
11 dic 2025
IEEE. El hambre como arma de guerra. El papel de la FAO
Clara Núñez Vázquez
Introducción
El hambre como método bélico ha sido históricamente utilizado en diferentes guerras. En estas, los grupos armados controlan el acceso a alimentos como táctica para debilitar a las poblaciones civiles, provocar desplazamientos o castigar a comunidades rivales con el fin de conseguir una ventaja bélica. El hambre no es un efecto secundario de la guerra, sino una estrategia intencionada, considerada un crimen de guerra por el derecho internacional humanitario, especialmente a partir de la Resolución 2417 del Consejo de Seguridad de la ONU del año 2018.
El Global Report on Food Crises 2025, elaborado por La Red de Información sobre Seguridad Alimentaria (FSIN) y socios globales como Global Network Against Food Crises (GNAFC), revela que casi 295 millones de personas sufrieron niveles críticos de inseguridad alimentaria en 2024, la cifra más alta registrada hasta la fecha y más del doble que en 2020. Este continuo aumento—por sexto año consecutivo—pone de manifiesto que los conflictos armados, combinados con crisis económicas y desastres naturales, siguen siendo los principales impulsores del hambre en el mundo moderno1.
El informe señala que las catástrofes se duplicaron durante el último año, concentrándose en lugares como Gaza. Las hostilidades prolongadas, los bloqueos humanitarios y los desplazamientos masivos han convertido el hambre en una táctica militar deliberada en la que se restringe el acceso a alimentos y se detiene la producción agrícola como método estratégico para debilitar a las poblaciones civiles, acelerando así su rendición o control.
La inacción, o el apoyo tácito de ciertos Estados, refuerzan la impunidad en contextos donde el hambre se utiliza de forma sistemática. Por ello, abordar esta problemática requiere no solo asistencia humanitaria, sino también voluntad política y mecanismos efectivos de resolución a nivel global. La respuesta internacional no siempre ha sido coherente. Aunque algunos gobiernos condenan estas prácticas, otros las toleran o incluso las apoyan de forma indirecta por intereses geopolíticos.
Punto de vista legal en el derecho internacional
La alimentación es un derecho universal inherente al ser humano. Cada individuo tiene derecho a no sufrir de hambre y a gozar de un nivel de vida apropiado, que abarque la nutrición. Su reconocimiento salvaguarda la dignidad de cada individuo y asegura que pueda vivir sin sufrir discriminación. Esto es algo que se debería garantizar. Los gobiernos y las entidades tienen la obligación ética y jurídica de respetar, salvaguardar y poner en práctica este derecho2. Sin embargo, la situación geopolítica actual hace que, para muchas personas sea visto como un privilegio, y no como un derecho inalienable que se puede y debe garantizar.
A principios de 2025, había 56 conflictos activos a nivel global, que implicaban a 92 países. Esta realidad hace que el derecho a la alimentación sea difícil de asegurar. Históricamente, el uso del hambre y la privación de los alimentos, ha sido una táctica militar recurrente en la guerra. En diversos tratados, se hace mención al uso del hambre como estrategia. En el Código Lieber, también llamado “Instrucciones para el Gobierno de los Ejércitos de los Estados Unidos en el Campo de Guerra”, se menciona esto, especificando que es “legítimo hacer padecer hambre a los beligerantes enemigos, armados o no armados, a fin de acelerar el sometimiento del enemigo”. Este documento fue usado durante la Guerra de Secesión.
Los Convenios de Ginebra de 1949 contienen reglas y protocolos que han de seguirse para minimizar las victimas en los conflictos armados, velando por sus derechos como personas. Estas Convenciones regulan el derecho internacional humanitario limitando la violencia en las guerras3. El artículo 54 del Protocolo Adicional de 1977 a los Convenios de Ginebra indica que “queda prohibido, como método de guerra, hacer padecer hambre a las personas civiles”. Sin embargo, este artículo también indica que está permitido atacar, destruir, sustraer o inutilizar bienes que una Parte adversa utilice “como medio de subsistencia para los miembros de sus fuerzas armadas”4. Esto plantearía la existencia de una zona gris no claramente delimitada sobre su aplicación.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas también hizo referencia al uso del hambre como arma de guerra en la resolución 2417 de 24 de mayo de 2018, en la que se “Condena enérgicamente la práctica de hacer padecer hambre a la población civil como método de guerra en diversas situaciones de conflicto, prohibida por el derecho internacional humanitario”5.
Esta es la primera vez en la que, de forma explícita y política, se reconoce la conexión directa entre los conflictos armados y el hambre, a diferencia de los Convenios y Protocolos de Ginebra, en los que el hambre se trata como una prohibición humanitaria general. Esta resolución enfatiza que el empleo del hambre como estrategia bélica —al aniquilar cultivos, impedir el acceso humanitario o trasladar de manera forzosa a comunidades— puede ser considerado un delito de guerra de acuerdo al derecho internacional humanitario.
La Resolución exige a todas las partes involucradas a honrar el derecho internacional, aseguren el acceso humanitario sin limitaciones y salvaguarden los sistemas de alimentación. Además, pide al Secretario General de la ONU que notifique al Consejo en caso de que exista un peligro de hambruna vinculado a conflictos.
El empleo del hambre como método bélico ha sido históricamente registrado en diferentes guerras, donde grupos armados han controlado el acceso a alimentos como táctica para debilitar a las poblaciones civiles, provocar desplazamientos o castigar a comunidades rivales. Desde el punto de vista estratégico, hacer padecer hambre a la población civil puede generar compasión y piedad, derivando en la rendición de los líderes políticos y el gobierno por el coste en vidas humanas. Esto beneficia al rival, puesto que es menos costoso que un ataque directo.
En las guerras, aunque los ataques directos suelan ir dirigidos a los combatientes, las personas que sufren antes de hambruna son siempre los civiles. El gobierno alimenta primero a los soldados, puesto que son los que han de combatir, mientras que los civiles son “inútiles”, por lo que pasan a un segundo plano recibiendo una menor atención. Esto hace que las provisiones sean enviadas prioritariamente a los soldados y no a la población civil. Es una manera de causar bajas de manera rápida y además a un precio muy bajo6.
Sitiar un territorio es una práctica muy antigua en las guerras. Se trata de “cercar un lugar, especialmente una fortaleza para intentar apoderarse de ella”7. Militarmente hablando, esta práctica se basa en rodear un territorio enemigo, para que no puedan entrar ni salir suministros, ni personas dejando esa población en una situación vulnerable que acelere su rendición. El limitar la libertad de movimiento de los civiles fuera de ciertos territorios, hace que queden atrapados sin forma de conseguir alimentos por otros medios que no sean el gobierno, o ayudas humanitarias que a veces quedan bloqueadas. Cuando se sitia una ciudad, las muertes de los civiles son inminentes e inevitables. Ese es el efecto que el bando rival quiere causar; se trata de generar una imagen desoladora de muerte, con la intención de que esto lleve a la rendición de las tropas de la población sitiada lo antes posible.
Según el Derecho Internacional Humanitario (DIH), sitiar está permitido siempre y cuando el objetivo sean los contendientes y las fuerzas armadas del enemigo. La realidad es que, en esta práctica, las personas que acaban siendo más afectadas son los no combatientes, ya que las provisiones y los víveres van destinas principalmente a los beligerantes, y no se puede hacer una distinción real cuando se sitia un territorio entre quien es combatiente y quien no. Según el DIH, es obligatorio permitir que los civiles puedan salir de la zona bloqueada cuando se trata de su supervivencia8.
Esta es una cuestión que se ha discutido frecuentemente en el derecho internacional. Claramente. Lo ideal es que no se usase bajo ninguna circunstancia, pero esto es completamente idealista. Debido a ello, no se incluye una prohibición absoluta al uso del hambre en los Protocolos I y II de los Convenios de Ginebra; solamente se permite para fines que no tengan como objetivo a la población civil. Además, se establecen unas normas para proteger las tierras cultivables, es decir, las que puedan ser utilizadas para la agricultura. Aquí, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas tiene un rol importante.
El papel de la FAO en la lucha contra el hambre
Uno de los organismos internacionales que lidian con el hambre y la seguridad alimentaria en el mundo es la FAO, la Organización de la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas. La FAO encabeza la iniciativa global para combatir el hambre. Su meta es alcanzar la seguridad alimentaria para todos, y simultáneamente asegurar el acceso constante a alimentos adecuados y de alta calidad para mantener una vida activa y saludable9.
La seguridad alimentaria se define de la siguiente manera:
“A nivel de individuo, hogar, nación y global, se consigue cuando todas las personas en todo momento tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana.”10
En 2015, las Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, que cuenta con 17 objetivos universales que exigen a los países a colaborar para conseguir una vida mejor. El objetivo número 2 es crear un mundo libre de hambre para 2030. La inocuidad alimentaria en el mundo se encuentra ausente debido a diversas condiciones globales como la pobreza, el cambio climático y los conflictos armados, con una cifra de aproximadamente 700 millones de personas viéndose afectadas por el hambre11. La FAO defiende que la inversión en la industria agraria es esencial para disminuir el hambre y la pobreza, potenciar la seguridad alimentaria, generar puestos de trabajo y fortalecer la resistencia frente a catástrofes y crisis12.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura desempeña, por tanto, un rol crucial a la hora de combatir el hambre en las guerras. Sus alertas tempranas FAO-PMA (Programa Mundial de Alimentos) "Hunger Hotspots" identifican con meses de anticipación las regiones donde la violencia pone en riesgo los alimentos, posibilitando la movilización de recursos antes de que la falta de estos se transforme en hambruna1314.
La FAO tiene un papel central en la lucha contra el uso del hambre como arma de guerra, ya que su mandato es eliminar la inseguridad alimentaria y salvaguardar el derecho a la alimentación. En escenarios de guerra, la limitación del acceso humanitario, la falta de suministros y la devastación de las cosechas transforman a los alimentos en una herramienta coercitiva; esto es algo que está prohibido por el Derecho Internacional Humanitario. Esta labor no siempre es fácil, puesto que puede llevar a tensiones con estados miembros de la organización (de los que la FAO depende para conseguir donaciones) y también puede ser acusada de falta de neutralidad cuando señala que se está impidiendo la entrada de ayudas.
Una vez que los conflictos terminan, la FAO ayuda a las familias a producir o adquirir alimentos. Para ello, distribuye semillas, alimentos y utensilios, restaura el riego y proporciona una entrega eficaz para sustentar los mercados. Además, pone en marcha medidas preventivas como suministrar bienes antes de que los precios aumenten y disminuya la demanda de envíos de alimentos. En los Planes de Asistencia de 2024, pidió 1800 millones de dólares para apoyar a 43 millones de individuos en Sudán, Ucrania y Yemen15, a gobiernos, donantes del sector privado, agencias multilaterales e instituciones financieras internacionales. Sin embargo, la respuesta fue limitada y solo obtuvo un 22% de la cantidad solicitada16.
Aparte de la situación de emergencia, la FAO se ocupa de causas ambientales y económicas. Sus programas "sustaining peace" promueven acuerdos comunitarios en materia de tierra y agua, generan puestos de trabajo agrícolas para excombatientes e impulsan la creación de cadenas de valor resistentes, disminuyendo la necesidad de asistencia externa y la rivalidad que fomenta los conflictos. En países con largas crisis como Afganistán y la República Centroafricana, sus expertos instruyen a las mujeres rurales en métodos postcosecha (la conservación de los productos agrícolas) y preservación de semillas, con el fin de que el saber perdure cuando los proyectos finalizan. La mezcla de ayuda instantánea y progreso a largo plazo previene el ciclo perjudicial de pobreza y conflicto17.
La FAO condena las limitaciones al acceso humanitario, evidenciando que el bloqueo de recursos agrícolas puede convertirse en delito de guerra, tal como hizo en Gaza en 2024. Esto sumado a la información sobre pérdidas de cultivos, refuerza la colaboración con el PMA y con colaboradores locales, evidenciando que salvaguardar la agricultura en tiempos de conflicto es fundamental para eliminar el hambre18.
El caso práctico de Yemen
Desde 2015, la guerra civil en Yemen ha estado acompañada de un uso deliberado del hambre como arma de guerra, convirtiéndola en una herramienta estratégica para debilitar a la población civil. La coalición liderada por Arabia Saudí impuso un bloqueo terrestre, marítimo y aéreo que paralizó la entrada de alimentos, combustible y medicinas, afectando enormemente al sistema de abastecimiento de un país que importa cerca del 90 % de su comida1920.
Simultáneamente, la ejecución de ataques aéreos por parte de la coalición, destruyeron infraestructuras agrícolas, puertos y mercados esenciales, minando la capacidad de producción local y de exportación, exacerbando el hambre en zonas controladas por los rebeldes hutíes. Estas acciones, junto a restricciones planificadas al acceso humanitario, han sido calificadas como tácticas equivalentes a crímenes de guerra en la resolución 241721. En el otro bando, las fuerzas hutíes han dificultado la distribución de ayuda. Los informes de la ONU y del Programa Mundial de Alimentos documentan que líderes hutíes reparten o venden suministros destinados a población vulnerable y bloquean el registro independiente de beneficiarios, reduciendo drásticamente la eficacia de la asistencia22.
El resultado ha sido condenar a millones de yemeníes a una situación de inseguridad alimentaria severa. En 2025, alrededor de 19,5 millones requieren ayuda humanitaria, y aproximadamente 5 millones en la región sur sufren niveles críticos de desnutrición23. Además, más de 17 millones —incluyendo más de un millón de niños menores de cinco años— sufren hambre aguda, cifra que podría aumentar en los próximos meses debido a recortes presupuestarios y limitaciones operacionales del PMA24.
Puede decirse que, en Yemen; el hambre se ha usado literalmente como arma de guerra. Los medios de suministro bloqueados, cultivos atacados, mercados destruidos y manipulación política de la ayuda han convertido a la población en un campo de batalla indirecto. La Organización Acción Contra el Hambre (una de las ONG más respetadas en la lucha contra el hambre a nivel global) ha señalado que “la hambruna como método de guerra puede ser considerada crimen de guerra” y llama al Consejo de Seguridad a exigir responsabilidad sobre estos actos. Los efectos colaterales son devastadores: las Naciones Unidas informan que, de las estimadas 377 000 muertes relacionadas con el conflicto entre 2015 y 2022, más del 60 % se atribuyen a causas indirectas como el hambre y enfermedades prevenibles derivadas de la desnutrición2526.
En este contexto, la FAO ha desplegado una respuesta centrada en el apoyo de emergencia, la recuperación de medios de vida y la resiliencia comunitaria. En las fases de emergencia, la FAO entrega insumos agrícolas esenciales como semillas, herramientas, forraje y aves de corral. Un proyecto financiado por el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), fondo creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas para dar respuesta a situaciones de emergencia, distribuyó semillas de cebolla, sésamo y quimbombó, además de fertilizantes y kits ganaderos en regiones como Marib27.
Para proteger el ganado, la FAO ha capacitado trabajadores comunitarios en salud animal, lo que ha permitido vacunar a miles de animales en zonas donde los servicios veterinarios colapsaron28. Además, proporciona suplementos minerales y asistencia técnica a criadores29.
A largo plazo, la FAO impulsa la agricultura climáticamente inteligente, bancos comunitarios de semillas y formación para mujeres y jóvenes, con el fin de reducir la dependencia de ayuda externa. La FAO también lidera el monitoreo de seguridad alimentaria a través de informes DIEM (Sistema de Monitoreo de Datos en Emergencias de las Naciones Unidas) y alertas tempranas, fundamentales para coordinar la respuesta humanitaria30.
El caso práctico de Gaza
Desde octubre de 2023, la población de Gaza se ha convertido en objetivo de una estrategia sistemática de inanición, y organismos internacionales (como Amnistía Internacional o Médicos del Mundo) han señalado el uso del hambre como arma de guerra por parte de Israel. El 9 de octubre, tras el ataque de Hamas en el que murieron más de mil personas, Israel impuso, un bloqueo total sobre alimentos, agua, combustible, medicinas y electricidad sobre Gaza, basándose en razones de seguridad nacional y argumentando que esto debilitaría a Hamas. Organizaciones como Human Rights Watch han denunciado que esta política constituía el uso de la “hambruna como método de guerra”, violando el derecho internacional humanitario313233.
En marzo de 2024, la Unión Europea, a través de su entonces alto representante Josep Borrell, calificó la crisis como enteramente “man made”, destacando que privar a la población de asistencia básica no es accidente sino estrategia34. El Relator de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Michael Fakhri, aseguró que “Israel está usando el hambre como arma” al obstaculizar sistemáticamente el acceso humanitario, generando condiciones de hambruna potencial.
Desde el estallido del conflicto en Gaza, la FAO ha intensificado su apoyo para tratar de evitar una catástrofe alimentaria. Ante el colapso de los sistemas de producción y distribución de alimentos, la FAO ha enfocado sus esfuerzos en brindar ayuda de emergencia, proteger los medios de vida rurales y sentar las bases para la recuperación agrícola a largo plazo. En su plataforma In Focus: Gaza, la FAO alerta sobre el riesgo inminente de hambruna y exige acceso humanitario inmediato y sin restricciones para proteger vidas y producir alimentos localmente35.
La FAO ha movilizado suministro de emergencia agrícola por valor de 74,5 millones de USD para ayudar a más de 154 000 campesinos, ganaderos y pescadores. Hasta principios de 2025 ha distribuido forraje para aproximadamente 4 800 cabezas de ganado y kits veterinarios a 2 400 familias de pastores. Además, ha enviado 30 toneladas de cebada desde Egipto y ha predispuesto 70 toneladas adicionales, junto con miles de toneladas de concentrado para animales36.
La FAO suministra también plásticos para invernaderos, vacunas, bloques energéticos y cobertizos plásticos para animales con el objetivo de reactivar la producción local y asegurar la nutrición de la población. Estima que la recuperación agrícola llevará años o incluso décadas debido a la devastación sufrida. Debido a la gravedad de la situación, la FAO trabaja en conjunto con el programa CIF (Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases) y otras agencias de la ONU para vigilar los indicadores de inseguridad alimentaria y presionar para poder prestar una ayuda humanitaria eficaz. Ha enfatizado que el hambre en Gaza se agrava por el colapso de los mercados, las restricciones comerciales y el bloqueo a la entrada de bienes de primera necesidad37.
Estas acciones se inscriben dentro del llamamiento conjunto de emergencia de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en el Flash Appeal 2025 para el territorio palestino ocupado, en el que se solicita 6.600 millones de USD para asistir a 3,3 millones de personas, incluyendo 2,1 millones en Gaza. De este importe, se prevé que la FAO participe como actor clave para restaurar sistemas alimentarios y medios de vida rurales38.
Conclusión
La situación geopolítica actual, llena de conflictos y crisis, hace que la seguridad alimentaria sea difícil de alcanzar. Día tras día, se pone en evidencia como el hambre es usada como arma de guerra con el fin de debilitar naciones, generar caos e incentivar a la rendición del enemigo.
Históricamente, esta estrategia ha sido reiterada, desde grandes asedios en la antigüedad hasta bloqueos y aniquilación de infraestructuras agrícolas en la época contemporánea. A pesar de que actualmente se percibe como una infracción al Derecho Internacional Humanitario y generalmente es condenada por la comunidad global, continúa aplicándose en múltiples conflictos, como los de Yemen y Gaza. En numerosas situaciones, se utiliza el control de alimentos y el acceso a ayuda humanitaria como instrumentos de presión política o militar.
El uso del hambre como arma de guerra, perpetúa los ciclos de pobreza, desplazamiento y violencia. Contrarrestar esta conducta exige un compromiso sólido de los países, la implementación eficaz de las normativas internacionales y la salvaguarda activa de las cadenas de abastecimiento en áreas de conflicto. Sin una reacción coordinada, el hambre se intensifica.
La respuesta a los conflictos, y lo que ellos conllevan, se ha visto limitado por un sistema de respuesta regido por un reglamento anclado al punto de vista de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con un Consejo de Seguridad que sigue teniendo 5 países que son miembros permanentes, con poder de veto. El debate sobre la necesidad de reforma de este Consejo para un avance eficaz en la respuesta a los conflictos internacionales es una discusión aparte.
La FAO juega un papel vital en la batalla contra el hambre, particularmente en situaciones de conflicto, donde su pericia técnica y coordinación internacional son fundamentales para preservar vidas. A pesar de que su trabajo no está libre de restricciones debido tanto a la escasez de recursos como a limitaciones políticas, su presencia representa un cambio relevante para millones de individuos. En naciones en conflicto, la distribución de asistencia se ve dificultada por bloqueos, inseguridad y daños en infraestructuras, lo que requiere de estrategias personalizadas y colaboración multilateral. Pese a sus fallos, la labor de la FAO continúa siendo un soporte esencial ante las crisis de alimentos.
Clara Núñez Vázquez
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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