IEEE. La relevancia de Clausewitz en la guerra híbrida europea: desafíos para la Unión Europea en un conflicto sin guerra

26 mar 2026
IEEE. La relevancia de Clausewitz en la guerra híbrida europea: desafíos para la Unión Europea en un conflicto sin guerra
Marc Vendrell Martínez. Profesor de Inteligencia y Geopolítica en LISA Institute, Analista en LISA Analysis Unit.
Introducción
La guerra híbrida se ha consolidado como una de las principales formas de competencia estratégica en el siglo XXI. Su naturaleza ambigua, multidominio y difícilmente atribuible han planteado desafíos significativos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales, cuyas estructuras institucionales fueron concevidas, en gran medida, para gestionar amenazas convencionales o claramente identificables. Las actividades desarrolladas en la denominada zona gris (entendida como el espacio situado entre la paz formal y el conflicto armado) han adquirido una relevancia creciente en el entorno estratégico europeo, especialmente a partir de episodios como la anexión ilegal de Crimea en 2014, las campañas de interferferencia informativa en procesos políticos occidentales y el uso de instrumentos económicos y energéticos con fines coercitivos.
En este contexto, un número cada vez mayor de actores estatales y no estatales ha demostrado su capacidad para operar de forma sostenida en la zona gris, empleando medios que dificultan la atribución y complican la respuesta política y estratégica. La evolución de estas dinámicas ha alterado profundamente las formas tradicionales de confrontación entre Estados, desplazando la competición hacia ámbitos no militares en los que la percepción, la influencia y la presión indirecta adquieren un papel central.
Desde una perspectiva europea, estas transformaciones afectan de manera particular a la Unión Europea y a sus Estados miembros, debido a su elevada interdependencia económica, energética y tecnológica, así como a la naturaleza abierta de sus sociedades. La posición geográfica de determinados Estados miembros, la proximidad a regiones inestables y la condición de fronteras exteriores de la Unión incrementan la exposición a actividades híbridas que pueden generar efectos desestabilizadores sin recurrir al uso abierto de la fuerza. En este sentido, algunos episodios recientes en el entorno europeo han puesto de relieve la capacidad de estas dinámicas para producir impactos rápidos y significativos en ámbitos políticos, sociales y de seguridad.
Estas dinámicas no aparecen de la nada. Entre Clausewitz y los debates actuales existe una tradición de análisis sobre cómo los Estados compiten, presionan o desgastan a otros sin llegar necesariamente a una guerra abierta1: propaganda, presión económica, apoyo indirecto a actores locales o medidas encubiertas. En los últimos años, todo eso se ha reordenado bajo etiquetas como «zona gris»2 y «amenazas híbridas», que ayudan a describir acciones deliberadamente ambiguas y por debajo del umbral de respuesta clara, combinando varios instrumentos a la vez.
En ese contexto, la vigencia del pensamiento de Carl von Clausewitz, uno de los mayores estrategas europeos de la historia, ofrece un marco analítico útil para interpretar este entorno estratégico. El autor subrayó que la guerra es un fenómeno profundamente político y que su forma concreta se adapta a las condiciones de cada época, pudiendo adoptar expresiones alejadas del combate convencional. Esta concepción resulta especialmente pertinente ante la proliferación de actividades que buscan influir en la voluntad del adversario sin superar el umbral de la confrontación armada. Desde esta óptica, la guerra híbrida puede entenderse como una manifestación contemporánea de la lógica clausewitziana, en la que la presión política se ejerce mediante instrumentos no militares con efectos estratégicos acumulativos.
A partir de este marco conceptual, en el presente análisis se plantea una cuestión central: ¿hasta qué punto la Unión Europea es capaz de articular una respuesta coherente y eficaz frente a campañas híbridas sostenidas en el tiempo, desarrolladas en la zona gris y caracterizadas por su carácter multidominio y subumbral? La hipótesis de partida sostiene que, pese a los avances normativos, doctrinales e institucionales registrados en los últimos años, la respuesta europea continúa condicionada por una serie de desafíos estructurales vinculados a la fragmentación competencial, la dependencia de la implementación nacional y la complejidad inherente a la coordinación entre países de la Unión Europea en un entorno estratégico en constante transformación. Clausewitz puede ayudar a los decisores a comprender mejor este tipo de amenazas y a orientar respuestas defensivas más coherentes.
Clausewitz en la era híbrida: continuidad y adaptación del pensamiento estratégico
La transformación del entorno estratégico contemporáneo, marcado por actividades subumbrales y dinámicas propias de la guerra híbrida, exige una revisión de los fundamentos clásicos de la teoría de la guerra. En este contexto, la obra de Carl von Clausewitz mantiene una vigencia notable. Su concepción de la guerra como fenómeno político, social y estratégico proporciona herramientas conceptuales útiles para interpretar la competencia híbrida actual. Aunque el entorno tecnológico y los instrumentos empleados hayan cambiado, la lógica subyacente de la confrontación sigue respondiendo a principios que Clausewitz identificó tempranamente.
En De la guerra3, Clausewitz afirmaba que «la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios». Esta premisa adquiere un renovado significado en el marco de la zona gris, donde los actores agresores emplean medios no militares (informativos, tecnológicos, económicos o sociales) para perseguir objetivos políticos sin recurrir al combate abierto. La guerra híbrida encaja plenamente en esa definición amplia de confrontación política, puesto que persigue alterar la conducta del adversario sin necesidad de hostilidades convencionales. La presión migratoria instrumentalizada, la coerción energética, el ataque de drones (o molestias) en aeropuertos europeos o los ciberataques se convierten así en mecanismos que prolongan la política por vías indirectas.
Otro concepto clausewitziano esencial es la «niebla de la guerra»4 (Nebel des Krieges), entendida como el conjunto de fricciones, incertidumbres y falta de información que dificultan la toma de decisiones. Como señalaba el propio autor: «La guerra es el reino de la incertidumbre; tres cuartas partes de los factores en que se basa la acción permanecen envueltos en una niebla mayor o menor». La guerra híbrida se inserta precisamente en ese espacio nebuloso, explotando la dificultad de atribución, la ambigüedad jurídica y la dispersión informativa. La negación plausible y la gradualidad de las acciones híbridas amplifican la niebla clausewitziana, trasladándola al ámbito político, social y estratégico.
Asimismo, la noción de «centro de gravedad» propuesta por Clausewitz (el punto clave cuya neutralización debilita decisivamente al adversario) adquiere nuevas dimensiones en la era híbrida. Hoy, el centro de gravedad ya no es únicamente militar: puede encontrarse en la cohesión social, la estabilidad institucional, la infraestructura digital o la autonomía energética. La manipulación informativa orientada a polarizar una sociedad, las campañas para debilitar la confianza pública en las instituciones o los ataques contra sistemas críticos son ejemplos de cómo los adversarios seleccionan nuevos centros de gravedad para desestabilizar sin recurrir al combate.
Desde esta perspectiva, algunos Estados europeos presentan características que pueden incrementar su exposición a presiones híbridas, derivadas de su dependencia energética, la complejidad de la protección de infraestructuras críticas, la vulnerabilidad del dominio cognitivo o la inestabilidad de su entorno estratégico inmediato. Para Clausewitz, identificar el centro de gravedad del adversario es condición necesaria para formular una estrategia eficaz; en el contexto europeo, la dificultad reside precisamente en reconocer y proteger aquellos elementos cuya erosión puede producir efectos estratégicos sin recurrir a la fuerza armada.
Finalmente, el pensamiento clausewitziano subraya la importancia de la voluntad política como pilar central de la defensa. La guerra híbrida busca, en esencia, erosionar esa voluntad sin necesidad de atacar militarmente. La estabilidad institucional, la cohesión social y la credibilidad de la acción pública se convierten, desde esta perspectiva, en factores determinantes para sostener la resistencia frente a maniobras híbridas prolongadas. Como se he podido ver en la invasión rusa de Ucrania, a pesar de ver atisbos de guerra tradicionales, el conflicto no solo está en el campo de batalla físico, va mucho más allá, y Clausewitz puede ayudar a comprender esto muchísimo mejor.
La guerra híbrida y la zona gris como desafío estratégico contemporáneo
El concepto de guerra híbrida ha evolucionado5 notablemente en la última década. En este artículo, «amenaza híbrida» se usa para referirse al empleo combinado de herramientas militares y no militares para desestabilizar o condicionar a un adversario. Por ‘campaña’ o «guerra híbrida» me refiero a la aplicación sostenida y coordinada de esas herramientas para lograr efectos acumulativos. Por último, «zona gris» alude al espacio entre la paz formal y el conflicto armado, donde la ambigüedad y la dificultad de atribución complican la respuesta. La OTAN define las amenazas híbridas como la combinación de métodos militares y no militares empleados por actores estatales y no estatales para desestabilizar a un adversario mediante tácticas diseñadas para dificultar la atribución y evitar la escalada directa del conflicto6. Por su parte, la Unión Europea ha desarrollado el término «hibridación de amenazas» para englobar acciones dirigidas a explotar vulnerabilidades de los Estados miembros, combinando ciberataques, manipulación informativa, presión económica o instrumentalización migratoria7.
Pese a las diferencias terminológicas, existe consenso académico en torno a tres características fundamentales. En primer lugar, su ambigüedad, que permite a los actores agresores operar fuera de los marcos tradicionales de respuesta. En segundo lugar, su gradualidad, que evita superar los umbrales jurídicos que activarían mecanismos de defensa colectiva. En tercer lugar, su multidominio, que combina instrumentos políticos, sociales, económicos, informativos y tecnológicos para lograr efectos acumulativos.
Desde esta perspectiva, la evolución hacia formas de confrontación híbrida también puede interpretarse a la luz del pensamiento de Clausewitz. El autor sostenía que la guerra está siempre condicionada por las fuerzas morales y políticas que la generan, y que su forma concreta depende de cómo los actores emplean los medios disponibles para alcanzar sus fines. Esta idea resulta particularmente pertinente ante la multiplicación de instrumentos no militares que buscan influir en la voluntad del adversario sin recurrir al empleo directo de la fuerza. La guerra híbrida, con su combinación de presiones informativas, económicas y tecnológicas, confirma esta tesis clausewitziana: el conflicto puede desplegarse mediante modos indirectos que, sin perder su naturaleza política, adoptan expresiones distintas al combate tradicional. Para los Estados europeos este enfoque subraya la necesidad de comprender que la confrontación contemporánea no se limita al campo militar, sino que puede avanzar de forma silenciosa y persistente en ámbitos donde la política, la tecnología y la percepción social se entrecruzan.
El impacto de estas actividades en los Estados de la Unión Europea ha sido ampliamente documentado por think tanks como RAND, Instituto Elcano8, o el IEEE9, entre otros. Las sociedades abiertas y altamente digitalizadas son especialmente vulnerables a la manipulación informativa, mientras que los Estados con elevadas interdependencias energéticas o comerciales se exponen a mayores riesgos de coerción económica10.
Varios Estados miembros de la Unión Europea reúnen características que incrementan su exposición a este tipo de amenazas. Por ejemplo, países con condición de frontera exterior y presión en sus perímetros como España, Italia o Grecia; Estados situados en zonas de fricción estratégica en el flanco oriental como Polonia o los países bálticos; y, en paralelo, aquellos con alta interdependencia energética y/o comercial con proveedores externos, lo que puede abrir espacios de coerción indirecta. Estas circunstancias pueden amplificar el impacto de las actividades híbridas sobre la estabilidad interna y la autonomía estratégica, al tiempo que refuerzan la importancia de estos Estados en la gestión de la seguridad regional.
La Unión Europea en su entorno geoestratégico: exposición a actividades híbridas
La posición de la Unión Europea en el Mediterráneo occidental, el Atlántico y su vecindad meridional la sitúa en un espacio donde convergen dinámicas de competencia entre potencias, inestabilidad regional y presiones de carácter híbrido. La creciente relevancia del flanco sur ha sido señalada tanto por la OTAN como por la propia Unión Europea, que reconocen que el Sahel constituye una de las regiones más volátiles del sistema internacional y una fuente persistente de riesgos para la seguridad europea. No obstante, la guerra de agresión rusa contra Ucrania ha reconfigurado las prioridades estratégicas, desplazando parcialmente la atención hacia el flanco oriental, sin eliminar los desafíos estructurales que persisten en el sur.
La presencia de actores externos como Rusia, a través de instrumentos de seguridad indirecta y estructuras militares reconfiguradas11, y China, mediante su proyección económica y el desarrollo de infraestructuras de uso dual, ha intensificado la competencia estratégica en el Sahel y el norte de África. Estas dinámicas influyen en las relaciones entre los Estados del Magreb, cuyas rivalidades históricas tienen repercusiones directas sobre la estabilidad del entorno europeo y sobre la seguridad de los Estados miembros más expuestos geográficamente, como España o Italia, por ejemplo.
La dependencia energética constituye otro factor relevante en este contexto. La Unión Europea mantiene una elevada interdependencia con proveedores externos de recursos críticos, lo que ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de sus sistemas energéticos ante decisiones unilaterales o interrupciones deliberadas del suministro.
La migración constituye otro vector de presión. Aunque la migración es un fenómeno estructural de carácter global, su instrumentalización por parte de determinados actores ha sido documentada ampliamente por instituciones europeas, que han señalado casos de presión migratoria utilizada como palanca política12. La crisis migratoria en Ceuta en 2021 mostró que las fronteras del sur de la Unión Europea pueden convertirse en un espacio vulnerable ante actuaciones no convencionales.
A estos elementos se añaden los riesgos derivados de la competencia tecnológica global. La Unión Europea depende de cadenas de suministro críticas en sectores como los semiconductores, las telecomunicaciones o las infraestructuras digitales avanzadas, lo que introduce vulnerabilidades adicionales en un contexto de rivalidad entre grandes potencias. La concentración de capacidades tecnológicas clave fuera del espacio europeo subraya la dimensión estratégica de estas dependencias y su potencial utilización como instrumentos de coerción indirecta.
Arquitectura, voluntad y fricción: una lectura clausewitziana de la respuesta europea a la guerra híbrida
La respuesta de la Unión Europea frente a las amenazas híbridas se articula en un marco institucional que no responde a los parámetros clásicos del Estado nación. A diferencia de estos, la Unión carece de un centro de decisión único en materia de seguridad y defensa, y su acción estratégica se apoya en un sistema multinivel en el que confluyen instituciones comunes y soberanías nacionales. Esta configuración, inherente al propio proyecto europeo, condiciona de manera estructural la forma en que la Unión afronta dinámicas de confrontación situadas en la zona gris, caracterizadas por la ambigüedad, la gradualidad y la dificultad de atribución.
Desde una perspectiva clausewitziana, esta realidad puede interpretarse a través del concepto de fricción, entendido como el conjunto de obstáculos, resistencias y contingencias que separan la intención estratégica de su ejecución. Clausewitz subrayó que la fricción no es una anomalía, sino una característica inherente de la guerra y de la acción política en contextos complejos.
La guerra híbrida intensifica estas fricciones al desarrollarse deliberadamente en espacios donde los umbrales jurídicos permanecen difusos y la atribución resulta incierta. Al situarse por debajo del conflicto armado, este tipo de acciones no activa automáticamente los mecanismos tradicionales de defensa colectiva, desplazando el peso de la respuesta hacia la interpretación política y el consenso entre actores. Desde la lógica de Clausewitz, esta situación refuerza el carácter político de la confrontación, pero también pone de relieve las dificultades inherentes a la construcción de una voluntad común frente a amenazas graduales y persistentes.
La voluntad política ocupa, en este contexto, un lugar central. Para Clausewitz, toda estrategia depende en última instancia de la voluntad que la sostiene, más allá de los medios materiales disponibles. En la Unión Europea, dicha voluntad se expresa de manera plural y distribuida, a través de procesos deliberativos que reflejan la diversidad de intereses y sensibilidades de los países europeos.
La noción de centro de gravedad, otro concepto clave del pensamiento clausewitziano, adquiere una complejidad particular en el caso europeo. Mientras que en los Estados suele asociarse a la dirección política o a determinados pilares institucionales, en la Unión Europea este centro resulta más difuso y distribuido. La cohesión entre los europeos, la legitimidad de las instituciones comunes y la credibilidad del proyecto europeo pueden considerarse elementos críticos cuya erosión tendría consecuencias estratégicas relevantes. La guerra híbrida, al dirigirse contra factores intangibles encuentra en la estructura multinivel de la Unión un espacio especialmente propicio para la acción indirecta y acumulativa. Precisamente por esa arquitectura, en el caso europeo el «centro de gravedad» clausewitziano no se identifica con una institución única. Más bien, se expresa como la capacidad de los Estados miembros y de las instituciones comunes para mantenerse unidos, sostener el consenso y resistir la presión externa.
En la práctica, el Consejo Europeo y el Consejo son claves para fijar la dirección política y preservar la unidad; el SEAE ayuda a coordinar la acción exterior y la comunicación; y la Comisión tiene un papel importante en la coordinación y en la puesta en marcha de medidas y herramientas de la Unión. En suma, más que un «centro de gravedad» concentrado, la Unión tiene un punto crítico repartido: si se erosiona la cohesión y la confianza, se debilita la respuesta, y eso es lo que buscan explotar muchas campañas híbridas.
Desde esta óptica, la respuesta europea a la guerra híbrida no puede evaluarse únicamente en términos de capacidades técnicas o instrumentos disponibles. Clausewitz advertía que la incertidumbre es consustancial a toda confrontación y que la claridad de propósito constituye un factor esencial para resistir la fricción.
La respuesta euroatlántica a la guerra híbrida: OTAN, Unión Europea y coordinación estratégica
La respuesta a la guerra híbrida en el espacio euroatlántico se articula fundamentalmente a través de dos marcos institucionales complementarios: la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Unión Europea. Ambos actores han reconocido de forma explícita la creciente relevancia de las amenazas híbridas y de las actividades desarrolladas en la zona gris como elementos centrales del entorno de seguridad contemporáneo. Sin embargo, sus aproximaciones responden a lógicas distintas, derivadas de su naturaleza institucional, sus competencias y sus culturas estratégicas. Mientras la OTAN se configura como una alianza político-militar orientada a la disuasión y la defensa colectiva, la Unión Europea actúa como un actor político y normativo con capacidades amplias en ámbitos civiles, económicos y regulatorios. Esta diferencia condiciona tanto la conceptualización de la amenaza como los instrumentos empleados para hacerle frente.
El Concepto Estratégico de la OTAN de 2022 señala explícitamente que las amenazas híbridas constituyen uno de los principales riesgos para la seguridad euroatlántica y subraya la necesidad de reforzar la resiliencia nacional como fundamento de la defensa colectiva13. Desde esta perspectiva, la Alianza enfatiza un enfoque integral que combina capacidades militares y no militares, promoviendo la cooperación interinstitucional y el fortalecimiento de la preparación de los aliados frente a presiones subumbrales. La resiliencia se concibe así como un elemento esencial para garantizar la credibilidad de la disuasión, especialmente en escenarios en los que la atribución resulta ambigua y la escalada se produce de forma gradual.
En el ámbito de la Unión Europea, la aproximación a la guerra híbrida se ha centrado en el desarrollo de marcos políticos, instrumentos de análisis y mecanismos de coordinación destinados a identificar y gestionar amenazas que afectan a múltiples dominios. La UE ha impulsado herramientas específicas para la detección temprana, la respuesta coordinada y el refuerzo de la resiliencia frente a actividades híbridas, integrando dimensiones como la ciberseguridad, la lucha contra la desinformación, la protección de infraestructuras críticas o la seguridad económica.
En cuanto a la coordinación OTAN–UE frente a amenazas híbridas, los informes conjuntos de seguimiento muestran que el avance se ha centrado en medidas prácticas: mejorar el intercambio de información y análisis, coordinar la comunicación estratégica y reforzar la preparación mediante ejercicios y respuestas paralelas ante escenarios híbridos. También subrayan que parte de la eficacia depende de lo que aporten los Estados (capacidades, atribución y aplicación nacional), lo que explica por qué los resultados son desiguales según el área y el contexto14, 15.
Sin embargo, un informe del Servicio Europeo de Acción Exterior y otro del Parlamento Europeo16 han señalado que la eficacia de estas herramientas depende en gran medida del grado de compromiso y coordinación de los Estados miembros, lo que introduce una dimensión estructural que condiciona su aplicación práctica17.
Esta dualidad de enfoques refleja una característica fundamental del espacio euroatlántico: la coexistencia de instrumentos de naturaleza militar y civil para hacer frente a una amenaza que, por definición, se sitúa en los márgenes del conflicto armado. Desde una lectura clausewitziana, esta situación pone de relieve la dificultad de mantener la unidad de esfuerzo en coaliciones amplias, donde la acción estratégica se ve atravesada por fricciones derivadas de intereses nacionales, marcos jurídicos diferenciados y percepciones divergentes del riesgo. La guerra híbrida explota precisamente estas fricciones, operando en aquellos espacios donde la coordinación es más compleja y donde la respuesta colectiva requiere un elevado grado de consenso político.
El flanco sur del espacio euroatlántico constituye un ámbito especialmente relevante en este contexto, que demuestra la importancia de lo analizado en los párrafos anteriores. Convergiendo en este espacio inestabilidad regional, competencia entre potencias y presiones de carácter híbrido.
La guerra híbrida como expresión contemporánea de la política: una reflexión estratégica desde Clausewitz
La guerra híbrida no constituye una ruptura radical con las formas históricas de la confrontación, sino una adaptación de la competencia política a un entorno caracterizado por la interdependencia, la complejidad institucional y la sensibilidad de las sociedades contemporáneas. Desde esta perspectiva, el recurso a instrumentos no militares para alcanzar objetivos estratégicos refuerza la idea clausewitziana de que la guerra, en sentido amplio, es siempre un fenómeno político cuya forma concreta depende de las condiciones de cada época.
Clausewitz subrayó que la esencia de la confrontación reside en la interacción entre voluntades, y que los medios empleados pueden variar sin alterar la naturaleza del conflicto. La guerra híbrida se inscribe plenamente en esta lógica, al privilegiar modos de acción indirectos que buscan influir en la percepción, la cohesión y la capacidad de decisión del adversario.
En este tipo de confrontación, el tiempo adquiere una dimensión estratégica central. A diferencia de la guerra convencional, la guerra híbrida no persigue una resolución rápida ni un desenlace claramente identificable, sino la acumulación progresiva de efectos. Clausewitz advertía que la resistencia moral y la capacidad de sostener el esfuerzo político son factores decisivos en los conflictos prolongados. Aquí es donde las democracias occidentales van a tener complicaciones a medio-largo plazo, y se verá la capacidad de resiliencia de sus sociedades.
Asimismo, la incertidumbre ocupa un lugar central en este tipo de competencia. La dificultad de atribuir responsabilidades, de delimitar el inicio del conflicto o de identificar el objetivo último de las acciones híbridas amplifica la «niebla» descrita por Clausewitz. Esta niebla no solo afecta al plano operativo, sino que se proyecta sobre el ámbito político y estratégico, condicionando la toma de decisiones y complicando la construcción de respuestas coherentes.
Conclusiones
El análisis realizado muestra la importancia de que los decisores de la Unión Europea y la OTAN entiendan a uno de los clásicos estrategas europeos: Carl von Clausewitz, una necesidad que aumenta con el entorno geoestratégico en el que opera la Unión Europea. La competencia entre grandes potencias, la inestabilidad persistente en la vecindad meridional, la presión estratégica en el flanco oriental y las dinámicas de rivalidad regional en el Mediterráneo configuran un escenario en el que las actividades híbridas adquieren una relevancia creciente, y es importante entender cómo hacer frente a ellas y más aún, prevenirlas. Factores como la interdependencia energética, la presión migratoria, la vulnerabilidad informativa y los riesgos asociados a la competencia tecnológica global actúan como vectores que amplifican el impacto potencial de este tipo de amenazas.
Desde esta perspectiva, la guerra híbrida plantea a la Unión Europea un desafío de carácter estructural que trasciende el ámbito estrictamente operativo. Se trata de una forma de competencia que pone a prueba la capacidad de sostener políticas coherentes en el tiempo y de preservar la resiliencia frente a presiones indirectas y acumulativas. En este sentido, resulta pertinente recordar la conocida reflexión de Sun Tzu según la cual «la suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar», una idea profundamente alineada con la lógica de la zona gris contemporánea. Las actividades híbridas buscan precisamente explotar vulnerabilidades internas para erosionar la voluntad política y la capacidad de decisión sin recurrir al enfrentamiento abierto.
Asimismo, conviene subrayar la dimensión estratégica más amplia de esta transformación. Henry Kissinger advertía que la estabilidad internacional se sostiene en la percepción de fortaleza, coherencia y credibilidad de los actores políticos. En un entorno dominado por la competencia híbrida, dicha credibilidad no depende exclusivamente de las capacidades militares, sino también de la solidez institucional, la cohesión social y la capacidad de los sistemas políticos para articular intereses y proyectarlos de forma consistente. En el caso europeo, esta reflexión pone de relieve la importancia de los factores políticos y sociales como elementos centrales de la seguridad en un contexto de presión subumbral permanente.
La vigencia del pensamiento de Carl von Clausewitz permite profundizar en esta interpretación. El autor afirmaba que la fuerza en la guerra «no es más que la expresión de una voluntad» y que toda estrategia debía orientarse a preservar la cohesión moral y la capacidad de decisión. La guerra híbrida, al dirigirse precisamente contra esos elementos intangibles sin recurrir al combate abierto, confirma la actualidad de este planteamiento. Desde una lectura clausewitziana, la fortaleza estratégica reside en la unidad de propósito político y en la capacidad de resistir la erosión progresiva de la voluntad colectiva, aspectos que adquieren una relevancia particular en sistemas complejos y multinivel como el europeo.
En definitiva, la guerra híbrida no puede entenderse como una contingencia episódica, sino como una forma estructural de competencia en el entorno internacional contemporáneo. Para la Unión Europea, esta realidad subraya la importancia de analizar la seguridad no solo en términos de capacidades materiales, sino también desde la perspectiva de la cohesión política, la resiliencia social y la credibilidad estratégica.
Marc Vendrell Martínez
Profesor de Inteligencia y Geopolítica en LISA Institute
Analista en LISA Analysis Unit
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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La relevancia de Clausewitz en la guerra híbrida europea: desafíos para la Unión Europea en un conflicto sin guerra (0,2 MB)
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The relevance of Clausewitz in European hybrid warfare: challenges for the European Union in conflic short of war (0,2 MB)
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