
24 sept 2026
IEEE. La estrategia de Africa Corps y el colapso de la influencia de Occidente en el Sahel
Marta Molero Reina. Estudiante del Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos, UC3M
Introducción
El Sahel, que se extiende desde la costa de Senegal hasta Sudán, atraviesa una situación caracterizada por la fragilidad institucional, el colapso climático y, sobre todo, la inseguridad crónica. Esta región ha sustituido a Oriente Medio como nuevo epicentro mundial del terrorismo yihadista, con un porcentaje alarmante de víctimas de la violencia política en todo el mundo1.
Además, la retirada de Occidente de la región representa un «vacío de poder» que ha sido rápida y agresivamente ocupado por un nuevo actor: la Federación Rusa. Sin embargo, a diferencia de la Unión Soviética, que buscaba exportar la ideología comunista y un modelo de Estado socialista, la Rusia de Putin opera con una lógica radicalmente diferente.
Esta estrategia se plasma en la transición del Grupo Wagner a Africa Corps. Tras la muerte de Yevgeny Prigozhin, el Kremlin ha puesto sus fuerzas paramilitares bajo control estatal para ofrecer a las juntas militares precisamente lo que Occidente les negó: un «paquete de supervivencia del régimen»2.
El objetivo principal de este trabajo es analizar la eficacia y las implicaciones de este nuevo modelo de seguridad ruso, en contraste con el fallido modelo normativo europeo. Por último, pretende examinar cómo el Sahel se ha convertido en el laboratorio más avanzado del siglo XXI para la competencia entre grandes potencias, donde la seguridad se ha convertido en una mercancía y la soberanía, en una moneda de cambio.
Marco analítico
La reconfiguración del Sahel no es un hecho aislado, sino el reflejo de una lucha estratégica global que trasciende la guerra convencional. Para analizar la entrada de Rusia y la salida de Occidente, es necesario recurrir a dos conceptos fundamentales de la era moderna: la «guerra híbrida» y la «zona gris».
Según Frank Hoffman, la guerra híbrida trasciende la definición de conflicto regular e irregular, al combinar capacidades convencionales, tácticas insurgentes y terrorismo con el desorden criminal3. En el Sahel, esta modalidad de conflicto mezcla el conflicto armado con la guerra de información y la influencia política.
Rusia opera precisamente dentro de lo que se conoce como la «zona gris», un espacio intermedio en el espectro del conflicto cuyo objetivo es alterar el statu quo sin cruzar el umbral que desencadenaría una guerra abierta o una respuesta militar convencional masiva por parte de potencias rivales4.
La eficacia de la estrategia rusa ha dependido, en gran medida, del colapso de la arquitectura de seguridad liderada por Francia. La operación Barkhane, a pesar de sus éxitos tácticos en la neutralización del liderazgo yihadista, creó una desconexión total entre la acción militar y la construcción de la legitimidad política5.
Barkhane se convirtió en un ejemplo de cómo una fuerza militarmente superior puede ganar batallas, pero perder la guerra estratégica debido a la ausencia de una solución política viable y al creciente rechazo de la población local6.
Este fracaso generó un vacío de seguridad y de legitimidad que las juntas militares han llenado con una nueva retórica soberanista. Esta situación ha facilitado la entrada de actores que ofrecen protección al régimen sin las condiciones democráticas exigidas por la Unión Europea7.
El contexto local: las condiciones perfectas para la zona gris
Para que la estrategia de Africa Corps funcione, es esencial contar con actores locales receptivos y un entorno de amenaza constante.
El cambio de paradigma está siendo liderado por las juntas militares de Mali, Burkina Faso y Níger, ahora agrupadas en la Alianza de Estados del Sahel (AES). Estos regímenes han explotado el sentimiento antifrancés para legitimar sus golpes de Estado, presentando la ruptura con París como una recuperación de la soberanía nacional8.
Mapa 1. Mapa geopolítico que muestra la retirada de Mali, Níger y Burkina Faso de la CEDEAO para formar la Alianza de Estados del Sahel (AES).
Fuente: Agence France-Presse (AFP), «Mali, Níger y Burkina Faso abandonan la CEDEAO», 29 de enero de 2024.
La justificación definitiva para la presencia de mercenarios rusos es la incapacidad de los Estados del Sahel para contener la violencia. Grupos como el JNIM (afiliado a Al Qaeda) y el EIGS (afiliado al Estado Islámico) han evolucionado más allá del fanatismo religioso para convertirse en actores que controlan economías ilícitas. Estos grupos operan bajo la lógica del crimen organizado, en la que el control territorial busca asegurar las rutas del tráfico de drogas9.
Mapa 2. Mapa que ilustra la violencia, los golpes de Estado y la presencia militar extranjera en la región.
Fuente: Álvaro Merino, «El avispero del Sahel», El Orden Mundial (EOM). 2023. Basado en datos de ACLED.
La situación de seguridad ha seguido deteriorándose, con un aumento de la letalidad que pone de manifiesto las limitaciones de una respuesta puramente militar, ya sea francesa o rusa10. Este caos constituye el combustible que perpetúa la necesidad de ayuda externa.
La presencia rusa en el Sahel: del Grupo Wagner al Africa Corps
La nacionalización de la fuerza
La muerte de los líderes de Wagner obligó, entre otras cosas, al Kremlin a reestructurar su activo más valioso en política exterior. La respuesta institucional fue la creación de Africa Corps, una entidad que, a diferencia de su predecesora, opera bajo la supervisión directa del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa11.
Africa Corps busca legitimar la intervención ofreciendo una cooperación militar formalizada, alejándose de la reputación de Wagner como organización vinculada a actividades mercenarias descontroladas y manteniendo, al mismo tiempo, su flexibilidad operativa12.
El creador de esta transición fue el viceministro de Defensa, Yunus-Bek Yevkúrov. Semanas antes y después de la muerte de Prigozhin, Yevkurov llevó a cabo una intensa gira diplomática por Bamako, Uagadugú y Niamey.
Su objetivo era doble: en primer lugar, garantizar a las juntas militares de la Alianza de Estados del Sahel (AES) que los compromisos en materia de seguridad se mantendrían intactos tras la disolución de Wagner; y, en segundo lugar, establecer que el Ministerio de Defensa ruso sería el único interlocutor13.
Esta nacionalización ha permitido acuerdos más ambiciosos, como el despliegue de una base militar oficial en Burkina Faso14.
El papel de GRU y la guerra de la información
La doctrina rusa en el Sahel se caracteriza por una arquitectura híbrida en la que la acción militar está subordinada a la guerra de información. La coordinación de estas operaciones en la zona gris recae en el GRU (Servicio de Inteligencia Militar de Rusia), que integra las fuerzas armadas con operaciones psicológicas (PSYOP) para ganar la narrativa antes y durante el conflicto15.
Según un reciente informe técnico conjunto de los servicios de inteligencia europeos (VIGINUM, FCDO y EEAS), Rusia ha perfeccionado su aparato de influencia mediante la creación de nuevas estructuras. El ejemplo más claro es la agencia «African Initiative», creada a finales de 2023.
Esta organización se presenta públicamente como una agencia de prensa y una asociación de «diplomacia pública», pero actúa como un instrumento de influencia vinculado a los servicios de inteligencia rusos16.
Se ha identificado a African Initiative como responsable de orquestar campañas masivas de desinformación diseñadas para explotar el sentimiento antioccidental. Un caso clave fue la campaña en Burkina Faso, en la que se difundieron informaciones que atribuían a laboratorios occidentales la responsabilidad de brotes de dengue, con el objetivo de socavar la confianza de la población en los sistemas sanitarios occidentales17.
Además, estas redes también contribuyen a reconfigurar la memoria histórica. Utilizan una retórica de «neocolonialismo inverso», en la que Rusia se presenta como el único garante de la soberanía africana frente a una Francia «depredadora». Para ello, explotan los medios de comunicación locales (como Savane FM en Burkina Faso) y organizan eventos culturales a través de las denominadas «Casas Rusas»18.
El paquete de supervivencia del régimen
La oferta más persuasiva que Africa Corps presenta a las juntas militares del Sahel no es la victoria militar sobre el yihadismo, sino lo que los analistas han conceptualizado como el «paquete de supervivencia del régimen»19. Mientras que la ayuda europea estaba condicionada al restablecimiento del orden constitucional y al respeto de los derechos humanos, Rusia ofrece protección política y física incondicional a las élites gobernantes.
La prioridad operativa de Africa Corps en el Sahel ha pasado de la lucha contra el terrorismo en las zonas periféricas a la seguridad en las capitales. Las unidades de élite rusas actúan de facto como guardia personal de líderes como Ibrahim Traoré en Burkina Faso o Assimi Goïta en Mali20. Esta protección es vital para regímenes frágiles cuya principal amenaza existencial es la disidencia interna.
Además, este paquete incluye la exportación de tecnologías de vigilancia digital y el asesoramiento en materia de contrainsurgencia basado en una doctrina de fuerza bruta. La brutalidad no es un efecto secundario, sino una característica inherente del servicio21.
Financiando el modelo: la explotación de los recursos estratégicos
El despliegue de Africa Corps debe entenderse como una operación económica vital para la supervivencia financiera del Kremlin en tiempos de guerra. Sancionada por Occidente, Rusia utiliza el Sahel para captar divisas y activos opacos difíciles de rastrear.
El mecanismo central de esta estrategia es el intercambio de seguridad por recursos naturales. El Estado ruso ha perfeccionado un sistema de blanqueo de capitales a escala industrial. Desde febrero de 2022, Rusia ha extraído más de 2.500 millones de dólares en oro de los países africanos, utilizando rutas de contrabando que conectan las minas de Mali, Sudán y la República Centroafricana con los mercados de los Emiratos Árabes Unidos22.
En Mali, la dependencia del régimen es tal que se ha reformado la legislación minera para favorecer los intereses rusos y las tropas de Africa Corps han asegurado el control físico de yacimientos clave (como la mina de Intahaka)23.
Este modelo depredador tiene un doble efecto estratégico. Por un lado, permite a Moscú mitigar el impacto de las sanciones occidentales acumulando lingotes de oro fuera del sistema bancario SWIFT. Por otro, priva a los Estados del Sahel de ingresos fiscales para su propio desarrollo, atrapándolos en un ciclo de deuda del que difícilmente pueden escapar24.
Además del oro, el control de Níger abre la puerta al uranio, un recurso estratégico para la seguridad energética de la Unión Europea. Aunque la extracción directa de uranio es más compleja que la minería de oro, el mero control de las zonas de producción da a Rusia influencia geopolítica sobre el flanco sur de Europa25.
Análisis comparativo: modelo ruso y occidental
El Sahel se ha convertido en el escenario de una colisión entre dos visiones opuestas de la seguridad: el enfoque normativo y condicional de Occidente frente al enfoque pretoriano y transaccional de Rusia.
El fracaso regulador de Occidente
El colapso de la influencia occidental puede explicarse por la incapacidad de conciliar los objetivos de seguridad con las exigencias políticas. Francia (Operación Barkhane), la Unión Europea (EUTM/EUCAP) y la MINUSMA (Naciones Unidas) actuaron bajo la premisa de que no puede haber seguridad sin desarrollo y legitimidad democrática.
Sin embargo, esta condicionalidad democrática se convirtió en un obstáculo. Para las juntas militares, las exigencias de Occidente y la presencia de los casos azules se percibieron como una amenaza directa a su soberanía, lo que precipitó la expulsión de la misión de la ONU en 2023 tras la presión del Gobierno de Mali26. Las misiones europeas se vieron envueltas en una paradoja: intentaban crear ejércitos estatales en países donde gran parte de la población percibía al propio Estado como un actor ausente o depredador27.
El fracaso de Occidente culminó con la retirada total de Estados Unidos de Níger, que se completó el 5 de agosto de 2024 con la entrega de la base aérea 201 en Agadez. Esta instalación era el centro de inteligencia de drones en el Sahel28. La llegada de instructores rusos y sistemas de defensa aéreos al aeropuerto de Niamey, donde operaban los estadounidenses, precipitó una salida humillante que deja a Occidente ciego en términos de inteligencia en la región.
Mapa 3. La geopolítica del Sahel: convergencia de la inseguridad, rutas migratorias y la sustitución de las fuerzas francesas por mercenarios rusos (Africa Corps).
Fuente: El Orden Mundial (EOM) y Casa África, «La geopolítica del Sahel», 2024.
El modelo ruso: pragmatismo «sin preguntas»
La estrategia del Kremlin se basa en un realismo ofensivo que prioriza la estabilidad del régimen cliente por encima de cualquier consideración ética. La oferta de Rusia es clara: suministro de armas y protección directa a las juntas, sin exigir ningún cambio político.
Sin embargo, este modelo tiene un coste humano devastador. La llegada de los paramilitares rusos ha coincidido con un aumento exponencial de la violencia contra la población civil29.
Resultados en materia de seguridad: la paradoja de la violencia
Al comparar los resultados sobre el terreno, los datos llevan a una conclusión: Rusia no está pacificando el Sahel, sino incendiándolo. Según datos del Blood Gold Report y ACLED, las muertes violentas en Mali y Burkina Faso se han disparado desde la salida de Francia y la llegada de Rusia. La violencia indiscriminada de los mercenarios ha empujado a comunidades enteras a los brazos de los grupos yihadistas como mecanismo de autodefensa, lo que, paradójicamente, ha fortalecido al JNIM y al EIGS30.
Gráfico 1. Muertes relacionadas con islamistas militantes en el Sahel (2015-2024).
Fuente: Africa Center for Strategic Studies, «Militant Islamist Groups in Africa Sustain High Pace of Lethality”, 18 de febrero de 2025. Basado en datos de Armed Conflict Location and Event Data Project.
A pesar de la propaganda de AES sobre la reconquista del territorio, el control efectivo del Estado se ha reducido a las capitales y los principales ejes. Las zonas rurales y las áreas mineras periféricas se han convertido en espacios de batalla abierta, donde la seguridad se privatiza para proteger el oro, no a las personas.
Se puede afirmar que el cambio de modelo ha supuesto una transición de una seguridad ineficaz, pero regulada (modelo occidental) a una inseguridad depredadora y desregulada (modelo ruso).
Implicaciones para Europa
La consolidación de Africa Corps en el Sahel es una transformación estructural de la arquitectura de seguridad de la OTAN y del flanco sur de la Unión Europea. La región se ha convertido en una zona utilizada por Rusia desde la que proyectar su poder hacia el Mediterráneo. Mientras tanto, China está consolidando su posición económica con una estrategia de seguridad paralela.
Amenaza para Europa: la militarización de los flujos migratorios
La teoría de la zona gris sugiere que los actores revisionistas, como Rusia, utilizan recursos no militares para ejercer coacción sobre otros países. En este contexto, la presencia de Rusia en Níger y Mali proporciona a Moscú lo que los analistas denominan «la llave del grifo migratorio».
La ruta del Mediterráneo central, que conecta Agadez con las costas de Libia e Italia, es el punto de entrada más crítico para la inmigración irregular en Europa. Al controlar los nodos de seguridad en el norte de Níger, Rusia obtiene la capacidad de utilizar la migración como arma en una guerra híbrida.
Las políticas de la UE se han centrado en la contención de la migración mediante la financiación de actores locales31. Ahora que estos actores responden ante Moscú, el Kremlin tiene el potencial de desestabilizar o relajar los controles fronterizos para aumentar la presión política sobre Bruselas.
El eje Sahel-Libia: la conexión logística con el Mediterráneo
Quizás la implicación militar más grave para la OTAN sea la creación de un corredor logístico ininterrumpido que conecte el África subsahariana con el Mediterráneo. Africa Corps se apoya en la infraestructura militar que Rusia ya posee en el este de Libia32.
Las bases aéreas en Libia sirven ahora como centro logístico de retaguardia para las operaciones en el Sahel. Esto permite a Rusia trasladar tropas, oro y equipo desde Bamako u Uagadugú hasta el Mediterráneo sin pasar por el espacio aéreo controlado por Occidente.
La reciente apertura de una base rusa en Burkina Faso confirma el deseo de consolidar este «eje vertical» que divide África en dos y sitúa los activos militares rusos a unos cientos de kilómetros de las fronteras de la OTAN33.
Mapa 4. Presencia de los Africa Corps en el Sahel y rutas migratorias hasta Europa.
Fuente: Ignacio Montes de Oca, «Africa Corps: Putin avanza en el continente africano y solo Ucrania se le opone», Pucará Defensa. 9 de mayo de 2024.
Competencia global: el modelo chino de seguridad con características propias
Mientras Rusia actúa como «perturbador de la seguridad» a través de Africa Corps, China mantiene un perfil de silencio estratégico, pero no de inacción. Pekín observa con interés cómo Rusia erosiona el orden liberal occidental, aprovechando el vacío para penetrar económicamente.
Sin embargo, análisis recientes refutan la idea de que China se limite a solo financiar o crear infraestructura civil. China se ha consolidado como un proveedor clave de armas ligeras y tecnología de vigilancia para las juntas del Sahel, compitiendo en el mercado de la defensa con una oferta de armas sin interferencia política34.
Además, ante el deterioro de la seguridad, China está aumentando el despliegue de sus propias empresas de seguridad privada (PSC). A diferencia del Grupo Wagner o Africa Corps, que luchan en primera línea y apoyan a los regímenes, las PSC chinas se centran exclusivamente en proteger las inversiones de la Nueva Ruta de la Seda (minas, oleoductos y obras civiles35).
Sin embargo, ¿China representa una oportunidad genuina para el desarrollo o una nueva forma de neocolonialismo? Aunque Pekín se beneficia de no tener un pasado colonial en la región y comparte una narrativa de «hermandad», el control chino sobre infraestructuras críticas y recursos estratégicos crea una dependencia estructural. El modelo chino condiciona el futuro económico de estos Estados, provocando una pérdida de facto de soberanía sobre sus propios recursos nacionales36.
El Sahel podría estar cambiando la tutela de Rusia en materia de seguridad por la tutela de China en materia económica, atrapado en una red de interdependencia asimétrica en la que la autonomía real de las juntas militares es cada vez más ilusoria.
Mapa 5. Distribución de casi 90 proyectos de energía limpia acordados entre China y países africanos (2021-2024).
Fuente: Carbon Brief, basado en datos de Development Reimagined China Africa Climate Action Tracker (2024).
Conclusiones
En conclusión, la transición del Grupo Wagner a Africa Corps muestra que el modelo de «seguridad sin condiciones» ha desplazado al modelo normativo occidental, consolidando un sistema en el que la protección del régimen se intercambia directamente por recursos estratégicos que poseen los Estados africanos.
Una de las conclusiones más alarmantes de este análisis es la irrelevancia operativa y política en la que ha caído Europa en su propia frontera sur. La Unión Europea ha pasado de ser el actor hegemónico a convertirse en un mero espectador pasivo en la región. Este vacío supone una amenaza directa para su seguridad. Al perder su capacidad de acción en el Sahel, el Mediterráneo se convierte en una frontera mucho más vulnerable e impredecible para Europa.
Este vacío ha sido ocupado por su competidor estratégico, Rusia, a través de Africa Corps. La seguridad que Africa Corps ofrece a las élites golpistas se financia mediante la concesión directa de minas de oro, lo cual ha permitido al Kremlin extraer miles de millones de dólares para eludir las sanciones internacionales, empobreciendo aún más a los Estados locales.
No solo tiene el control de recursos estratégicos, sino que también controla los flujos migratorios hacia el sur de Europa.
Sin embargo, el modelo ruso no es perfecto y muestra signos de fatiga e inestabilidad. Esto sugiere que el Sahel se encamina hacia un escenario de fragmentación prolongada. Mientras tanto, actores como China ocupan silenciosamente el espacio económico con infraestructuras, aprovechando el vacío dejado por Occidente.
Marta Molero Reina
Estudiante del Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos, UC3M
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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La estrategia de Africa Corps y el colapso de la influencia de Occidente en el Sahel (0,5 MB)
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The Africa Corps strategy and the collapse of Western influence in the Sahel (0,5 MB)
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