
07 oct 2026
IEEE. África, ¡levántate!: el siglo XXII será africano
Óscar Garrido Guijarro. Analista del IEEE (CESEDEN). Doctor en paz y seguridad internacional
Introducción
Tras siglos en la periferia, África subsahariana está llamada a desempeñar un papel mucho más importante en la economía y en la gobernanza global. Puede que el auge económico y demográfico de Asia siga dominando la primera parte de este siglo, pero el peso del continente africano crecerá en la segunda mitad y el siglo XXII puede convertirse en el siglo De África.
Las previsiones apuntan a que ya en la próxima década el porcentaje de la población africana respecto a la mundial superará el 20 %, frente al 13 % en 2000 o el 9 % en 1950. A medida que el resto del mundo envejece, África se convierte en una fuente crucial de mano de obra: más de la mitad de los jóvenes que se incorporen a la población activa mundial en 2030 serán africanos1.
Por lo general, las tendencias demográficas futuras son inciertas. Sin embargo, en comparación con otras orientaciones de naturaleza social, económica o política, la velocidad y la dirección del cambio demográfico, al menos a corto y medio plazo, son más predecibles. Las cifras de previsión de crecimiento de la población africana podrán variar, pero no sustancialmente, porque gran parte del crecimiento ya se debe a lo que los demógrafos denominan «impulso demográfico»; es decir, África subsahariana tiene tantas mujeres en edad fértil que, aunque una parte importante decidiera tener menos hijos, la población seguiría creciendo.
Aunque los Estados africanos son diversos en sus condicionantes geográficos o circunstancias sociopolíticas, se enfrentan a desafíos sociodemográficos comunes, con variaciones en el grado y la capacidad de resiliencia ante ellos. Los retos tienen que ver con niveles elevados de desempleo juvenil, la elevada tasa de empleo informal, el deficiente grado de industrialización, la urbanización acelerada, el impacto creciente del cambio climático, las dificultades en la seguridad alimentaria, la lucha contra el hambre y unos sistemas educativos y de atención sanitaria insuficientes2.
Sin embargo, aunque en las métricas de desarrollo socioeconómico los Estados africanos tienen por delante un largo recorrido de mejora, el continente se encuentra en su mejor momento. Desde 1960, la esperanza media de vida ha aumentado más de la mitad, de 41 a 64 años. La proporción de niños que mueren antes de cumplir los cinco años se ha reducido en tres cuartas partes. La proporción de jóvenes africanos que van a la universidad se ha multiplicado por nueve desde 1970. La cultura africana está siendo reconocida en todo el mundo. En la década de 2020 autores africanos han ganado el Premio Booker, el Prix Goncourt y el Premio Nobel de Literatura. Todos estos avances son un buen augurio para el continente más joven del mundo3.
Explosión demográfica africana
En 1885, cuando las potencias coloniales se repartieron África, el continente tenía menos de 100 millones de habitantes, es decir, un tercio de los europeos. Hoy, hay casi dos africanos por cada europeo4. Según la última edición del estudio de Naciones Unidas Perspectivas de la Población Mundial 20245, en el siglo XXII África subsahariana será la región internacional con mayor número de habitantes.
| 2024 | 2100 | ||
|---|---|---|---|
| Mundo | 8 161 972 573 | Mundo | 10 180 160 752 |
| Asia oriental | 2 351 264 830 | África subsahariana | 3 351 458 670 |
| Asia central y meridional | 2 146 282 360 | Asia central y meridional | 2 639 257 310 |
| África subsahariana | 1 243 009 510 | Asia oriental | 1 448 796 860 |
| Europa y América del Norte | 1 130 378 929 | Europa y América del Norte | 1 067 216 669 |
| América Latina y Caribe | 663 466 070 | Norte de África y Asia Occidental | 987 038 330 |
| Norte de África y Asia Occidental | 581 482 160 | América Latina y Caribe | 613 447 220 |
| Oceanía | 46 088 719 | Oceanía | 72 945 698 |
Perspectivas de la Población Mundial 2024 recoge que se ha incrementado el número de países en el mundo en los que la fecundidad se ha mantenido en niveles muy bajos durante varias décadas y en los que, como consecuencia, el tamaño de la población ya ha alcanzado su máximo. En los años 80, solo 14 países estaban en esa categoría, casi todos en Europa. En la actualidad, el número asciende a 63 y abarca una amplia zona geográfica que incluye países de Asia oriental y América Latina, además de, por supuesto, Europa y América del Norte. En el caso de África subsahariana, solo Mauricio se encuentra en este grupo. Entre los países que ya han alcanzado su tamaño máximo se encuentran algunos de los más poblados del mundo como China, Alemania, Japón o la Federación Rusa. Así, se prevé que China, el país que actualmente tiene la segunda mayor población del mundo, experimentará la mayor pérdida absoluta de población en los próximos treinta años —204 millones—, seguida de Japón —21 millones— y la Federación Rusa —10 millones—. Además, veinticuatro países de los incluidos en este grupo experimentan actualmente lo que se denomina niveles de fecundidad «ultrabajos», con menos de 1,4 nacimientos por mujer de media. Aquí se incluyen, por ejemplo, China, Italia o España.
Otro grupo de países analizados en el mencionado estudio de Naciones Unidas es el de aquellos cuya población seguirá creciendo en los próximos 30 años, alcanzando hacia mediados de siglo su máximo. En esta clasificación de 48 países se encuentran algunos de los actualmente más poblados, como Irán, Brasil o Turquía. En este grupo hay tres Estados de África subsahariana: Reunión, Seychelles y Cabo Verde.
Finalmente, Perspectivas de la Población Mundial 2024 analiza el grupo de países en los que se prevé que el máximo de población se alcance a finales del siglo XXI o incluso posteriormente, y aquí se hallan todos los países de África subsahariana, salvo los Estados insulares mencionados anteriormente. Así, el estudio de Naciones Unidas prevé que en los próximos 30 años los países de África subsahariana aumentarán su población en un 79 %, de manera que en 2054 África subsahariana contará con entre 2 100 y 2 400 millones de habitantes y con entre 3 000 y 4 000 millones en 2100. Según estos mismos datos, cinco países de África subsahariana —Angola, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Níger y Somalia— crecerán exponencialmente, con poblaciones que superarán el doble de su tamaño actual en las próximas tres décadas.
Como resultado de esta explosión demográfica, el ranking de los países más poblados del planeta en el arranque del siglo XXII contará con cuatro Estados africanos en puestos de salida6.
| 2024 | Previsión 2054 | Previsión 2100 | |
| 1 | India (1 451) | India (1 692) | India (1 505) |
| 2 | China (1 419) | China (1 215) | China (633) |
| 3 | Estados Unidos (345) | Pakistán (389) | Pakistán (511) |
| 4 | Indonesia (283) | Estados Unidos (384) | Nigeria (477) |
| 5 | Pakistán (251) | Nigeria (376) | Rep. Dem. del Congo (431) |
| 6 | Nigeria (233) | Indonesia (322) | Estados Unidos (421) |
| 7 | Brasil (212) | Etiopía (240) | Etiopía (367) |
| 8 | Bangladés (174) | Rep. Dem. del Congo (238) | Indonesia (296) |
| 9 | Rusia (145) | Bangladés (219) | Tanzania (263) |
| 10 | Etiopía (132) | Brasil (215) | Bangladés (209) |
Altas tasas de fecundidad, pero en descenso
En términos de fecundidad, la tasa mundial actual es de 2,25 nacidos vivos por mujer, frente a los 3,31 nacimientos en 1990 o más de 5 en 1950. Más de la mitad de los países del mundo tienen una fecundidad inferior al nivel de reemplazo de 2,1 nacidos vivos por mujer. Este es el nivel necesario para que una población mantenga un tamaño constante a largo plazo (sin migraciones), con cada generación seguida por otra de aproximadamente el mismo tamaño7.
En Asia y América Latina, la tasa total de fecundidad ha descendido de alrededor de 6 en 1950 a casi el nivel de reemplazo. En África subsahariana el descenso de la fecundidad ha sido más tardío y lento: de 6,5 en 1950 a 4,6 en 20208. Así las cosas, actualmente los países con la tasa de fecundidad más alta se encuentran en África subsahariana; en concreto, son Chad, Níger, República Centroafricana, República Democrática del Congo o Somalia9.
El número de países con tasas de fecundidad por encima del nivel de reemplazo será de 49 en 2050 y de solo seis en 2100, tres de ellos africanos: Samoa, Somalia, Tonga, Níger, Chad, y Tayikistán10.
Es necesario destacar que las proyecciones de población que Naciones Unidas ha publicado en los últimos años contienen estimaciones más bajas que las que barajaba hace una década. En ese sentido, ahora se prevé que el tamaño de la población mundial en 2100 sea un 6 % menor —o unos 700 millones de personas menos— que el previsto hace una década, y en parte se debe al descenso de la fecundidad, ligeramente más rápido de lo previsto en algunas zonas de África subsahariana11.
Si se compara con la del resto de regiones, la tasa de fecundidad en los países de África subsahariana es, por lo general, elevada y, aunque todavía queda mucho recorrido al incremento poblacional, los datos sugieren que ya se está produciendo una importante ralentización en la natalidad. En este sentido, destaca un conjunto de países de la región meridional y de la región oriental en los que, en 2024, la tasa de fecundidad fue de aproximadamente tres e incluso inferior a tres: Sudáfrica (2,2), Botsuana (2,3), Namibia (2,8), Kenia (3,1), Ruanda (3,1) o Malawi (3,1)12.
Además, en casi todo el continente se cumple que las tasas de fecundidad son más bajas entre las mujeres urbanas, que suelen tener entre un 30 % y un 40 % menos de hijos que las del campo. El abandono de la agricultura en favor de actividades económicas urbanizadas, en las que el intelecto suele ser más útil que la fuerza muscular, reduce la ventaja económica de tener muchos hijos.
Si tomamos en consideración el caso de Kenia, su tasa de fecundidad ha descendido desde 6,7 hijos por mujer en 1989 a 3,1 en 2024. Además, ejemplifica también lo que ya se ha apuntado: la marcada diferencia entre la ciudad y el campo. Por término medio, las keniatas urbanas tienen 2,8 hijos cada una, uno menos que los 3,9 de las mujeres rurales13.
Retrasar la edad a la que se tiene el primer hijo puede contribuir de manera importante a frenar el crecimiento de la población. Según las estadísticas de Naciones Unidas, si las niñas africanas no tuvieran hijos antes de los 18 años, las previsiones del tamaño de la población de los países del África subsahariana sería inferior en 85 millones en 2054 y en 292 millones en 210014.
Además, existe un patrón que se replica en África subsahariana y en cualquier región en la que se ha analizado: la estrecha relación entre la educación y las tasas de fecundidad. Así, las mujeres africanas sin educación formal tienen, de media, seis o más hijos. Esta cifra se reduce a unos cuatro en el caso de las mujeres que han terminado la enseñanza primaria y a unos dos en el de las que han terminado la secundaria15. Más educación significa casarse más tarde, tener menos hijos y retrasar la edad de la maternidad. Además, con un nivel de estudios más alto, las mujeres tienen más probabilidades de seguir una carrera profesional16.
Razones para contextualizar el comportamiento demográfico
Pero, aunque es cierto que hay una ralentización de la natalidad y una mejora generalizada en relación con los niveles de renta, salud y educación, ¿por qué en los países de África subsahariana la bajada de la tasa de fecundidad no ha sido tan rápida y pronunciada como, por lo general, en el resto del mundo? Esta cuestión ha llevado a algunos estudiosos a buscar explicaciones de naturaleza sociodemográfica, pero también cultural.
Así, en opinión de Chukwuma Chinye, del Centro por la Democracia y el Desarrollo de Nigeria, los discursos que predominan sobre la evolución demográfica del continente son negativos y provienen principalmente de un punto de vista eurocéntrico enfocado en que las tasas de fecundidad en África no decrecen lo bastante deprisa en comparación con los modelos demográficos del Sudeste Asiático. Un mito habitual entre los responsables de analizar y proponer políticas públicas es querer trasladar las políticas probadas y contrastadas en otras regiones a los distintos contextos demográficos africanos. Esta aproximación obvia las diferencias socioculturales. Predecir la trayectoria demográfica de África confiando en que seguirá el mismo patrón de otras regiones del mundo es una idea equivocada.
En la base del equívoco, según Chinye, se encuentra la utilización de las tasas de fecundidad como criterio casi único para medir la transición demográfica, sin valorar, en primer lugar, el destacado papel que desempeñan en el caso africano las cifras de mortalidad infantil. Así, una razón fundamental por la cual las tasas de fecundidad en África no coinciden con las estimaciones occidentales es que la mortalidad infantil en el continente africano es todavía alta en comparación con otras regiones. Existe una relación intrínseca entre la tasa de fecundidad y la de mortalidad infantil en África subsahariana: van a la par. El problema real no radica en que las tasas de fecundidad sean desproporcionadamente elevadas, sino que las familias están decidiendo tener más niños para compensar las tasas de mortalidad infantil equiparables17.
En los países ricos es poco frecuente que mueran niños. En los países en desarrollo, sigue desgraciadamente ocurriendo. A medida que se incrementa el desarrollo socioeconómico y sanitario en un país, las familias pueden esperar que más niños sobrevivan hasta la edad adulta, por lo que no necesitan tener tantos hijos. En general, la mortalidad infantil es un buen indicador de estas tendencias. Partiendo de este supuesto, la fecundidad africana es básicamente la que cabría esperar a partir de las actuales tasas de mortalidad infantil del continente18.
Níger es un ejemplo paradigmático: este país registra el nivel más alto de fecundidad del mundo, así como tasas de pobreza y mortalidad muy elevadas. Allí las mujeres tienen un promedio de 6,7 hijos, pero solo 2,7 hijos varones seguirán vivos como adultos cuando sus padres ya no estén en edad de trabajar. Además, es en los hijos varones en quienes los padres podrán confiar más para beneficiarse del apoyo material y financiero.
La familia extensa desempeña un papel más importante en la vida africana que en otros lugares; los niños pueden ser criados por primos o tías. Esto reduce la carga de la crianza sobre los padres y disminuye el coste implícito de los hijos. Además, muchas culturas africanas tienen estructuras sociales comunales que hacen que el coste de tener más hijos recaiga en la comunidad y no en la familia. En este sentido, allí donde predomina la tenencia comunal de la tierra, ser familia numerosa es económicamente beneficioso, ya que los recursos se reparten en función del tamaño familiar.
Otra explicación es el uso relativamente bajo de anticonceptivos modernos, que en parte se explica por la negativa a aceptar la ayuda para la planificación familiar debido a la desconfianza hacia las prácticas llegadas de los países occidentales19. Esto se complementa con el hecho de que en las culturas africanas, el matrimonio y la procreación siguen siendo prácticas valoradas como opciones deseables en la vida de las personas20.
Gountiéni D. Lankoandé, director del Groupe de Recherche et d'Analyse Appliquées pour le Développement, de Burkina Faso, preguntado para este análisis por cuáles son, en su opinión, las razones de las altas tasas de fecundidad en los países de África subsahariana, considera que hay diversas razones que lo explican: «En las zonas rurales, que suelen representar el 60 % de la población de la mayoría de los países del continente, las mujeres y los niños representan una importante mano de obra en la producción agrícola. Tener muchos hijos sigue siendo, además, un signo de prestigio en muchos países. La religión también desempeña un papel importante. En las culturas, tradiciones y religiones más extendidas en el África subsahariana (islam, cristianismo, etc.), un hijo es un regalo de Dios. En las zonas urbanas se están produciendo cambios, pero, en la mayoría de los casos, las actitudes no han cambiado».
Hacia el deseado dividendo demográfico
Según el informe publicado en enero de 2025 por el Banco Africano de Desarrollo sobre los resultados y las perspectivas macroeconómicas del continente, el crecimiento real del PIB africano se acelerará hasta el 4,1 % en 2025 y el 4,4 % en 2026. En 2024 ha sido del 3,2 %, ligeramente superior al 3,0 % registrado en 2023. Con estos datos, el continente africano se consolida como la segunda región del mundo con mayor crecimiento, después de Asia. Sin embargo, a pesar de la trayectoria positiva, el informe destaca que el crecimiento de África sigue estando por debajo del umbral del 7 % necesario para una reducción sustancial de la pobreza21.
Imagen 3. Porcentaje de crecimiento del PIB por regiones internacionales. Fuente: African Development Bank Group statistics.
Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, en el año 2025 doce de las veinte economías que más rápido crecieron en el mundo eran africanas.
| Crecimiento del PIB | |
|---|---|
| Sudán del Sur | 27,2 % |
| Guyana | 14,4 % |
| Libia | 13,7 % |
| Senegal | 9,3 % |
| Palaos | 8,5 % |
| Sudán | 8,3 % |
| Uganda | 7,5 % |
| Níger | 7,3 % |
| Macao | 7,3 % |
| Bután | 7,2 % |
| Mongolia | 7 % |
| Zambia | 6,6 % |
| Benín | 6,5 % |
| Etiopía | 6,5 % |
| Ruanda | 6,5 % |
| India | 6,5 % |
| Costa de Marfil | 6,4 % |
| Filipinas | 6,1 % |
| Vietnam | 6,1 % |
| Yibuti | 6 % |
| Media mundial | 3,2 % |
Si el crecimiento del PIB es paralelo al incremento de la población, economías como la nigeriana podrían superar en tamaño (ajustado al poder adquisitivo) a las potencias europeas. Según un informe de PwC, que prevé que el PIB de Nigeria alcance los 6,4 billones de dólares en 2050, el país superaría a Alemania, Reino Unido, Francia o Arabia Saudí en la clasificación mundial22.
El crecimiento demográfico del siglo XX se concentró en el continente asiático, mientras que el del siglo XXI se está concentrando en el África subsahariana. La mayor parte del aumento de la población en edad de trabajar entre 1960 y 2020 se produjo en Asia, mientras que en el continente africano se concentrará la mayor parte del aumento de la población en edad de trabajar entre 2020 y 210023.
Mientras que buena parte del mundo envejece, África se convierte en una fuente crucial de mano de obra. Así, más de la mitad de los jóvenes que se incorporen a la población activa mundial en 2030 serán africanos24. Esta tendencia representa quizás la mayor oportunidad de la región: una elevada reserva de talento humano, un mercado de gran tamaño e importantes reservas de recursos naturales. Sin embargo, el dinamismo económico que puede ir aparejado a las circunstancias actuales del continente no se traducirá automáticamente en una realidad y se requerirá de decisiones políticas acertadas para garantizar que el potencial se haga realidad25.
África subsahariana puede beneficiarse de lo que los demógrafos llaman dividendo demográfico, es decir, el beneficio económico que obtienen los países cuando la proporción de población en edad de trabajar aumenta en relación con la de niños y ancianos. En muchos países del continente africano la proporción de población en edad de trabajar (entre 20 y 64 años) seguirá aumentando más rápidamente que la población total, lo que ofrece una oportunidad para el mencionado dividendo y la aceleración del crecimiento económico26.
Gountiéni D. Lankoandé considera que «el crecimiento demográfico debería ser una oportunidad y un motor de progreso socioeconómico en los países de África subsahariana, dado el perfil joven de su población, que es sinónimo de dinamismo, innovación, fuerza y buena salud. No obstante, desde el punto de vista económico, la creación de riqueza per cápita sigue siendo escasa y una gran parte de la población sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza en comparación con otras regiones. Además, la rápida urbanización está agravando las presiones sobre las ciudades en términos de acceso a los recursos naturales, los servicios públicos, la vivienda y las infraestructuras, y en las zonas rurales el aumento de la competencia por los recursos hídricos y forestales está generando tensiones entre agricultores y pastores. Sin embargo, a pesar de todos estos desafíos, estamos convencidos de que, innovando a partir del conocimiento y reforzando las políticas demográficas existentes, estas tendencias pueden gestionarse e integrarse en beneficio de la economía, la sociedad y la cultura».
En la medida en que las sociedades africanas inviertan en mejorar los niveles de educación, el continente puede desarrollar una reserva de talento sin precedentes. Una educación de mejor calidad para millones de africanos puede dar lugar a un importante progreso para el conjunto de la sociedad.
Si nos fijamos en la experiencia de Asia oriental como ilustración, los datos sugieren que la matriculación casi universal en la escuela secundaria y la buena calidad de la oferta educativa fueron elementos claves del éxito de estos países. Si se toma el caso de Corea del Sur, existen estudios que ponen de manifiesto el estrecho vínculo que ha existido entre inversión en educación y desarrollo socioeconómico. Los resultados demuestran que, si el nivel educativo no hubiera mejorado durante el notable episodio de crecimiento de este país, el PIB per cápita sería solo el 30 % de su valor actual. En términos más generales, los efectos del cambio demográfico y de la educación sobre el crecimiento están estrechamente entrelazados: una demografía favorable, en forma de una mayor proporción de población en edad de trabajar, tiende a aumentar el crecimiento, pero la magnitud de este beneficio depende sobre todo del nivel de educación27.
Sin embargo, las estadísticas en materia de educación sitúan al continente todavía por debajo de las cifras que se obtienen en otras regiones en desarrollo. En África subsahariana, casi tres de cada 10 niños en edad escolar no van a la escuela. La tasa de finalización de los estudios primarios ronda el 65 %, frente a una media mundial del 87 %. Y la tasa de alfabetización de las personas de 15 a 24 años es solo del 75 %, por debajo de la tasa de casi el 90 % de otras economías en desarrollo. Una de las razones de estos déficits es que el gasto público en educación en muchos países de África subsahariana está por debajo de la media deseable. El presupuesto medio en educación en la región equivalía aproximadamente al 3,5 % del PIB en 2020, por debajo de la recomendación internacional de al menos el 4 %28.
África puede mejorar la productividad y la calidad de su crecimiento económico invirtiendo en un círculo virtuoso de mejores cualificaciones para mejores empleos. Los mercados laborales deben aumentar rápidamente la oferta y la demanda de trabajadores cualificados. Por el lado de la oferta, si bien los niveles educativos han progresado, la calidad de la educación debe ponerse al nivel de otras regiones en desarrollo. Por el lado de la demanda, los mercados laborales deben crear empleos de calidad para trabajadores cualificados. Más del 80 % de los jóvenes africanos escolarizados aspiran a trabajar en ocupaciones altamente cualificadas, pero solo el 8 % encuentra ese tipo de empleo. La demanda de trabajadores cualificados sigue siendo baja porque el crecimiento del empleo se ha limitado a sectores de baja productividad, como la agricultura, el comercio minorista y los servicios29. Sin embargo, en la última década se ha observado un crecimiento exponencial en la cantidad de startups africanas, lo cual está siendo una oportunidad para la atraer inversión y negocio30.
El gasto en educación proporciona claros beneficios económicos a largo plazo que justifican sobradamente su coste. Un mayor gasto público en educación ofrece beneficios económicos, como el aumento de la productividad y de la inversión extranjera directa. Además, garantizará la oferta de una mano de obra productiva que un mundo que envejece rápidamente necesitará cada vez con más urgencia.
Una rémora para el progreso del bienestar es que el 85,8 % de la población ocupada de África subsahariana trabaja en el sector informal, es decir, que desarrolla un trabajo que no está registrado ni identificado y, por lo tanto, no tiene ninguna contribución a la seguridad social; la gente no paga impuestos sobre sus ingresos y eso significa que los países tienen menos margen para invertir en bienestar social. Además, la producción informal alcanza el 62 % del PIB oficial de media en el continente31. Abordar la cuestión de la informalidad laboral y económica es necesario para el advenimiento del deseado dividendo demográfico.
Una oportunidad fundamental para el desarrollo socioeconómico va a estar ligada al buen funcionamiento y aprovechamiento de la recientemente establecida Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), el mayor acuerdo de libre comercio del mundo en cuanto a número de miembros (lo han firmado 54 países), territorio y población (un mercado de casi 1 300 millones de personas). El objetivo es impulsar el crecimiento económico, el comercio intraafricano y la inversión en todo el continente. Aunque se estableció en febrero de 2020, la aplicación del acuerdo está siendo lenta. Así, según la Comisión Económica para África, los países africanos siguen comerciando más con el resto del mundo que entre ellos. Las razones que se suelen esgrimir son unas infraestructuras inadecuadas, la falta de financiación y una gobernanza deficiente32.
Las estadísticas muestran que África exporta más al resto del mundo que a otros países africanos. La proporción de exportaciones de África al resto del mundo osciló entre el 80 % y el 90 % entre 2000 y 2020, principalmente productos primarios y minerales. El comercio intraafricano solo representó el 15,2 % del volumen comercial total de África durante el período 2015-2020, muy por debajo de cifras deseables. Se espera que el AfCFTA cambie estos datos33.
Industrialización y transición energética: una oportunidad para el desarrollo
Uno de los principales retos que encaran las economías africanas es el desarrollo industrial. Por poner un ejemplo, dos de cada tres granos de cacao del mundo tienen su origen en Ghana y Costa de Marfil, pero sus cultivadores solo reciben el 5 % de los beneficios de la industria del chocolate por falta de desarrollo industrial. El cacao sale de Ghana o de Costa de Marfil a un precio muy bajo, y si quieren adquirirlo procesado, lo acaban comprando en el mercado exterior a un precio mayor, pagando mucho dinero por un producto originario de sus propios países. Algo similar y a gran escala ocurre con el petróleo, exportado crudo e importado refinado34.
El impulso mundial para mitigar el cambio climático está generando una importante demanda de minerales críticos, vitales para transformar el sistema energético y desarrollar tecnologías de bajas emisiones. Una parte integral de esta transición son los vehículos eléctricos y la generación de energía renovable, que requieren más minerales que las tecnologías tradicionales de combustibles fósiles. Por ejemplo, la producción de baterías para vehículos eléctricos depende en gran medida de minerales como el litio, el níquel, el manganeso y el cobalto. Las tecnologías renovables, como los paneles solares y las turbinas eólicas, requieren minerales como la bauxita, cobre, silicio y metales del grupo del platino, entre otros. Así las cosas, se prevé que la demanda de estos minerales críticos, que ya ha aumentado en los últimos años, se dispare en las próximas décadas.
África subsahariana, donde se calcula que se encuentra cerca del 30 % del volumen de las reservas mundiales probadas de minerales críticos, es crucial para el abastecimiento mundial. La región ya contribuye significativamente a la producción de minerales como el cobalto, el grafito, el manganeso, los metales del grupo del platino y el cromo. La República Democrática del Congo domina el mercado del cobalto, con más del 70 % de la producción mundial y aproximadamente el 50 % de las reservas probadas del mundo. Entre los principales productores de manganeso se encuentran Sudáfrica, Gabón y Ghana, con más del 60 % de la producción mundial. Otros países como Guinea (bauxita), Mozambique (grafito), Mali (litio), Zambia (cobre) y Zimbabue (níquel, platino, litio), están preparados para beneficiarse de este auge inducido por la transición hacia una energía limpia35.
Pero la mayoría de los países de África subsahariana exportan minerales críticos principalmente en bruto, que suelen tener menor valor añadido que las actividades de transformación. Aunque los países de la región han profundizado su participación en el comercio de minerales y trabajan para integrarse más en las cadenas de valor mundiales, se siguen centrando principalmente en la extracción básica.
La República Democrática del Congo, que representa el 74 % de la extracción mundial de cobalto, envía el 97 % de sus exportaciones de este mineral, en su mayoría sin procesar, a China. Del mismo modo, se calcula que grandes cantidades de litio de baja concentración y en forma de roca parten desde las minas de Zimbabue, también hasta China, en lugar de someterse a un procesamiento local36.
Al limitarse a las fases de extracción de menor valor añadido, los países corren el riesgo de perder importantes ganancias. El desarrollo de industrias locales de transformación podría aumentar considerablemente los beneficios, incrementar los ingresos fiscales y crear puestos de trabajo más cualificados. La riqueza de África subsahariana en minerales críticos ofrece la oportunidad de pasar de la exportación de materias primas al desarrollo de industrias de transformación para obtener más beneficios de valor añadido.
Demografía y migraciones africanas: un continente en movimiento
La contribución de la migración internacional al cambio demográfico varía según los países y regiones del mundo. En la mayoría de los países en los que el nivel medio de fecundidad es relativamente alto, es probable que la migración tenga un impacto limitado en el crecimiento de la población. Por el contrario, para muchos de los países con niveles de fecundidad relativamente bajos, se prevé que la migración sea el principal motor del futuro crecimiento de la población37.
En el caso de África subsahariana, la movilidad adopta diversas formas: pastores que cruzan cada día el continente en busca de pastos para su ganado y oportunidades comerciales; dinámicas rutas comerciales que han sobrevivido a siglos de cambios y todavía continúan; personas que se desplazan en busca de educación y trabajo o huyendo de conflictos o de los efectos adversos del cambio climático. Se calcula que en 2020 había en África 25,1 millones de migrantes internacionales, lo que se traducía en que el 1,9 % de la población africana vivía fuera del país en el que había nacido, por debajo del porcentaje correspondiente a nivel mundial: 3,6 %. Esta cifra representaba el 9 % de los 281 millones de migrantes internacionales en el mundo en 202038.
Una de las principales características de la migración africana es que más de la mitad de los migrantes internacionales africanos se desplazan principalmente dentro del continente. Más concretamente, el número de migrantes internacionales intraafricanos —aquellos cuyos países de origen y destino estaban situados en África— fue en 2020 de 20,8 millones, ligeramente superior al de migrantes africanos que marchan a países no africanos: 19,7 millones. En términos relativos, la migración intraafricana representó el 51 % de la migración africana total. Este patrón es común en todas las regiones excepto en el norte de África, donde la migración a países europeos (caso de Argelia, Marruecos o Túnez) o a Oriente Medio (caso de Egipto) es significativamente mayoritaria respecto a la migración intraafricana39. Así por ejemplo, Marruecos, Argelia y Túnez representan 5 millones de los 11 millones de migrantes africanos que, según se calcula, residen en Europa40.
Los mayores tránsitos de migración intraafricana se producen predominantemente entre países que comparten una frontera terrestre, lo que pone de relieve que la migración en el continente se caracteriza por la movilidad de corta distancia y es, por tanto, más local que global. Además, la bidireccionalidad de varios corredores intraafricanos refleja la elevada prevalencia de la migración laboral temporal o circular, como entre Burkina Faso y Costa de Marfil, y de los movimientos de refugiados, como entre Sudán del Sur y Sudán. Estos datos también respaldan la hipótesis de que la migración de retorno es una dimensión importante de la movilidad en África41.
Imagen 4. Principales corredores de migración intraafricana. Fuente: Africa Migration Report (Second edition 2024). IOM, UN Migration.
Los refugiados y los solicitantes de asilo representan una elevada proporción de todos los migrantes internacionales en África: un 21 % en 2020. En África, como en el resto del mundo, la mayoría de los refugiados permanecen cerca de sus países de origen42. Del total de refugiados que se encontraban bajo el mandato del ACNUR a finales de 2022, más del 87 % procedía de diez países: Siria, Ucrania, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar, República Democrática del Congo, Sudán, Somalia, la República Centroafricana y Eritrea. Así las cosas, en esta clasificación encontramos a seis países africanos43.
En los últimos años, se ha acuñado el término «refugiados climáticos». El número de personas obligadas a abandonar sus hogares debido a desastres naturales, sequías y otras calamidades ha crecido. Aunque las cifras son difíciles de calcular porque esta categoría migratoria aún está siendo definida por los gobiernos y la legislación internacional, el Banco Mundial estima que los refugiados climáticos en África subsahariana podrían superar los 85 millones en 2050. Por ejemplo, el lago Chad, que da sustento a casi 25 millones de personas en cuatro países diferentes, se ha reducido drásticamente en los últimos 60 años, lo que ha provocado el desplazamiento de un número cada vez mayor de personas que dependen de sus aguas44.
No obstante, los datos disponibles apuntan a que el cambio climático no puede considerarse el principal motor de la migración y de la seguridad alimentaria, sino que es un factor más que convive con otros tradicionales como las consecuencias de la fragilidad de la gobernanza de muchos Estados africanos, las estructuras de producción alimentaria mundial y otros factores de naturaleza social45.
Los flujos migratorios por motivos laborales, regulares e irregulares, son fundamentales en la configuración de la movilidad en el continente africano. En 2020 había más de 14,5 millones de trabajadores migrantes en África subsahariana que residían principalmente en Sudáfrica (19 %), Costa de Marfil (12 %), Uganda (7 %) y Etiopía (5 %)46.
Todos estos datos chocan con las representaciones sobre las migraciones africanas, erróneamente consideradas más elevadas que nunca y dirigidas fundamentalmente hacia los países ricos europeos47.
Según el catedrático de Sociología en la Universidad de Ámsterdam y fundador y codirector del Instituto Internacional de Migración de la Universidad de Oxford, Hein de Haas, no es cierto que la migración sea hoy más elevada que nunca. De Haas valora que «las cifras tienen poco que ver con una invasión masiva de inmigrantes ilegales, sino más bien con el creciente movimiento de trabajadores inmigrantes atraídos por la cada vez mayor escasez de mano de obra en las sociedades ricas y envejecidas de Occidente». De Hass defiende además que es un error sobreestimar la magnitud de la migración ilegal: «Mis estimaciones apuntan a que nueve de cada diez africanos que se trasladan a Europa lo hacen legalmente, con pasaporte y visa en la mano. Pero debido a que la retórica política y las imágenes de los medios de comunicación se centran en la migración ilegal, tendemos a exagerar la importancia numérica de este tipo de migración. La gran mayoría de los inmigrantes, también los que tienen como destino a España, cruza las fronteras de forma legal. Lo que está sucediendo en la frontera española es una verdadera crisis humanitaria que debe abordarse, pero debemos tener cuidado y, basándonos en los datos, no aceptar la idea de que las fronteras están totalmente fuera de control. Es importante seguir viendo las cosas en perspectiva. En otras palabras: hay motivos para la preocupación, pero no para entrar en pánico»48.
En cualquier caso, la migración irregular es un desafío no solo humanitario, sino también de gobernanza para los países europeos. En 2022 se registraron más de 189 000 llegadas irregulares a Europa tanto por tierra como por mar, la cifra más alta desde 2016. El mayor número de migrantes irregulares en 2022 procedía de Egipto (21 800), Siria (más de 18 000), Túnez (unos 18 000) y Afganistán (más de 18 000)49.
Si se atiende a la clasificación de los veinte principales países origen de migrantes internacionales, no se encuentra ninguno de África subsahariana en la lista. En el puesto veinte sí se sitúa un país del norte del continente: Egipto.
Imagen 5. Veinte principales países de origen de los migrantes internacionales. Fuente: World Migration Report 2024. IOM, UN Migration, 2024.
Según datos de Eurostat, la población de los países de la Unión Europea se reducirá un 6 % de aquí a 2100. Se espera que la población europea registre su pico en 2026, con un total de 453 millones de personas, pero de ahí en adelante la cifra irá descendiendo hasta los 420 millones pronosticados para el cambio de siglo. La Comisión Europea estima que, si ahora un 70 % de la población está en edad de trabajar, en 2070 esa cifra se reducirá al 54 %, lo cual necesariamente transformará los sistemas de asistencia social y de pensiones de los países europeos50.
Y aunque no es significativo desde el punto de vista demográfico, en Francia se ha empezado a hablar del «éxodo silencioso», fenómeno para designar al creciente número de franceses de origen africano que abandonan el país europeo por motivos de racismo y discriminación y que migran a países africanos51.
La migración desempeña un papel fundamental en el desarrollo de los países de origen. Esto se debe a que los migrantes siguen manteniendo estrechas relaciones con sus familias y comunidades y contribuyen de manera importante al desarrollo de estas. La principal contribución de los migrantes se manifiesta en forma de remesas, pero también el intercambio de conocimientos e ideas entre los países de acogida y de origen.
Los beneficios más fáciles de medir son las remesas que los emigrantes envían a casa. Nigeria, por ejemplo, obtuvo 24 300 millones de dólares en 2018 de sus ciudadanos que trabajan en el extranjero, unas ocho veces más de lo que recibe en ayuda al desarrollo. También es más de diez veces lo que Nigeria obtuvo en inversión extranjera ese mismo año. Los senegaleses que trabajan fuera de sus fronteras envían de vuelta hasta la mitad de sus ingresos, de tal manera que las remesas representan alrededor del 9 % de la renta nacional del país. Estos flujos no solo son mucho mayores que la ayuda exterior, sino que a menudo se invierten mejor, ya que la mayor parte del dinero que envían los migrantes repercute directamente en el incremento del bienestar social de la familia receptora52.
Por último hay que destacar que a medida que aumenta su población, África también se urbaniza. En 1950, la proporción urbana de la población se estimaba en un 11 %, en 2020 un 41 % y según proyecciones de Naciones Unidas en 2050 se prevé que alcance el 58 %. La urbanización se produce a través de dos canales: la migración del campo a la ciudad y el aumento natural dentro de los centros urbanos. En Asia y América Latina, la mayoría de la población ya es urbana y todo el crecimiento demográfico futuro se producirá en estas zonas. Pero África subsahariana sigue siendo actualmente rural en aproximadamente un 59 %. Como en el resto del mundo, la gran demanda de empleo en África se produce en las zonas urbanas. Pero, a diferencia del resto del mundo, el continente africano sigue teniendo una población rural numerosa y creciente que hay que seguir teniendo en cuenta53.
La migración del campo a la ciudad en el continente ha traído cierta prosperidad económica a muchos africanos que abandonan la agricultura para buscar en las ciudades empleos formales, más estables y mejor remunerados. Pero no todos los que buscan esos empleos los han encontrado, y muchas ciudades africanas están saturadas y el coste de la vida se ha incrementado54.
Demografía y cambio climático
El cambio climático es quizá uno de los problemas más importantes al que se enfrenta la explosión demográfica en el continente africano. Las sociedades más vulnerables están más expuestas a sufrir las consecuencias socioeconómicas derivadas de desastres naturales como inundaciones, desplazamientos o deterioro ambiental. De esta manera, el cambio climático se convierte en una gran amenaza para una población con importantes niveles de pobreza y en constante crecimiento demográfico55.
Aunque el calentamiento global es un problema que afecta a todos los habitantes del planeta, se da la contradicción de que el continente que menos emisiones de gases de efecto invernadero produce puede ser uno de los más perjudicados.
Una de las consideraciones más apremiantes para los países africanos es cómo minimizar los futuros impactos medioambientales y, al mismo tiempo, satisfacer las necesidades de sus crecientes poblaciones. Una parte de los daños medioambientales suele derivarse de procesos de desarrollo económico que conducen a niveles de vida más elevados. Además, el crecimiento demográfico amplifica estas presiones medioambientales al aumentar la demanda económica total. Muchos de los países con poblaciones que crecerán rápidamente se consideran, en la actualidad, de renta baja. Estos países, que hasta ahora solo han sido responsables de una pequeña parte del consumo mundial de recursos materiales y de las emisiones de gases de efecto invernadero, previsiblemente aumentarán el consumo de energía en sus procesos de desarrollo económico56.
Se da la paradoja, además, de que, justo en el actual momento de consenso de implementar medidas destinadas a frenar el calentamiento global, se han comenzado a descubrir, durante la última década, nuevos yacimientos de petróleo y gas en diversos puntos de la geografía africana como Costa de Marfil, Namibia, Mozambique, Senegal o Etiopía. Ante esta nueva situación ventajosa, parece lógico que los gobiernos y pueblos africanos se nieguen a renunciar a la explotación de estos nuevos recursos por evitar así el aumento del calentamiento global. África solo es responsable del 4 % de las emisiones mundiales de carbono, a pesar de albergar alrededor del 20 % de la población del planeta. Para contextualizar este dilema, es oportuno también destacar que, por ejemplo, Nigeria, el principal exportador de petróleo del continente africano, no ha conseguido transformar los ingresos por el crudo en prosperidad económica y social relevante para el conjunto de los nigerianos. Entre los países de África subsahariana, hoy en día, solo Gabón ha conseguido traducir los beneficios obtenidos por el petróleo en prosperidad social, pasando a integrar el grupo de países de renta media-alta57.
Las dimensiones del problema del calentamiento global para el continente africano se evidencian, además, si lo que se analiza es la problemática de la seguridad alimentaria, intrínsecamente vinculada al calentamiento global. África es un continente agrícola, en el que alrededor de dos tercios de los puestos de trabajo están relacionados con actividades vinculadas a la agricultura.
Conclusiones
El crecimiento demográfico de África subsahariana cobrará en las próximas décadas gran relevancia y tendrá consecuencias tanto para el continente como para el resto del mundo. Independientemente de que la magnitud final del incremento poblacional coincida con las previsiones más elevadas o con las más moderadas, este repercutirá, en primer lugar, en la de vida de los propios africanos. Este impacto puede ser beneficioso si los Estados implementan las reformas adecuadas que hagan posible el advenimiento del dividendo demográfico.
Para amplificar y prolongar esta oportunidad se necesitan políticas económicas y sociales sólidas. En los países con poblaciones jóvenes, son necesarias inversiones sustanciales en educación, sanidad e infraestructuras, al tiempo que se llevan a cabo reformas para apoyar la creación de oportunidades de empleo e instituciones gubernamentales más transparentes y eficientes.
La riqueza de África subsahariana en minerales críticos ofrece la oportunidad de pasar de la mera exportación de materias primas al desarrollo de industrias de transformación para obtener un mayor valor añadido. Y precisamente el desarrollo industrial puede ser la principal palanca que accione el círculo virtuoso que genere el dividendo demográfico.
Un enfoque político regional en este ámbito que aproveche la diversidad de minerales, aúne recursos y propicie, además, economías de escala puede abordar el reto de la industrialización con mayor eficacia que los esfuerzos estatales aislados. Además, y no menos importante, el mencionado enfoque regional puede favorecer la recuperación de espacios de soberanía no solo económica, sino también de naturaleza política, arrebatados por los viejos y nuevos intereses de las grandes potencias en los recursos naturales del continente africano.
El crecimiento poblacional también repercutirá en otras regiones, principalmente en las vecinas Europa y Oriente Medio, debido a posibles presiones migratorias. Las repercusiones no serán necesariamente negativas, habida cuenta de la falta de recursos humanos en el ámbito laboral que aquejará principalmente a los países europeos estancados en un invierno demográfico. La migración ha beneficiado durante siglos a millones de personas en todo el mundo, proporcionando oportunidades y enriqueciendo la vida humana de las sociedades emisoras y receptoras.
Por último, hay que destacar el desafío que supone el calentamiento global para el continente, principalmente en el ámbito la seguridad alimentaria. Las sociedades africanas deberán alcanzar un óptimo equilibrio que compatibilice el necesario desarrollo industrial y el crecimiento socioeconómico con la mitigación de los efectos perniciosos del cambio climático.
Óscar Garrido Guijarro
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos
Doctor en paz y seguridad internacional
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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