IEEE. El Magreb en 2025. Navegando los desafíos domésticos y los cambios regionales e internacionales

16 jun 2026
IEEE. El Magreb en 2025. Navegando los desafíos domésticos y los cambios regionales e internacionales
Miguel Hernando de Larramendi. Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Castilla-La Mancha y director del Grupo de Estudios sobre las Sociedades Árabes y Musulmanas (GRESAM)
Introducción
Este capítulo reflexiona sobre los Estados magrebíes, sus retos internos y sobre cómo navegan desde la región las transformaciones de un contexto internacional marcado por la erosión del multilateralismo, la crisis del orden liberal y el debilitamiento de las agendas liberalizadoras y democratizadoras occidentales. Estas han dado paso a prioridades más pragmáticas y a corto plazo, enfocadas en garantizar la cooperación en materia migratoria y de seguridad en un contexto de pérdida de autoridad moral de Occidente en Gaza, de aplicación selectiva del derecho internacional en Ucrania y de quiebra del principio de soberanía estatal como refleja la intervención de Estados Unidos en Venezuela.
En el plano doméstico, las protestas antiautoritarias de 2011 conocidas como «primavera árabe» y sus prolongaciones posteriores en 2016 (Hirak del Rif) y 2019 (Hirak argelino) pusieron de relieve la agudización de las desigualdades sociales, económicas y territoriales y el cuestionamiento de los regímenes y los mecanismos de gobernanza. Los regímenes magrebíes han demostrado su capacidad de resiliencia a través de reformas que no han alterado las estructuras autoritarias (Marruecos y Argelia) y de reinstalación autoritaria en Túnez tras la elección del presidente Kaïs Saïed en 2019. En Libia, continúa la fractura política y territorial iniciada tras la guerra civil desencadenada por la revolución contra el coronel Gadafi, en 2011.
En el ámbito interno, hay un retroceso de las libertades públicas, un aumento de la represión y una limitación de los espacios de disenso con unas sociedades civiles debilitadas que se ven privadas, en muchos casos, de recursos exteriores tras el desmantelamiento de la USAID por la administración Trump y la reducción de los presupuestos de cooperación de países como Alemania, Países Bajos y Suecia (Lyncnh, 2025). Esta gobernanza autoritaria y tecnocrática (Barreñada, 2023) no ha sido capaz de dar respuesta a los problemas estructurales de justicia social y desigualdades económicas y territoriales que impulsaron las protestas antiautoritarias durante la pasada década. La persistencia de las causas profundas de este malestar son las que han impulsado en 2025 las movilizaciones de la Gen Z 212 en Marruecos que cuestionan las grandes inversiones en infraestructuras deportivas llevadas a cabo por el Gobierno presidido por Aziz Akhannouch en detrimento de sectores como la sanidad y la educación (Colin, 2025). En Túnez, las movilizaciones políticas contra el populismo autoritario de Kaïs Saïed han estado acompañadas de protestas en la periferia contra el deterioro medioambiental producido por el proceso de transformación de los fosfatos en Gabes (Ben Hamadi, 2025). En Argelia el malestar social se ha traducido en un aumento de los emigrantes argelinos que alcanzan las costas españolas y europeas (Kessous, 2025).
En el ámbito regional, el Magreb afronta las transformaciones del entorno internacional de manera fragmentada. Las rivalidades, los conflictos bilaterales y la desconfianza repercuten en desafíos políticos y de seguridad compartidos, como la disputa del Sáhara Occidental, el conflicto en Libia y la inestabilidad en el Sahel. La intensificación de la rivalidad entre Argelia y Marruecos condiciona las posibilidades de avanzar hacia una mayor integración política y económica en una región que ya presenta uno de los niveles más bajos de comercio intrarregional del mundo, con menos del 5% de los intercambios realizados entre sus propios países (Liga, 2023). En un contexto en el que el Magreb ve reforzada su relevancia como proveedor energético de Europa a causa de la guerra en Ucrania y su apuesta por la neutralidad climática, la falta de integración regional sigue siendo un obstáculo clave para su desarrollo, su estabilidad y el aprovechamiento de las oportunidades ofrecidas por la tendencia a la regionalización de la globalización.
En el plano internacional, se puede observar cómo ha ido ganando fuerza la tendencia a una desvinculación selectiva respecto de sus socios tradicionales que busca la diversificación de socios y alianzas, en función de los intereses nacionales. Este distanciamiento en muchas ocasiones más retórico que real se ha visto favorecido por el repliegue selectivo de Estados Unidos de la región y por la evolución de la agenda europea centrada en cuestiones migratorias y de seguridad y la pérdida de atractivo de su proyecto regional hacia el Mediterráneo.
Esa tendencia señalada ya por Fernández Molina (2019) y Fabiani (2021) y reforzada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 se ha consolidado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca por segunda vez en enero de 2025. El Magreb no es mencionado una sola vez en la Estrategia de Seguridad Nacional hecha pública en noviembre de 2025. La sección dedicada a Oriente Medio confirma el desenganche estadounidense de Oriente Medio, región que para Estados Unidos ha dejado de ser clave como suministradora de hidrocarburos y confirma el abandono de las políticas de promoción de la democracia considerando que «la clave para unas relaciones satisfactorias [...] es aceptar la región, sus líderes y sus naciones tal y como son, al tiempo que se colabora en ámbitos de interés común». La estrategia señala el claro interés de la administración Trump en la extensión de los Acuerdos de Abraham por los que Israel ha normalizado sus relaciones con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán a más naciones de la región y del mundo islámico. Los países del Magreb tampoco aparecen mencionados en la sección dedicada a África en la que se defiende priorizar las relaciones comerciales y de inversiones con los países que abran sus mercados a los bienes y servicios estadounidenses con inversiones en el sector de la energía y los minerales críticos.
La invasión rusa de Ucrania desplazó la prioridad de la agenda internacional de la Unión Europea hacia el Este en un contexto de vulnerabilidad socioeconómica en los países del sur del Mediterráneo agravada durante la pandemia del COVID-19. Aunque la Unión Europea ha tratado de equilibrar sus relaciones con la vecindad sur con la aprobación de un nuevo pacto para el Mediterráneo de alcance regional, su contenido confirma la renuncia de Bruselas a su agenda liberal y democratizadora en la región. El nuevo pacto aprobado en noviembre de 2025 puede ser considerado un intento a la baja de reactivar el proceso euromediterráneo lanzado hace treinta años en Barcelona, en un contexto internacional y regional entonces muy diferente al actual en el que la Unión Europea afronta una crisis existencial a causa de la guerra en Ucrania y el riesgo de pérdida del paraguas defensivo de Estados Unidos (Roggero, 2025).
A ello se suma la pérdida de credibilidad de la Unión Europea entre las sociedades magrebíes cuyas demandas de movilidad siguen sin ser atendidas por una Unión Europea obsesionada con el control de la inmigración. Los partenariados de movilidad siguen supeditados a la firma de acuerdos de readmisión de personas migrantes en situación irregular que llegan a Europa desde la orilla sur del Mediterráneo. Las restricciones a la movilidad contribuyen de forma significativa al deterioro de la imagen de la Unión Europea entre las clases medias y las elites, principales solicitantes de visados, al igual que el doble rasero aplicado en el trato a las personas refugiadas según el origen del conflicto. La rapidez y flexibilidad con que se activaron los mecanismos de acogida para los refugiados ucranianos en 2022 contrastan con el trato dispensado en 2015 a quienes huían de Siria, o con la evacuación exclusiva de extranjeros o de población palestina portadora de pasaporte extranjero de la franja de Gaza en noviembre de 2023 (Hernando de Larramendi y Azaola, 2024). El deterioro de esa imagen se ve alimentado también por la tibieza de la respuesta de la Unión Europea ante el genocidio en Gaza, incapaz de condenar con una sola voz la desproporción de la respuesta israelí tras los ataques llevados a cabo por Hamás el 7 de octubre de 2023 ni de condenar el uso del hambre como arma de guerra por parte de Israel.
El Magreb ante las mutaciones del orden internacional. Multialineamiento, transaccionalismo y asertividad
En el plano internacional, los Estados magrebíes afrontan las transformaciones del orden internacional de forma fragmentada recalibrando sus políticas exteriores. En un contexto de recomposición del sistema internacional, los regímenes magrebíes buscan reforzar su autonomía), diversificar de forma pragmática sus relaciones exteriores acentuando la defensa de los intereses nacionales (Ghanem, 2025). De forma separada intentan aprovechar las oportunidades que ofrece la tendencia a una regionalización de la globalización acentuada tras la COVID-19 y reforzada por el retorno al proteccionismo comercial de la administración Trump. Aprovechando la flexibilidad de sus regulaciones medioambientales y los acuerdos de libre comercio suscritos con la Unión Europea, ponen en valor su ubicación como puerta de acceso a los mercados europeos para atraer inversiones exteriores. También tratan de explotar su ubicación geográfica como puerta de acceso a los emergentes mercados africanos y como proveedores de seguridad y estabilización en el Sahel, un área percibida cada vez más por la Unión Europea como frontera meridional.
Durante los últimos años, se pueden identificar algunas tendencias generales en los discursos y comportamientos internacionales de los Estados magrebíes que se han acentuado tras el inicio del segundo mandato presidencial de Donald Trump en enero de 2025.
En primer lugar, se puede observar una tendencia a una desvinculación selectiva respecto a socios históricos como la Unión Europea, acentuada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Los Estados magrebíes reivindican una mayor participación en la definición de su marco de relaciones con la Unión Europea. Marruecos y Túnez muestran distancia ante la propuesta de Bruselas de nuevos Acuerdos de Libre Comercio Completos y Profundos por el impacto que tendría una apertura recíproca de los mercados. Argelia, cuya relevancia geopolítica como suministrador de gas natural se ha visto reforzada desde entonces, mantiene distancias frente a las iniciativas de cooperación lanzadas por Bruselas con los países de la vecindad sur. A sus reticencias sobre la Política Europea de Vecindad, a la que no se incorporó plenamente hasta 2017 con la adopción de las Prioridades Comunes del Partenariado, se añade su voluntad de renegociar el Acuerdo de Asociación firmado en 2005.
Esta desvinculación opera más a nivel discursivo que en términos estrictamente materiales pues los niveles de (inter)dependencia económica no han variado. La Unión Europea sigue siendo el principal socio comercial de los Estados magrebíes. En 2024, Marruecos realizaba el 59% del comercio con la Unión Europea, Túnez el 54,8%, Argelia el 48%, Libia el 42,5% y Mauritania el 32,8%. Sin embargo, su poder y atractivo normativo se ha debilitado y los Estados norteafricanos reivindican una autonomía, al menos retórica, con la que buscan evitar alineamientos incondicionales al considerar que estos ofrecen beneficios limitados para su supervivencia y la defensa de los intereses nacionales. Por ello, diversifican socios y alianzas explorando nuevos marcos de cooperación como el ofrecido por los BRICS, al que en 2024 se incorporó Egipto y al que intentó unirse, sin éxito, Argelia.
El aumento de la presencia de China y Rusia y el incremento de la influencia de potencias regionales —Emiratos Árabes Unidos, Catar, Arabia Saudí, Turquía e Israel— que compiten por ganar influencia en una región cuya importancia geopolítica se ha visto reforzada por su condición de bisagra entre Europa y el África subsahariana, permiten a los Estados magrebíes diversificar sus relaciones políticas y también económicas en ámbitos como la construcción de infraestructuras, la cooperación militar y las relaciones comerciales priorizando la defensa del interés nacional a través de una lógica de multialineamiento. La Unión Europea ya no es considerada el aliado por defecto y los Estados magrebíes aprovechan la existencia de una gama de opciones potenciales (Cherif, 2025).
Esta reivindicación de autonomía, huyendo de alineamientos incondicionales con Estados Unidos y la Unión Europea, se pudo observar en las votaciones llevadas a cabo en la Asamblea General de la ONU para condenar la invasión rusa de Ucrania. También es visible en el rechazo a la imposición de sanciones a Moscú reclamadas por los socios europeos. Marruecos ha mantenido las importaciones de gasóleo ruso reexportando a Europa una parte de este (Horner, 2023) y ha firmado un nuevo acuerdo pesquero con Moscú en octubre de 2025 que incluye las aguas del Sáhara Occidental (Cembrero, 2026). Pese a las diferencias con Rusia por la presencia de entidades militares como Wagner o el Africa Corps en Libia y Mali, Argelia renovó en 2023 el partenariado estratégico suscrito en 2001 coincidiendo con la visita oficial del presidente argelino Abdelmajid Tebboune a Moscú. Argelia también ha comenzado a reorientar las importaciones de trigo de Francia hacia Rusia y otros países del este europeo como respuesta al respaldo abierto de París a Marruecos en la cuestión del Sáhara Occidental (Meddeb, 2025). Túnez, por su parte, ha intensificado sus importaciones de cereales y petróleo ruso y ha impulsado la cooperación electoral con la presencia de observadores rusos en las elecciones presidenciales de 2024 al tiempo que rechazaba la de observadores electorales occidentales (Bobin y Gasteli, 2024). Los dos Gobiernos enfrentados en Libia mantienen relaciones con Rusia. En el este del país, las estrechas relaciones entre el Ejército Nacional Libio del mariscal Haftar y Moscú se han consolidado tras la caída de Bachar al Asad en Siria en diciembre de 2024 y el posterior traslado de efectivos militares desde Siria a Libia, lo que ha reforzado el papel de este territorio como plataforma de proyección hacia el Sahel. En el oeste, el Gobierno de Unidad Nacional con sede en Trípoli mantiene igualmente una relación pragmática con Rusia. En este contexto, un sistema de trueque mediante el cual el petróleo libio sin refinar se intercambia por gasóleo ruso permite a ambas partes reexportar parte de estos recursos a través del mercado negro, generando un flujo constante de ingresos para los grupos armados vinculados a las facciones rivales (Tani y Saleh, 2025).
Todos los estados del Magreb se han sumado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta conocida como nueva ruta de la seda (y han firmado acuerdos con China) (Zoubir, 2025). Desde 2013, China es el principal socio comercial de Argelia en donde, entre otros proyectos, ha construido el aeropuerto de Argel, la gran mezquita de la capital y un tramo de la autopista este-oeste (Chabouni, 2023). En 2025, ambos países firmaron una decena de acuerdos en sectores como el automovilístico, la construcción, la minería y la energía. Uno de los principales proyectos es la colaboración en la explotación de la mina de hierro de Gara Djebilet y en la construcción de la línea ferroviaria que conectará este mega yacimiento del sur argelino con Orán a través de Tindouf y Béchar. La importación de hierro argelino permitirá a China diversificar la dependencia de sus importaciones procedentes de Australia. China también es el principal socio comercial de Mauritania. Las inversiones de China en Marruecos han aumentado en los últimos años concentrándose en sectores de alto valor añadido como las energías renovables, el automóvil y las baterías eléctricas buscando a través de las zonas francas acceder a los mercados europeos y eludir los aranceles occidentales aprovechando los acuerdos de libre comercio que Marruecos mantiene en vigor con la Unión Europea y Estados Unidos (ChinaMed Project, 2025). Las empresas chinas han conseguido una parte importante de las adjudicaciones para la construcción de la nueva línea ferroviaria de alta velocidad entre Kenitra y Marrakech. En noviembre de 2024, el presidente Xi Jinping realizó una inesperada escala en Casablanca a su regreso de la cumbre del G-20 celebrada en Brasil. En septiembre de 2025, ambos países firmaron un mecanismo de diálogo estratégico entre los ministerios de Asuntos Exteriores desarrollando el Partenariado Estratégico firmado en 2016.
Coincidiendo con la visita oficial de Kaïs Saïed a Pekín en mayo de 2024, ambos países firmaron un acuerdo de partenariado estratégico dirigido a impulsar la cooperación en la construcción de infraestructuras y energía. La cooperación china ha sido también solicitada para abordar la rehabilitación de las unidades de producción y transformación de fosfatos del Grupo Químico Tunecino responsables del deterioro medioambiental que impulsó en otoño de 2025 una oleada de protestas en Gabes.
El debilitamiento de la agenda transformadora de la Unión Europea en el Mediterráneo y su sustitución por acuerdos concretos vinculados principalmente a cuestiones migratorias y de seguridad han ido acompañados de un reforzamiento de la lógica transaccional aprovechando el poder de negociación que les proporciona la prioridad otorgada por Bruselas a la externalización del control de sus fronteras exteriores (Fakir, 2025a).
La mayor parte de los Estados magrebíes han aceptado asumir el rol de «gendarmes fronterizos» a cambio de contrapartidas económicas y políticas plasmadas en acuerdos migratorios (Túnez, 2023; Mauritania y Egipto, 2024) con los que consiguen beneficios concretos que van más allá de la cooperación migratoria. El foco de la UE en los acuerdos migratorios proporciona una posición de fuerza en las relaciones con los Estados europeos con las que obtener contrapartidas rápidas eludiendo la lógica de la condicionalidad política presente en la Política Europea de Vecindad, percibida cada vez más como injerencia. Aunque Marruecos no ha firmado un acuerdo migratorio, su condición de socio clave proveedor de seguridad y socio ineludible para el control de flujos migratorios en el noroeste de África ha reforzado su poder de negociación en las relaciones con Bruselas. Vinculando los temas de negociación, las autoridades marroquíes buscan asegurarse la recepción de fondos para el control de fronteras en un tema cada vez más politizado en Europa, prevenir las críticas en cuestiones vinculadas a los derechos humanos o a escándalos como el soborno a parlamentarios y funcionarios del Parlamento Europeo y conseguir el respaldo a fórmulas con las que esquivar el contenido de las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que anulaba el Acuerdo Comercial de 2024 al considerar que el consentimiento del pueblo del Sáhara Occidental era una condición esencial para que pudiera aplicarse en ese territorio. En Libia, el memorando de entendimiento firmado en 2017 entre el Gobierno de Unidad Nacional e Italia para el control de los flujos migratorios ha proporcionado a las autoridades de Trípoli un significativo margen de presión, que se tradujo en enero de 2025 en la liberación por parte de las autoridades italianas del jefe de la policía judicial, responsable de un centro de detención de migrantes y sobre quien pesaba una orden de detención del Tribunal Penal Internacional (Domínguez, 2025).
La aceptación de ese rol subordinado en la gestión migratoria no ha impedido el reforzamiento de discursos que enfatizan la soberanía y la autonomía decisoria. La reivindicación de la «soberanía económica» fue el argumento utilizado en 2021 por Túnez para congelar las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo (ALECA) propuesto por la UE al considerar que la libre competencia en sectores como la agricultura y los servicios en economías que no están en igualdad de condiciones sería desastroso para el país. Ese mismo argumento fue invocado en 2023 por el presidente Kaïs Saïed para rechazar las condiciones planteadas por el Fondo Monetario Internacional para conceder una línea de crédito de mil novecientos millones de dólares decantándose por otras alternativas bilaterales y por el recurso al endeudamiento interno.
La prioridad concedida a la defensa de los intereses nacionales ha ido acompañada de la tendencia a un mayor asertividad en el comportamiento internacional cuando los intereses divergen reforzando su sentimiento de agencia. El recurso a políticas asertivas basadas en la idea de soberanía es un proceso en curso sometido a prueba error lo que explica por qué los resultados varíen mucho de un país a otro. En el caso de Marruecos, por ejemplo, se concreta en una política exterior que ha recurrido al desencadenamiento de crisis diplomáticas con sus socios tradicionales. Estas han sido utilizadas como instrumentos de presión con los que obtener objetivos políticos en sus intentos de sustituir el marco internacional de la descolonización para la solución de la disputa del Sáhara Occidental por otro de carácter administrativo a través de una autonomía bajo soberanía marroquí (Fernández-Molina, Hernando de Larramendi y Ojeda, 2023). Esta asertividad le llevó a interrumpir entre 2016 y 2019 el diálogo político institucionalizado con la Unión lo que afectó a la cooperación de inteligencia (Fakir, 2025b), crucial para hacer frente a ataques terroristas como respuesta a las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE que anulaban los acuerdos comerciales y pesqueros por incluir como parte de su ámbito de aplicación el territorio y aguas del Sáhara Occidental. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en diciembre de 2020 a cambio de que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con Israel y se incorporara a los Acuerdos de Abraham impulsó la firmeza de Marruecos a través de una diplomacia que supedita las relaciones con otros países a sus posiciones en la cuestión del Sáhara. En este contexto, hay que situar la ofensiva de Rabat para hacer mella en el consenso internacional forzando crisis diplomáticas con Alemania (2020), España (2021) y Francia (2022) para obtener su respaldo a su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí en el Sáhara Occidental (Fernández-Molina, Hernando de Larramendi y Ojeda, 2023). En este marco, hay que situar también la entrada en Ceuta en mayo de 2021 de nueve mil ciudadanos marroquíes, mil quinientos de ellos menores no acompañados como elemento de presión para obtener el respaldo del Gobierno español al plan de autonomía marroquí en el Sáhara Occidental.
Argelia, por su parte, también ha hecho gala de asertividad respondiendo al giro del Gobierno español en la cuestión del Sáhara con la suspensión, en junio de 2022, del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación y con la congelación de las exportaciones e importaciones no energéticas con España. Argelia adoptó la misma represalia comercial con Francia después de que París considerara en julio de 2024 el plan de autonomía marroquí como «la única base» para la resolución del conflicto sobre el Sáhara Occidental. En Túnez, este comportamiento puede apreciarse en la decisión de expulsar a los miembros de la Comisión de Venecia, órgano consultivo del Consejo de Europa sobre cuestiones constitucionales, como respuesta a sus críticas sobre el proceso de elaboración de la nueva Constitución de 2022, calificadas por Kaïs Saïed como una «injerencia en los asuntos internos tunecinos» y un «ataque a la soberanía del país».
En sus relaciones con la Unión Europea, los Estados magrebíes aprovechan las oportunidades ofrecidas por la fragmentación de la acción europea en la región regida de facto, no por Bruselas, sino por las capitales del sur de Europa cada una de ellas con prioridades e intereses no siempre coincidentes. Por ejemplo, en julio de 2023, durante las negociaciones del Memorándum de Entendimiento de Asociación Estratégico completo entre Túnez y la Unión Europea se impuso la visión de Italia por la que Túnez se comprometía a reforzar el control migratorio a cambio de contrapartidas económicas sin incluir referencias a la cuestión de los derechos humanos tal y como reclamaban algunos países del norte de Europa (Cherif, 2025). La eficacia del dispositivo tunecino de lucha contra la emigración ilegal ha reducido las entradas irregulares de migrantes. En los primeros once meses de 2025, Italia registró alrededor de 4500 llegadas procedentes de las costas tunecinas. En el mismo periodo de 2023, fueron 96.000, una cifra veinte veces superior.
Asumiendo el marco europeo de externalización de fronteras, Kaïs Saïed ha conseguido limitar las críticas de Bruselas ante la deriva represiva del régimen, acentuada en 2025 con la encarcelación y condenas de la práctica totalidad de los dirigentes políticos de oposición. La asunción de este rol subordinado que contradice su discurso sobre la autonomía del país es compensada con la reactivación de un discurso soberanista de consumo interno que no pone en cuestión, sin embargo, las relaciones con Bruselas. En este marco, hay que situar, por ejemplo, la amonestación realizada en noviembre de 2025 al embajador de la Unión Europea por el presidente de la República al considerar que no había respetado las reglas diplomáticas al haberse entrevistado con el secretario general del principal sindicato del país UGTT, en un contexto de tensiones ante el deterioro de la situación social y política. El discurso sobre la dignidad nacional recobrada frente a la Unión Europea, reiterado tras la aprobación en noviembre de 2025 de una resolución del Parlamento Europeo sobre la situación del Estado de derecho y los derechos humanos en Túnez, no impidió que la Asamblea de Representantes del Pueblo tunecino aprobara, unas semanas después, tres proyectos de ley que profundizaban y revisaban el contenido del acuerdo de libre comercio en vigor.
La diversidad de intereses en el Magreb entre los países de la Europa meridional permite a las capitales magrebíes aprovechar esas diferencias. En los momentos de tensiones bilaterales con alguno de ellos, se priorizan las relaciones con los otros. Es lo que hizo Marruecos durante la crisis diplomática con Francia entre 2021 y 2024. El distanciamiento entre Francia y Marruecos fue impulsado por las informaciones sobre el presunto espionaje marroquí mediante el programa Pegasus, que habría afectado al presidente Macron y a otros doce ministros y por el acercamiento de París a Argelia, simbolizado en la visita de Estado de Macron aquel país en agosto de 2022. El deterioro de las relaciones franco-marroquíes permitió al Gobierno español que acababa de modificar su posición sobre el Sáhara Occidental ser reconocido como socio privilegiado por Rabat. Tras el terremoto que devastó la región del Haouz en septiembre de 2023, el Gobierno marroquí rechazó la ayuda ofrecida por Francia, pero aceptó la de España, junto con la de Estados Unidos, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. La posterior reconciliación entre Francia y Marruecos en julio de 2024, tras el respaldo de París a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, desencadenó una crisis con Argelia, que fue aprovechada por las autoridades argelinas para profundizar en sus relaciones con Italia convirtiéndolo en el socio privilegiado europeo en materia energética.
En Libia, la ausencia de posiciones comunes ante el conflicto civil ha permitido a las dos partes que se disputan la legitimidad y el control del país privilegiar a unos países europeos sobre otros. El Gobierno de Unidad Nacional, reconocido internacionalmente, ha recibido el apoyo de Italia a cambio de su cooperación en la lucha contra la inmigración. En el este del país, el Ejército Nacional Libio del Mariscal Haftar recibe el respaldo de Francia (Soler, 2023).
La rivalidad entre Argelia y Marruecos y el retorno a una lógica de bloques en el espacio regional
Las dinámicas regionales en el Magreb están condicionadas desde las independencias por la rivalidad entre Argelia y Marruecos. La cuestión del Sáhara Occidental es uno de los ámbitos que articula las relaciones bilaterales entre ambos países como un juego de suma cero. Esta rivalidad, vinculada a la lucha por la hegemonía regional, ha obstaculizado los sucesivos intentos de integración económica y política en el Magreb como la Unión del Magreb Árabe creada en 1989 y cuyo funcionamiento está bloqueado desde 1994. Aunque la rivalidad se ha reducido en periodos de vulnerabilidad compartida, como ocurrió en 2011 durante los momentos iniciales de las protestas antiautoritarias conocidas como «primavera árabe», esta tiende a reforzarse cuando la percepción de vulnerabilidad es asimétrica (Hernando de Larramendi, 2019).
La percepción de que Marruecos había intentado aprovechar el repliegue internacional de Argelia durante los últimos mandatos del presidente Bouteflika y también la debilidad interna del régimen argelino durante el movimiento de protestas del Hirak en 2019, intensificó la rivalidad bilateral que escaló a ruptura de relaciones diplomáticas durante el verano de 2021. El desencadenante de la decisión argelina fue la percepción de que Marruecos había traspasado una línea roja al interferir en sus asuntos internos al mostrar públicamente su apoyo a que el pueblo cabilio ejerciera su derecho a la libre autodeterminación (Hernando de Larramendi y Thieux, 2022). Sin embargo, en el trasfondo de esa decisión estaba la cuestión del Sáhara Occidental. El acuerdo transaccional alcanzado por Marruecos en diciembre de 2020 con el presidente Trump por el que Rabat normalizaba sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental incrementó la tensión bilateral. Argelia considera que la incorporación de Marruecos a los Acuerdos de Abraham y el reforzamiento de la cooperación en materia de seguridad entre Marruecos e Israel acerca al «enemigo sionista» a su frontera. Una muestra de la escalada bilateral fue la decisión de la empresa pública argelina Sonatrach de no renovar en octubre de ese año el acuerdo a tres bandas que permitía la llegada a España del gas argelino atravesando territorio marroquí a través del Gasoducto Magreb Europa (GME). La decisión argelina de rescindir el contrato que durante veinticinco años había permitido el tránsito de gas argelino por Marruecos cortaba el suministro a las centrales de ciclo combinado marroquíes que generaban alrededor del 12% de la electricidad consumida en el país. Ello empujó a Rabat a solicitar el funcionamiento en sentido inverso del gasoducto para permitirle recibir gas natural desde España. Tras el giro del Gobierno español en marzo de 2022 considerando la autonomía como la opción «más seria, realista y creíble» para resolver el conflicto del Sáhara Occidental, Argelia advirtió con represalias, caso que la infraestructura gasista fuera utilizada en sentido inverso para transferir siquiera «una molécula de gas argelino a Marruecos» (Hernando de Larramendi et al., 2023). El incremento de la tensión bilateral también es visible en la voluntad de ambos países por mostrar su músculo militar a través de la creación de nuevas regiones militares en las zonas fronterizas, en la organización de maniobras militares y en el aumento de los presupuestos destinados a defensa. En 2024, suponía en Argelia el 8% del PIB y en Marruecos el 3,5%.
La ruptura de relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos ha reforzado la competición de ambos países en el espacio magrebí reactivando una lógica de ejes que ya existió en la región durante la década de los ochenta cuando Argelia firmó con Túnez y Mauritania en 1983 un Tratado de Fraternidad y Concordia que fue respondido por Marruecos el año siguiente con la firma del Tratado de Unión Arabo-Africano entre Marruecos y Libia. Para contrarrestar los avances diplomáticos de Marruecos en la cuestión del Sáhara Occidental, Argelia ha reforzado sus lazos con Túnez. Aislado regional e internacionalmente, Túnez cuenta con Argelia para cubrir 2/3 partes de su consumo de gas, con su cooperación securitaria para el control de los mil doscientos kilómetros de fronteras comunes y con el alivio de su ayuda económica ante las dificultades financieras del país tras el rechazo al acuerdo propuesto por el Fondo Monetario Internacional. En octubre de 2025, ambos países firmaron un acuerdo de cooperación en el ámbito de la defensa pocas semanas después de que un ataque con drones hubiera alcanzado varios barcos de la Global Sumud Flotilla anclados en el puerto de Sidi Bou Saïd que se dirigían a Gaza para romper el bloqueo de la franja. La dependencia de Argelia ha empujado a Túnez a abandonar su neutralidad y alinearse con Argelia en el espacio magrebí. Aunque no reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), la invitación y acogida oficial dispensada al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, en 2022 con motivo de su desplazamiento a Túnez para participar en la VIII cumbre Japón-África (TICAD) desencadenó una crisis diplomática con Marruecos todavía no superada. Túnez también se ha integrado, junto con Libia, en la alianza impulsada por Argelia en 2024 para intentar revitalizar la Unión del Magreb Árabe (El Yaaqoubi, 2024). La concertación entre ambos países también alcanza a la situación en Libia. En una reunión trilateral con Egipto, los tres países instaron en noviembre de 2025 a todas las partes a «comprometerse seriamente» en el proceso de acuerdo político patrocinado por la ONU para poner fin a años de división en el país.
El interés tanto de Argelia como de Marruecos por reforzar sus relaciones con Mauritania se enmarca en la reactivación de la lógica de ejes en la región. La posición de Mauritania como espacio de conexión entre el Magreb y el Sahel le otorga un valor geoestratégico clave en la competencia regional entre las principales potencias magrebíes. Ante esta dinámica, Mauritania, aunque reconoce desde 1984 a la RASD, trata de preservar una posición de «neutralidad positiva», buscando un delicado equilibrio entre sus dos vecinos, que compiten por atraerla a sus respectivas órbitas (Lacher y Werenfels, 2025).
Con la visita de tres días del presidente mauritano Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani en diciembre de 2021, Argelia intentó dar un nuevo impulso a las relaciones comerciales bilaterales con la firma de un acuerdo de libre comercio fronterizo y el proyecto de mejorar las conexiones con una carretera que, con financiación argelina, unirá las ciudades de Tinduf en el oeste de Argelia y Zouerate en el norte de Mauritania. En enero de 2024, los presidentes argelino y mauritano inauguraron en Tinduf el primer puesto fronterizo fijo entre ambos Estados. Para Marruecos, el eje de conexión terrestre con Mauritania a través del paso de Guerguerat es un factor clave tanto para sus proyectos de expansión de las relaciones comerciales con el África Occidental como para apuntalar su posición sobre el Sáhara Occidental.
La rivalidad entre Argelia y Marruecos va más allá del Magreb extendiéndose al Sahel y al África Occidental. El aumento de la inestabilidad en el Sahel tras la caída del coronel Gadafi en 2011 y la intervención francesa en Mali, convirtieron la región en un nuevo espacio de la competición con Argelia. Para ganar influencia, ambos países han rivalizado promoviendo iniciativas concurrentes de mediación presentándose como proveedores de estabilidad y seguridad en una región percibida cada vez más por la Unión Europea como su nueva frontera de seguridad. Utilizando el argumento geográfico de que Marruecos no tiene frontera directa con los países del Sahel, Argelia excluyó a Marruecos de iniciativas de seguridad regional como el Centro Africano de Estudio e Investigación sobre Terrorismo (CAERT) o el Comité de Estado Mayor Operacional Conjunto (CEMOC). Marruecos, por su parte, aprovechó el vacío creado por la retirada francesa y europea a partir de 2022 y el distanciamiento de Argel de las juntas militares que tomaron el poder tras los golpes de Estado en Mali (2020 y 2021), Burkina Faso (2022) y Níger (2023). La creación por estos tres países de la Alianza de Estados del Sahel y su distanciamiento de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental de la que se retiraron en enero de 2025 ha sido aprovechada por Rabat para impulsar la Iniciativa Atlántica cuyo objetivo es ofrecerle una salida al océano Atlántico a través del puerto de Dakhla, en el Sáhara Occidental, buscando así un reconocimiento implícito de su soberanía sobre este territorio. La viabilidad de este proyecto pasa por incorporar al mismo a Mauritania, lugar de paso obligado para que los países del Sahel puedan acceder al Atlántico.
La lógica de competición con Argel se articula también en dos megaproyectos concurrentes con los que ambos países buscan reforzar su influencia en África y Europa convirtiéndose en puntos de tránsito del gas nigeriano con destino al norte de África y territorio europeo, proyectos cuya importancia se vio reforzada tras la invasión rusa de Ucrania. Frente al proyecto de gasoducto transahariano que transportaría el gas nigeriano hasta Argelia atravesando Níger, Rabat impulsa desde 2016 la idea de un gasoducto alternativo que partiendo también desde Nigeria recorrería a través del océano Atlántico once países del África occidental incluyendo las aguas del Sáhara Occidental antes de llegar a Marruecos.
La rivalidad argelino-marroquí también ha tenido un coste político para la Unión Europea y sus estados miembros obligados a navegar en una dinámica de suma cero por la que cada avance en la cooperación con uno de ellos es percibido por el otro como un gesto hostil. En 2024, el giro en la posición de Francia considerando el plan de autonomía marroquí como «única base» para solucionar el conflicto intensificó la crisis bilateral entre París y Argel provocando la retirada de su embajador en Francia y la imposición de restricciones al comercio e inversiones bilaterales. Aprovechando las tensiones en las relaciones bilaterales con Francia y España, Italia ha ido reforzando su partenariado estratégico con Argelia pieza clave de las ambiciones de Italia en el continente africano plasmadas en el Plan Mattei para África.
El impacto de la segunda presidencia de Trump
En un contexto de rivalidad exacerbada entre Argelia y Marruecos el inicio del segundo mandato del presidente Trump ha empujado a los Estados magrebíes a acomodarse al nuevo escenario.
Rabat percibió el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 como una oportunidad única para conseguir el reconocimiento de la comunidad internacional de su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Aunque la administración Biden no llegó a revertir el reconocimiento de esta realizado por Trump al final de su mandato en diciembre de 2020, tampoco dio pasos que reafirmaran con acciones concretas una decisión que había roto la tradicional posición de neutralidad de Estados Unidos en la disputa (Fernández-Molina, 2025).
El trato preferencial al que aspira Rabat en sus relaciones con la Administración estadounidense queda reflejado en la atribución de aranceles al comercio bilateral. Marruecos, al igual que Mauritania, es gravado con un 10% frente al 25% de Túnez y el 30% de Argelia y Libia del que quedan excluidos los productos petrolíferos. El excedente comercial de Estados Unidos ha evitado la inclusión del Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y Marruecos de la lista de tratados a renegociar, aunque la imposición de un arancel de 10% sobre el conjunto de productos marroquíes cuestiona claramente el espíritu del acuerdo firmado en 2005.
La convergencia de intereses en Oriente Medio y en el Sahel es utilizada por la diplomacia marroquí como argumento con el que reforzar la imagen del país como aliado de confianza de Washington. Los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la brutal respuesta de Israel obligaron a las autoridades marroquíes a realizar un delicado juego de equilibrios para evitar el desbordamiento de una calle abiertamente propalestina sin modificar sus relaciones con Israel. El Gobierno toleró las movilizaciones de protesta contra el genocidio en Gaza al tiempo que Mohamed VI, presidente del Comité al-Quds, se solidarizaba con la población gazatí sin romper ni poner en cuestión las relaciones diplomáticas, económicas y securitarias con Israel (Casani y Colin, 2024). Tampoco fueron denunciados los Acuerdos de Abraham a los que Marruecos se había incorporado en 2020. La convergencia con la administración estadounidense en Oriente Medio quedó reflejada de nuevo, en octubre de 2025, cuando Rabat respaldó el acuerdo para el alto el fuego en Gaza promovido por el presidente Trump al tiempo que reiteraba su adhesión a la solución de los dos estados como base única para la realización de una paz justa y duradera en la región. Durante este periodo, Rabat ha reforzado sus relaciones con Israel en el ámbito militar y securitario a través de la compra de armamento, la transferencia de tecnología en el sector aeroespacial, la fabricación de drones y la autorización al tránsito y escala en puertos marroquíes de barcos con material militar destinado a Israel. Durante la tercera reunión del Comité Militar Conjunto, celebrada en Tel Aviv en enero de 2026, ambos países firmaron un plan de trabajo militar conjunto coincidiendo con el V aniversario de la firma de los Acuerdos de Abraham.
Con esta triangulación de intereses, la diplomacia marroquí busca el respaldo definitivo de la administración Trump a sus tesis en el Sáhara Occidental, piedra angular sobre la que pivota su política exterior. La consideración del plan de autonomía propuesto por Marruecos como «la única base» para resolver la disputa fue reiterada por el presidente Trump en el mensaje de felicitación que envió a Mohamed VI en julio de 2025 con motivo de la Fiesta del Trono. El respaldo de Estados Unidos quedó de manifiesto también durante el proceso de elaboración de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental aprobada el 31 de octubre de 2025 por once votos a favor, tres abstenciones (Rusia, China y Pakistán) y de la que se ausentó Argelia miembro no permanente durante el bienio 2023-2025. Aunque el borrador inicial elaborado por la diplomacia estadounidense se alineaba de forma clara con las posiciones de Marruecos, el texto finalmente aprobado es más ambiguo fruto de un arduo proceso de negociaciones para evitar el veto de Rusia y China, lo que permite a cada una de las partes poner el énfasis en los aspectos que son más favorables a sus posiciones. La resolución sitúa la autonomía en el centro dejando las referencias al principio de autodeterminación en un plano marginal. La resolución, que renueva por un año el mandato de la MINURSO (la misión de Naciones Unidas encargada de organizar el referéndum en el Sáhara Occidental), se refiere al plan de autonomía como «base» (sin el artículo) y como «una de las soluciones más factibles» dejando la puerta abierta a otras posibles soluciones. El texto de la resolución no incluye, sin embargo, ninguna referencia a la propuesta actualizada en octubre de 2025 por el Frente Polisario para una «solución políticamente aceptable que garantice la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental». La resolución expresa el aprecio a los Estados Unidos de América por su disposición a ser anfitrión de las negociaciones en favor de la misión del enviado especial de lograr una solución para el Sáhara Occidental y la región.
Aunque la resolución establece un marco de negociaciones sin prescribir un resultado determinado fue acogida con júbilo por Marruecos. Pocas horas después de su aprobación, el rey Mohamed VI se dirigió a la nación en un discurso en el que la consideraba un «nuevo capítulo victorioso en el proceso de consagración de la marroquinidad del Sáhara […] a través de una solución consensual fundada sobre la iniciativa de autonomía». El soberano anunció también que Marruecos iba a proceder a la actualización y a la formulación detallada de la propuesta de autonomía que debería constituir «la única base de negociación» y agradeció los esfuerzos del presidente Trump, de Gran Bretaña, España y Francia en ese proceso. Ante lo que consideró un hito histórico, estableció el 31 de octubre como nueva fiesta nacional.
La diplomacia argelina, que defiende el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, ha evitado el enfrentamiento con la administración Trump pese al apoyo claro que esta presta a Marruecos en la disputa del Sáhara (International Crisis Group, 2025). A diferencia de lo ocurrido con España y Francia, países con los que Argelia forzó crisis diplomáticas tras su respaldo a la propuesta de autonomía marroquí, Argel, consciente de las nuevas relaciones de fuerza, ha adoptado una posición conciliadora con Estados Unidos tratando de evitar la confrontación con la administración Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, reclamó en su etapa anterior como senador el establecimiento de sanciones a Argelia por sus lazos con Rusia. Prueba de esta voluntad fue su ausencia en la votación de la Resolución 2797, eludiendo posicionarse en contra de una resolución apadrinada por Estados Unidos, favorable a Marruecos, que se apartaba de los principios directores de su política exterior.
Con su ausencia, la diplomacia argelina trata de desvincular la disputa sobre el Sáhara Occidental de sus relaciones bilaterales con Estados Unidos. A las declaraciones conciliadoras del ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, ante la iniciativa de mediación de Estados Unidos entre Marruecos y el Frente Polisario se añade el voto favorable de Argel, en noviembre de 2025, a la resolución 2803 en la que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldaba el Plan integral para poner fin al conflicto de Gaza del Presidente Trump, lo que provocó el rechazo de algunos sectores de la opinión pública argelina al percibirlo como un alejamiento del tradicional apoyo a la causa palestina (Bobin, 2025). En el ámbito bilateral, las relaciones se centran en cuestiones de seguridad y energéticas. En enero de 2025, Argelia firmó un memorándum para el intercambio de información con United States Africa Command (AFRICOM) ante el aumento de la presencia rusa en Mali y el Sahel a través del Africa Corps. En septiembre, el general Claude K. Tudor, responsable de operaciones especiales de AFRICOM se entrevistó en Argelia con Saïd Chengriha, jefe del Estado Mayor del Ejército argelino. La cooperación en el ámbito militar ha abierto también la vía a la venta de armas estadounidenses en un mercado hasta ahora dominado por Rusia. En el ámbito energético, Argelia negocia la apertura del mercado argelino a las compañías estadounidenses Chevron y Exxon para la exploración y explotación de sus importantes reservas de gas de esquisto.
El firme respaldo de Estados Unidos a Marruecos, sin embargo, trata de ser equilibrado por Washington impulsando la reconciliación entre Argelia y Marruecos como vía para reforzar la estabilidad regional anclando el Magreb a la arquitectura de seguridad atlántica, frenando la expansión rusa en el Sahel y conteniendo la penetración china en la región (Benmoumen, 2025). En esa dirección, se enmarca la gira por el Magreb llevada a cabo por Massad Boulos, asesor principal del presidente Trump para Asuntos Árabes y de Oriente Medio, durante el verano de 2025. Las discretas gestiones diplomáticas llevadas a cabo fueron oficializadas en octubre de 2025 por Steve Witkoff, enviado especial para Oriente Medio, quien durante una entrevista con la cadena de televisión CBS anunció la firma de un acuerdo de paz entre Argelia y Marruecos antes de que finalizara 2025 evidenciando la voluntad estadounidense de pilotar directamente eventuales negociaciones tripartitas entre Rabat, Argel y el Frente Polisario una vez que Marruecos presente una versión renovado de su plan de autonomía para el Sahara Occidental.
Conclusiones
Ante las transformaciones del orden internacional, aceleradas por la llegada por segunda vez de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, los Estados magrebíes han adoptado estrategias pragmáticas orientadas a reforzar su autonomía y a maximizar la defensa de sus intereses nacionales en un contexto de debilitamiento del multilateralismo y pérdida de centralidad de las agendas liberalizadoras occidentales. Esta adaptación se traduce en políticas exteriores basadas en el multialineamiento, la diversificación de socios y una lógica crecientemente transaccional. Este giro no implica una ruptura material con la Unión Europea, que sigue siendo el principal socio económico de la región, sino una desvinculación selectiva, fundamentalmente discursiva, orientada a ampliar los márgenes de autonomía y negociación en un contexto en el que los niveles de interdependencia económica y securitaria permanecen elevados. Este proceso se acompaña de una mayor asertividad en política exterior, expresada en el recurso a crisis diplomáticas, estrategias de presión y discursos soberanistas, cuyos resultados desiguales y carácter experimental introducen nuevos factores de incertidumbre y volatilidad en las relaciones con los socios tradicionales y en el entorno regional inmediato.
En el plano regional, el Magreb continúa caracterizándose por una profunda fragmentación política y por la incapacidad de articular respuestas colectivas a desafíos compartidos. La rivalidad estructural entre Argelia y Marruecos, articulada en torno a la disputa del Sáhara Occidental y a la competencia por la hegemonía regional, sigue bloqueando cualquier avance significativo hacia la integración magrebí. Esta lógica de suma cero no solo limita el comercio intrarregional y las oportunidades de desarrollo económico, sino que también reactiva dinámicas de bloques y ejes que proyectan la competencia bilateral hacia el Sahel y África Occidental, con implicaciones directas para la estabilidad regional y para los intereses europeos.
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Miguel Hernando de Larramendi
Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Castilla-La Mancha y
director del Grupo de Estudios sobre las Sociedades Árabes y Musulmanas (GRESAM)
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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El Magreb en 2025. Navegando los desafíos domésticos y los cambios regionales e internacionales (0,2 MB)
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The Maghreb in 2025. Navigating domestic challenges and regional and international changes (0,2 MB)
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