IEEE. La estrategia de la Administración Trump frente a la inestabilidad global: implicaciones geopolíticas y marítimas

Mapa de América del Norte titulado 'Technate of America', resaltando en color rojo el territorio desde el norte de América hasta el Caribe, flanqueado por bandas azules con estrellas blancas

19 jun 2026

IEEE. La estrategia de la Administración Trump frente a la inestabilidad global: implicaciones geopolíticas y marítimas

Juan Carlos Martín Torrijos. Coronel (ret.) CGEA/DEM. Profesor de ISEN Centro Universitario (Cartagena)

Introducción

El entorno estratégico internacional actual se caracteriza por la convergencia de conflictos regionales, rivalidades entre grandes potencias y la proliferación de actores no estatales. En este contexto, la Administración estadounidense ha adoptado un enfoque que amplía el concepto de amenaza, integrando el terrorismo, el crimen organizado y la competencia interestatal1.

Esta estrategia implica una actuación simultánea en múltiples teatros, con especial atención a los espacios marítimos críticos y a los flujos energéticos globales2.

Más allá de las visiones estratégicas anteriores, la Administración Trump está abordando un nuevo enfoque que intenta establecer que, hoy por hoy, Estados Unidos es la única potencia con capacidad de influencia global en un amplio espectro de campos (multidominio), desde el ámbito de la seguridad, hasta el económico.

Este planteamiento pretende hacer frente a China, Rusia e incluso a la Unión Europea como potenciales rivales globales y/o sectoriales, en una actuación que no es, ni mucho menos, improvisada ni deslavazada, sino que obedece a una estrategia diseñada por Trump y su equipo.

Marco doctrinal
La amenaza híbrida global

La estrategia global estadounidense se sustenta en una concepción ampliada de la amenaza, que engloba a Estados revisionistas, organizaciones terroristas, redes criminales transnacionales y actores híbridos.

En este contexto, Irán se configura como el principal adversario estratégico, mientras que Cuba y Venezuela representan focos de inestabilidad en el hemisferio occidental.

Desde una perspectiva doctrinal, esta aproximación se alinea parcialmente con los conceptos de competencia estratégica entre grandes potencias y seguridad cooperativa, aunque introduce un mayor énfasis en la acción unilateral y en la coerción y «resucita» un concepto que tiene su origen en la doctrina Monroe, sobre «seguridad hemisférica».

De hecho, la historia demuestra que Estados Unidos se ha movido entre el aislacionismo y el intervencionismo, siempre movido por imperativos geopolíticos. Washington plantea reforzar su presencia en el Indopacífico para marcar allí de cerca a China; se concentra también en el continente americano, pero no se atrinchera tras sus fronteras, sino que confirma su voluntad de injerencia en el entorno hemisférico más próximo.

Lo diferente, tal vez, sea la personalidad de Donald Trump, que no es un político «al uso» y que, ciertamente, acentúa y da mayor dramatismo a algunas de esas dinámicas.

Una doctrina que revive cada siglo: 1823, 1904, 2025

Para muchos analistas, Trump está resucitando la doctrina Monroe, que surgió en los inicios del siglo XIX, pero que no ha sido el único —ni tal vez el último— que la ha «resucitado».

La doctrina Monroe respondía a una necesidad real de Estados Unidos —la ausencia de amenazas en su área geográfica—, lo que explica su pervivencia, con acentos diversos en cada momento. Lleva el nombre del quinto presidente del país, James Monroe (1817-1825), aunque fue formulada por John Quincy Adams, quien era su secretario de Estado y le sucedió en la presidencia (1825-1829).

Posteriormente, en 1904, el presidente Roosevelt introdujo un corolario, que lleva su nombre: «América para los americanos», o América (entendida como todo el continente) para los estadounidenses.

Lo que originalmente había sido más bien un planteamiento defensivo de la naciente federación de las trece colonias frente a las metrópolis europeas pasó ahora a una actitud ofensiva, propia de una potencia que comenzaba a exigir un lugar en el mundo, como advertía la Gran Flota Blanca, que Roosevelt puso en el océano en 1907, y con la cual EE.UU. comenzaba a mirar más allá de sus costas.

La vuelta de Trump a la Casa Blanca en 2025 ha marcado un retorno a la doctrina Monroe, ya no centrada en la amenaza colonial o expansionista europea de los siglos XIX y XX, sino, principalmente, en la expansión de China.

El recobrado interés de la Administración Trump por el hemisferio occidental fue denominado en un primer momento por los analistas como «doctrina Monroe 2.0» y luego como «doctrina Donroe», en un juego de palabras que Donald Trump ha hecho suyo.

De todos modos, los documentos oficiales la han presentado, acertadamente, como el «corolario Trump de la doctrina Monroe». Así consta en la Estrategia de Seguridad Nacional, de noviembre de 2025, y en la concreción que de esta ha hecho el Pentágono en su Estrategia de Defensa Nacional, de enero de 2026.

El texto del Pentágono, ahora rebautizado como Departamento de Guerra, señala que Trump comenzó su segundo mandato en «uno de los entornos de seguridad más peligrosos» de la historia de Estados Unidos.

En el frente nacional, «las fronteras estadounidenses estaban desbordadas, los narcoterroristas y otros enemigos se habían vuelto más poderosos en todo el hemisferio occidental y el acceso de Estados Unidos a territorios clave como el canal de Panamá y Groenlandia estaba cada vez más en duda».

Aunque la mención al canal de Panamá y a Groenlandia ya había estado en boca de la Administración Trump, su aparición en este documento oficial es significativa, especialmente en lo que se refiere a la gran isla del círculo ártico, pues queda formalmente incluida en el perímetro del hemisferio occidental y se ve así afectada por la nueva versión de la doctrina Monroe.

Ciertamente, Groenlandia siempre ha formado parte del hemisferio, pero nunca ha sido vista como una porción de la América, ni nos viene a la mente su silueta cuando pensamos en Norteamérica.

En el nuevo orden mundial, Washington quiere garantizarse los recursos naturales de su hemisferio (y, desde luego, impedir el acceso a ellos a otros contendientes internacionales). Con las cadenas de suministros interoceánicas cuestionadas, a EE.UU. le interesa preservar las que le unen con su entorno geográfico, donde tiene posibilidades de offshoring gracias a una mano de obra más barata.

La novedad respecto a la doctrina Monroe de los dos siglos anteriores no reside tanto en ese aprovechamiento económico como en presentar, por un lado, el vecindario mismo como amenaza directa (inmigración ilegal, narcotráfico, crimen organizado y narcoterrorismo), lo cual sustenta los argumentos para justificar incluso una acción militar en ese entorno geográfico.

Por otro lado, se produce una extensión del ámbito territorial de aplicación de la doctrina, que incluye Groenlandia y, por tanto, incorpora también a Canadá.

Irán y el control de los choke points energéticos

Los choke points, o puntos de estrangulamiento, son estrechos pasajes marítimos que conectan dos grandes masas de agua y resultan críticos para el comercio internacional, ya que el tránsito se concentra forzosamente. Además, su configuración espacial limitada permite controlar rutas de transporte con recursos mínimos.

En este sentido, Irán desempeña un papel central debido a su influencia sobre el estrecho de Ormuz, ya que el control de este paso marítimo es esencial para la estabilidad del comercio energético global3.

Es por ello, que el inicio de la guerra abierta entre Estados Unidos e Irán, a finales de febrero de 2026, está marcando una escalada significativa en las tensiones en Oriente Medio.

Bombardeos masivos ejecutados conjuntamente por EE.UU. e Israel dieron comienzo a la campaña el 28 de febrero, culminando en la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei.

La operación inauguró un escenario en el que, según analistas, Estados Unidos e Israel poseen «control aéreo total» sobre Irán, alterando la correlación de fuerzas en la región, sin olvidar que Irán dispone de una gran capacidad de proyección regional y de una red de actores proxy, lo que lo convierte en un actor especialmente sensible para el equilibrio geopolítico mundial.

Los cuatro objetivos estratégicos de Trump

En una declaración oficial, Trump presentó públicamente los cuatro objetivos que guían la ofensiva militar contra Irán.

El primero es la «destrucción de las capacidades balísticas iraníes», mediante la neutralización de uno de los pilares de la estrategia defensiva de Irán: su vasto programa de misiles de medio y largo alcance que, en los últimos días —en la fecha que se escribe este trabajo— afirma haber alcanzado.

El segundo objetivo lo ha establecido en la «aniquilación de la Armada iraní». La presencia naval iraní en el golfo Pérsico y en el estrecho de Ormuz es considerada una amenaza directa para la seguridad energética global. Trump afirmó que su campaña apunta a destruirla para asegurar la libertad de navegación.

En tercer lugar, pretende «impedir que Irán obtenga un arma nuclear»: la Casa Blanca sostiene que Teherán debe quedar imposibilitado de producir o adquirir capacidades nucleares militares.

Finalmente, busca «contener a los grupos armados aliados de Irán»: la ofensiva busca frenar la influencia iraní en la región, especialmente sobre milicias en el Líbano, Siria, Irak y Yemen.

Una coalición improbable y el dilema de Ormuz

Trump ha presionado a sus aliados europeos y asiáticos para formar una coalición militar que reabra el estrecho de Ormuz, bloqueado de facto por Teherán. Sin embargo, en un primer momento, tanto la Unión Europea como la OTAN han rechazado participar, considerando el operativo demasiado arriesgado.

Sin embargo, a la fecha en la que se escriben estas palabras, parece que el llamamiento estadounidense está dando frutos parciales. Así, el pasado día 20 de marzo, una quincena de países se han sumado a Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón, que ya habían anunciado su predisposición a colaborar.

Estos Estados han manifestado su disposición a «contribuir a los esfuerzos» para garantizar el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz, en plena polémica por la negativa de algunos de ellos a sumarse a la misión naval propuesta por el presidente estadounidense, Donald Trump.

El detonante del cambio puede encontrarse en los recientes ataques de Irán contra buques comerciales desarmados en el golfo, por lo que, a esos países, se han unido Canadá, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Dinamarca, Letonia, Eslovenia, Estonia, Noruega, Suecia, Finlandia, República Checa, Rumanía, Baréin y Lituania.

Por su parte, Estados Unidos ha pasado a la ofensiva total para reabrir el estrecho de Ormuz. Tras tres semanas de conflicto, Washington ha movilizado a 5.000 marines y buques de asalto para neutralizar las defensas de Teherán y evitar un colapso económico global, después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sugiriera la necesidad de algún tipo de operación terrestre.

¿Por qué es tan importante este paso?

El estrecho es el cuello de botella de la energía mundial. Por sus aguas circula el 20% del petróleo y del gas del mundo, además de gran parte del helio y de los fertilizantes globales, e Irán ha logrado cerrarlo mediante el uso de minas, drones y misiles, lo que ha disparado los precios y amenaza con una crisis financiera internacional sin precedentes.

Otra posible opción sería tomar la isla estratégica de Jarg, principal terminal petrolera de Irán y un importante núcleo militar del país.

Riesgos estratégicos: cambio de régimen y escalada regional

Análisis independientes advierten que Trump ha emprendido la mayor apuesta en política exterior de su presidencia y, para ello, ha establecido públicamente el objetivo de cambio de régimen en Teherán. Ello ocurre pese a que el poder aéreo nunca ha logrado este tipo de transformaciones por sí solo, sin el apoyo de fuerzas terrestres.

No obstante, ello implica que existe un riesgo de que la guerra se convierta en una conflagración regional, dada la influencia iraní en numerosos países y en grupos armados del entorno.

Finalmente, la operación emprendida supera el enfoque de «golpes limitados» aplicado en otros escenarios, como el de Venezuela, y abre la puerta a un conflicto de mayor duración.

Implicaciones marítimas

El enfrentamiento con Irán tiene una dimensión marítima, con varios aspectos críticos, como el control del estrecho de Ormuz, objetivo declarado de EE. UU. para restablecer la libertad de navegación, lo que podría requerir tanto un despliegue ampliado de grupos navales de combate como operaciones de despeje contra minas y embarcaciones rápidas iraníes, así como llevar a cabo patrullas multinacionales (si finalmente se da esa colaboración).

Otra implicación reside en la vulnerabilidad del tráfico energético marítimo: cualquier incidente en Ormuz incrementa el coste de los seguros marítimos, los riesgos de interdicción de buques civiles y la posibilidad de represalias iraníes sobre navíos aliados o infraestructuras portuarias regionales.

Todo ello tiene una gran relevancia para la defensa marítima aliada.

En concreto, y por lo que respecta a las marinas de guerra europeas, este escenario exige una vigilancia reforzada sobre la proyección de fuerzas estadounidenses, la evaluación de posibles efectos indirectos sobre las rutas energéticas hacia Europa y una monitorización de la reacción iraní en teatros secundarios como el mar Rojo o el Mediterráneo.

Oriente Medio: núcleo de la confrontación estratégica
Israel y Gaza

El apoyo a Israel se mantiene como un elemento estructural, y las operaciones en Gaza se integran en una estrategia de contención del eje iraní.

La política de Estados Unidos hacia Gaza en los últimos años (2025-2026) ha estado marcada por tres pilares principales: el respaldo militar y diplomático a Israel, el liderazgo directo en planes de tregua y reconstrucción y el uso del poder de veto y de la presión internacional en foros multilaterales.

En lo que respecta al apoyo militar y diplomático continuo a Israel, Estados Unidos ha sido su principal aliado, especialmente en su guerra en Gaza, proporcionando respaldo diplomático pleno, armamento y un apoyo militar significativo, así como efectuando declaraciones públicas en las que apoya el «derecho de Israel a defenderse».

Este apoyo ha sido clave para sostener la ofensiva israelí, que ha provocado una grave crisis humanitaria y acusaciones internacionales de genocidio.

Con su veto frecuente en el Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos ha bloqueado repetidamente resoluciones que pedían un «alto el fuego» inmediato, liberación de rehenes y el acceso humanitario sin restricciones.

En septiembre de 2025, EE.UU. vetó por sexta vez una resolución que pedía el cese de fuego en Gaza, a pesar del apoyo de los otros catorce miembros del Consejo.

Además, desde 2025, Estados Unidos —bajo la Administración de Donald Trump— ha diseñado e impulsado planes para reorganizar y gobernar Gaza tras la guerra.

En primer lugar, está el denominado «plan integral de paz para Gaza», adoptado por el Consejo de Seguridad en noviembre de 2025, que incluye el cese de hostilidades, el retorno de rehenes, la desmilitarización de Gaza, el establecimiento de una «fuerza internacional de estabilización».

Asimismo, contempla la creación de un Gobierno transitorio administrado por tecnócratas palestinos bajo supervisión internacional y un gran programa de reconstrucción.

Para ello, se creó una estructura aceptada por la ONU, en la que Donald Trump preside un Board of Peace, un organismo internacional encargado de gobernar y reconstruir Gaza.

Asimismo, se creó el National Committee for the Administration of Gaza (NCAG), liderado por tecnócratas, con una fuerte supervisión estadounidense, y se estableció un plan de reconstrucción al estilo de «megaproyecto», que prevé transformar Gaza en un espacio urbanístico totalmente nuevo, con torres residenciales, centros tecnológicos, complejos turísticos y una infraestructura diseñada desde cero, que incluye un gran puerto y un aeropuerto.

El proyecto, parte de la agenda de reconstrucción promovida por la Administración Trump, está condicionado a que se establezcan condicones de seguridad y desmilitarización en la zona y requeriría inversiones de al menos 25.000 millones de dólares.

Aunque Jared Kushner defiende que puede construirse en pocos años, organismos internacionales advierten que la devastación actual hace prever un proceso mucho más largo y complejo.

Estados Unidos también ha impulsado negociaciones para mantener el alto el fuego, gestionar el cumplimiento del plan de paz y contener los ataques y, de este modo, evitar la ruptura de la tregua.

Líbano: proyección indirecta del conflicto

En el Líbano, la presencia de Hezbolá configura un frente potencial de escalada. Su vinculación con Irán lo convierte en un actor clave en la dinámica regional4.

Estados Unidos considera que el alto el fuego alcanzado en 2024 en el Líbano no ha funcionado, y aunque busca emplear su influencia diplomática para estabilizar la región, afirma que no puede obligar a Israel a modificar su postura frente a los bombardeos. Además, Washington mantiene su posición de que Hezbolá es una organización terrorista y respalda que el control de las armas recaiga únicamente en el Estado libanés.

Paralelamente, debido al deterioro de la seguridad provocado por la escalada entre Irán e Israel, EE.UU. ha ordenado evacuar a parte de su personal no esencial en el Líbano, alertando sobre la volatilidad regional y pidiendo a sus ciudadanos extremar precauciones.

El mar Rojo y el Bab el-Mandeb

En 2026, la tensión en el mar Rojo y, especialmente, en el estrecho de Bab el Mandeb, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, ha aumentado significativamente debido a la escalada del conflicto en Oriente Medio.

En la actualidad, en esa zona se producen constantes amenazas de cierre por parte de los hutíes (Yemen). Estos rebeldes, aliados de Irán, han advertido de que cerrarán el estecho de Bab el Mandeb como represalia por los ataques de EE.UU. e Israel en la región.

Asimismo, afirman que atacarán buques de países que participen en ofensivas contra Irán, Líbano, Palestina o Irak. Un eventual cierre tendría un enorme impacto en la economía global, al bloquear una ruta esencial para el comercio entre Asia y Europa.

Por su parte, Irán insinúa extender el conflicto al estrecho: Irán ha dejado entrever que podría ampliar la crisis marítima al estrecho de Bab el Mandeb, utilizando a los hutíes como instrumento para presionar a EE.UU. e Israel sin comprometer directamente a sus fuerzas.

Esto convertiría el estrecho en un «segundo Ormuz», capaz de golpear gravemente la navegación internacional.

También se vienen registrando ataques y bloqueos contra buques vinculados a Israel: desde 2025, las fuerzas hutíes han ampliado sus operaciones, atacando barcos vinculados a Israel como parte de un bloqueo marítimo.

Consideran «objetivo legítimo» a cualquier compañía naviera que mantenga relaciones comerciales con puertos israelíes.

Todo ello tiene un impacto global sobre el comercio: el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, como rutas críticas; por ellas circula alrededor del 10 al 12% del comercio marítimo mundial, así como unos 8,8 millones de barriles de petróleo diarios.

Un bloqueo obligaría a desviar buques por el cabo de Buena Esperanza, añadiendo unos diez días de viaje y aumentando drásticamente los costes logísticos.

Enfoque doctrinal: guerra híbrida y multidominio

Los conflictos en Gaza y en el Líbano reflejan una evolución hacia formas de guerra híbrida, en las que se dan tanto una combinación de medios convencionales e irregulares como el uso de la información y la propaganda, así como la integración de los dominios terrestre, marítimo y aéreo.

Este modelo plantea desafíos significativos para las fuerzas armadas convencionales y, en nuestro entorno, la evolución de estos conflictos afecta directamente a la OTAN y a la Unión Europea.

Para Europa, las principales implicaciones afectan a la seguridad energética, al control de flujos migratorios y a la estabilidad del Mediterráneo.

Para España, las consecuencias son particularmente relevantes.

En primer lugar, destaca la proximidad geográfica, que refuerza la importancia del Mediterráneo como espacio estratégico prioritario.

En segundo lugar, la Armada española desempeña un papel clave en operaciones de seguridad marítima y presencia naval en el Mediterráneo, así como en su participación en misiones internacionales

En tercer lugar, la necesidad de interoperabilidad con los aliados exige mantener capacidades navales avanzadas, flexibles y adaptadas a escenarios híbridos.

La seguridad hemisférica
Visión general

La seguridad hemisférica ha resurgido como una de las prioridades estratégicas más importantes para Estados Unidos en 2026. Tras años en los que América Latina ocupaba un lugar secundario en la agenda de Washington, la llegada de nuevas amenazas —desde el crimen organizado transnacional hasta la expansión geopolítica de China— ha impulsado a la Casa Blanca a rediseñar su aproximación hacia el hemisferio occidental. El resultado es una combinación de doctrina militar renovada, alianzas selectivas y una reconfiguración de los mecanismos de cooperación regional.

Uno de los pilares de esta nueva arquitectura es Shield of the Americas, una coalición de seguridad anunciada el 7 de marzo de 2026 y que reúne a diecisiete países bajo un esquema de cooperación en inteligencia, seguridad pública y capacidades militares. Aunque presentada como una iniciativa contra los cárteles, su alcance es mucho más amplio: constituye la reconfiguración más profunda del sistema de seguridad regional desde el fin de la Guerra Fría, integrando herramientas policiales, regulatorias y potencialmente militares contra redes criminales transnacionales. La estrategia también busca contrarrestar la creciente influencia china en puertos, telecomunicaciones y corredores logísticos del continente, ámbitos donde convergen intereses ilícitos y geopolíticos5.

Este nuevo paradigma está vinculado a la llamada «disuasión integrada», una doctrina que fusiona las capacidades tecnológicas, cibernéticas y militares de EE.UU. con socios cuidadosamente seleccionados según criterios de congruencia política.

La Cumbre de Miami marcó el fin de la cooperación multilateral incluyente y la consolidación de un sistema de seguridad basado en nodos de poder alineados con Washington. El incremento del 15% en el presupuesto de asistencia militar para países interoperables con el Comando Sur evidencia esta selectividad estratégica, que premia la lealtad política con acceso a tecnologías y capacidades antes inaccesibles6.

Este giro se enmarca en un proceso más amplio: el regreso estratégico de Estados Unidos al hemisferio. En línea con la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, Washington afirma que su prosperidad y seguridad dependen de mantener una posición preeminente en la región. La creciente presencia de China en sectores estratégicos de América Latina ha funcionado como catalizador de este reposicionamiento. La captura del dictador venezolano en enero de 2026, en una operación directa del Gobierno estadounidense, simboliza este nuevo enfoque más intervencionista7.

A nivel doctrinal, la Estrategia de Defensa Nacional 2026 del Pentágono sitúa a América Latina en el centro de su enfoque, priorizando la defensa del territorio estadounidense y del hemisferio occidental. Este documento plantea que los aliados regionales deben asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa, mientras EE.UU. concentra sus esfuerzos en la disuasión de China y en la seguridad fronteriza, vinculando la migración, el crimen organizado y las amenazas transnacionales.

El enfoque es descrito como un «corolario Trump» a la doctrina Monroe, reafirmando el hemisferio como zona estratégica exclusiva de EE.UU.

Venezuela: transición y oportunidad estratégica

La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha experimentado transformaciones profundas durante los primeros meses de 2026, redefiniendo por completo un vínculo marcado durante años por la confrontación.

El punto de inflexión fue la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, un hecho que desencadenó un reordenamiento político interno en Caracas y reconfiguró la forma en que Washington evalúa la amenaza venezolana.

Tras este hecho, Estados Unidos reclasificó al país sudamericano como una «amenaza menor», según el Informe Anual de Evaluación de Amenazas 2026 de la Oficina del director de Inteligencia Nacional.

El nuevo Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez ha mostrado señales de apertura y cooperación con Washington.

Entre las medidas más destacadas se encuentran la liberación de algunos presos políticos bajo un programa de amnistía y la intención declarada de abrir la economía venezolana, particularmente en el sector energético, con el objetivo de reactivar la producción de petróleo y gas.

Esto ha facilitado que Estados Unidos flexibilice algunas sanciones sobre sectores estratégicos, permitiendo a Venezuela retomar parte de su actividad en mercados internacionales8.

A nivel diplomático, ambos países restablecieron relaciones formales el 5 de marzo de 2026, tras siete años de ruptura. El acuerdo incluye la reapertura de embajadas y un marco de cooperación condicionado a reformas políticas y a garantías democráticas por parte de Caracas. Este restablecimiento marca un cambio notable en la política hemisférica, al reinsertar a Venezuela en la esfera diplomática estadounidense.

Sin embargo, pese a estos avances, Washington advierte que Venezuela sigue enfrentando focos de volatilidad interna, ligados al crimen organizado, a la inestabilidad política y a la influencia de actores externos como China, Rusia e Irán, cuyos intereses podrían competir con los estadounidenses en la región.

El país se convierte en un elemento clave dentro de la seguridad energética hemisférica9.

Cuba: presión y cambio político potencial

La política de Estados Unidos hacia Cuba en 2026 está marcada por una combinación de máxima presión, cerco energético, amenazas directas de cambio de régimen y negociaciones discretas que mantienen un clima de incertidumbre estratégica.

Máxima presión y cerco energético: desde finales de enero de 2026, la Administración Trump ha reforzado un cerco petrolero que ha dejado a Cuba sin combustible durante semanas.

Washington declaró una «emergencia nacional» respecto a Cuba y autorizó aranceles contra cualquier país que suministre petróleo a la isla, lo que llevó a México a suspender sus envíos. Esto ha provocado apagones masivos, racionamiento de gasolina, paralización del transporte y la reducción de servicios básicos en Cuba10.

Cuba como «amenaza excepcional»: el Gobierno estadounidense considera a Cuba una «amenaza excepcional» debido a sus vínculos con Rusia, China e Irán, lo que refuerza la presión política y económica sobre La Habana.

Trump ha sugerido de forma explícita que una eventual renovación de la política hacia Cuba implicaría influir directamente en su futuro político, incluso mediante insinuaciones sobre posibles acciones militares.

Amenazas de intervención o «toma» de la isla: en varias declaraciones públicas, el presidente Trump ha dicho que podría «tomar Cuba» o «liberarla», afirmando que tiene derecho a hacer «lo que quiera» con la isla. Estas declaraciones se dan en un contexto en el que EE.UU. ya ha ejecutado acciones militares directas en la región (como la captura de Maduro).

Negociaciones discretas entre Washington y La Habana: pese a la presión, hay negociaciones en marcha entre ambos Gobiernos, aunque sus términos no se han hecho públicos. Las conversaciones buscan, según Cuba, «soluciones por la vía del diálogo» en medio de la crisis energética y la amenaza de una intervención estadounidense.

Objetivos de Washington: transición o control. No está claro si EE.UU. pretende imponer reformas económicas profundas sin exigir cambios políticos inmediatos (como en Venezuela), forzar un cambio de régimen y la salida de Díaz‑Canel o, incluso, establecer una forma de tutela estadounidense sobre Cuba.

Estas posibilidades, según casi todos los analistas, estarían sobre la mesa11.

México: redefinición de la seguridad

México adquiere relevancia estratégica al integrarse las preocupaciones migratorias y el crimen organizado dentro del marco de la seguridad nacional, de forma que la relación México-Estados Unidos en 2026 está marcada por discursos políticos radicalizados, pero sin señales reales de ruptura diplomática.

Seguridad y narcotráfico: son los principales puntos de presión. La Evaluación Anual de Amenazas 2026 de la comunidad de inteligencia estadounidense sitúa a México como un punto clave en el narcotráfico, la migración y la seguridad fronteriza.

Washington identifica al cártel de Sinaloa y al cártel Jalisco Nueva Generación como los actores centrales en el envío de fentanilo, metanfetamina, heroína y cocaína hacia EE.UU.12.

Pese a un 56% de reducción en incautaciones de fentanilo desde 2025, la frontera sigue siendo una zona crítica, pues persisten rutas migratorias consolidadas, redes criminales y tráfico ilícito.

Migración: el reforzamiento de la vigilancia fronteriza estadounidense ha reducido los encuentros de migrantes desde 2025. Sin embargo, factores estructurales como la violencia, la desigualdad y la falta de oportunidades en México mantienen la presión migratoria hacia EE.UU.

Cooperación creciente del Gobierno de Claudia Sheinbaum: la Administración mejicana ha incrementado la cooperación con Washington, destacando la extradición de 29 líderes criminales a EE.UU. entre febrero y marzo de 2025 (incluyendo Rafael Caro Quintero).

Asimismo, se ha producido el despliegue de 10.000 elementos de la Guardia Nacional, con resultados como la incautación de más de 1.200 kg de drogas en una semana, así como la destrucción de 192 laboratorios clandestinos y 1.600 arrestos en pocos meses13.

Esta cooperación se ha reforzado con reuniones binacionales y la creación de un Centro de Coordinación Trinacional (México-EE.UU.-Canadá) para la seguridad del Mundial 202614.

En enero de 2026 circularon declaraciones de políticos estadounidenses que sugerían «acciones militares» contra cárteles en México, lo que generó preocupación mediática.

Sin embargo, análisis geopolíticos descartan un escenario de invasión, señalando los fuertes vínculos comerciales del T‑MEC, la profunda interdependencia económica, la cooperación activa ya existente en seguridad16, así como que Washington continúa apostando por la coordinación, el intercambio de inteligencia y los esfuerzos conjuntos, y no por operaciones unilaterales.

Groenlandia

Groenlandia, una isla rica en recursos con una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados, es una antigua colonia danesa y, en la actualidad, un territorio autónomo de Dinamarca, situado en el Ártico.

Ocupa una posición geopolítica estratégica, al estar situada entre Estados Unidos y Europa y sobre la llamada brecha GIUK, un paso marítimo entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido que conecta el Ártico con el océano Atlántico.

Sus ricos yacimientos de recursos naturales, entre los que se encuentran el petróleo, el gas y los minerales de tierras raras, la hacen aún más importante desde el punto de vista estratégico, especialmente ahora que China ha aprovechado su dominio de la industria de las tierras raras para ejercer presión sobre Estados Unidos.

Estos minerales son cada vez más cruciales para la economía mundial, ya que son necesarios para fabricar todo tipo de productos, desde automóviles eléctricos y turbinas eólicas hasta equipamiento militar.

El tesoro mineral de Groenlandia podría ser más accesible a medida que la crisis climática derrita el hielo del Ártico, un fenómeno que también hace que las rutas marítimas del norte sean navegables durante más tiempo cada año, lo que podría reconfigurar el comercio y hacer que la región sea aún más importante, pese a que Trump ha calificado la crisis climática como «la mayor estafa».

Trump ha restado importancia al valor de los recursos naturales de Groenlandia y, el mes pasado, declaró a los periodistas: «Necesitamos Groenlandia por seguridad nacional, no por los minerales»16.

Relación con otros actores clave en la formulación estratégica de Estados Unidos

La competencia entre Estados Unidos, China y Rusia ha entrado en una de sus fases más tensas y complejas desde el fin de la Guerra Fría. El escenario internacional en 2026 está definido por disputas en múltiples dominios: el militar, el económico, el tecnológico y el geopolítico.

China: su principal rival estratégico

Según análisis estratégicos recientes, China se ha convertido en el desafío más importante para la supremacía estadounidense debido a su rápido crecimiento económico y militar, a la expansión geopolítica del país en el Indopacífico y a su modernización tecnológica en inteligencia artificial (IA), ciberdefensa y capacidades espaciales.

En febrero de 2026, Trump y Xi Jinping sostuvieron una llamada en la que abordaron temas sensibles como Taiwán, Ucrania y la competencia comercial. Aunque hubo un tono de distensión, China advirtió a EE.UU. que no tolerará la venta de armas a Taiwán ni intentos de frenar su «reunificación».

China exige respeto a su soberanía y mantiene una postura firme sobre Taiwán, al que considera parte inalienable del territorio chino, así como sobre el mar de China Meridional, donde denuncia «provocaciones» de EE.UU. y sus aliados.

Por su parte, Washington está aplicando una estrategia de contención y multidominio, centrada en mantener la superioridad militar y tecnológica global, reforzar alianzas como la OTAN y los pactos en el Indopacífico e incrementar las capacidades en ciberdefensa, el espacio y la disuasión económica.

Estados Unidos insiste en que no busca un conflicto abierto con China, pero sí defender sus «intereses vitales» en la región Asia‑Pacífico.

Rusia: un actor disruptivo

Rusia mantiene una política exterior abiertamente revisionista y se posiciona como rival directo de Washington, especialmente a través de la guerra en Ucrania, la promoción de un nuevo orden multipolar y la ampliación de su influencia en Eurasia y el Ártico.

Además, su cooperación militar con China se ha intensificado: China suministra a Rusia cerca del 70% de su maquinaria y el 90% de sus semiconductores, esenciales para el esfuerzo bélico; por su parte, Rusia estaría compartiendo tecnología militar sensible con China, incluidos avances submarinos y, en fechas recientes, Corea del Norte se ha sumado militarmente en apoyo a Rusia.

Esta tríada (Rusia-China-Corea del Norte) ha generado fuertes alertas en el Pentágono sobre la seguridad en el Indopacífico.

Coordinación de Rusia y China

Ambas potencias persiguen desplazar a EE.UU. del liderazgo global, creando un orden multipolar alternativo, con la intención de atraer al «sur global» para respaldar sus agendas.

Su narrativa central se basa en oponerse al «orden liberal occidental» y en presentar una alternativa geopolítica más favorable a países no alineados.

Conclusiones

Lo que se ha intentado exponer en este trabajo gira principalmente en torno a demostrar, mediante un estudio analítico de los distintos escenarios, que la estrategia estadounidense presenta coherencia en su concepción global, basada en la integración de múltiples amenazas en un único marco operativo.

Sin embargo, también plantea riesgos significativos, como una posible escalada regional en Oriente Medio, una sobrecarga estratégica y las posibles limitaciones en la estabilización posconflicto.

Desde una perspectiva naval, se consolida una tendencia clara: el control de los espacios marítimos y de los flujos energéticos constituye el núcleo del poder estratégico contemporáneo, al que, sin lugar a dudas, Estados Unidos, bajo la Administración Trump, aspira.

Considerando los distintos escenarios analizados, se puede concluir lo siguiente:

Irán

La estrategia estadounidense de la Administración Trump hacia Irán combina objetivos militares ambiciosos, presión diplomática errática y un elevado riesgo de escalada. La ofensiva pretende paralizar la capacidad militar del país, presionar para un cambio de régimen y controlar la ruta energética más sensible del planeta.

Sin embargo, la falta de consenso internacional limita la eficacia de las operaciones en Ormuz, se pueden detectar fácilmente la existencia de contradicciones entre las justificaciones oficiales, lo que erosiona la coherencia estratégica y, por último, el precedente de intervenciones rápidas (como en Venezuela) contrasta con la magnitud del reto iraní.

Israel y Gaza

La política de Estados Unidos combina el apoyo férreo a Israel, incluso en espacios internacionales como la ONU, la intervención directa en el diseño del futuro político y económico de Gaza y una presencia sin precedentes, materializada a través del plan de paz y del Gobierno transitorio, junto con una «diplomacia activa», pero siempre bajo un marco definido por intereses geopolíticos estadounidenses.

En resumen, EE.UU. no solo respalda a Israel, sino que aspira a modelar el futuro de Gaza desde su propia visión estratégica y política; si bien, este escenario contribuye a la radicalización regional y a la prolongación del conflicto17.

Oriente Medio

La estrategia de la Administración Trump en Oriente Medio ha reforzado el papel de Israel y ha intensificado la confrontación indirecta con Irán, transformando los escenarios de Gaza y Líbano en elementos de una dinámica regional más amplia.

Desde una perspectiva estratégica, el dominio marítimo emerge como un componente esencial de la estabilidad regional, especialmente en el Mediterráneo oriental y el mar Rojo.

Para España, este contexto exige una atención prioritaria al entorno marítimo cercano, así como un compromiso activo con la seguridad colectiva en el marco de la OTAN y la Unión Europea.

Seguridad hemisférica

Estados Unidos, desde 2025, ha recolocado la seguridad del hemisferio americano entre las prioridades estratégicas más importantes de Estados Unidos.

En conjunto, estas transformaciones revelan un panorama que consolidará una hegemonía renovada, basada en la selectividad estratégica, la disuasión integrada y un rediseño profundo de la cooperación regional. América Latina deja de ser un espacio periférico y pasa a convertirse, nuevamente, en un escenario central para la seguridad y la competencia global del siglo XXI.

Respecto a Venezuela, desde 2026, Estados Unidos combina apertura, pragmatismo y cautela, en un escenario en el que los avances diplomáticos conviven con desafíos estructurales aún por resolver, de modo que la evolución reciente en Venezuela apunta hacia una reconfiguración del equilibrio regional.

En lo relativo a sus relaciones con Cuba, la política estadounidense combina presión económica extrema, aislamiento energético, amenazas directas y negociaciones opacas.

Se trata de la fase más agresiva de Washington hacia La Habana en décadas, con un resultado incierto, pero con un claro objetivo: redefinir el rumbo político de la isla bajo la influencia directa de Estados Unidos.

La relación con México es considerada crucial para su seguridad interna, especialmente en temas de fentanilo, migración y control fronterizo.

En este sentido, México está mostrando mayor cooperación, alineándose con las prioridades estadounidenses, mientras que la «retórica dura» de EE.UU. no se ha traducido en acciones hostiles, aunque sí marca el tono político.

Este contexto se caracteriza por una marcada dependencia mutua, por lo que prevalece un modelo de cooperación bajo presión, con medidas que incluyen la militarización de la lucha contra los cárteles, la posible proyección de operaciones extraterritoriales y el impacto sobre las rutas marítimas ilícitas.

Finalmente, Donald Trump ha reavivado su interés por adquirir o controlar Groenlandia, argumentando razones de seguridad nacional y la necesidad de impedir la influencia de Rusia y China en el Ártico.

Durante el Foro Económico Mundial en Davos, Trump pidió iniciar «negociaciones inmediatas» para un acuerdo sobre la isla y llegó a anunciar un marco preliminar de entendimiento tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

En este contexto, canceló aranceles que planeaba imponer a varios países europeos como parte de la presión para que aceptaran su propuesta. Trump aseguró que EE.UU. no usaría la fuerza, aunque insistió en que el país norteamericano es el único capaz de garantizar la protección estratégica de Groenlandia.

China y Rusia como rivales estratégicos

La relación actual entre EE.UU., China y Rusia es de competencia estratégica estructural, en la que China es el principal rival a largo plazo, mientras que Rusia es el actor que desafía directamente el orden con tácticas disruptivas.

La cooperación militar entre ambos amplifica el desafío para Washington y destaca que, a pesar de momentos puntuales de diálogo, la rivalidad sigue siendo el eje dominante de la política global.

Juan Carlos Martín Torrijos
Coronel (ret.) CGEA/DEM. Profesor de ISEN Centro Universitario (Cartagena)

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] DEPARTMENT OF DEFENSE. National Defense Strategy. 2025.
[2] U.S. NAVY. Advantage at Sea. 2024.
[3] INTERNATIONAL ENERGY AGENCY. World Energy Outlook. 2025.
[4] CORDESMAN, A. CSIS Reports on Iran and Hezbollah. 2024.
[5] MEJÍA, S. y ÁLVAREZ, R. «SHIELD OF THE AMERICAS; rediseño de la arquitectura de seguridad hemisférica y sus implicaciones financieras, regulatorias y geopolíticas», Asimetric.net. 10/3/2026. Disponible en: https://asimetrics.net/2026/03/10/shield-of-the-americas-rediseno-de-la-arquitectura-de-seguridad-hemisferica-y-sus-implicaciones-financieras-regulatorias-y-geopoliticas/ (consultado 20/4/2026).
[6] CARO ESCALANTE, S. «El Escudo de las Américas: Disuasión integrada y la nueva arquitectura de seguridad hemisférica», Escenario Mundial.com. 15/3/2026. Disponible en: https://www.escenariomundial.com/2026/03/15/el-escudo-de-las-americas-disuasion-integrada-y-la-nueva-arquitectura-de-seguridad-hemisferica/ (consultado 20/4/2026).
[7] DÍAZ-ROSILLO, C. «El regreso estratégico de Estados Unidos al hemisferio», Infobae. 16/3/2026. Disponible en: https://www.infobae.com/america/opinion/2026/03/16/el-regreso-estrategico-de-estados-unidos-al-hemisferio/ (consultado 20/4/2026).
[8] AGENCIA EFE. «Informe de inteligencia de EE. UU. ve a Venezuela como una amenaza menor en 2026», Ecuavisa. 2026. Recuperado de https://www.ecuavisa.com/mundo/informe-inteligencia-ee.uu.-venezuela-amenaza-menor-2026-20260319-0077.html (consultado 20/4/2026).
[9] IMF / WORLD BANK. Informes sobre Venezuela, 2024-2025.
[10] HERNÁNDEZ OROZCO, F. «Estados Unidos cierra el cerco a Cuba para conseguir un cambio de régimen», Diario Expansión- México. 17/3/2026. Disponible en: https://expansion.mx/mundo/2026/03/17/que-esta-pasando-en-cuba-estados-unidos-cierra-cerco (consultado 20/4/2026).
[11] BLANCO, S. «La Habana y Washington mantienen unas negociaciones opacas en medio de la mayor crisis de Cuba en décadas», Diario El País. 22/3/2026. Disponible en: https://elpais.com/us/2026-03-22/la-habana-y-washington-mantienen-unas-negociaciones-opacas-en-medio-de-la-mayor-crisis-de-cuba-en-decadas.html (consultado 20/4/2026).
[12] OSTOS, M. «Evaluación de Amenazas de EE. UU. menciona a México por migración, drogas y frontera», Unotv.com. 18/3/2026. Disponible en: https://www.unotv.com/estados-unidos/evaluacion-anual-amenazas-eeuu-2026-mexico-narcotrafico-migracion/ (consultado 20/4/2026).
[13] CARVAJAL, F. «Entre cooperación y coerción: la relación México–Estados Unidos hacia 2026». Nexos. 13/1/2026. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/entre-cooperacion-y-coercion-la-relacion-mexico-estados-unidos-h acia-2026/ (consultado 20/4/2026).
[14] Ibídem.
[15] MXC.COM. «¿Es posible una invasión de Estados Unidos a México en 2026? Análisis geopolítico y realidad». 2026. Disponible en: https://mxc.com.mx/2026/01/13/es-posible-una-invasion-de-estados-unidos-a-mexico-en-2026-analisis-geopolitico-y-realidad/ (consultado 20/4/2026).
[16] UNIVISIÓN. «Groenlandia: Trump cancela amenaza de aranceles mientras baja la tensión con países europeos y la OTAN», Univisión. 21/1/2026. Disponible en: https://www.univision.com/noticias/estados-unidos/trump-cancela-aranceles-paises-europa-acuerdo-otan-groenlandia-2026 (consultado 20/4/2026).
[17] NYE, J. «Do Morals Matter?», Oxford University Press. 2021.
    • La estrategia de la Administración Trump frente a la inestabilidad global: implicaciones geopolíticas y marítimas (0,2 MB)

    • The Trump Administration’s strategy in the face of global instability: Geopolitical and maritime implications (0,2 MB)