta a la evolución del Magreb, a la rivalidad entre Argelia y Marruecos, a la inestabilidad del Sahel y a la seguridad marítima en el Mediterráneo occidental y central.

La Estrategia de Acción Exterior 2025-202837 del Gobierno de España identifica de forma expresa el Mediterráneo, África y el Atlántico como espacios prioritarios, mientras que la Estrategia Nacional de Seguridad Marítima subraya la necesidad de proteger los intereses económicos, energéticos y logísticos que dependen del mar38.

Eso significa que, para España, el sur no es solo una cuestión diplomática o migratoria: es la seguridad marítima, la estabilidad regional, las rutas comerciales, las infraestructuras críticas y la capacidad de influencia dentro de la UE.

La oportunidad española está ahí: ayudar a que Bruselas mire al sur de forma más estratégica, más integrada y menos reactiva. Pero para hacerlo con credibilidad, Madrid necesita algo más que diagnóstico: necesita traducir su posición geográfica en una propuesta política39.

Conclusión

Hoy, el Mediterráneo es un espacio donde se cruzan la energía, las rutas comerciales, la conectividad digital, la seguridad marítima, la rivalidad entre potencias y la fragilidad política. Y precisamente por eso, ha vuelto al centro de la agenda europea: no porque Bruselas haya recuperado de pronto una ambición mediterránea especialmente sólida, sino porque el deterioro del entorno estratégico obliga a mirar al sur con otros ojos.

Ese cambio de mirada, sin embargo, no garantiza por sí mismo una estrategia eficaz. El nuevo Pacto por el Mediterráneo refleja una toma de conciencia real: la UE entiende que ya no puede abordar la región solo desde la lógica de la vecindad, la gestión migratoria o la respuesta ad hoc a cada crisis.

Pero también deja abiertas dudas importantes sobre su alcance, su credibilidad y su capacidad para competir en un espacio donde otros actores ofrecen inversión, seguridad, infraestructuras o mediación con mayor rapidez, menos condiciones y, a menudo, más claridad de objetivos.

A ello se suma un obstáculo interno nada menor: la dificultad de los propios europeos para mirar al Mediterráneo con una lógica realmente común, en un contexto en el que conviven prioridades nacionales distintas, sensibilidades desiguales entre el este y el sur y ritmos políticos que no siempre avanzan en la misma dirección.

La cuestión de fondo no es si el Mediterráneo importa, porque eso ya no admite discusión. La cuestión es si Europa está preparada para actuar en él como actor estratégico.

Para países como España, esa pregunta es todavía más directa. El sur no es un debate abstracto, sino una realidad inmediata que afecta a su energía, su seguridad marítima, su estabilidad regional y su posición dentro de la UE. En ese sentido, el Mediterráneo no solo obliga a repensar la política europea hacia el sur, sino que obliga también a decidir si la Unión Europea quiere limitarse a gestionar vulnerabilidades o si está dispuesta, por fin, a convertir ese espacio en una verdadera prioridad estratégica.

Lourdes Romero Armenteros
Periodista y analista especializada en geopolítica, política internacional y asuntos europeos

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] MEGERISI, Tarek. «The full monty: Why the Mediterranean pact needs to offer the works», European Council on Foreign Relations (ECFR). 2025. Disponible en: https://ecfr.eu/publication/the-full-monty-why-the-mediterranean-pact-needs-to-offer-the-works/ (consultado 27/4/2026).
[2] PARLAMENTO EUROPEO. «The Pact for the Mediterranean», EPRS Briefing, PE 779.223. Noviembre de 2025. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2025/779223/EPRS_BRI%282025%29779223_EN.pdf (consultado 27/4/2026).
[3] PARLAMENTO EUROPEO. «The Pact for the Mediterranean», EPRS Briefing, PE 779.223. Noviembre de 2025. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2025/779223/EPRS_BRI%282025%29779223_EN.pdf (consultado 27/4/2026).
[4] COMISIÓN EUROPEA. «Pact for the Mediterranean: enhancing jobs, energy and security», Comisión Europea. 16/10/2025. Disponible en: https://commission.europa.eu/news-and-media/news/pact-mediterranean-enhancing-jobs-energy-and-security-2025-10-16_en (consultado 27/4/2026).
[5] YOUNGS, Richard. «The EU’s Dead-on-Arrival Pact for the Mediterranean», Carnegie Endowment for International Peace. 2025. Disponible en: https://carnegieendowment.org/research/2025/09/the-eus-dead-on-arrival-pact-for-the-mediterranean (consultado 30/4/2026).
[6] COMISIÓN EUROPEA. «Pact for the Mediterranean: enhancing jobs, energy and security», Comisión Europea. 16/10/2025. Disponible en: https://commission.europa.eu/news-and-media/news/pact-mediterranean-enhancing-jobs-energy-and-security-2025-10-16_en (consultado 27/4/2026).
[7] COMISIÓN EUROPEA. «In focus: EU energy security explained», Comisión Europea. 20/4/2026. Disponible en: https://energy.ec.europa.eu/news/focus-eu-energy-security-explained-2026-04-20_en (consultado 3/5/2026).
[8] XINHUA. «China-Arab trade booms over two decades», Xinhua. 30/5/2024. Disponible en: https://english.news.cn/20240530/f933624bf5bd4e7b8b4426ee9d2b3498/c.html (consultado 3/5/2026).
[9] PARLAMENTO EUROPEO. «Aprobación de la gestión 2024: presupuesto general de la UE – Parlamento Europeo», Resolución legislativa del Parlamento Europeo. 29/4/2026. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-10-2026-0081_EN.html (consultado 27/4/2026).
[10] PISM. «AFRICA CORPS—A New Iteration of Russia’s Old Expansion Tool», Polish Institute of International Affairs. 2/5/2024. Disponible en: https://pism.pl/webroot/upload/files/Raport/PISM%20Report%20Africa%20Corps_end.pdf (consultado 27/4/2026).
[11] SMALL ARMS SURVEY. «Turkish Foreign Policy in Libya: Geopolitical Interests and Fragile Peace», Security Assessment in North Africa (SANA). Noviembre de 2024. Disponible en: https://www.smallarmssurvey.org/sites/default/files/resources/SAS-SANA-BP-2024-Turkish-FP-Libya-EN.pdf (consultado 27/4/2026).
[12] FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (IMF). «IMF Executive Board Completes the First and Second Reviews of the Extended Fund Facility Arrangement for Egypt, and Approves Augmentation», Nota de prensa PR24/101. 29/3/2024. Disponible en: https://www.imf.org/en/news/articles/2024/03/29/pr24101-egypt-imf-executive-board-completes-first-second-reviews-eff-approves-augmentation (consultado 3/5/2026).
[13] REUTERS. «Qatari Diar to invest $29.7 billion in luxury project on Egypt’s Mediterranean coast», Reuters. 5/11/2025. Disponible en: https://www.reuters.com/world/middle-east/qatari-diar-enter-297-billion-deal-real-estate-project-egypt-2025-11-05/ (consultado 3/5/2026).
[14] REUTERS. «Ukraine, Russia swap 193 prisoners of war each in U.S., UAE-facilitated exchange», Reuters. 24/4/2026. Disponible en: https://www.reuters.com/world/europe/ukraine-russia-swap-193-prisoners-war-each-us-uae-facilitated-exchange-2026-04-24/ (consultado 3/5/2026).
[15] REUTERS. «Qatari prime minister says nothing will deter Qatar’s mediation role», Reuters. 9/9/2025. Disponible en: https://www.reuters.com/world/middle-east/qatari-prime-minister-says-nothing-will-deter-qatars-mediation-role-2025-09-09/ (consultado 3/5/2026).
[16] THE WASHINGTON INSTITUTE. «The UN Resolution on Ukraine: How Did the Middle East Vote?», The Washington Institute for Near East Policy. 2/3/2022. Disponible en: https://www.washingtoninstitute.org/policy-analysis/un-resolution-ukraine-how-did-middle-east-vote (consultado 6/5/2026).
[17] EUROMESCO / IEMED. «Shaping Policy: Regional Consultation on the New Pact for the Mediterranean», Euromed Survey. 15 de junio de 2025. Disponible en: https://www.euromesco.net/wp-content/uploads/2025/06/Survey15_final2_web.pdf (consultado 6/5/2026).
[18] LYNCH, James. «When soft power is spent: Gaza, Ukraine, and Europeans’ standing in the Arab world», European Council on Foreign Relations (ECFR). 4/3/2024. Disponible en: https://ecfr.eu/article/when-soft-power-is-spent-gaza-ukraine-and-europeans-standing-in-the-arab-world/ (consultado 6/5/2026).
[19] MEGERISI, Tarek. «The full monty: Why the Mediterranean pact needs to offer the works», European Council on Foreign Relations (ECFR). 2025. Disponible en: https://ecfr.eu/publication/the-full-monty-why-the-mediterranean-pact-needs-to-offer-the-works/ (consultado 27/4/2026).
[20] ESCRIBANO, Gonzalo y ERRAZKIN, Aitor. «Renovación del espacio energético y climático euromediterráneo», Real Instituto Elcano, Policy Paper. 2023. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/policy-paper/renovacion-del-espacio-energetico-y-climatico-euromediterraneo/ (consultado 4/5/2026).
[21] ESCRIBANO, Gonzalo. «La energía en el nuevo Pacto por el Mediterráneo: renovación, perspectivas y omisiones», Real Instituto Elcano. 5/12/2025. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-energia-en-el-nuevo-pacto-por-el-mediterraneo-renovacion-perspectivas-y-omisiones/ (consultado 4/5/2026).
[22] WAGNER, Philipp. «Power sharing: The politics of European-Tunisian energy cooperation», European Council on Foreign Relations (ECFR). 2025. Disponible en: https://ecfr.eu/publication/power-sharing-the-politics-of-european-tunisian-energy-cooperation/ (consultado 4/5/2026).
[23] MURPHY, Erin L. y BRYJA, Thomas. «The Strategic Future of Subsea Cables: Egypt Case Study», Center for Strategic and International Studies (CSIS). 2025. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/strategic-future-subsea-cables-egypt-case-study (consultado 3/5/2026).
[24] U. S. DEPARTMENT OF COMMERCE. «Egypt Data Centers», International Trade Administration. 2025. Disponible en: https://www.trade.gov/market-intelligence/egypt-data-centers (consultado 3/5/2026).
[25] CENTRE FOR EUROPEAN REFORM. «Annual report 2024», Centre for European Reform. 2025. Disponible en: https://www.cer.eu/sites/default/files/annual_report_2024.pdf (consultado 4/5/2026).
[26] HUSSAIN, Zain y TARTIR, Alaa. «Recent trends in international arms transfers in the Middle East and North Africa», Stockholm International Peace Research Institute. 10/4/2025. Disponible en: https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2025/recent-trends-international-arms-transfers-middle-east-and-north-africa (consultado 4/5/2026).
[27] INTERNATIONAL ENERGY AGENCY (IEA). «Strait of Hormuz», International Energy Agency. 2026. Disponible en: https://www.iea.org/about/oil-security-and-emergency-response/strait-of-hormuz (consultado 4/5/2026).
[28] UNCTAD. «Strait of Hormuz disruptions: implications for global trade and development», UN Trade and Development. 2026. Disponible en: https://unctad.org/system/files/official-document/osgttinf2026d1_en.pdf (consultado 4/5/2026).
[29] CONSEJO EUROPEO / CONSILIUM. «European Council conclusions on Middle East», Consejo Europeo. 19/3/2026. Disponible en: https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2026/03/19/european-council-conclusions-on-middle-east/ (consultado 6/5/2026).
[30] SERVICIO EUROPEO DE ACCIÓN EXTERIOR (EEAS). «Lebanon: Statement by the Spokesperson on the recent developments», EEAS. 2026. Disponible en: https://www.eeas.europa.eu/eeas/lebanon-statement-spokesperson-recent-developments_en (consultado 6/5/2026).
[31] COMISIÓN EUROPEA. «Global Gateway in the Mediterranean», Comisión Europea. 2025. Disponible en: https://north-africa-middle-east-gulf.ec.europa.eu/what-we-do/global-gateway-mediterranean_en (consultado 6/5/2026).
[32] COMISIÓN EUROPEA. «Team Europe reaches €300 billion target for Global Gateway investments ahead of time», Comisión Europea. 9/10/2025. Disponible en: https://north-africa-middle-east-gulf.ec.europa.eu/news/team-europe-reaches-eu300-billion-target-global-gateway-investments-ahead-time-2025-10-09_en (consultado 6/5/2026).
[33] SIMÓN, Luis. «Finding the balance: Russia, the South and the future of Spain’s defence», Real Instituto Elcano. 2025. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/en/analyses/finding-the-balance-russia-the-south-and-the-future-of-spains-defence/ (consultado 6/5/2026).
[34] BROOKINGS INSTITUTION. «After the energy crisis: Policy responses in the Iberian Peninsula», Brookings. 2025. Disponible en: https://www.brookings.edu/articles/after-the-energy-crisis-policy-responses-in-the-iberian-peninsula/ (consultado 6/5/2026).
[35] REUTERS. «Spain, Portugal ask EU to push for power links with France after outage», Reuters. 21/5/2025. Disponible en: https://www.reuters.com/sustainability/boards-policy-regulation/spain-portugal-ask-eu-push-power-links-with-france-after-outage-2025-05-21/ (consultado 5/5/2026).
[36] REUTERS. «EIB backs Spain-France power link with 1.6 billion euros», Reuters. 16/6/2025. Disponible en: https://www.reuters.com/sustainability/climate-energy/eib-backs-spain-france-power-link-with-16-billion-euros-2025-06-16/ (consultado 5/5/2026).
[37] MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES, UNIÓN EUROPEA Y COOPERACIÓN. «Estrategia de Acción Exterior 2025-2028», Gobierno de España. 2025. Disponible en: https://www.exteriores.gob.es/es/PoliticaExterior/Paginas/Estrategia-de-Accion-Exterior-2025-2028.aspx (consultado 5/5/2026).
[38] DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD NACIONAL. «Estrategia Nacional de Seguridad Marítima 2024», Gobierno de España. 2025. Disponible en: https://www.dsn.gob.es/sites/default/files/2025-03/ENSM%202024%20Castellano%20Accesible.pdf (consultado 5/5/2026).
[39] INSTITUTO ESPAÑOL DE ESTUDIOS ESTRATÉGICOS. «España frente a su realidad estratégica marítima», IEEE, Ministerio de Defensa. 2025. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/espanna-frente-a-su-realidad-estrategica-maritima (consultado 6/5/2026).
    • El Mediterráneo ampliado como espacio estratégico (0,2 MB)

    • The Enlarged Mediterranean as a Strategic Space (0,2 MB)