IEEE. Geopolítica del siglo XXI analizada según los clásicos, una visión renovada

Mapa de Yibuti que muestra la ubicación de diversas bases militares en la entrada al mar Rojo

08 jun 2026

IEEE. Geopolítica del siglo XXI analizada según los clásicos, una visión renovada

Vicente Gonzalvo y David Cuesta

Planteamiento inicial e interés por el asunto

La geopolítica combina el estudio de la geografía, los recursos, las políticas y distintos acontecimientos, de forma que permite comprender mejor la situación y el comportamiento de los Estados en el sistema internacional. El estudio de esta rama de la ciencia siempre ha aportado valor en el mundo de las relaciones internacionales y ha ofrecido ciertas ventajas intelectuales en el ejercicio de la diplomacia.

Saber interpretar crisis, guerras, sanciones o simplemente lo que ocurre a nuestro alrededor, basándose en análisis científicos previos, fortalece la capacidad crítica frente a la desinformación y las narrativas interesadas. No es algo nuevo: la geopolítica surge a finales del siglo XIX y a comienzos del XX como intento de explicar la política internacional a partir de la geografía. Fue el politólogo sueco Rudolf Kjellén quien creó el concepto y el término al entender al Estado «[…] como un organismo vivo que evolucionaría según su espacio». En esos tiempos, autores como Halford John Mackinder o Alfred Thayer Mahan desarrollaron diferentes teorías que despertaron un interés académico por la geopolítica.

Hoy, el estudio del entorno internacional ha dejado de ser algo secundario, despertando gran interés, también entre los más jóvenes, al constituir un factor que incluso puede condicionar el presente y el futuro. La pugna actual entre Estados (en cierto modo anticipada por Haushofer)1: la guerra en Ucrania, Oriente Medio (Irán), Hispanoamérica (Venezuela y Cuba), incluso la situación económica (bursátil, comercial y arancelaria), la posible crisis de autoridad, la sociedad de la desinformación y «del miedo» son circunstancias y escenarios que ocupan las portadas de los medios de comunicación sociales. La rivalidad y la prevalencia entre grandes potencias están, en cierto modo, en juego y, cada vez más, se busca saber y comprender: la geopolítica es una herramienta que permite saber por qué sube el precio de la gasolina, del gas o por qué se puede limitar el acceso a una red social u otra, así como qué debo estudiar o en la empresa en la que podría trabajar, por ejemplo.

En esa explosión del ecosistema informativo globalizado, los jóvenes priorizan las redes sociales frente a los medios más oficiales: la inmediatez, la curiosidad o las narrativas tienen su efecto en el conocimiento del entorno actual e incluso en las dinámicas internacionales. En ese sentido, la geopolítica proporciona un marco interpretativo que permite distinguir entre posibles narrativas interesadas, por eso, recurrir a la esencia, a los clásicos y al origen puede permitirnos consolidar los cimientos del conocimiento en el contexto actual.

Es evidente que el orden internacional está en transformación: todos lo vivimos a diario; el futuro es, en muchos aspectos, incierto, y la sociedad actual está en juego. En este asunto, todas las generaciones coinciden y lo asumen. Particularmente, la geopolítica ha dejado de estudiarse en un ámbito exclusivamente diplomático o militar, es una herramienta de conocimiento del siglo XXI que se ha popularizado, por lo que podemos, en ese sentido, establecer el supuesto inicial de que los clásicos nos pueden explicar el porqué.

La continuidad de la visión de los clásicos

Nassim Taleb2 defiende la vigencia de los clásicos como antídoto frente al intelectualismo vacío y la sofisticación estéril. Entre sus argumentos, el hecho de que obras como las de Cicerón, Séneca, Marco Aurelio o Epicteto hayan perdurado hasta hoy significa que se mantienen útiles por haber sido sometidas al filtro del tiempo. Para él, la prueba de validez no es la novedad académica, sino la resistencia a desaparecer, lo que perdura merece atención. Leer a los clásicos implica acudir a fuentes directas, sin intermediarios, y extraer principios aplicables a la acción real, no meras abstracciones retóricas, que pueden resultar atractivas, pero que se alejan del valor de proporcionar criterio.

Una de las teorías geopolíticas clásicas más relevantes es la de Halford Mackinder3, que, a pesar de tener más de un siglo de existencia, se mantiene como uno de los pilares del pensamiento estratégico. Entre sus derivadas se encuentra el concepto de Heartland, que relaciona una determinada zona geográfica con la facilidad para ejercer el poder: quien controle el Heartland dominará la Isla Mundial (Eurasia-África) y, en consecuencia, el mundo. Ese enfoque geográfico dirigido a la zona continental euroasiática justificaba que la Rusia europea, Siberia occidental y partes de Asia Central representaran áreas de interés estratégico, al asegurar la existencia de cereales, minerales, energía y una suficiente presencia demográfica. Así, Rusia adquiría el papel de protagonista, tocada, de alguna manera, por la naturaleza para ser una potencia global.

Mackinder también define el Inner Crescent como una zona geográfica que identifica el espacio de fricción entre potencias terrestres y marítimas, y que engloba las franjas costeras europeas, mediterráneas y asiáticas. La fórmula del equilibrio mundial se basa en impedir la consolidación de una alianza entre el núcleo continental y una potencia industrial avanzada de Europa Occidental, enfoque que podría reflejarse en el temor a cualquier convergencia germano-rusa.

Alfred Thayer Mahan estableció una teoría centrada en el poder naval y el control de los mares4, sostenía Mahan que la variable clave —controlar y gobernar la distribución de poder político a través de la tierra— había estado en el pasado (y continuaría estándolo en el futuro…), fundamentada en la capacidad de los Estados para manejar el uso de los océanos y los pasos internacionales marítimos como medio de transporte, por un lado, y por otro, para utilizarlos en términos de relevancia estratégica y poder militar (naval)5.

Del mismo modo, planteaba el concepto de posición geográfica, considerando que la ubicación realmente central era la que permitía el transporte de mercancías por mar en términos de tiempo, coste y capacidad, al mismo tiempo que estudiaba la capacidad defensiva de ciertas potencias en términos de «insularidad», explicando que determinadas naciones (por entonces), como Inglaterra, Japón y también, con particularidades, los Estados Unidos de Norteamérica, poseían una serie de ventajas estratégicas por su carácter marítimo y por estar rodeadas de mar.

El tercer punto, quizás menos conocido y desarrollado que los anteriores, se fundamentaba en la idea de analizar la disponibilidad de diques y maestranzas navales, o, en nuestro caso, lo que podríamos denominar arsenales, que permitirían, en términos de recursos de apoyo, garantizar el apoyo a las fuerzas navales. Esta consideración adquirió especial relevancia, por ejemplo, en la guerra de Cuba, de EE.UU. con España, cuando la disponibilidad de carbón y de bases navales era fundamental para el sostenimiento de la, hasta entonces, flota continental española, en los arsenales de La Habana y Cavite6, donde: «… tuvo una influencia crucial la consecución de una política naval poco firme y clara, la falta de liderazgo en todos los niveles de nuestra nación y la falta de unos objetivos claros y definidos al comenzar las operaciones».

La influencia de Mahan fue muy relevante y se manifestó muy rápidamente, particularmente sobre Benjamin Franklin Tracy, secretario de la Marina, quien oportunamente propuso un vasto plan de construcciones navales en 1889 y el Naval Act de 1890, y, obviamente, también sobre Theodore Roosevelt, quien fue nombrado assistant secretary de la U.S. Navy en marzo de 1897, y otros (Henry Lodge). Con ello, Mahan justificó la captura estadounidense de Filipinas, Hawái y el Caribe, con su puesto más estratégico, Cuba, como bases vitales…7 asuntos actualmente de plena actualidad. Al mismo tiempo, junto con P. Colomb, el teorizador e historiador naval británico, argumentó la teoría del poderío marítimo (del inglés: sea power).

Particularmente a Mahan le corresponde posiblemente también el honor de ser el primero en emplear el término Middle East, en un artículo de septiembre de 1902 titulado «The Persian Gulf and International Relations»8.

Por otra parte, y finalmente, Nicholas John Spykman9 aporta una visión más moderna de la de Mackinder, pero sin olvidar a Mahan. Con la denominación de su Rimland, que tiene mucha relación con el Heartland, concreta que el control del anillo periférico de Eurasia proporcionaría el dominio del Heartland y, junto a la franja costera, conduciría al control del sistema internacional. Evitar que una sola potencia domine ese arco periférico facilitaría el protagonismo de una potencia extracontinental (como Estados Unidos): quien controle el Rimland gobierna Eurasia; quien gobierna Eurasia controla los destinos del mundo. La política de contención durante la Guerra Fría forma parte de esa visión.

La visión sobre el Oriente Medio (el «Middle East»)

Oriente Medio representa un área única donde confluyen rutas marítimas y el acceso a zonas geográficas que han facilitado enfrentamientos entre grandes potencias. La existencia de reservas de hidrocarburos y la presencia de estrechos esenciales como Ormuz y Bab el-Mandeb10 nos permiten comprender la importancia de esta zona en relación con la seguridad energética de Europa. Además, Oriente Medio actúa, en ese sentido, como bisagra entre Europa, Asia y África, configurando un espacio de confrontación indirecta entre múltiples actores internacionales. Desde Gaza hasta Siria o el Líbano, el riesgo de escalada le otorga cierto protagonismo en el análisis de la geopolítica y lo convierte en una pieza clave para el equilibrio global (para muestra, un botón: Irán)11.

Desde el punto de vista de Mackinder, Oriente Medio no forma parte del Heartland, pero constituye un espacio crítico del Inner Crescent, al facilitar la transición entre el núcleo continental euroasiático y las rutas marítimas globales. Los estrechos de Ormuz y el Bósforo constituyen auténticos choke points que facilitan esa conexión entre el Heartland (Rusia y Asia Central) y los mares cálidos. Turquía, por ejemplo, adquiere una relevancia estructural al controlar el acceso desde el mar Negro al Mediterráneo, además de condicionar la proyección marítima rusa. La presencia militar de Rusia en Siria desde 2015 responde a esa necesidad de consolidar un punto de apoyo que habilite el acceso al Mediterráneo.

Según la doctrina de Mahan, puede considerarse Oriente Medio en términos de choke points, ya mencionados, ya que cuatro de los siete puntos estratégicos globales se encuentran en esta parte del mundo. En segundo lugar, y en relación con este asunto, Mahan sostiene que unos Estados están mejor dotados que otros para ejercer su influencia en el mar12. Para él, la primera explicación es siempre geográfica.

Tanto la ubicación de cada Estado como su orografía, e incluso la extensión de sus costas, son factores relevantes13,sin embargo, el peso de la variable geográfica no es suficiente para garantizar la prevalencia14. Esto se puede verificar, por ejemplo, a partir de las limitaciones del antiguo «Imperio del Sol Naciente», que, aun siendo capaz de derrotar a los rusos en 1905 (en buena medida debido a las dificultades zaristas para trasladar su Flota del Báltico al mar de China), fue, a su vez, derrotado en 1945 por una potencia mucho más avanzada en todos los parámetros enfatizados por Mahan en términos constructivistas (y que aquí hemos recogido en los diversos apartados de nuestra introducción).

En ese sentido, podemos considerar Oriente Medio como una zona clave para el comercio mundial, con una extensión de costas limitada y con presencia de potencias regionales en las que las actuales potencias navales —podríamos considerar a EE. UU. y China— ejercen su influencia en esos puntos de tráfico y en el litoral. Es resaltable que, en estos momentos, estos dos países poseen bases navales en este enclave, junto a las Fuerzas de Autodefensa de Japón y Francia y, en menor medida, Italia —que da apoyo a unidades españolas y alemanas—.

Pressenza & Open Street map
Fuente: Pressenza & Open Street map. Fair politik Graphics

Desde nuestro punto de vista, Mahan estaría preocupado también por la salida de Etiopía al mar. Etiopía es la mayor economía de África oriental y posee uno de los mejores suelos para la agricultura de toda la región, destacando la exportación de café. El éxito de su agricultura y su ganadería descansa en buena medida en sus grandes recursos hídricos, los más importantes de toda África, que proporcionan también la principal fuente de energía. En este sentido, es muy relevante el control del Nilo Azul, que supone el 80% del caudal del río Nilo (y que nace en Etiopía).

Históricamente, Etiopía ha tenido relaciones difíciles con Somalia, en parte por la rivalidad territorial y religiosa, y con Eritrea, que fue una provincia del país hasta 1993 y que proporcionaba una salida al mar Rojo. Hoy en día, las relaciones con ambas naciones han entrado en una fase de mejora paulatina… No obstante, las relaciones con Sudán y con Egipto atraviesan momentos difíciles, con amenazas militares incluidas. La principal causa es la gestión del río Nilo. En este sentido, Mahan estaría preocupado por la situación en ambas riberas del mar Rojo y en el estrecho de Ormuz, considerando esta zona como un área de conexión entre el Índico y el Mediterráneo en términos de influencia naval. Posiblemente observaría el conflicto en Darfur del Sur como un intento de varias potencias (Emiratos, Arabia Saudí y Egipto, entre otras) por ganar relevancia en la zona e influir, a su vez, en la geopolítica regional.

Diario digital el Mundo
Fuente: Diario digital el Mundo

Desde la óptica de Spykman, Oriente Medio está asociado a su Rimland. Se trata de esa bisagra estratégica entre Europa, Asia y África. El estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb y el canal de Suez son nodos de poder. Por eso, la presencia de bases militares, corredores energéticos y alianzas regionales responde a la lógica de impedir que una potencia hostil consolide su dominio en este segmento del Rimland. La base militar y el puerto marítimo de Yibuti, creados por China, suponen un intento de penetrar en el Rimland, ganando cierto acceso y capacidad de influencia en el arco periférico.

Para Estados Unidos y sus aliados, mantener el equilibrio en Oriente Medio significa impedir que Rusia o China transformen esa región en una plataforma de proyección hacia Europa o el Indopacífico.

La situación en el flanco este

El control de los espacios continentales que facilitan, a su vez, recursos energéticos es la clave para nuestro enfoque mackinderiano, lo cual mantiene su vigencia en las causas estructurales que dieron origen a la guerra entre Rusia y Ucrania. Quizás sea el caso más claro, ya que Ucrania siempre ha estado presente en ese espacio geográfico del Heartland. Es un territorio que lo tiene todo: tierras fértiles, flujo energético, industria pesada (Dombás) y acceso al siempre deseado mar Negro. Precisamente, es la extensión de la OTAN hacia el flanco este la que ha sido vista, desde la óptica rusa, como una reconfiguración del equilibrio en el espacio decisivo. Ocurrió con Crimea por su valor, al garantizar el control del mar Negro y habilitar la proyección naval hacia el Mediterráneo oriental, y ocurre ahora con Ucrania y su «granero europeo»15.

Se combina, pues, la dialéctica clásica entre la potencia terrestre y las potencias marítimas, adaptada a un entorno híbrido y nuclear. Mahan consideraría esta zona en términos de factores geográficos (variable independiente basada en la primacía de la geografía); se observa que los éxitos de los Estados mejor posicionados en ese aspecto dependen sobremanera de que hayan cubierto las expectativas citadas anteriormente, relativas al carácter nacional. Mahan expone sus tesis más contundentes: los Estados que desarrollaron modelos económicos que hoy definiríamos como extractivos fueron descuidando el talante emprendedor y, con él, algunas de sus incipientes manufacturas.

En cambio, al acentuar la inversión privada en mercados emergentes, se consolidaron dinámicas de crecimiento que, a la postre, les permitieron ampliar su presencia marítima hasta consolidarse como grandes potencias militares e incluso como «hegemones».

En el caso de Mahan, este consideraría, sin duda, la posibilidad de establecer rutas comerciales en el Ártico y de ser capaz de controlarlas, considerando que el pasado 20 de septiembre de 2025 China inauguró su primera ruta comercial regular de contenedores a través del Ártico con destino a Europa. Es evidente que el uso de este paso marítimo del noreste reduce considerablemente el tiempo de travesía desde los puertos chinos.

De hecho, normalmente se necesitan cuarenta días para conectar China y el Reino Unido, tomando la ruta clásica por el canal de Suez, o incluso más de cincuenta si se pasa por el cabo de Buena Esperanza, frente a las costas de Sudáfrica. La línea lanzada por «Haijie Shipping», disponible diez meses al año, conectará varios puertos de China (Qingdao, Shanghái y Ningbo) con cuatro puertos europeos: Felixstowe, en el Reino Unido; Róterdam, en los Países Bajos; Hamburgo, en Alemania, y Gdansk, en Polonia.

No hace falta estudiar muy detenidamente las recientes declaraciones de la Administración de EE.UU. para considerar que la capacidad de mantener el control de la ruta entre el archipiélago de «Queen Elizabeth», de Canadá, y Groenlandia, y, más concretamente, los accesos por mar a la base de Thule, por un lado, y la libertad de navegación entre la isla de Svalbard y Groenlandia, por otro, constituyen una cuestión de relevancia estratégica mundial, siendo la ruta marítima entre esta última y Murmansk un espacio geopolítico que conviene considerar para el posible empleo de las fuerzas navales.

Rutas marítimas árticas
Fuente: RFI. Fr

Spykman, basaría su justificación en la comunicación entre Rusia y Europa. El control de Ucrania está asociado al acceso al Rimland europeo oriental. Para Moscú, Ucrania es una línea de contención, al igual que, para la OTAN, esa zona geográfica permite limitar la expansión de una potencia terrestre hacia el Rimland.

En definitiva, lo que estamos viviendo en Europa es una lucha por romper el equilibrio y asegurar el Rimland para contener al Heartland.

La particular (e importante) visión sobre Sudamérica

Mackinder, en general, no le prestó especial atención a América del Sur ya que estaba incluida en su Outer Crescent16, pero, tras más de un siglo de esa interpretación, debemos profundizar para comprenderla. Aunque alejada del poder del Heartland, a nadie se le escapa la fortaleza que los recursos estratégicos (energéticos, tierras raras…) aportan al sur del continente americano.

El valor de Sudamérica estaría más vinculado a su capacidad para ser un actor global, para lo cual la voluntad de cooperar sería el punto de partida. Precisamente, una zona fragmentada y sin un liderazgo claro la mantiene en la periferia estratégica. Sudamérica, no es Heartland, pero puede convertirse en un espacio de competencia indirecta entre potencias, como lo fue el movimiento estratégico que supuso el control de Venezuela por parte de los Estados Unidos. El control de los recursos estratégicos será clave.

Mahan consideraría el acceso a las rutas marítimas del Atlántico Sur y del Pacífico un espacio geopolítico preferente, tanto en términos del empleo de las fuerzas navales como del establecimiento de bases navales para garantizar el dominio de la superficie marítima más grande del mundo17. En otros tiempos, no fue igualmente valorada. En un contexto de transición energética, estos recursos adquieren relevancia sistémica. El canal de Panamá, aunque geográficamente centroamericano, conecta directamente con la proyección estratégica sudamericana y constituye un nodo marítimo esencial en la rivalidad sinoestadounidense.

Por todo ello, esta área geográfica se ha convertido en un escenario clave en la geopolítica mundial, con un creciente protagonismo en las estrategias de defensa y en alianzas militares internacionales de carácter transcontinental. Un punto que cabe destacar en esta área es la decisión estratégica FOIP (Free and Open Indian and Pacific), de un Indopacífico libre y abierto de los EE. UU., remarcada por las recientes declaraciones del secretario de Defensa norteamericano Pete Hegseth, en las que afirmó que «[…] el Indopacífico será el teatro prioritario de las operaciones estadounidenses en los próximos años. Washington busca así reforzar su presencia militar en la región ante la creciente potencia militar china en la zona».

Pekín, además, ha intensificado su presencia en la región, rememorando la antigua teoría de la «línea de los 9 trazos», acorde con un antiguo mapa de 1935, que incluía como propios a los archipiélagos de las islas Spratly y Paracel, construyendo «portaviones no hundibles» en arrecifes de las islas Spratly, pese a las protestas de sus vecinos Filipinas, Taiwán, Vietnam, Tailandia, Malasia y Brunéi. La Estrategia de Seguridad Nacional de Japón de 2022, afectada por las reclamaciones chinas sobre las islas Senkaku, se refiere a China como «un desafío estratégico sin precedentes».

La posibilidad de una invasión de Taiwán por las Fuerzas Armadas chinas es un escenario potencial de guerra que preocupa cada vez más a la comunidad internacional. En diciembre de 2025, el presidente chino, Xi Jinping, declaró que «… la reunificación de nuestra patria es imparable» en su mensaje de Año Nuevo, adoptando un tono firme sobre Taiwán apenas días después de que Pekín llevara a cabo sus mayores ejercicios militares alrededor de la isla autónoma.

La postura de Taiwán es firme, aunque los vínculos económicos con China son evidentes, la posibilidad de una guerra regional en un período de unos cinco años existe, con posibilidad de una escalada regional18. Para China, Taiwán es sencillamente un «asunto interno» en el que EE.UU. no «debe inmiscuirse»19. Asimismo, el apoyo de EE.UU. podría no estar totalmente garantizado.

Sin embargo, la isla está separada del continente asiático por el estrecho de Taiwán, que oscila entre los 130 y los 180 km de anchura, con unas condiciones meteorológicas muchas veces adversas para un desembarco anfibio. Del mismo modo, la defensa de Taiwán no ha estado ociosa desde la llegada del general Chiang Kai-shek a la isla en 1949, tras ser derrotado por el Ejército Rojo de Mao. Por ello, toda la isla está defendida con campos minados navales, artillería de costa con misiles antibuque, una eficaz defensa aérea y unas Fuerzas Armadas potentes y motivadas frente al invasor, con un PIB dedicado a la defensa del 3,32% para 2026 y, sobre todo, con el apoyo de EE.UU., que, en ciertos planes, contempla la posibilidad de enviar hasta tres grupos de combate de portaaviones para su defensa, como, en cierto modo, hizo la Séptima Flota en 1958, cuando, durante una crisis regional, fue reforzada y sus buques ayudaron al Gobierno nacionalista a proteger las líneas de suministro de las islas20. Algo similar ocurrió en 1995, durante la crisis motivada por los, a ojos de Pekín, excesos verbales independentistas del presidente Lee Teng-hui.

Esta situación condujo a que China lanzara una serie de misiles sobre el espacio aéreo taiwanés, a modo de aviso, y sobre el estrecho, así como a la movilización de tropas en la provincia de Fujian (lo que provocó una movilización estadounidense en el estrecho). La situación se repitió a comienzos de 1996, a escasos días de las primeras elecciones presidenciales libres y democráticas de la historia de la isla. Washington volvió a mostrar fuerza enviando su flota a aguas cercanas a Taiwán, y Lee obtuvo la victoria.

Pero, sin duda, Mahan también estaría preocupado por la estrategia china de construcción de puertos y el establecimiento de líneas marítimas entre la China continental y distintos puertos de Iberoamérica. Algo que este ya consideró y que se aplicó en las distintas batallas navales que se produjeron en la Primera Guerra Mundial, tanto en las Malvinas como en la bahía de Coronel, en Chile, donde el Reino Unido sufrió su primera derrota naval desde del siglo XVIII, en la que el almirante Christopher Cradock perdió dos imponentes unidades navales, los acorazados Good Hope y Monmouth, y que dejó el Pacífico en manos alemanas (durante un corto espacio de tiempo).

El que va camino de convertirse en el puerto más importante de Sudamérica, el puerto de Chancay, en Perú, desarrollado por la empresa COSCO Shipping, ha reducido el tiempo de transporte entre Asia y Sudamérica en hasta treinta días, sobre todo desde el puerto de Nansha, y ha favorecido la construcción de infraestructuras en la China continental, en los puertos de Tianjin y Dalian, facilitando los intercambios con los puertos de Brasil, Chile y Argentina, así como con los de México, Colombia y Ecuador.

Estas iniciativas no solo mejoran la conectividad entre China y América Latina, sino que también refuerzan la influencia económica de China en la región, desplazando parcialmente el dominio comercial de EE.UU. y Europa.

Recurso en red
Fuente: AFP. Recurso en red

Spykman, es cierto, se fija más en el hemisferio occidental, ya que la seguridad estadounidense está asociada a limitar la influencia de potencias en zonas que puedan afectar al espacio americano. Sudamérica, aunque periférica respecto a Eurasia, forma parte del sistema de equilibrio global. El control de sus litorales y rutas marítimas afecta indirectamente al Rimland euroasiático.

El canal de Panamá es una pieza clave en la movilidad estratégica interoceánica. Su estabilidad garantiza la flexibilidad naval estadounidense, elemento central en el control del Rimland asiático. Sudamérica no es el centro del sistema, pero es un espacio donde la competencia indirecta influye en la arquitectura global.

El análisis de la situación en el continente africano

África también forma parte de ese Outer Crescent definido por Mackinder. Al igual que América del Sur, el continente africano combina recursos críticos (tierras raras, cobalto, uranio) y la variable demográfica lo posiciona en un escenario de futuro clave. El Sahel representa ese espacio de fricción donde todo ocurre y donde todo puede ocurrir, al estar presentes una gran cantidad de actores estatales y no estatales.

El factor aquí es que no se trata de que la influencia se ejerza solo por la ocupación territorial; las opciones se presentan como múltiples: influencia económica, tecnológica, diplomática, militar… La estabilidad en esta franja tiene un efecto directo sobre el Rimland europeo, por eso el continente africano representa un campo de proyección indirecta del poder euroasiático.

Desde la perspectiva de Mahan, puede estimarse que el control de Gibraltar, del mar Rojo y del canal de Suez conecta África con las rutas comerciales euroasiáticas. La presencia militar y económica china en Yibuti o en puertos estratégicos africanos refleja la extensión del Heartland hacia espacios marítimos periféricos. La visión talasocrática21 ha llevado a distintas potencias a obtener determinados éxitos a lo largo de la historia22. Una consideración, al parecer, compartida por Kissinger (1994), que comienza su obra Diplomacia analizando el giro de la presidencia «del amigo del garrote» a la del presidente Woodrow Wilson.

Es decir, en los Estados Unidos, estas dos escuelas de pensamiento, la de los Estados Unidos como «faro» y la de los Estados Unidos como «cruzado», existen en pugna desde la guerra hispano-norteamericana de 1898. En la actualidad, posiblemente prevalezca la segunda, con matices.

Hace falta ser práctico y, hasta ahora, la estrategia de penetración de EE. UU. en África, a través del fortalecimiento del sector de la seguridad, el desarrollo de las democracias y el establecimiento de alianzas comerciales y del envío de ayuda humanitaria, a través de organismos como US Aid, entre otros, no es una receta adecuada para sociedades que valoran la existencia de poderes fácticos que garanticen una cierta estabilidad mientras se produce un avance social y económico23, aunque existen múltiples factores limitantes, posiblemente uno de los más importantes sea el alto coste del capital en África, que hace que sea 2,4 veces más elevado que en el resto del mundo.

Vincularíamos este asunto a la consideración que realizaba Mahan sobre los «factores económicos y sociales» que afectarían, sin duda, a los resultados esperados: de ellos destacaría, respectivamente, la negatividad de los factores sociales y a la disponibilidad de recursos naturales, de los que África dispone en tan gran escala.

Junto a esto, cobra especial consideración el control del cabo de Buena Esperanza y de la ruta marítima portuguesa, que, en caso de bloqueo del canal de Suez, un asunto que no podemos estimar como ciencia ficción, podría convertirse en una realidad ante un hipotético conflicto regional.

Zheng He (1371-1433) fue el mayor explorador marítimo chino de la historia y el más importante de Asia, así como el comandante de la armada más grande que había conocido el mundo hasta la Primera Guerra Mundial, especialmente famoso por sus siete expediciones navales, realizadas entre 1405 y 1433, durante la época temprana de la dinastía Ming, que algunos identifican de forma legendaria con los viajes de Simbad. Sus contribuciones son clave para comprender la avanzada historia de la cartografía china, y nos da una idea de la percepción que tiene China del comercio en el Índico (y de la importancia que se concede a las rutas comerciales), especialmente de la Nueva Ruta de la Seda propuesta por Xi Jinping en 2014, la cual tiene una vertiente marítima que, sin duda, no sería en absoluto irrelevante para Mahan.

Confucio.mag
Fuente: Confucio.mag

Desde Spykman, la desestabilización de este segmento debilita el Rimland occidental.

Yibuti, en el Cuerno de África, alberga bases de múltiples potencias. Los recursos minerales africanos (cobalto, tierras raras) son esenciales para las industrias tecnológicas del Rimland asiático y europeo.

Por otra parte, y finalmente, la creciente presencia china en África y América Latina introduce un elemento novedoso. Desde la lógica spykmaniana, la penetración económica y tecnológica china en el hemisferio occidental podría erosionar el equilibrio estratégico estadounidense. La creciente presencia china en infraestructuras y minería refleja una penetración del Heartland ampliado (China continental) en espacios tradicionalmente vinculados a la potencia marítima estadounidense.

Conclusiones generales

El análisis de la geopolítica actual utilizando las visiones de los clásicos permite establecer supuestos, determinar hipótesis y obtener conclusiones, es una herramienta sugestiva y fácil de entender que permite realizar un análisis de los sucesos que ocurren actualmente. No obstante, para ser totalmente objetivo y con arreglo al método científico, respecto a la situación actual, correspondería realizar un análisis en términos de variables, al menos, históricas y geográficas (ya mencionadas), así como de tecnología e información, educación, economía, sociedad y del ámbito nuclear (TEESEN).

Aunque, sobre los asuntos expuestos y como primera conclusión, la teoría de Mackinder, lejos de ser una reliquia histórica, ofrece una matriz interpretativa poderosa para entender la competencia actual. El Heartland y el Rimland no son categorías estáticas, pero siguen expresando una verdad estructural: el control de los espacios continentales estratégicos y de los nodos de conexión marítima que condicionan la arquitectura del poder global. En el siglo XXI, esta lógica se combina con la resiliencia social, la guerra híbrida y la competencia tecnológica. La geografía no ha desaparecido; se ha entrelazado con nuevas dimensiones del poder.

Por otra parte, desde la perspectiva de Spykman, el siglo XXI confirma su intuición estructural: el destino del sistema internacional se decide en el Rimland. Ucrania, Oriente Medio, el Indopacífico y el Cuerno de África no son conflictos aislados; son segmentos del arco periférico donde se dirime la transición de poder. El control del Heartland importa, pero el dominio del cinturón costero euroasiático determina quién configura el orden mundial. La resiliencia de las sociedades del Rimland —infraestructural, energética y cognitiva— se convierte, así, en un elemento central de la competencia estratégica contemporánea.

La guerra en Ucrania e Irán no es solo una disputa territorial. Son conflictos donde existe una pugna estratégica por la configuración del arco periférico europeo (de ahí el apoyo de la Coalition of the Willing). Si Rusia consolida su dominio en Ucrania, amplía su influencia en el Rimland. Si Ucrania se integra en estructuras occidentales (como la Unión Europea), se refuerza el cinturón de contención (y viceversa).

Algo parecido le sucede a EE.UU. en Iberoamérica (de ahí la «doctrina Monroe»). Por otro lado, y finalmente, parafraseando a Aznar, la historia de la humanidad puede plantearse como un enfrentamiento entre el poder naval y el terrestre, entre la talasocracia y el poder continental. Esta visión «mahaniana» es reduccionista, simplificadora y, como todas, parcialmente falaz, pero este análisis puede hacerse y posiblemente se entienda bien; en realidad, puede resultar sumamente eficaz. Así, las guerras médicas, que enfrentaron a la talasocracia griega con el poder continental representado por el Imperio persa, supusieron, finalmente, la victoria del poder naval…

Del mismo modo, puede realizarse un análisis similar hoy en día, aunque en esta ocasión el conflicto pueda darse entre dos potencias navales, una de las cuales busca una cierta prevalencia en el Pacífico e Índico, y donde se vuelven a contraponer, de manera general, como en el pasado, dos (o más) sistemas económicos (con muchos matices): el libre mercado (endeudado) y la economía «socialista» de mercado (intensiva en capital y mano de obra…), así como ciertas variables relacionadas con el progreso social (en África, América y Asia, particularmente), además de otros aspectos (ya mencionados), conformando un sistema geopolítico verdaderamente complejo, con espacios clave (por ejemplo Taiwán, Filipinas, choke points, Ucrania y la red).

Se trata, en definitiva, y finalmente, de utilizar el análisis de la geopolítica clásica, pero introduciendo otras variables de tipo económico, informativo, diplomático o social. Este es el carácter de los acontecimientos y de la sociedad en el siglo XXI, que, en cierto modo, ya vislumbraban los autores que hemos analizado, y que, sin duda, contribuye a obtener una visión doctrinal de la compleja y volátil situación mundial.

Vicente Gonzalvo y David Cuesta

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] HENNIG, R. Geopolitik: Die Lehre vom Staat als Lebenwesen. Leipzig, Teubner, 1928.
[2] TALEB, Nassim. Jugarse la piel. Editorial Planeta, 2019.
[3] Sobre la ponencia de 1904, The Geographical Pivot of History.
[4] MAHAN A. T. The Influence of Sea Power Upon History (1660-1783). 12 Edition 1918, Boston, Little Brown and Company, 1918.
[5] TAVRA, C. «Geopolítica, pensamiento de Mahan», Revista de Marina (Chile). 1996, pp. 369 y ss.
[6] ESCRIGAS RODRÍGUEZ J. La armada en 1898. Un enfoque integral [tesis doctoral]. Dir. DE LA TORRE, R. Universidad Complutense de Madrid, 2009.
[7] FEDOROVA, K. «La contribución histórica de A. T. Mahan». Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política, n.º 17. Enero 2013, pp. 3-27. ISSN 1698-7950.
[8] ADELSON, R. London and the Invention of the Middle East: Money, Power, and War, 1902–1922. New Haven, Yale University Press, 1995, pp. 22-23.
[9] America’s Strategy in World Politics (1942) y The Geography of the Peace (1944).
[10] Estos choke points son vitales para el comercio global y su control puede tener repercusiones significativas en la economía y la seguridad internacional. «Choke points» comúnmente aceptados: estrecho de Gibraltar: conecta el mar Mediterráneo con el océano Atlántico; canal de Panamá: permite el paso entre el océano Pacífico y el Atlántico; estrecho de Malaca: conecta la península de Malaca con la isla de Sumatra; estrecho de Ormuz: esencial para el transporte de petróleo entre Asia y Europa; canal de Suez: conecta el mar Mediterráneo con el mar Rojo; estrecho de Bab al Mandeb: permite el acceso al mar Rojo desde el canal de Suez; Bósforo y Dardanelos: conectan el mar Egeo con el mar Negro.
[11] Noticia en red, CNN. «Benjamín Netanyahu llama a un cambio de régimen en Irán tras el ataque de ayer». 2026. Benjamín Netanyahu llama a un cambio de régimen en Irán tras ataques de EE.UU. e Israel (consultado 11/3/2026).
[12] GONZÁLEZ, A. y AZNAR, F. «Mahan y la geopolítica». Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, vol. 4, n.º 2. 2013, pp. 335-351.
[13] BAQUES QUESADA, J. Las lecciones fundamentales de la obra de Mahan: del determinismo geográfico al espíritu comercial. IEEE, Madrid, 2013.
[14] BRZEZINSKI, Z. El gran tablero mundial. Barcelona, Paidós, 1998.
[16] Fuente en red: The Geographical Pivot of History - Wikipedia (consultado 11/3/2026).
[17] TREVIÑO RUIZ, J. M. «El escenario Indopacífico, nuevo tablero geopolítico donde se define el futuro del orden global». 2025. Artículo en red: https://www.defensa.com/opinion/escenario-indo-pacifico-nuevo-tablero-geopolitico-donde-define (consultado 11/3/2026).
[18] JACKSON, A. et CHETWYND, P. AFP, artículo en red: «Le président taïwanais avertit que la Chine ne "s’arrêtera pas" si elle s’empare de l’île». 2025.
[19] Discurso principal de S.E. Wang Yi en el Simposio sobre la Situación Internacional y las Relaciones Exteriores de China. Página oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China. 2025.
[20] PRIETO. «El rol de EE. UU. en la cuestión de Taiwán, observatorio de política China». 2025. Artículo en red: https://www.politica-china.org/el-rol-de-estados-unidos-en-la-cuestion-de-taiwan-evolucion-historica-y-situacion-durante-la-presidencia-de-donald-trump/ (consultado 11/3/2026).
[21] TUCÍDIDIES. Historia de la guerra del Peloponeso. Madrid, Gredos, 1990.
[22] GONZÁLEZ MARTÍN, A. y AZNAR FERNÁNDEZ-MONTESINOS, F. «Mahan y la geopolítica». Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, vol. 4, n.º 2. 2013, pp. 335-351.
[23] MEMORIA ANUAL DE NN.UU. Impulsar el desarrollo africano, 2025. https://www.un.org/es/annualreport/2025/development-in-africa (consultado 11/3/2026).
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