IEEE. ¿Vasallaje o amistad? El nuevo Cisma de Occidente

Silueta del perfil de Donald Trump dividida por una grieta, con la bandera de Estados Unidos a la izquierda y la bandera de la Unión Europea a la derecha

29 jun 2026

IEEE. ¿Vasallaje o amistad? El nuevo Cisma de Occidente

Héctor Sánchez Cuadros. Estudiante de Relaciones Internacionales y Global Communication. Universidad Pontificia Comillas

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Durante décadas, la seguridad europea se ha apoyado en una premisa aparentemente incuestionable: el compromiso militar de Estados Unidos (EE.UU.) con el continente. Esta cooperación se institucionalizó tras de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), concebida para proteger a Europa Occidental frente a la influencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la posible expansión de su ideología, el comunismo.

Se estableció así una relación totalmente simbiótica: EE.UU., por su propio interés estratégico, se comprometió a extender su paraguas de seguridad más allá de su territorio nacional; y, por otro lado, Europa asumió esta garantía de protección, renunció voluntariamente a su autonomía militar y aprovechó la coyuntura para priorizar un proyecto de integración que acabó cristalizando en la Unión Europea (UE).

La caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior reunificación alemana (1990), la aplastante victoria estadounidense en la primera guerra del Golfo (1991) y la disolución de la URSS (1991) parecieron confirmar el triunfo de Occidente. Nuestro modelo —basado en la democracia liberal y la economía de mercado— se consolidó en todo el mundo gracias a la superioridad moral, económica y militar de EE.UU.

De hecho, tal era su hegemonía que el optimismo se apoderó de las relaciones internacionales y académicos como Fukuyama comenzaron a vislumbrar el «fin de la historia»1. Para los países europeos, que disfrutaban de una estabilidad sin precedentes, resultaba lógico concentrar sus esfuerzos en el desarrollo del Estado del bienestar y delegar, paralelamente, su propia defensa en el marco de la OTAN, ergo, en el liderazgo de EE. UU.2.

Rehusar la construcción de un poder militar propio fue, en otras palabras, cómodo, oportuno y —a priori— inteligente, pues la UE se ideó como una comunidad de paz donde la guerra ya no tenía cabida3.

Hoy, sin embargo, esta mentalidad se enfrenta a un entorno estratégico distinto. El orden internacional contemporáneo, aquel que nos dotamos para prevenir la repetición de las grandes catástrofes del siglo pasado, se está erosionando. Este proceso silencioso se debe, principalmente, a la entropía geopolítica, la obsolescencia institucional y a las formas de liderazgo cada vez más despóticas4.

En esencia, el multilateralismo sobrevive por inercia, el derecho internacional se interpreta y aplica selectivamente y la comunidad internacional parece carecer de una brújula normativa compartida. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, incluso llegó a afirmar que la UE ya no puede confiar en aquel mundo basado en reglas5.

La anexión de Crimea (2014) y la invasión de Ucrania (2022) han demostrado que la revisión violenta de fronteras sigue siendo una realidad en nuestro continente, mientras que el ascenso de China cuestiona la universalidad de aquel modelo occidental. Hasta EE.UU., el supuesto policía del mundo, está contribuyendo a esta degradación al cuestionar abiertamente el sistema para velar por sus intereses vitales, priorizar su soberanía y potenciar su competitividad.

En este nuevo escenario geopolítico, marcado por la multipolaridad, Europa ha perdido la centralidad que tuvo durante la Guerra Fría. Si Obama anunciaba un giro hacia Asia en 20116 y Biden priorizaba el Indopacífico en su política exterior7, Trump consolida esta trayectoria con una retórica más agresiva. De hecho, su nueva Estrategia de Seguridad Nacional8 (2025) considera que la civilización europea se enfrenta a una crisis existencial. Es decir, nuestro aliado histórico parece no creer en nuestro proyecto político, pretende fomentar voces críticas dentro de la propia UE y, como ya venía anunciando, exige que asumamos la carga fundamental de nuestra propia defensa9.

Este cambio de paradigma tiene el potencial de causar un nuevo cisma en Occidente. Aunque ahora no estemos asistiendo a una disputa de la autoridad pontificia entre papas, la UE y EE.UU. nunca habían caminado tan distantes.

Tras las operaciones en Venezuela e Irán y las declaraciones sobre la posible anexión de Groenlandia, podemos palpar una profunda divergencia de prioridades, percepciones y responsabilidades10. Como ha señalado abiertamente Kaja Kallas, la alta representante de la UE, «no vemos las cosas de la misma manera»11.

Envuelta en una sensación de vulnerabilidad, la UE ha despertado para constatar, finalmente, que su relación bilateral con EE.UU. es asimétrica y enmascara profundas dependencias en el seno de la OTAN. Esta evolución obliga a la UE a plantearse su defensa desde cero, en un mar burocrático y en contra de su propia naturaleza política.

La pregunta es tan incómoda como inevitable: ¿han sido los europeos socios de EE. UU. o, más bien, vasallos de su protección?

¿Y la arquitectura de defensa de la UE?

La creciente incertidumbre exige examinar el conjunto de políticas, estructuras e instrumentos que permiten a la Unión actuar en materia de seguridad y defensa. Estas se encuentran en el Tratado de la Unión Europea12 (TUE), dentro de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD).

La siguiente sección analiza el marco jurídico y los diferentes niveles funcionales.

Marco jurídico

La acción exterior europea se articula a través de la PESC, creada con el Tratado de Maastricht13 (1993) y desarrollada en el título V del TUE (art. 21–41). A diferencia de otros ámbitos de integración, la PESC —que contempla asuntos como las relaciones diplomáticas de la Unión o la imposición de sanciones internacionales— mantiene una naturaleza esencialmente intergubernamental.

Las resoluciones, por ejemplo, se adoptan por unanimidad en el Consejo para preservar la capacidad decisoria de los Estados miembros (EE. MM.). Esto refleja una realidad innegable: la política exterior sigue siendo una de las dimensiones más sensibles de la soberanía nacional.

Dentro de este marco, se formula la PCSD (art. 42–46 del TUE). Su origen suele situarse en la Declaración de Saint-Malo14 (1998), cuando Francia y el Reino Unido señalaron la necesidad de dotar a la UE de una capacidad autónoma de acción ante crisis internacionales, con medios creíbles y estructuras de decisión propias.

Desde entonces, la PCSD se ha configurado como el principal brazo operativo de la PESC, permitiendo a la UE coordinar operaciones de gestión de crisis —tanto militares como civiles— fuera de su territorio. Las llamadas «misiones Petersberg» (art. 43 del TUE) abarcan tareas como el mantenimiento de la paz, la asistencia humanitaria o la estabilización de conflictos.

No se trata, por tanto, de un sistema concebido para la defensa territorial clásica, sino de un instrumento de «poder blando»15 orientado a la proyección exterior.

El Tratado de Lisboa16 (2007), que modificó el TUE y el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea17 (TFUE), también introdujo una cláusula de defensa mutua. El artículo 42.7 del TUE compromete a los EE. MM. a prestarse asistencia ante cualquier agresión armada en territorio comunitario.

Aunque esta disposición se asemeja a la lógica de una alianza defensiva, la UE carece de estructuras y medios realmente propios. Cada Estado miembro acaba decidiendo — unilateralmente— la naturaleza del amparo a prestar.

Lo mismo ocurre con el artículo 222 del TFUE, que contempla la solidaridad entre los EE. MM. frente a amenazas como el terrorismo, las catástrofes naturales o los ataques híbridos.

Este entramado, sin embargo, queda incompleto sin abordar la relación con la OTAN, que continúa proporcionando la defensa colectiva del continente (art. 42.2 del TUE). En la práctica, la PCSD se ha desarrollado como un complemento —y no como un sustituto— de la Alianza Atlántica18.

Dicha sinergia se articula mediante mecanismos de cooperación institucional en el ámbito de la gestión de crisis, como los Acuerdos Berlín Plus19 (2003), y también a través de declaraciones conjuntas.

Niveles funcionales

En términos sencillos, este engranaje burocrático funciona a cuatro niveles: el político, el estratégico, el operativo y, en última instancia, el capacitante.

En primer lugar, a nivel político, el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea, junto con el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), establecen las prioridades fundamentales en política exterior. La Estrategia Global20 (2016), presentada por la entonces alta representante, la italiana Federica Mogherini, ya instaba a los EE. MM. a fortalecer la posición de la UE en un entorno cada vez más competitivo.

Posteriormente, tras la invasión a Ucrania, la Brújula Estratégica21 (2022) de Josep Borrell estableció un marco más «concreto y directamente aplicable»22 para el desarrollo de capacidades militares, la mejora de la preparación operativa y el fortalecimiento de la industria de defensa europea23. Estos documentos, aunque no se encuentren en los tratados, orientan la aplicación de la PCSD.

A continuación, a nivel estratégico, se traducen las directrices políticas. La planificación de las misiones y operaciones recae sobre órganos como el Comité Político y de Seguridad24 (COPS), conformado por los embajadores permanentes; el Comité Militar de la Unión Europea25 (CMUE), el máximo órgano militar consultivo del COPS, integrado por los jefes de Estado Mayor de la Defensa de los respectivos EE. MM.; y el propio Estado Mayor de la Unión Europea26 (EMUE), la fuente de conocimiento militar dentro del SEAE.

En tercer lugar, a nivel operativo, hemos de hablar del propio desarrollo de las «misiones Petersberg». Actualmente, la UE mantiene alrededor de 20 en terceros países de Europa, África y Oriente Medio, con unos 4.000 efectivos27.

Entre ellas, destacan la operación naval EUNAVFOR Atalanta, lanzada en 2008 para combatir la piratería en el océano Índico28; la misión de entrenamiento militar EUTM Somalia29; o la misión civil EULEX Kosovo, orientada al fortalecimiento del Estado de derecho en los Balcanes Occidentales30.

En esencia, a nivel operativo, se comprueba que la PCSD tiene un carácter eminentemente expedicionario, en tanto que se ocupa de promover la seguridad y fomentar el desarrollo fuera de nuestras fronteras.

Finalmente, la arquitectura se completa con el nivel capacitante, a través de instrumentos destinados a reforzar la autonomía estratégica. La Agencia Europea de Defensa31 (AED), por ejemplo, es un foro de cooperación entre los EE. MM. para estimular el desarrollo tecnológico y militar.

En este sentido, para fortalecer la industria de defensa, el Fondo Europeo de Defensa32 (FED) pretende financiar la colaboración en I+D. También destaca la Cooperación Estructurada Permanente33 (PESCO), lanzada en 2017 como un mecanismo de integración avanzada al que se han sumado veintiséis EE. MM. (art. 42.6 y 46 del TUE y Protocolo n.º 1034).

Las partes se comprometen —voluntariamente— a desarrollar capacidades militares de forma conjunta, coordinar inversiones y mejorar la interoperabilidad de sus fuerzas armadas (FF. AA.). Más recientemente, iniciativas de la Comisión, como el Libro Blanco sobre el futuro de la defensa europea35 (2025) y su Plan Rearmar Europa (2025), contemplan movilizar hasta 800.000 millones de euros en un horizonte de cuatro años para minimizar dependencias externas36.

La Europa de la defensa no existe

En definitiva, aunque haya un entramado institucional que promueva la cooperación entre los EE. MM. a nivel industrial, no podemos —ni debemos— hablar de una arquitectura de defensa europea. La Unión no constituye una alianza militar y, pese a lo que pueda sugerir su nombre, la PCSD tampoco es común ni se ocupa de la defensa tradicional. Esencialmente, se centra en la gestión de crisis en el exterior y se sustenta en contribuciones voluntarias, ya que no existen mecanismos que garanticen el compromiso de los EE. MM.

Por tanto, en el contexto geopolítico actual, cabe preguntarse si es efectivo supeditar la seguridad a la acción exterior, guiarse por mecanismos voluntarios e intergubernamentales y relegar la defensa a la OTAN.

Principales limitaciones

Por muy sofisticada que parezca, la UE presenta limitaciones estructurales que condicionan su autonomía estratégica. Estas barreras —políticas, industriales y técnicas— explican por qué la Unión continúa —y continuará— dependiendo de la protección estadounidense.

Limitaciones políticas

El primer factor que nos impide avanzar hacia una verdadera defensa territorial es la falta de voluntad política. Paradójicamente, la propia estructura de la UE y la ausencia de una cultura estratégica común producen una parálisis sistémica.

Las tres principales autoridades de la UE. De izquierda a derecha: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión; Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo; y Kaja Kallas, alta representante
Figura 1. Las tres principales autoridades de la UE. De izquierda a derecha: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión; Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo; y Kaja Kallas, alta representante.
Fuente: Bendo (2026)37.

En cuanto a la estructura, Kaja Kallas se enfrenta a un cargo políticamente complejo38, pues no tiene competencias ejecutivas directas sobre los EE. MM. y su autoridad depende del consenso del Consejo. Y, aunque en la última legislatura se incorporó un comisario de Defensa y Espacio al Colegio para supervisar los programas industriales del nivel capacitante, Kubilius es un «rey sin reino»39. Según los tratados, la Comisión desempeña un papel muy limitado en lo que a la seguridad y defensa respecta.

Además, en semejante entramado supranacional, la unanimidad limita el potencial de la PESC, cuya coordinación también se ve bloqueada por disputas institucionales y conflictos de liderazgo40. Prueba de ello es el veto recurrente de Orbán a paquetes de apoyo a Ucrania y sanciones contra Rusia41.

Como ya intuía Kissinger, antiguo secretario de Estado de EE.UU., dentro de la propia UE es difícil identificar un interlocutor único, competente y autorizado, alguien a quien llamar directamente. Todo ello explica que, incluso ante crisis externas, la Unión sea incapaz de tomar decisiones rápidas o unificadas.

Miembros de la OTAN
Figura 2. Miembros de la OTAN. Fuente: Verluise (2024)42.

Sobre el mapa, la situación se complica aún más, ya que no todos los miembros de la OTAN pertenecen a la UE —como Turquía, Noruega o el Reino Unido— y, viceversa, hay EE. MM. de la UE —Austria o Irlanda, por ejemplo— que permanecen neutrales.

En la práctica, también existe cierta cacofonía estratégica: mientras que algunos países de Europa oriental ven a Rusia como una amenaza existencial por su frontera y abogan por el vínculo transatlántico, los del sur parecen prestar más atención a la inestabilidad en el Sahel y los flujos migratorios del Mediterráneo43.

Gasto en defensa (% PIB) en 2024 por país, según la distancia de su capital a Moscú (km)
Figura 3. Gasto en defensa (% PIB) en 2024 por país, según la distancia de su capital a Moscú (km).
Fuente: Clapp et al. (2025)44.

En definitiva, como las decisiones formales en el ámbito de la defensa siguen correspondiendo a los EE. MM., la UE no llega a ser un actor global. Para articular una planificación estratégica más coherente, conviene avanzar hacia mayorías cualificadas y crear un Consejo de Ministros de Defensa de la Unión Europea, como ya planteó España durante su presidencia rotatoria del Consejo en 201045.

Para construir una cultura estratégica común y conseguir mayor autonomía, se necesitan consensos más sólidos.

Limitaciones industriales

La falta de coordinación y cooperación industrial constituye el segundo gran obstáculo.

En ausencia de una verdadera voluntad política común, los EE. MM. continúan invirtiendo en defensa de manera autónoma, con visión nacional, duplicando esfuerzos y generando ineficiencias significativas. Muchas inversiones se destinan a sistemas incompatibles entre sí, lo que dificulta la interoperabilidad y encarece el mantenimiento46.

A título ilustrativo, mientras que EE.UU. cuenta con 33 sistemas de armas diferentes, los países europeos utilizan alrededor de 179, quintuplicando ese número47.

Sistemas de armas de Europa (179, izquierda) y EE. UU (33, derecha)
Figura 4. Sistemas de armas de Europa (179, izquierda) y EE. UU (33, derecha). Nota: datos derivados del International Institute for Strategic Studies (IISS). Fuente: Chinn et al. (2024)48.

En este escenario poco favorable a la cooperación, parece razonable que la Estrategia Industrial Europea de Defensa49 (EDIS) proponga a los EE. MM. adquirir —de manera conjunta— al menos el 40% de su equipamiento militar para el año 2030.

Este tipo de decisiones fragmentadas se refleja, por ejemplo, en la dificultad de alcanzar consensos dentro de la PESCO. Siendo un instrumento potencialmente capaz, muchos de estos proyectos acaban centrándose en capacidades modestas, no abordan las grandes cuestiones —como el transporte, el escudo antimisiles o la inteligencia— y su ejecución se ve limitada por motivaciones nacionales50. Tanto es así que el antiguo presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, llegó a calificar a la PESCO como «la bella durmiente»51.

El abuso del artículo 346 del TFUE, que permite a los EE. MM. invocar excepciones al mercado interior de defensa por razones de seguridad nacional, amplifica esta ineficiencia52. Así, el gasto militar de los EE. MM. es alto en términos absolutos —y equiparable al de otras potencias—, pero bajo en impacto, ya que se invierte más en cantidad que en coordinación.

Además, durante décadas, parte de la producción industrial en sectores estratégicos fue progresivamente externalizada en busca de menores costes y mayor eficiencia en las cadenas de suministro globales53. Si bien este modelo resultó eficaz, a nivel europeo fue ineficiente y generó dependencias logísticas que hoy limitan la capacidad de reacción de la UE en un entorno cada vez más competitivo54.

A este respecto, el primer ministro belga, De Wever, apuntó que la dependencia energética de Rusia, manufacturera de China y militar de EE.UU. nos convierte en «esclavos»55.

En conjunto, mientras estas ineficiencias persistan, la autonomía estratégica europea difícilmente podrá materializarse.

Limitaciones técnicas

La fragmentación de capacidades descrita tiene una consecuencia estratégica directa: refuerza la dependencia estructural de la OTAN y, en última instancia, de Washington.

La evolución del gasto en defensa de los EE. MM. refleja que, tras décadas de descenso sostenido disfrutando de los «dividendos de la paz»56, la inversión únicamente habría vuelto a repuntar de forma significativa a partir de 2022, como consecuencia directa de la invasión rusa de Ucrania. Este punto de inflexión, sin embargo, no altera el hecho de que Europa depende de capacidades fundamentales, como la disuasión nuclear, la inteligencia o determinadas estructuras de mando operativo.

Gasto global en defensa y compromisos OTAN
Figura 5. Gasto global en defensa y compromisos OTAN. Nota: datos derivados del Banco Mundial y Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) a partir de la definición de la OTAN.
Fuente: Martínez Turégano (2025)57.

Más aún, dentro de los actuales marcos fiscales resulta difícil financiar ese aumento repentino. Pese a los esfuerzos de la Comisión por ofrecer flexibilidad, los presupuestos nacionales siguen estructurados en torno a amplios sistemas de bienestar —pensiones, sanidad o educación— que concentran la mayor parte del gasto público. Reorientarlos hacia la defensa implica, pues, decisiones políticamente costosas58.

En este contexto, algunos EE. MM. han planteado recurrir a la emisión de deuda, tanto nacional como eventualmente común, siguiendo precedentes como la pandemia59. Básicamente, incluso cuando existe consenso sobre la necesidad de reforzar las capacidades militares, la cuestión de su financiación resulta compleja.

Presupuesto militar como porcentaje del gasto militar estadounidense (1988-2019)
Figura 6. Presupuesto militar como porcentaje del gasto militar estadounidense (1988-2019). Nota: datos derivados del SIPRI. Fuente: Winston (2020)60.

A esto se suma que EE.UU., con una contribución superior al billón de dólares anual, representa dos tercios del presupuesto total de la OTAN6162, sin embargo, la magnitud de esta brecha queda reflejada en la evolución comparada del gasto militar internacional. Su hegemonía financiera se traduce en una ventaja tecnológica decisiva.

Esto explica que, incluso cuando los EE. MM. aumentan su inversión militar, buena parte de esos recursos termine canalizándose hacia la adquisición de equipamiento desarrollado por la industria estadounidense63. El régimen ITAR (International Traffic in Arms Regulations), un conjunto de normativas del Gobierno de EE.UU., agrava esta dependencia al condicionar el uso de sistemas militares europeos que incorporan tecnología estadounidense64.

De hecho, EE.UU. es el proveedor de hasta el 60% de las armas comunitarias65, un peso ciertamente elevado para un socio que ha devenido tan impredecible.

Elevar el gasto de defensa hasta el 5% del PIB para aliviar al «contribuyente estadounidense»66 refleja, asimismo, una transformación del vínculo transatlántico. Para líderes como Pedro Sánchez, por ejemplo, este objetivo presupuestario es «arbitrario»67.

Y si Macron ya declaraba la «muerte cerebral»68 de la OTAN, el temor al denominado decoupling, a una eventual desvinculación de EE.UU., se ha agudizado en las últimas semanas69. En una conferencia en Washington, Trump criticó que algunos aliados «no están dispuestos»70 a asumir mayores responsabilidades pese a haber sido «protegidos durante décadas»71.

A raíz de sus amenazas sobre Groenlandia y la negativa de los europeos a involucrarse en Irán, Josep Borrell explica que la Alianza podría estar entrando en una etapa de «hibernación»72. Así, se mantendrían las estructuras formales, pero se perdería impulso político por la destrucción de la confianza mutua.

La defensa del continente descansa, por tanto, sobre un liderazgo norteamericano incierto y difícilmente sustituible a corto plazo. Además, las iniciativas destinadas a reforzar la autonomía estratégica europea son un rompecabezas presupuestario y pueden agravar la dependencia de EE.UU. indirectamente.

Las limitaciones se retroalimentan y perpetúan la dependencia

En última instancia, la UE enmascara tres limitaciones estructurales. Este escenario puede sintetizarse en un círculo vicioso, por el cual la ausencia de voluntad política y de una cultura estratégica común impide la integración industrial y empuja a los EE. MM. a adquirir capacidades de forma aislada, frecuentemente recurriendo al mercado estadounidense. La falta de una base tecnológica común y soberana refuerza la necesidad del paraguas de la OTAN y desalienta, de vuelta, el debate europeo. En esencia, dichas limitaciones son causa y consecuencia de nuestra dependencia estratégica.

Círculo vicioso de la defensa de la UE
Figura 7. Círculo vicioso de la defensa de la UE. Fuente: elaboración propia.

Bajo esta lógica de retroalimentación, la UE se asemeja a un protectorado estadounidense y se aleja de la relevancia geopolítica. Como señala el italiano Mario Draghi, poseemos suficiente capital para ser un actor autónomo, pero no somos capaces de organizarnos, de traducir ese potencial en influencia real73.

En cualquier caso, en un contexto de «policrisis»74, el modelo actual resulta anacrónico y los ciudadanos estarían llamando a la Unión a reforzar su posición en el mundo75. Sin un giro que rompa este ciclo, esa pretendida autonomía estratégica seguirá siendo —en el mejor de los casos— una aspiración retórica.

El dilema estratégico europeo: posibles escenarios

El diagnóstico anterior plantea un dilema estratégico difícil de eludir. Si la estructura actual reproduce la dependencia de EE.UU., la UE debe decidir hasta qué punto está dispuesta a transformar su modelo. Esta situación obliga a repensar el equilibrio entre la integración, la soberanía y la OTAN.

Las soluciones que se barajan pueden ordenarse según su grado de ambición: en el extremo más federal, se encuentra la propuesta de crear un verdadero ejército europeo, lo que implicaría una defensa común plenamente integrada; en posiciones intermedias, aparecen fórmulas institucionales para mejorar la coordinación entre los EE. MM.; y, finalmente, existen alternativas más pragmáticas orientadas a reforzar capacidades concretas dentro de las instituciones actuales.

La respuesta federal, un ejército europeo

La propuesta más ambiciosa para resolver las limitaciones estructurales consiste en avanzar hacia una verdadera defensa común, culminando el proceso de integración con la creación de un ejército europeo. Desde una perspectiva federalista, esta solución resulta lógica: disponer de FF. AA. propias, un mando único y una doctrina compartida permitiría a la UE superar la fragmentación, generar economías de escala y alcanzar una capacidad real de disuasión.

Sin embargo, esta opción plantea obstáculos políticos y estratégicos de enorme magnitud. La creación de unas FF. AA. europeas exigiría una cesión de soberanía sin precedentes y, sin duda, requeriría una reforma profunda del TUE, algo difícilmente alcanzable en un sistema que sigue funcionando por unanimidad.

Además, las diferentes culturas estratégicas, la diferente percepción de las amenazas y la existencia de países tradicionalmente neutrales complican cualquier intento de integración militar plena. Dentro de la propia OTAN, voces como la del secretario general ya han advertido que la creación de estructuras militares paralelas es utópica, generaría duplicidades y acabaría debilitando la coherencia del sistema europeo76.

A estas dificultades se suman problemas prácticos de gran calado. Las FF. AA. de los distintos países europeos operan sistemas de armas y procedimientos administrativos muy distintos77. La interoperabilidad es mejorable y la movilidad militar dentro del propio continente continúa enfrentándose a barreras burocráticas que, en algunos casos, retrasan durante semanas el traslado de equipamiento pesado entre países78.

Incluso si estas dificultades logísticas pudieran resolverse, persistiría una cuestión fundamental: la disuasión nuclear en el espacio euroatlántico, actualmente garantizada por EE.UU. en el marco de la OTAN79. Francia, el único Estado miembro de la UE con capacidad nuclear, mantiene una disuasión independiente, al margen de los mecanismos aliados.

Si bien se ha planteado la posibilidad de ampliar eventualmente su cobertura al conjunto del continente, surgen dudas sobre su viabilidad80. ¿Estaría Macron verdaderamente dispuesto a nuclearizar Europa o a sacrificar París por Riga? Es más, se necesitaría una autoridad política clara que ordenara el uso de la fuerza, y la UE actualmente carece de ese centro de decisión.

Por estas razones, aunque esta idea pudiera representar la solución política más coherente, también constituye la más ambiciosa e inverosímil. La discusión sobre su viabilidad revela, en última instancia, el dilema europeo: avanzar hacia una integración mucho más profunda o aceptar que la autonomía continúe organizada en torno a veintisiete ejércitos «bonsáis»81 y la OTAN.

La respuesta intermedia, un Consejo de Seguridad Europeo

Bruselas, naturalmente, ha empezado a explorar fórmulas intermedias que no exijan la integración militar plena. Entre ellas, destaca la creación de un Consejo de Seguridad Europeo, idea introducida en el debate político por la entonces canciller alemana Angela Merkel82. Aunque esta iniciativa nunca llegó a institucionalizarse, continúa siendo una de las más citadas cuando se busca reforzar la cooperación sin reformar radicalmente los tratados. El propio comisario de Defensa y Espacio ha recalcado que «esto es exactamente lo que necesitamos»83.

La lógica que inspira esta propuesta es relativamente sencilla: si una de las principales limitaciones de la PESC y la PCSD reside en la dificultad de tomar decisiones entre veintisiete EE. MM. con percepciones estratégicas distintas, un órgano más reducido podría facilitar la coordinación en momentos de crisis. Este Consejo, inspirado parcialmente en el modelo de las Naciones Unidas y el grupo E584, funcionaría como una instancia permanente de un grupo de países —probablemente aquellos con mayores capacidades militares o mayor peso político— con el objetivo de definir posiciones comunes, articular respuestas y ofrecer una dirección más clara a las iniciativas europeas en materia de seguridad y defensa.

Desde una perspectiva institucional, esta solución presenta varias ventajas. En primer lugar, sería relativamente viable, ya que no exige la creación de nuevas FF. AA. ni una cesión sustancial de soberanía. Y, en segundo lugar, podría mejorar significativamente la gobernanza europea, permitiendo que un grupo más reducido de líderes adopte decisiones con mayor rapidez. Un organismo de este tipo también podría aglutinar a actores externos a la propia Unión, como el Reino Unido —una de las principales potencias militares del continente —o Turquía.

No obstante, esta propuesta también se topa con barreras significativas. La primera sería su potencial impacto sobre la cohesión política de la UE. Se podría reforzar la percepción de una Europa de múltiples velocidades en la que un núcleo reducido de países toma decisiones estratégicas, mientras que otros quedan relegados a un papel secundario. Aunque esta lógica de integración diferenciada ha sido defendida por varios responsables políticos, también generaría tensiones en un proyecto que se fundamenta, al menos formalmente, en la igualdad entre EE. MM.

A este respecto, la segunda crítica se refiere a la legitimidad de las decisiones adoptadas en formato restringido. Si bien la unanimidad dentro de la política exterior europea suele ser criticada por su lentitud, también garantiza que todos los países tengan la misma voz en asuntos que conciernen a su soberanía inmediata. Sustituirla por mecanismos más flexibles podría mejorar la eficacia, pero —en cierta medida— reduciría la legitimidad de las resoluciones entre aquellos excluidos del núcleo decisorio.

En consecuencia, el Consejo de Seguridad Europeo representa una solución intermedia entre la ambición federal de un ejército europeo y el mantenimiento del statu quo actual. Esta vía no resolvería todas las limitaciones estructurales, pero sí podría contribuir a mejorar la coordinación en el corto plazo.

La respuesta pragmática, la autonomía dentro de la OTAN

Frente a propuestas más ambiciosas, existe una tercera alternativa más pragmática: reforzar el pilar europeo en la OTAN para alcanzar cierta autonomía. La transformación parece más viable —y progresiva— dentro de los márgenes existentes, pues exige reconfigurar un complejo entramado institucional, industrial y militar concebido para externalizar la defensa.

Como ha señalado el dirigente alemán Friedrich Merz en la Conferencia de Seguridad de Múnich, nuestra sumisión fue «autoinfligida»85 y, por tanto, ha de corregirse con mayor voluntad política. El propio Mark Rutte ha alabado este «verdadero cambio de mentalidad»86 en Europa. Entre las iniciativas más relevantes al efecto, destacan el desarrollo de una industria de defensa europea más integrada, el impulso de programas de compras conjuntas, la búsqueda de una menor dependencia tecnológica de terceros en ámbitos estratégicos o, incluso, el fortalecimiento de las estructuras operativas europeas para poder dirigir operaciones militares.

Asimismo, sería necesario seguir mejorando la interoperabilidad entre las FF. AA. nacionales, estandarizar los sistemas de armas y simplificar los procedimientos logísticos.

Para superar los bloqueos institucionales, cohesionar la acción de la UE y la OTAN y romper este círculo vicioso de dependencia, se deben buscar fórmulas de cooperación más flexibles87. Un modelo basado en coaliciones de voluntarios —similar al que se ha desarrollado con la Eurozona o en el apoyo a Ucrania— permitiría que distintos países participasen en iniciativas concretas según sus capacidades y voluntad. Aunque este enfoque consolidaría una lógica de participación variable, Javier Solana apunta que podría facilitar la puesta en marcha de proyectos concretos88. El objetivo no sería crear un único ejército europeo, sino lograr que los veintisiete funcionen como un sistema coherente en el seno de la OTAN89.

En definitiva, esta tercera opción parece la vía más realista para abordar el dilema estratégico europeo. Aunque no implica una transformación radical, ofrece una senda gradual para reforzar la capacidad de defensa del continente sin fracturar sus instituciones.

La verdadera pregunta es si Europa es capaz de construir una relación transatlántica más equilibrada en la que ambos pilares —el americano y el europeo— contribuyan de manera simétrica a su estabilidad.

Conclusiones

Europa todavía se encuentra en su adolescencia geopolítica. Durante décadas, ha vivido bajo el paraguas estadounidense, asumiendo que podía externalizar su defensa indefinidamente. Aquella decisión —comprensible en su contexto histórico— permitió priorizar el proyecto europeo y consolidar el Estado del bienestar. Sin embargo, el progresivo deterioro del orden liberal, el ascenso de nuevas potencias y el cambio de prioridades de Washington han puesto en evidencia una realidad incómoda: la prosperidad europea se ha sostenido sobre una lógica de vasallaje.

Pese a su aparente complejidad, la UE no posee estructuras formales que aborden la defensa, sino unos mecanismos de gestión de crisis en el exterior en el marco de la PCSD. De hecho, existen profundas limitaciones políticas, industriales y técnicas que reproducen una situación de dependencia. Para romper este círculo vicioso, es imprescindible una voluntad política firme.

Ante este escenario, el futuro de la defensa europea oscilaría entre tres posibles caminos: la creación de un ejército común europeo plenamente integrado —lo más eficaz en teoría, pero imposible en la práctica—; la formación de un Consejo de Seguridad Europeo, factible, pero con complicaciones; o el refuerzo del pilar europeo dentro de la OTAN, la opción más pragmática y realista. Esta última vía permitiría cerrar la brecha entre ambición y capacidad, desarrollar la industria de defensa y mejorar la interoperabilidad militar sin fracturar las estructuras existentes.

En definitiva, hemos de entender que la autonomía estratégica europea no pasa por replicar la fuerza militar estadounidense o romper el vínculo transatlántico, sino por madurar dentro de la Alianza para poder actuar cuando nuestro interés así lo exija. De lo contrario, la brecha que hoy se vislumbra podría provocar un verdadero cisma en el mundo occidental.

Héctor Sánchez Cuadros
Estudiante de Relaciones Internacionales y Global Communication
Universidad Pontificia Comillas

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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[4] BECKLEY, M. «The Stagnant Order: And the End of Rising Powers», Foreign Affairs, 104(6). 2025, 8-27.
[5] VON DER LEYEN, U. Conferencia de Embajadores de la UE. Bruselas, Bélgica, 9 de marzo de 2026. https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/speech_26_576
[6] OBAMA, B. «Discurso ante el Parlamento Australiano», The White House. Canberra, Australia. 17 de noviembre de 2011. https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2011/11/17/remarks-president-obama-australian-parliament
[9] COLOMINA, C. «Las claves internacionales que van a marcar el año 2026», Hora25 SER. 2 de enero de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=elUiNXuYA_4
[10] SCHADLOW, N. «The real transatlantic divide is about more than Trump», Financial Times. 22 de abril de 2026. https://www.ft.com/content/e2fe4cce-d159-4d47-86c1-bc0bc1cdafbf
[11] KALLAS, K. «Who needs saving from whom?», EU Debates. Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania. 15 de febrero de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=fGhHEn9UCqM
[15] NYE, J. «Soft power», Foreign Policy, 80, 153. 1990. https://doi.org/10.2307/1148580
[18] LAORGA, R., CORDOVA, R. & LÓPEZ, T. (eds.). Seguridad y defensa. Los retos de la seguridad española y europea ante la nueva Comisión Europea (1.ª ed.). Dykinson, S. L., 2025. http://www.jstor.org/stable/jj.38479288
[19] UNIÓN EUROPEA [UE]. (s. f.). Cooperación con la OTAN. EUR-Lex. https://eur-lex.europa.eu/ES/legal-content/summary/cooperation-with-nato.html
[22] BORRELL FONTELLES, J. «La nueva Europa de la Defensa y la Brújula Estratégica», Ministerio de Defensa. Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), Madrid, España, 2022. https://www.defensa.gob.es/Galerias/main/la_nueva_europa_defensa_y__brujula_estrategica.pdf
[23] KNEZOVIĆ, S. & DUIĆ, D. «The EU’s Strategic Compass – Anything new for the EU’s CSDP?», Zeitschrift Für Europarechtliche Studien, 26(2). 2023, 219-238. https://doi.org/10.5771/1435-439x-2023-2-219
[24] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2001/78/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2001. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32001D0078
[25] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2001/79/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2001. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32001D0079&qid=1776698254892
[26] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2001/80/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2001. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32001D0080&qid=1776698487862
[27] SERVICIO EUROPEO DE ACCIÓN EXTERIOR [SEAE]. Misiones y Operaciones. SEAE. 2026, febrero. https://www.eeas.europa.eu/eeas/missions-and-operations_en?utm_source=chatgpt.com#11930
[28] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2024/3186/PESC» Diario Oficial de la Unión Europea. 2024. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=OJ:L_202403186
[29] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2010/197/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2010. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32010D0197
[30] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2008/814/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2008. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32008D0814
[31] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2011/411/PESC», Diario Oficial de la Unión Europea. 2011. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32011D0411
[32] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA y PARLAMENTO EUROPEO. «Reglamento 2021/697/UE», Diario Oficial de la Unión Europea. 2021. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32021R0697
[33] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. «Decisión 2017/2315/PES», Diario Oficial de la Unión Europea. 2017. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32017D2315
[36] De los 800.000 millones, 650.000 corresponden a margen fiscal adicional que permite aumentar el gasto en defensa (en torno al 0,375 % del PIB anual) sin computar a efectos de déficit (3 %), mientras que el resto (150.000 millones) son préstamos reembolsables. El esfuerzo recae sobre los EE. MM.
[37] BENDO, D. «Videoconferencia con líderes de Oriente Medio», Servicio Audiovisual del Consejo Europeo. 2026. https://audiovisual.ec.europa.eu/en/media/photo/P-069223
[38] BARIGAZZI, J. «The 5 hardest jobs in Brussels», POLITICO. 26 enero de 2026. https://www.politico.eu/article/5-hard-jobs-brussels-mark-rutte-paula-pinho-kaja-kallas-balint-odor-maros-sefcovic/
[39] ERLANGER, S. & GROSS, J. «Europe’s new defense chief: ‘A king without a kingdom’?», The New York Times. 20 de septiembre de 2024. https://www.nytimes.com/2024/09/20/world/europe/defense-commissioner-military-ukraine-russia.html
[40] BARIGAZZI. Op. cit., p. 9.
[41] LIBOREIRO, J. «EU approves €90 billion loan for Ukraine after Hungary lifts controversial veto», Euronews. 23 abril de 2026. https://www.euronews.com/my-europe/2026/04/23/eu-approves-90-billion-loan-for-ukraine-after-hungary-lifts-controversial-veto
[42] VERLUISE, P. «The North Atlantic Treaty Organisation Map», Diploweb AB Pictoris. Julio de 2024. https://www.diploweb.com/Map-The-North-Atlantic-Treaty-Organisation-NATO-in-2024.html
[43] BORRELL FONTELLES, J. Europa a las riendas de su seguridad. I Jornadas Geopolíticas del IEEE. Segovia, La Granja de San Ildefonso, marzo de 2025. https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3090998/JG2025.pdf/4f4c39cf-1b18-3ebd-9e6d-3a137bcdd531?t=1765876872146
[44] CLAPP, S., HÖFLMAYER, M., LAZAROU, E. & PARI, M. «ReArm Europe Plan/Readiness 2030 Briefing», European Parliamentary Research Service. 2025. https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2025/769566/EPRS_BRI(2025)769566_EN.pdf
[45] GONZÁLEZ BONDIA, A. & JENNE, N. «Entre la iniciativa y la pérdida de competencias: la nueva Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD)», La presidencia española de la Unión Europea (2010). 2010, pp. 99-105. https://obs-europa.eu/wp-content/uploads/2017/03/barbc3a9-2010-entre-la-irrelevancia-internacional-y-el-aprendizaje-institucional-la-presidencia-espac3b1ola-de-la-unic3b3n-europea-1.pdf
[46] SÁNCHEZ MARTÍN, P. La industria de la defensa europea: retos, oportunidades y perspectivas. Documento de Análisis IEEE 20/2026. 20 de febrero de 2026. https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/industria-defensa-europea-2026
[47] CHINN, D. et al. «Innovation and efficiency: Increasing Europe’s defense capabilities», McKinsey & Company. 2024. https://www.mckinsey.com/industries/aerospace-and-defense/our-insights/innovation-and-efficiency-increasing-europes-defense-capabilities#/
[48] Ibíd.
[49] COMISIÓN EUROPEA. Una primera Estrategia Industrial de Defensa y un nuevo Programa de la Industria de Defensa para mejorar la preparación y la seguridad de Europa. 5 de marzo de 2024. https://defence-industry-space.ec.europa.eu/edis-joint-communication_en
[50] MARTÍ SEMPERE, C. «Una revisión de la Colaboración Estructurada Permanente», Real Instituto Elcano. 6 de mayo de 2024. https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/una-revision-de-la-colaboracion-estructurada-permanente/
[51] JUNCKER, J.-C. «The Sleeping Beauty of the Lisbon Treaty», Twitter/X. 11 de diciembre de 2017. https://x.com/junckereu/status/940175532196589568?lang=en
[52] DESCALZO GONZÁLEZ, A. «La contratación pública en Defensa y el artículo o 346 del TFUE», La Razón. 10 de octubre de 2025. https://www.larazon.es/economia/contratacion-publica-defensa-articulo-346-tfue_2025101068e884fee81f41796942700a.html
[53] DELL’ANNA, A. & BECQUET, L. «La externalización destruye tres veces más empleo del que crea en la UE», Euronews. 8 de enero de 2026. https://es.euronews.com/my-europe/2026/01/08/externalizacion-destruye-empleo-crea-ue
[54] SÁNCHEZ MARTÍN. Op. cit., p. 12.
[55] DE WEVER, B. «Redefining Europe’s Place in the World», Reuters. World Economic Forum, Davos, Suiza. 20 de enero de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=RHSML4Y3grc
[56] BERMÚDEZ, Á. «Dividendos de la paz: cómo se benefició Europa con el fin de la Guerra Fría y cuánto deberá invertir ahora en defens», BBC News Mundo. 17 de marzo de 2025. https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2gk6ve85jo
[57] MARTÍNEZ TURÉGANO, D. «Un 5% del PIB en defensa: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿es factible?», CaixaBank Research. 28 de agosto de 2025. https://www.caixabankresearch.com/es/economia-y-mercados/sector-publico/5-del-pib-defensa-factible#footnote__B7EKZ3Kz37UQViSep9rOYU7fFXk4LMLVu0Izi0YPo_mrIHJ1Xgb3BR
[58] METSOLA, R. Diálogo con la presidenta del Parlamento Europeo. CaixaForum Madrid. 3 de febrero de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=CF1lhcdLhgM
[59] RECACHA, V. «España propone un “instrumento común” en la UE para acelerar la subida del gasto en defensa», The Objective. 12 de abril de 2025. https://theobjective.com/economia/2025-04-12/gobierno-propone-instrumento-financiero-ue/
[60] WINSTON. «Military budget as % of USA military expeditures», Wikipedia. Agosto de 2020. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e7/Military_budget_in_%25_of_USA_military_expeditures_1988-2019.svg
[61] ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLÁNTICO NORTE [OTAN]. Defence Expenditure of NATO Countries (2014-2025). 2025. https://www.nato.int/content/dam/nato/webready/documents/finance/def-exp-2025-en.pdf
[62] MERINO, Á. «El gasto en defensa de los países de la OTAN», El Orden Mundial. Octubre de 2025. https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/gasto-defensa-paises-otan/
[63] MEJINO-LÓPEZ, J. & WOLFF, G. B. «Europe’s dependence on US foreign military sales and what to do about it», Bruegel, 27. 2025. https://www.bruegel.org/sites/default/files/2025-10/PB%2027_6.pdf
[64] FIOTT, D. «The poison pill: EU defence on US terms?», European Union Institute For Security Studies (EUISS). 2019. https://www.iss.europa.eu/sites/default/files/EUISSFiles/7%20US-EU%20defence%20industries.pdf
[65] MERINO, Á. «Las empresas de armas más grandes del mundo», El Orden Mundial. 15 de mayo de 2024. https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/empresas-armas-mas-grandes-mundo/
[66] TRUMP, D. Remarks by NATO Secretary General Jens Stoltenberg and US President Donald Trump during their meeting in the Oval Office of the White House. Washington D. C., EE. UU. Abril de 2019. https://www.nato.int/en/news-and-events/events/transcripts/2019/04/02/remarks
[67] SÁNCHEZ, P. «The Only European Leader Defying Trump?», The Rest Is Politics: Leading. 16 de marzo de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=bEzKyw2rbhs&t=4s
[68] MACRON, E. «NATO is becoming brain-dead», The Economist. 7 de noviembre de 2019. https://www.economist.com/europe/2019/11/07/emmanuel-macron-warns-europe-nato-is-becoming-brain-dead
[69] VINOCUR, N. & SHEFTALOVICH, Z. «Europe begins its slow retreat from US dependence», POLITICO. Febrero de 2026. https://www.politico.eu/article/europe-begins-retreat-united-states-dependence-donald-trump-rocks-transatlantic-relationship/
[70] TRUMP, D. President participates in a Lunch with the Trump Kennedy Center Board Members. Washington D. C., EE. UU. 16 de marzo de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=LseQ1ecp-ZM
[71] Ibíd.
[72] BORRELL FONTELLES. Op. cit., p. 11.
[73] DRAGHI, M. The future of European competitiveness. 2024. https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/draghi-report_en#paragraph_47059
[74] JUNCKER, J.-C. Speech at the Annual General Meeting of the Hellenic Federation of Enterprises (SEV). Atenas, Grecia. 21 de junio de 2016. https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/SPEECH_16_2293
[75] COMISIÓN EUROPEA. Eurobarómetro: Encuesta de primavera del 2025 del Parlamento Europeo. Septiembre de 2025. https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/3572?etrans=es
[76] RUTTE, M. Remarks by NATO Secretary General at the meeting of the European Parliament’s Committee On Foreign Affairs (AFET) And Committee On Security And Defence (SEDE). Bruselas, Bélgica, 26 de enero de 2026. https://www.nato.int/en/news-and-events/events/transcripts/2026/01/26/remarks-by-nato-secretary-general-mark-rutte-at-the-meeting-of-the-european-parliaments-committee-on-security-and-defence
[77] CARDERO OZARÍN, D. «Los tres pecados que impiden hablar de un ejército europeo», Revista Ejército, 998. 2025, 60-65. https://ejercito.defensa.gob.es/Galerias/multimedia/revista-ejercito/2025/998/accesible/998-revista-ejercito.pdf
[79] ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLÁNTICO NORTE [OTAN]. Deterrence and Defence Posture Review. 12 de mayo de 2012. https://www.nato.int/en/about-us/official-texts-and-resources/official-texts/2012/05/20/deterrence-and-defence-posture-review
[80] MACRON, E. Discours du Président de la République sur la dissuasion nucléaire de la France. Île-Longue, Francia. 2 de marzo de 2026. https://uk.diplomatie.gouv.fr/fr/discours-du-president-sur-la-dissuasion-nucleaire
[81] BORRELL FONTELLES, J. «Foreign interventions and the future of European defence», European Union External Action Service [EEAS]. 27 de agosto de 2022. https://www.eeas.europa.eu/eeas/foreign-interventions-and-future-european-defence_en
[83] KUBILIUS, A. Europe under pressure. Folk och Försvar National Conference, Estocolmo, Suecia. 11 de enero de 2026. https://ec.europa.eu/commission/presscorner/api/files/document/print/en/speech_26_69/SPEECH_26_69_EN.pdf
[84] BURZEC, M. «El grupo E5 se reúne en Polonia para garantizar la unidad y la seguridad en Europa», Euronews. 20 de febrero de 2026. https://es.euronews.com/2026/02/20/grupo-e5-se-reune-en-polonia-garantizar-unidad-y-seguridad-europa
[85] MERZ, F. Discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Múnich, Alemania, 13 de febrero de 2026. https://www.youtube.com/watch?v=mMHEVx_G3FM
[86] RUTTE, M. Press conference following the meeting of NATO Ministers of Defence in Brussels. NATO, 12 de febrero de 2026. https://www.nato.int/en/news-and-events/events/transcripts/2026/02/12/press-conference-by-the-nato-secretary-general-following-the-meeting-of-nato-ministers-of-defence
[87] FIOTT, D. «Strategic autonomy: Towards ‘European sovereignty’ in defence?», European Union Institute for Security Studies (EUISS). 2018. https://www.iss.europa.eu/sites/default/files/EUISSFiles/Brief%2012__Strategic%20Autonomy.pdf
[89] SCHULZE ZUMKLEY, G. Visita a la Embajada de la República Federal de Alemania. Madrid, España, 11 de marzo de 2026.
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