IEEE. El Ártico como espacio de conflicto

Rompehielos nucleares, 2025

05 may 2026

IEEE. El Ártico como espacio de conflicto

Abel Romero Junquera, Capitán de navío de la Armada; Federico Aznar Fernández-Montesinos, Capitán de fragata de la Armada y Doctor en Ciencias Políticas; y Luis V. Pérez Gil, Teniente reservista voluntario del Ejército de Tierra y Doctor en Derecho con premio extraordinario. Analistas del IEEE (CESEDEN)

Introducción

El círculo polar ártico, situado actualmente en 66° 33′ 46″ N, es uno de los cinco principales paralelos terrestres de valor astronómico. Delimita la región en la que, durante los solsticios de verano e invierno, el sol no se pone o no sale en veinticuatro horas. No obstante, esta definición es insuficiente para describir una región de características comunes. Por esto, se utilizan otros indicadores como la isoterma de 10° en el mes de julio, o la línea arbórea, la llamada «línea de crecimiento del árbol», que marca el espacio en el que no es posible el crecimiento de árboles.

Se considera que ocupa unos 14 050 000 kilómetros cuadrados, equivalente a un 8 % de la superficie terrestre. Se está ante una región política y geográficamente diversa, pero que también es un Mediterráneo, esto es, una porción de mar rodeada por completo por los continentes euroasiático y americano que la delimitan físicamente (López Ibor et al., 2014). Estos factores hacen que este espacio, en todos los sentidos extremos, actúe como una juntura estratégica.

En efecto, el Ártico es una juntura estratégica, porque quien lo controla está dominando un espacio en el que concurren tres continentes a los que se tiene acceso simultáneamente. Es el nexo de dos océanos y el entorno inmediato de dos grandes potencias nucleares, su control contribuye, así, a tomar la medida del balance de poderes entre ambas (Aznar, 2023).

Ocupan su litoral Rusia, Canadá, Dinamarca (por las islas Feroe y Groenlandia), Noruega y Estados Unidos. A ellos habría que añadir Islandia, Finlandia y Suecia que, sin disponer de litoral oceánico, son parte de este espacio geográfico. Entre estos ocho países se encuentran dos potencias nucleares y siete miembros de la OTAN, lo que divide este mar entre bloques.

Mapa del espacio ártico
Figura 1. Mapa del espacio ártico

Además, el Ártico se comunica con el Atlántico en el paso denominado por la OTAN como GIUK (acrónimo de Groenlandia, Islandia y Reino Unido) o GIN (Groenlandia, Islandia y Noruega), con centro en las islas Svalbard (Spitsbergen). Estos pasos fueron de gran interés estratégico durante la Guerra Fría pues, en caso de conflicto armado, estaba previsto su bloqueo para impedir la salida de los submarinos soviéticos al Atlántico y, de este modo, ejercer un dominio negativo de este océano e interrumpir el enlace entre Europa y Estados Unidos. Dinamarca con las Feroe a medio camino entre Islandia, Noruega y Escocia complementa el control danés tanto sobre el GIUK como sobre el GIN.

Los imperativos geográficos permanecen. La península escandinava se interpone entre el noroeste de Rusia y las aguas libres del Atlántico, de modo que proporciona el control de los accesos marítimos del noroeste ruso (mares de Barents y Báltico). Este carácter de cuña, espolón o avanzada explica las presiones que soporta Noruega de su vecino ruso.

Ártico y Antártico, los espacios polares, guardan múltiples similitudes, las cuales, comenzando por su referido carácter extremo, determinan que se les dote de un tratamiento análogo a pesar de su naturaleza opuesta. En este sentido, la Antártida es una masa de tierra aislada, un continente (en tamaño, el cuarto del mundo o la primera isla), mientras que el Ártico es físicamente todo lo contrario, una cuenca oceánica, un espacio cerrado y limitado por tierras.

El estatuto jurídico de los espacios polares es dispar. No obstante, ambos disponen de bases comunes que han permitido que se les dote de un tratamiento conjunto en lo común que ha configurado una suerte de «Derecho polar». Todo ello ha derivado en diferentes estatutos. Las características del primero han hecho posible un acuerdo ad hoc y se ha convertido en un espacio jurídicamente ordenado. En el segundo, la diversidad, fuerza y multiplicidad de los intereses que concurren no lo han permitido. Como resultado, si la Antártida ha sido internacionalmente declarada zona para la investigación y la ciencia, libre de actividad comercial, económica o militar, un global commons, en el Ártico cada país ribereño decide la explotación de sus recursos.

Otra cuestión es la incidencia y efectos del cambio climático en la región. De hecho sucede que los polos son las zonas del mundo más vulnerables al calentamiento global, ya que, al fundirse el hielo, se deja paso al agua que absorbe la luz solar en lugar de reflejarla, con lo cual este se funde aún más. Es la «retroalimentación positiva» la que explica que el calentamiento en el territorio sea el triple o el cuádruple que el global.

Como resultado, el Ártico está experimentando un proceso de deshielo que, durante los últimos treinta años, ha reducido el grosor de su capa de hielo entre un 30 y un 40%. En 2015, la superficie de hielo era de 9,7 millones de kilómetros cuadrados frente a 13,38 millones en 2007. Se calcula que, desde 1978, ha perdido una superficie de hielo equivalente a cinco veces el área de España, lo que hace previsible un verano completamente limpio de hielos hacia 2035. Cada año se funden de 200.000 a 250.000 toneladas de este hielo y conviene recordar el hallazgo en territorio groenlandés de ADN de hace más de dos millones de años, como consecuencia del deshielo. Así, si todo el hielo de Groenlandia se fundiera, el nivel del mar subiría de forma global hasta seis metros.

Su deshielo hace accesibles fronteras que, en términos prácticos, antes no lo eran, lo que genera unos nuevos escenarios de seguridad. Y eso cuando en la región se da la menor distancia entre Rusia y Estados Unidos, lo que propicia su militarización, especialmente la de su espacio aéreo.

La desaparición de los hielos trae consigo también la mejora de la accesibilidad de los recursos y la apertura de nuevas rutas de navegación. Y esa confluencia ha tenido como consecuencia la aparición de nuevos actores en la región como China e India. En el caso de China, el 46% de su PIB depende del tráfico marítimo y el 80% del petróleo que importa atraviesa Malaca, con lo que contar con una ruta alternativa es de su máximo interés.

Las llamadas Ruta del Noreste y la Ruta del Noroeste son pasos de una accesibilidad creciente. La segunda, de siete mil millas en el Ártico canadiense, une el Atlántico y el Pacífico y permitiría reducir la distancia entre Estados Unidos y Asia en un 15%. La Ruta Noreste o Ruta Marítima del Norte (RMN) es la más fácil para la navegación, discurre a lo largo de la costa rusa y conecta el Pacífico y Atlántico sin necesidad de atravesar Suez, Panamá o Buena Esperanza.

Mapa de las rutas del Ártico
Figura 2. Mapa de las rutas del Ártico

Esta segunda ruta solo era navegable durante parte del verano, pero el cambio climático está favoreciendo la progresiva ampliación de su uso. En verano de 2017 un buque mercante hizo la ruta hasta Corea del Sur en diecinueve días, un 30% más rápido que por la ruta de Suez y sin escolta de un rompehielos. Un año después, en enero de 2018, otro buque ruso, el primero a mitad del invierno, realizó el trayecto entre Corea del Sur y Sabetta, en la península de Yamal.

Esta ruta es un 40% más corta en distancia entre Europa y Extremo Oriente, unas 3900 millas, unos doce a quince días menos, si bien la adversa climatología que cabe esperarse y los peligros para la navegación reducen la ventaja a un 30%. La distancia entre Tokio y Nueva York, por dar otra referencia, se reduce en 3700 millas. El resultado es que en 2018 se transportaron dieciocho millones de toneladas a lo largo del litoral ruso, un 80% más que el año anterior; en 2019, fueron veintiséis millones y, en 2024, alcanzaron los 37,9 millones. Se estima que en 2035 serán ciento treinta millones de toneladas (Pérez Gil, 2025a: 535-557).

El Ártico es un área rica en recursos. En este espacio de indefinición y concurrencia de las grandes potencias, se estima que se ubican alrededor de un 30% de reservas de gas y entre un 13% y un 20% del petróleo mundial. A ello se suman los recursos minerales, en porcentaje mundial 40% de paladio, 26,8% de los diamantes, 15% del platino, 11% del cobalto, 10,6% del níquel, 9% del tungsteno y 8% del zinc. Luego están las tierras raras presentes en grandes cantidades en Groenlandia y Suecia, que son de especial interés chino. Además, las pesquerías suponen entre un 4 y 5% de las capturas mundiales. Estas riquezas, en su mayoría, aún son de difícil de acceso, aunque en algunas zonas comparativamente más cálidas, como el mar de Barents, ya se está logrando.

El deshielo, sumado a otros factores como el alza de precios de las materias primas y los avances tecnológicos, han hecho más accesibles y rentables los recursos naturales, desde los hidrocarburos a las pesquerías. Estos, además, pueden explotarse en el marco de un clima más benigno que reduce los costos de producción. Todo ello ha contribuido a modificar el statu quo de la región. De hecho, ha incentivado una suerte de «carrera por el Ártico» contraria a la realidad cooperativa vigente hasta la guerra en Ucrania. Esta carrera pretende convalidar jurídicamente el dominio de un espacio cada vez mayor que se logra consolidando anteriores avances que quedan como un hito o referencia.

No se está, propiamente, ante un reparto de este océano sino, más bien, ante una ampliación del territorio realizada a partir del ya asignado; este sirve de legitimación y es la base para nuevos avances. El resultado son demandas que, formuladas en términos jurídicos y científicos, realmente son de naturaleza política, y se presentan instrumentando las zonas grises e indefinición existentes.

En el océano Ártico, se utilizó el Derecho del Mar para la delimitación de dicho espacio. La Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CNUDM o UNCLOS en inglés) de 1982 establece, con carácter general, un mar territorial de doce millas, un espacio adyacente de otras doce y una zona económica exclusiva de doscientas millas, que podía ampliarse a la extensión de la plataforma continental; cada una con sus correspondientes derechos y obligaciones. Así, aproximadamente, la mitad del océano Ártico son aguas internacionales, por más que los Estados aleguen derechos sobre su plataforma continental. Esta es la continuación submarina de los continentes1.

Los cinco Estados circumpolares buscan extender su soberanía y su zona económica amparándose en esa normativa, así como en las singularidades que su situación e historia les ofrece. La CNUDM señala un plazo de diez años tras suscribirla para presentar reclamaciones. Noruega la ratificó en 1996 y presentó sus reclamaciones en 2006; Rusia en 1997 y presentó su reclamación en 2001; Canadá la ratificó en 2003 y presentó sus reclamaciones en 2013; Dinamarca en 2004 y presentó una reclamación en 2014. Estados Unidos, por su parte, aún no la ha ratificado, aunque en 2025 presentó reclamaciones.

Y todo esto cuando la época de baja tensión en el Ártico ha llegado a su fin al no poder sustraerse de la dinámica de enfrentamiento suscitada con la guerra en Ucrania. Esta ha socavado un instrumento de gobernanza y consenso como era el Consejo Ártico, creado en 1996, rompiendo, además, con los equilibrios geopolíticos en la región tras incorporarse a la OTAN Finlandia y Suecia. Y la falta de gobernabilidad favorece las luchas de poder.

Occidente y su visión geopolítica del Ártico

En efecto, en pocos años, el Ártico ha pasado de ser un espacio de paz y cooperación a uno de creciente tensión geopolítica, consecuencia de la vuelta a la competición estratégica y a escenarios de confrontación entre grandes potencias. De los ocho Estados árticos (A8), todos, excepto Rusia, pertenecen a la comunidad que se denomina Occidente, responsable del diseño y dirección del orden global durante las últimas décadas, basado en unas reglas que ahora son discutidas por muchos países del sistema internacional.

Tras el final de la Guerra Fría, las relaciones en este espacio eminentemente marítimo han estado dirigidas por el Consejo Ártico a nivel institucional y por la CNUDM a nivel normativo. Esta forma de gobernanza facilitó durante años un escenario marcado por la estabilidad, escasa tensión y la cooperación, período que se ha denominado de «excepcionalismo ártico», definido por el adagio «High North, Low Tension» (Dams y Van Shaik, 2019). Las premisas eran que la pugna geopolítica no debía tener protagonismo en la región y que se debían abordar las cuestiones del cambio climático como principal amenaza al espacio ártico.

A pesar de la creciente tensión entre Rusia y Occidente en las dos últimas décadas, que se podría decir que comenzó con la ampliación de la OTAN al Este y siguió con la invasión rusa de Georgia en 2008, su intervención en Siria y la anexión de Crimea en 2014, las relaciones árticas se mantuvieron estables.

En ese período, se cancelaron algunos ejercicios entre Estados de la OTAN y Rusia y se suspendieron las actividades en algunos foros de cooperación, pero continuó la cooperación en otros, y trató de conservar ese excepcionalismo ártico. Sin embargo, la tensión y la desconfianza han ido aumentando de forma que la propia Noruega ha pedido una mayor presencia de la OTAN e incluso una política oficial para el Ártico (Bykova, 2024).

La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 supuso el punto de inflexión en las relaciones entre los A8, que provocó, entre otros resultados, la parálisis de de facto del Consejo Ártico, al cortar los siete occidentales la cooperación con Rusia. De este modo, han regresado las tensiones geopolíticas y organizaciones como la OTAN están recuperando un protagonismo que habían perdido tras el final de la Guerra Fría. La adhesión de Finlandia en 2023 y Suecia en 2024 a la OTAN ha complicado el inestable equilibrio en el seno del Consejo Ártico, donde se pasó de cinco a siete miembros de OTAN por un lado y a Rusia por el otro.

Por tanto, esa guerra ha provocado una fractura que ha cambiado el panorama de seguridad también en el Ártico. De forma abrupta, la geopolítica vuelve a determinar las relaciones regionales y el Consejo Ártico cede protagonismo a la OTAN y, en menor medida, a la Unión Europea (UE). Si durante años las disputas y discrepancias entre los Estados árticos, particularmente, entre Rusia y Noruega, se mantuvieron en el ámbito bilateral, la nueva situación generada por la guerra en Europa ha supuesto la irrupción de OTAN en una región en la que, hasta entonces, había tenido un protagonismo limitado. Esta presencia se ha producido, sobre todo, a petición de Noruega y Canadá, que con anterioridad abogaban por mantener a la Alianza alejada de las disputas árticas para, de este modo, facilitar cierto control sobre posibles tensiones geopolíticas regionales.

Nuevo enfoque de la seguridad ártica de Estados Unidos

Desde el final de la Guerra Fría, y al contrario que para Rusia, el Ártico no había sido una región de interés prioritario para Estados Unidos. En lo relativo a recursos energéticos, tiene cubiertas sus necesidades de manera aceptable utilizando la técnica del fracking y en política exterior tiene frentes con mayor prioridad como el Indopacífico. En materia de seguridad, el Ártico era un espacio de baja tensión y de cooperación entre Estados, incluida Rusia, como heredera de la antigua Unión Soviética.

Sin embargo, en los últimos años, factores como la militarización rusa del Ártico y la creciente presencia china, inicialmente por motivos económicos (acceso a recursos y uso de rutas marítimas), han provocado una creciente atención y, se podría afirmar que preocupación, de Estados Unidos. Este cambio progresivo se ha puesto de manifiesto en recientes documentos estratégicos del Gobierno estadounidense. En octubre de 2022, la administración Biden aprobó la Estrategia Nacional para la Región Ártica (The White House, 2022a) y la vigente Estrategia de Seguridad Nacional (The White House, 2022b). Esta última dedica, por primera vez, una sección al Ártico, y destaca la necesidad de aumentar la presencia estadounidense para preservar la paz y estabilidad ante la creciente pujanza rusa y china. La Estrategia de Defensa Nacional, también de octubre de 2022, se presenta en una dirección similar, pero enfatizando que la prioridad principal es el Indopacífico (U.S. Department of Defense, 2022).

Se puede afirmar que su postura hacia el Ártico es esencialmente reactiva. Estados Unidos no está dispuesto a permitir que ni Rusia ni tampoco China se hagan con el control de la región. Los elementos de interés clave son cuatro. En primer lugar, asegurar la libertad de navegación en las rutas marítimas árticas, contrarrestando los intentos rusos de dominar la RMN. Segundo, el control de los mares, en particular, la salida al Atlántico por donde transitan los submarinos nucleares rusos de la Flota del Norte. Tercero, el dominio de Groenlandia para ejercer el control del espacio aéreo de la ruta más corta entre Rusia y Estados Unidos en caso de conflicto (alerta temprana y defensa antimisiles). Y cuarto, acceso a los recursos, en particular minerales y tierras raras, donde el control de China del mercado global deja a Estados Unidos en una posición vulnerable.

Estos asuntos se consolidaron en la Estrategia para el Ártico del Departamento de Defensa de 2024 (U.S. Department of Defense, 2024), donde se adopta una postura de vigilancia y respuesta (monitor and respond), y se busca una disuasión integrada que pretende llevar a cabo con sus socios y aliados. En este documento, destacan las numerosas referencias a la OTAN, reflejo de la creciente preocupación estadounidense por la región, pero conscientes de que su prioridad marítima está en el Indopacífico y de que es necesario trabajar con sus aliados.

No obstante, como consecuencia de la baja prioridad del Ártico en la agenda exterior estadounidense durante décadas, no cuenta con los medios suficientes para afrontar el nuevo escenario geopolítico. Una muestra de esta realidad es la corta y envejecida flota de rompehielos estadounidenses (tres buques, pero solo dos operativos) frente a los casi cincuenta de Rusia2, la insuficiente presencia militar en la región o la ausencia de infraestructuras marítimas adecuadas, como puertos de aguas profundas3.

En este escenario poco favorable, no ayuda la actitud de la nueva administración Trump, que pone en peligro alianzas críticas en el Ártico, en particular con Dinamarca por la cuestión de Groenlandia y con Canadá, a quienes necesita si quiere competir con China y Rusia (Conley, 2025), como señala la Estrategia Ártica de 2024.

Estados Unidos está reforzando su presencia y sus capacidades en la región, pero necesitaría desplegar más personal, mejores instalaciones portuarias, más sensores y comunicaciones satelitales y vehículos no tripulados para poder detectar (monitor) la actividad rusa y china y responder (respond) en caso necesario. El problema es que la administración Trump toma acciones unilaterales sin contar con sus aliados, cuando parece que es más razonable reforzar la cooperación para compartir esfuerzos y dotarse conjuntamente de las capacidades necesarias. Siguiendo el último documento citado, la OTAN debería tomar la iniciativa para asegurar el flanco norte europeo (High North)4, lo que permitiría que Estados Unidos se focalice en el Indopacífico (Mckenzie, 2025).

En este escenario ártico, caracterizado por una creciente tensión geopolítica, Estados Unidos está tomando medidas importantes como la reactivación de la 2.ª Flota con base en Norfolk (2018), que tiene como misión principal asegurar y defender la libertad de navegación en el Atlántico Norte, con especial énfasis en el High North y el Ártico5. De este modo, en 2018, se desplegó, por primera vez en veintisiete años en la zona, un portaaviones americano (USS Harry S. Truman) (Mizokami, 2018); presencia que se ha repetido, la más reciente en agosto y septiembre 2025 con el portaaviones más moderno de la US Navy (USS Gerald Ford), junto con otros buques de marinas aliadas6.

Portaviones estadounidense USS Gerald Ford en aguas árticas
Figura 3. Portaviones estadounidense USS Gerald Ford en aguas árticas. Fuente: Oficina de Relaciones Públicas de la 6.ª Flota

Retorno de la OTAN al Ártico

Desde su creación en 1949, la OTAN se centró en la seguridad de Europa Occidental. No obstante, el Ártico fue una región de interés prioritario durante la Guerra Fría, un espacio clave para detener la expansión soviética hacia el oeste, así como para asegurar la defensa de Norteamérica y el norte de Europa.

Durante esa época, Noruega construyó importantes instalaciones militares en el norte del país para poder controlar los movimientos de la Flota soviética hacia el Atlántico7. Islandia y Groenlandia también tuvieron un papel clave en la protección de la brecha marítima entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido (el GIUK), considerado un cuello de botella crítico para la seguridad de la OTAN.

GIUK Gap durante la Guerra Fría
Figura 4. GIUK Gap durante la Guerra Fría

Groenlandia era vital para los intereses estratégicos y de seguridad de la OTAN en el Atlántico Norte, lo que derivó en la firma en 1951 de un Acuerdo de Defensa entre Estados Unidos y Dinamarca sobre ese territorio, que permitió establecer bases (muchas de las cuales ya existían desde la Segunda Guerra Mundial) para las actividades de defensa de la OTAN y operar sin apenas restricciones (por ejemplo, la base aérea de Thule, hoy denominada Pituffik, que albergó bombarderos y una enorme estación radar) (Bykova, 2024).

La caída del Muro de Berlín y el definitivo colapso soviético de 1991 dieron paso a una nueva etapa en las relaciones entre Occidente y Rusia, donde el Ártico pasó a un segundo plano. Comenzó la etapa del excepcionalismo ártico, marcado por la estabilidad y cooperación regional.

En este nuevo escenario, el Ártico perdió protagonismo en la OTAN, que se centró en su expansión hacia el este, y en operaciones de gestión de crisis y actividades de seguridad cooperativa, en detrimento de las de disuasión y defensa que habían caracterizado su acción durante la Guerra Fría.

El escenario estratégico de la posguerra fría, caracterizado por un Ártico más estable, provocó el cierre de instalaciones militares y la región comenzó a perder importancia dentro de la propia estructura aliada. Se decidió la desactivación del Mando Aliado del Atlántico (SACLANT), que era responsable de la seguridad de las líneas de comunicación marítima entre América del Norte y Europa, clave para el refuerzo en caso de conflicto. En 2003, se convirtió en Mando de Transformación (SACT), con la tarea de promover la innovación continua de las fuerzas y capacidades de la Alianza, y perdió su vocación marítima.

Ejemplo claro de que el Ártico había pasado a un segundo plano es la vigente Estrategia Marítima de marzo de 20118, que ni siquiera menciona a la región. De hecho, hasta 2021, las referencias al Ártico en los documentos oficiales de la OTAN son casi inexistentes, cuando se recupera el concepto de High North9. Durante los treinta años posteriores al fin de la Guerra Fría, la escasa preocupación por el Ártico derivó tanto de haberse convertido en un espacio donde prevalecía la estabilidad, como también de la falta de acuerdo entre los aliados sobre el papel de la OTAN en la región. Tanto Canadá como Noruega optaron por mantener un perfil bajo en sus disputas con Rusia y trataron de resolverlas de forma bilateral.

Aun cuando las relaciones entre Rusia y Occidente se fueron distanciando, el Ártico se mantuvo fuera de las crecientes tensiones hasta el estallido de la guerra en Ucrania, que provocó un renovado interés de la Alianza. Es posible que el acontecimiento geopolítico más importante haya sido el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, que ha supuesto un refuerzo de la defensa colectiva en la región nororiental. De este modo, como se señaló más arriba, de los A8, siete ya son miembros de la OTAN, situación que ha tensionado todavía más las relaciones entre Rusia y Occidente y parece retrotraernos a la situación de equilibrio bipolar del período de la Guerra Fría (Bykova y Houck, 2024).

La creciente militarización del Ártico, el aumento de la actividad de la Flota del Norte y la creciente presencia de sus submarinos nucleares han hecho que Occidente y, en particular, la OTAN, perciban la región como un espacio inestable. El principal desafío al que se enfrenta es el pensamiento de suma cero ruso basado en el realismo político, ante una Rusia que busca que se reconozca el Ártico como parte de su zona de influencia (Piechowicz, 2025).

Sin embargo, los países de la Alianza no están bien preparados para esta competición. La OTAN no tiene actualmente ni medios ni infraestructura crítica (buques con capacidad polar, sistemas de vigilancia, defensa antimisiles) para convertirse en una fuerza creíble en el Ártico y su enfoque continúa siendo más reactivo que estratégico. Se están dando pasos para recuperar presencia mediante ejercicios como Dynamic Mongoose o Nordic Response (Odgaard, 2025).

A nivel de estructura, se han producido algunos avances. En 2018, se aprobó la creación del Joint Force Command Norfolk10, su jefe es, simultáneamente, el comandante de la 2.ª Flota estadounidense y tiene asignadas las misiones de protección de las líneas de comunicación marítimas transatlánticas, incluido el High North como puerta de salida de las fuerzas navales rusas hacia el Atlántico. De este modo, viene a ser en cierta medida un sucesor de SACLANT. En 2021 alcanzó su capacidad operativa.

La Unión Europea como actor secundario en la geopolítica del Ártico

De los Estados árticos, solo tres son miembros de la UE: Suecia, Finlandia y Dinamarca. Pero, además, los mares árticos solo bañan las costas de Groenlandia, región autónoma de Dinamarca, pero que formalmente no pertenece a la UE por decisión interna de ese país. De este modo, los condicionantes geográficos limitan el papel geopolítico de la UE en el Ártico, en particular, en su dimensión marítima.

En el documento Comunicación Conjunta 27/2021 sobre el Compromiso de la UE con el Ártico11, aborda los retos que afectan al Ártico desde una visión amplia condicionada por el cambio climático y orientada, principalmente, a asuntos medioambientales, desarrollo sostenible, cooperación científica y cuestiones indígenas. Pero apenas aborda la dimensión geopolítica.

El documento establece que el cambio climático es una amenaza para la paz y seguridad globales y considera que la militarización del Ártico ruso aumenta los retos a la seguridad, por lo que muchos países y la propia OTAN, siguen de cerca esa situación con la idea de responder a la asertividad rusa en aguas y espacio aéreo ártico si fuese necesario. Sin embargo, la UE no se involucra ni se proponen acciones para contrarrestar la pujanza rusa, que deja en manos de la OTAN. Esto permite inferir que la UE limita las acciones en el Ártico a su contribución a consolidar el papel de OTAN en seguridad y defensa, pero sin ninguna ambición por convertirse en actor geopolítico.

Es relevante destacar, para entender este limitado papel de la UE, el hecho de que la Unión solicitó el estatus de observador en el Consejo Ártico hace más de quince años, petición que no ha sido aceptada todavía, pues Rusia y Canadá mantienen su oposición por cuestiones relacionadas con las pesquerías y no parece que, en el marco actual, se vaya a desbloquear el asunto.

La UE, como consecuencia de su poco relevante poder militar y su limitada capacidad como actor geopolítico, tiene escaso protagonismo en las tensiones en el espacio ártico, esencialmente acotadas al impacto de las sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania. Además, sus tres Estados miembros árticos abordan los asuntos de seguridad bien a nivel bilateral con Rusia o bien en el marco OTAN (el ingreso de Suecia y Finlandia a la Alianza es un claro reflejo de la incapacidad de la UE en esta dimensión), de modo que deja a la Unión un papel secundario. En el futuro, o se corrige esta situación o corre el riesgo de ser marginada políticamente y superada estratégicamente en el Ártico (Komin y Hosa, 2025).

Aunque la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, se comprometió a revisar la Comunicación sobre el Ártico y anunció incluso negociaciones con Islandia en cuestiones de defensa, incluida su eventual participación en el instrumento financiero SAFE12, se trata de competencias que están en manos del Consejo. Por tanto, las decisiones y acciones relevantes deberán ser adoptadas por los Estados miembros y no por la Comisión, que tiene sus competencias limitadas en estos temas a la industria de defensa.

La fragmentación que afecta a la postura de los países de la OTAN en cuanto al Ártico también se replica en la UE. Así, se pueden mencionar los esfuerzos de varios países europeos, que están revisando sus políticas para adaptarse al cambiante panorama geopolítico, medioambiental y económico en la región. De este modo, Francia publicó en marzo de 2025 su «Estrategia de Defensa para el Ártico», que pone el foco en el mantenimiento de la estabilidad regional y la protección de sus intereses13. Alemania publicó su propia política para el Ártico en 2024 y Países Bajos, en línea con Francia, combina una aproximación militar, tecnológica y económica con la defensa de sus intereses, y que actualizará en la próxima revisión de su Estrategia Polar (2021-2025) (El Hajji, 2025). Estas iniciativas, aunque reflejan un claro interés de diversos países no árticos por la región, muestran la división existente en el seno de la UE respecto al Ártico, en todas sus dimensiones, lo que incluye la geopolítica y la militar (Stępień y Raspotnik, 2023).

Discrepancias entre Dinamarca y Estados Unidos sobre Groenlandia

Uno de los asuntos que ha afectado negativamente a la postura de los países occidentales hacia el Ártico han sido las tensiones entre Dinamarca y Estados Unidos por Groenlandia. Es la isla más grande del mundo, territorio autónomo de Dinamarca, cuenta con su propio Parlamento y la ley danesa de autogobierno de 2009 le permitiría organizar un referéndum sobre su independencia. Es territorio OTAN, pero no forma parte de la UE desde 1985 por decisión propia.

Sin embargo, a medida que el Ártico se descongela, Groenlandia aumenta su importancia económica y estratégica, consecuencia del más fácil acceso a sus enormes recursos (energéticos, minerales, tierras raras), como de su situación geográfica con relación a las rutas marítimas polares, cada vez más navegables.

Además, por su situación geográfica mantiene un enorme valor geopolítico. Estados Unidos la considera un territorio clave para su seguridad, ubicado a medio camino entre Rusia y Estados Unidos, es la ruta más corta que los une en caso de conflicto. Desde la Segunda Guerra Mundial, ha sido el garante de su seguridad, circunstancia refrendada en 1949 con el Tratado de Washington y en 1951 con el Tratado de Defensa de Groenlandia. Durante ese período se establecieron diversas bases militares estadounidenses para proporcionar alerta temprana, capacidad de defensa de misiles, así como estacionar medios militares para posibles acciones contra Rusia, incluidas armas nucleares.

En este punto, es preciso mencionar los reiterados intentos estadounidenses de hacerse con la isla, siempre por medios pacíficos. Hubo iniciativas para comprar la isla en 1867 (coincidiendo con la adquisición de Alaska al imperio ruso), en 1946, bajo la presidencia de Harry Truman y, en 1955, por parte del presidente Dwight Eisenhower. Sin embargo, tras el final de la Guerra Fría el interés por Groenlandia disminuyó, hasta que en 2019 el presidente Donald Trump volvió a poner sobre la mesa el tema durante su primer mandato apelando a motivaciones de seguridad nacional, protección de recursos y control de las rutas marítimas árticas. Por tanto, las propuestas actuales no son una novedad y están basadas en sólidos fundamentos geopolíticos (Carafano, 2025; Witker, 2025b: 89-93).

No obstante, el énfasis de la actual administración estadounidense ha provocado tensiones entre países aliados que impacta de forma negativa en la cohesión interna de la OTAN y ha generado desconfianza en Dinamarca, pero también en Canadá, muy sensible a los cambios en el Ártico. En consecuencia, es importante buscar una fórmula de consenso que evite tensiones por algo que Estados Unidos ya tiene de facto, y que es la soberanía militar sobre Groenlandia, ratificada en 2004. En todo caso, hay que reconocer que la retórica del presidente Trump sobre Groenlandia ha conseguido que Dinamarca le preste más atención, y anuncia un gasto militar extra para garantizar su seguridad.

Ambiciones y capacidades rusas en el Ártico

Basta una mirada a un mapamundi para reconocer que Rusia es el país más extenso del planeta, tiene la fachada más amplia al océano Ártico y domina sus entradas en el mar de Noruega y en el estrecho de Bering. Además, en el espacio geográfico conformado por el océano Ártico, sus mares adyacentes y las regiones que bañan, se han descubierto en los últimos cien años gigantescos yacimientos de hidrocarburos y minerales. En décadas más recientes, los procesos asociados al cambio climático están convirtiendo esta zona en una nueva tierra de promisión por efecto del deshielo, pero también en un nuevo escenario de competencia estratégica entre grandes potencias.

Los actuales dirigentes rusos consideran que el futuro del país está en su desarrollo, en el marco de una nueva etapa de pensamiento estratégico, fortalecimiento del poder estatal y retorno a las zonas de influencia tradicionales, incluido un fuerte apoyo de la Iglesia ortodoxa rusa como confesión legitimadora de las políticas estatales. Para ello, cuentan con planes y estrategias a largo plazo con políticas que son impulsadas directamente desde el Kremlin14.

En el ámbito institucional, en la estructura presidencial rusa hay un enviado especial, que tiene como misión principal coordinar al máximo nivel las políticas estatales que afectan a esos territorios. En el Gobierno federal, un viceprimer ministro tiene como responsabilidad coordinar los trabajos de los ministerios con competencias en el Ártico, así como seguir y controlar la aplicación del programa federal de Desarrollo de Extremo Oriente y el Ártico, que es uno de los más importantes. Abarca desde el desarrollo de los territorios árticos, el fomento del transporte marítimo a través de la RMN y los medios de salvamento y rescate hasta la conectividad por cable submarino y espacial de esas regiones15.

En un nivel inferior, se encuentra el representante especial de la corporación estatal de energía nuclear Rosatom para el desarrollo del Ártico y su Dirección de la Ruta Marítima del Norte, que tiene asignadas las competencias de gestión en ese ámbito, precisamente debido a su larga experiencia en las operaciones de la flota de rompehielos más avanzada del mundo, la Atomflot. Su cometido principal es aumentar de forma segura el transporte marítimo a través de la RMN bajo las directrices directas del Kremlin (Pérez Gil, 2025a).

El objetivo de estos planes, políticas y estrategias es ampliar, dominar y controlar los espacios de soberanía rusa en el Ártico. Para ello, además de aumentar su presencia permanente mediante bases militares e instalaciones científicas, están mejorando y dotando sus programas de investigación científica en toda la región. Esos planes van de la mano de una creciente actividad normativa que tiene la pretensión de establecer un control exclusivo y excluyente sobre aquellos territorios que consideran de su soberanía16 y sobre los que pretender ejercer competencias estatales17. Toda esa actividad se enmarca en planes de desarrollo a largo plazo, pero ahora en un escenario de competición por la hegemonía mundial (Grady, 2024). Sin embargo, se jactan de que cuentan con capacidades únicas para controlar el Ártico, que son incomparables respecto al resto de Estados ribereños y también de otras potencias con aspiraciones árticas.

Es preciso señalar, con carácter previo, que, según estudios del Instituto Geológico ruso, cuentan con reservas probadas de petróleo para setenta años, gas por cien años y carbón por varios cientos de años, lo que les asegura una posición destacada en los mercados energéticos mundiales durante un larguísimo período de tiempo. Esta realidad condiciona muchas decisiones político-estratégicas y permite a los dirigentes rusos ejercer una influencia que va mucho más allá de su poder material actual.

Enfoque estratégico del Ártico

Históricamente, para Rusia, el Ártico ha sido un territorio de frontera, fue explorado desde antiguo, pero casi inexplotado hasta tiempos recientes. La Unión Soviética puso el foco en su desarrollo, principalmente, de puertos y explotaciones mineras. Durante la Segunda Guerra Mundial, sus puertos recibieron una gran parte de los suministros enviados desde Estados Unidos, lo que superó el bloqueo marítimo alemán que se ejercía desde la Noruega ocupada. Poco después, el inicio de la Guerra Fría opuso a las dos primeras potencias nucleares en Europa y en Asia, pero también en el Alto Norte, donde el desarrollo de los primeros misiles balísticos mostró que el recorrido más corto para alcanzar el territorio contrario pasaba por su vuelo directo a través de territorio ártico. En ese momento, se impuso una nueva visión del mapa mundial, centrado en el Ártico, como ilustra el propio emblema de las Naciones Unidas.

Emblema de la ONU
Figura 5. Emblema de la ONU

En consecuencia, esa amenaza de guerra nuclear es la que determinó la visión estratégica ártica. Rápidamente, se construyeron nuevas bases navales en las penínsulas de Kola y Kamchatka, en los dos extremos del país, que comenzaron a albergar los nuevos submarinos nucleares dotados con misiles balísticos (SSBN). La Marina rusa se especializó en la navegación polar, sus submarinos dominaban esas aguas, aunque acumularon graves pérdidas en su pugna con Estados Unidos (Giltsov, Mormul, y Ossipenko, 1993). A la par, comenzaron a construir una flota de grandes rompehielos nucleares con capacidades únicas que permitieron la escolta de los buques encargados de transportar suministros a bases militares e instalaciones científicas en los territorios árticos. También sus submarinos y rompehielos nucleares hicieron incursiones regulares en el Polo Norte geográfico (90º N).

Las autoridades rusas han tratado de mantener esas capacidades heredadas de la época soviética. A partir de 2010, pusieron en marcha un programa de modernización de bases navales en el Ártico y, poco después, comenzaron a recibir nuevos SSBN que aseguran la capacidad de contragolpe de su fuerza de disuasión nuclear (Pérez Gil, 2025b). También cuentan con nuevos submarinos de ataque (SSN) dotados de misiles de crucero con capacidad dual convencional y nuclear, que les permiten ejercer misiones subestratégicas y de teatro. Los mandos de Marina rusa destacan que sus submarinos dominan la navegación polar18, realizan ejercicios regulares en la banquisa ártica y cuentan con capacidades para lanzar sus armas en condiciones de hielo.

Submarino nuclear estratégico emergiendo en la banquisa ártica, 2022
Figura 6. Submarino nuclear estratégico emergiendo en la banquisa ártica, 2022

Poco después, comenzaron la construcción y puesta en servicio de una nueva generación de rompehielos nucleares de la clase Arktika, de 33.000 toneladas de desplazamiento, para apoyar las operaciones de los buques civiles, principalmente en tres zonas marítimas: estrecho de Kara, golfo de Ob y mar de Siberia Oriental. Hay cuatro en servicio y planean contar con una decena a principios de la próxima década19. Su misión principal es escoltar los grandes buques gaseros que navegan desde las terminales de Sabetta hacia puertos asiáticos (Staalesen, 2025), con las ventajas de ahorro de tiempo y costes anotados al principio.

Rompehielos nucleares, 2025
Figura 7. Rompehielos nucleares, 2025

Presencia militar rusa en los territorios árticos

La recuperación de la estabilidad junto con un aumento significativo de los precios de los hidrocarburos en la primera década de este siglo facilitó acometer la reorganización y modernización de sus Fuerzas Armadas. La activación de un primer programa estatal de armamentos de 2011-2017 (PEA-17) permitió iniciar la mejora de bases alejadas, así como la recuperación de asentamientos que se habían abandonado en los años noventa debido a la falta de fondos. A partir de 2012, se aplicaron mejoras en bases situadas en Nueva Zembla, Tierra de Francisco José e islas de Siberia Oriental, posiciones claves para dominar y controlar la RMN. Para ello, se dotaron de armamento y equipos avanzados como sistemas antiaéreos S-400 y misiles antibuque Bastión-P y Bal y se crearon zonas antiacceso y de denegación de área (A2/AD) para enfrentar a cualquier adversario. Como se observa, en el planeamiento ruso despliegue militar y desarrollo económico van de la mano.

Base Severny Klever en Kotelny, islas de Siberia Oriental, 2022
Figura 8. Base Severny Klever en Kotelny, islas de Siberia Oriental, 2022

Además de la presencia permanente de sus submarinos nucleares, la Marina rusa comenzó a realizar despliegues navales regulares a lo largo de la RMN que tienen varios objetivos: asegurar la presencia, dominar la navegación en mares helados y adiestrar a las fuerzas terrestres en operaciones conjuntas. En varias ocasiones, debido a las dificultades climatológicas, han requerido la escolta de los rompehielos nucleares de la Atomflot, lo que demuestra la idoneidad de contar con este tipo de buques en cualquier época del año.

También las Fuerzas Aeroespaciales comenzaron a destacar aviones de combate en aeródromos lejanos. De forma regular, se despliegan cazas Sukhoi Su-33 y Su-35S en Nueva Zembla. La mejora y ampliación de las pistas de aterrizaje permiten las operaciones de abastecimiento de aviones de transporte pesado Ilyushin Il-76, así como el despliegue de bombarderos estratégicos a territorios como Anádyr, en la región de Chukotka, próxima a Alaska.

En 2014, se estableció el mando estratégico conjunto de la Flota del Norte y, en enero de 2021, pasó a ser un distrito militar independiente con responsabilidades en todo el territorio ártico. Sin embargo, la reorganización de la dirección estratégica occidental como consecuencia de la guerra contra Ucrania revirtió dicha medida, y reasignó recursos, medios y personal al nuevo Distrito Militar de Leningrado. Además, se ordenó la creación de un nuevo Cuerpo de Ejército del Noroeste, que estará estacionado en la frontera ruso-finesa para responder a la nueva situación creada por la incorporación de Finlandia y Suecia a la OTAN.

Cabe destacar, además, que el Ártico es una zona de pruebas de los misiles avanzados rusos, en especial en el campo de tiro de Nenoksa en el mar Blanco (Pérez Gil, 2025c). Desde Plesetsk, en el óblast (provincia) de Arcángel, se lanzan misiles balísticos y cohetes portadores de satélites militares. También cuentan con el campo de pruebas nucleares en Nueva Zembla, aunque, por ahora, se mantiene una moratoria completa por parte de las grandes potencias.

Planes de desarrollo de la Ruta Marítima del Norte

Precisamente, la guerra en Ucrania ha planteado nuevos desafíos a los planes de expansión de la RMN. A corto y medio plazo, las sanciones occidentales han afectado al volumen de carga transportada y han impedido cumplir los hitos marcados por el propio presidente ruso20. Las sanciones han afectado al volumen y tipos de carga, así como a los navíos que navegan en los mares árticos, incluidos los buques pesqueros21. Pero esas medidas no solo atañen al transporte marítimo que pasa por el Ártico, sino a todas las vías de transporte. Entonces, si se toman los datos más recientes tanto de tráfico de carga como de los puertos árticos se observa un aumento sostenido de volúmenes que, aunque no compensan el descenso general, sí muestran el crecimiento de la RMN22 y, por tanto, los avances en los planes de desarrollo a largo plazo.

Los puntos focales de la RMN, son de oeste a este, Múrmansk, en la península de Kola, con su gran puerto naval, la base principal de los rompehielos nucleares y los planes para convertirlo en un gran centro de distribución de carbón y de gas natural licuado (GNL); Sabetta, en Yamal, donde se encuentran los principales campos de gas rusos en explotación y en proyecto23; Dixon, en la desembocadura del Yeniséi, con su puerto y capacidades logísticas; mucho más al noreste, Pevek, en Chukotka, como punto de acceso a la cuenca minera Baimskaya24 y, finalmente, más allá del estrecho de Bering en el océano Pacífico, Petropavlovsk-Kamchatski, donde también hay planes para construir un gran centro de redistribución de GNL hacia los puertos asiáticos.

Central nuclear flotante en Pevek
Figura 9. Central nuclear flotante en Pevek. Fuente: Rosatom

A largo plazo, existen planes para que los gigantescos rompehielos nucleares de la nueva clase Líder, de 69 600 toneladas de desplazamiento, operen desde una nueva base en Petropavlovsk-Kamchatski. Su misión será cubrir el tramo más difícil de hielos en la temporada de invierno, que es el área marítima que va del mar de Siberia Oriental al estrecho de Bering. El primer buque, Rossiya, se está construyendo en los astilleros Zvezdá de Bolshoi Kamen, en Vladivostok, con un coste estimado de más de 200 000 millones de rublos (unos 2500 millones de dólares a precios actuales). Además, en dichos astilleros se construyen buques gaseros tipo AFRAMAX destinados a transportar el GNL desde Sabetta a puertos del Atlántico y del Pacífico25. Aunque se habla reiteradamente de planes estatales hay que tener en cuenta que todas estas infraestructuras son financiadas por las grandes corporaciones energéticas rusas como Gazprom, Novatek o Rosneft, que están en manos de empresarios cercanos al Kremlin y en algunos casos, de socios de su primera época.

Durante el Foro Económico Oriental de Vladivostok celebrado del 2 al 6 de septiembre de 2025, Rosatom firmó un acuerdo con Rosmorrechflot para el desarrollo de las vías de transporte fluvial de mercancías de Siberia y Extremo Oriente en dirección a la RMN, así como la creación de centros logísticos en puertos fluviales. También anunció planes para construir dos nuevas centrales nucleares, una en Fokino, en Primorie, que se iniciará en 2026, y otra en Jabárovsk, para satisfacer las demandas de electricidad de esos proyectos.

Cooperación con China e India en el Ártico

Antes se afirmó que las autoridades rusas trabajan activamente para establecer un régimen exclusivo sobre Ártico y, sobre todo, controlar sus recursos, desde gas, petróleo y minería hasta las pesquerías. En el pasado, solo aceptaron acordar y coordinarse con los otros Estados árticos en el seno del Consejo Ártico y se han opuesto a la injerencia de otros países en un área que consideran de su exclusivo control, posición compartida por Canadá y Noruega.

Sin embargo, la guerra en Ucrania ha impuesto un nuevo enfoque político-estratégico. Por un lado, el rechazo de las potencias occidentales a las iniciativas rusas como parte de sus intentos de aislamiento contra Rusia ha llevado al bloqueo del Consejo Ártico, que tantos éxitos había dado para la cooperación regional, en especial, entre Rusia y Noruega en temas tan sensibles como los accesos al archipiélago Svalbard, las pesquerías en los límites de los mares de Noruega y de Barents y las capacidades de salvamento y rescate en esas aguas.

Por otro, las sanciones antirrusas han obligado a buscar nuevos mercados para sus hidrocarburos, lo que ha provocado un vuelco enorme en los flujos energéticos mundiales y ha destacado, en este ámbito, el caso de la India, que se transformó en muy poco tiempo en el principal importador de petróleo ruso gracias a los descuentos que se aplicaban en el precio para, a continuación, reexportarlo a Europa y a Norteamérica. Otro tanto, aunque en menor medida, ha pasado con China, algunos países del golfo Pérsico y de África. En paralelo, las sanciones occidentales también condicionaron la salida de las empresas energéticas occidentales de proyectos conjuntos en territorio ruso y las últimas en retirarse fueron las compañías japonesas y surcoreanas.

Estas medidas han supuesto un enorme reto para las autoridades rusas, en primer lugar, porque deben mantener un alto nivel de exportaciones de hidrocarburos para poder continuar financiando una guerra larga en Ucrania (Pérez Gil, 2024a). En segundo lugar, porque la parte sustancial de sus exportaciones y, por tanto, de los ingresos fiscales proviene de esas exportaciones, que financian desde la estructura del Estado hasta las prestaciones públicas. De este modo, no se pueden permitir dejar de explotar los yacimientos conocidos o agotar los yacimientos actuales sin sustitución, como Shtokman, en el mar de Barents.

Para ello, hay planes para la entrada de empresas chinas e indias, tanto en los proyectos de Yamal como en Sajalín, de las que salieron sus pares occidentales. El 20 de agosto de 2025, el primer viceprimer ministro Manturov, destacó estos aspectos durante la reunión anual de la Comisión Intergubernamental ruso-india.

En el caso de China, la cooperación parece más profunda y a más largo plazo porque, a pesar de su posición geográfica alejada, cuenta con su propia estrategia para el Ártico y ambiciona tener acceso libre a esos mares26, circunstancia que, hasta ahora, no se había dado debido a aquel consenso entre los miembros del Consejo Ártico sobre su posesión indiscutida sobre los bienes y derechos en ese Mediterráneo polar.

De este modo, en marzo de 2023, los Gobiernos ruso y chino crearon un grupo conjunto sobre la RMN, en octubre de 2024 los Ministerios de Asuntos Exteriores establecieron un diálogo sobre el Ártico y, en diciembre de 2024, se celebró la primera reunión del órgano de cooperación para la RMN. Como corolario, el 8 de mayo de 2025 los presidentes Putin y Xi hicieron una declaración conjunta en Moscú en la que enfatizaron su posición común a favor de la paz y la estabilidad en el Ártico, así como su voluntad de prevenir tensiones militares y políticas en la región27. No obstante, merece una reflexión que la primera cumbre entre los presidentes ruso y estadounidense desde el inicio de la guerra en Ucrania se celebrase en Alaska (15-16 de agosto de 2025), un territorio ártico.

Por parte rusa, el Gobierno ruso nombró al vicepresidente de la Comisión Estatal para el Desarrollo del Ártico como representante especial para el Desarrollo del Ártico y la Cooperación con China. Por tanto, esa colaboración busca alcanzar los objetivos de desarrollo del Ártico, suplir capacidades en sectores críticos donde las sanciones han impactado con más dureza, como es la construcción naval28, y continuar ingresando divisas por las exportaciones energéticas.

Por parte china, se concretan en la construcción de nuevos rompehielos (tres hasta ahora), con los que realizan expediciones científicas en el Ártico y en la Antártida, cada vez es más frecuente el tránsito de grandes buques mercantes chinos en la RMN y, desde 2017, se comenzó a hablar de la Ruta de la Seda Polar, como parte de su estrategia de proyección global (Pardo Delgado, 2025). Además, muestran una creciente actividad en operaciones en aguas profundas, donde pueden beneficiarse de las capacidades y experiencia rusas (Pérez Gil, 2024b: 575-597), en su preparación para un próximo enfrentamiento con Estados Unidos en el Pacífico. No obstante, a corto plazo no parece que se venga una alianza ruso-china (Myklebost y Lanteigne, 2024). Estas son proyecciones estratégicas que se plantean ante un nuevo reparto del poder mundial que se abre paso rápidamente (Witker, 2025a).

Conclusiones

Durante la última década, las grandes potencias han entrado en una nueva etapa de competición estratégica, que se ha mostrado claramente tras el estallido de la guerra en Ucrania. Se han configurado dos bloques antagónicos: Occidente, por un lado, y un bloque informal y escasamente estructurado, por otro, encabezado por Rusia y China, que pretende atraer a la mayoría del Sur Global. Esta división se extiende de manera progresiva a todos los espacios de interés geopolítico, incluido el Ártico.

La creciente militarización rusa está provocando una situación clásica derivada del dilema de seguridad, en un escenario geopolítico regional y global donde la fuerza y la disuasión están sustituyendo a las reglas y a la cooperación.

Durante muchos años, la OTAN ha tenido un enfoque regional caracterizado por la fragmentación. Al tradicional desinterés estadounidense, se sumaba la cautela de algunos aliados que trataban de preservar sus relaciones con Rusia. La consecuencia es que, a pesar de la importancia del Alto Norte, la OTAN continúa careciendo de una posición oficial para el Ártico, cuestión que es preciso corregir para poder abordar los retos que se plantearán en las próximas décadas.

Por su parte, la UE tiene un papel escaso acotado a la aplicación de políticas medioambientales y desarrollo sostenible, a pesar de las declaraciones oficiales como la propia Estrategia Global de la Unión de 2016. En un escenario de creciente tensión, agravada por la escalada en Ucrania y con una China cada vez más presente, parece poco probable que gane protagonismo en la región.

Para Rusia, el Ártico es una pieza clave en su estrategia como país. A pesar de los problemas provocados por las sanciones occidentales, los dirigentes rusos mantienen sus planes a largo plazo. El desarrollo de los territorios árticos se concibe como una carrera para los próximos cien años, que abarca desde el dominio de los mercados energéticos hasta el liderazgo científico y técnico en áreas como la energía nuclear. Con esta visión, implementan su estrategia de expansión de la Ruta Marítima del Norte.

Pero, además, esos planes forman parte de su estrategia de ejercer como gran potencia en el Pacífico, que se está convirtiendo progresivamente en el área principal de la lucha por la hegemonía mundial.

En este escenario, se plantean cuestiones complejas como son la reconfiguración de la gobernanza regional bien a través del Consejo Ártico (el directorio del Ártico) o mediante la creación de nuevos foros que den entrada a otras potencias no propiamente árticas, pero que tienen interés en la región, como China o India; o el mantenimiento de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, bastante respetada hasta ahora por los Estados árticos.

La vigencia de estas instituciones da estabilidad a la región, permite resolver diferencias de forma pacífica y resuelve la disyuntiva del conflicto a favor de las negociaciones. Porque para las grandes potencias, la alternativa para alcanzar sus intereses vitales suele ser el uso de la fuerza, la guerra.

Bibliografía

Abel Romero Junquera
Capitán de navío de la Armada
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Federico Aznar Fernández-Montesinos
Capitán de fragata de la Armada, Doctor en Ciencias Políticas
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Luis V. Pérez Gil
Teniente reservista voluntario del Ejército de Tierra, Doctor en Derecho con premio extraordinario
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]La CNUDM, en su artículo 76, permite que las plataformas continentales se amplíen cuando un Estado dispone de datos científicos que demuestren que determinadas características geológicas o geográficas del lecho marino están en relación con las plataformas continentales. Pero las aguas más allá del mar territorial son mares libres y la Convención limita la soberanía de los Estados al declarar que los fondos marinos son «patrimonio común» de la humanidad y que su exploración y explotación «se realizarán en beneficio de toda la humanidad, cualquiera que sea la situación geográfica de los Estados».
[2]Actualmente Rusia cuenta con más de cincuenta rompehielos, siete de ellos de propulsión nuclear como se expone más adelante. Como se señala más adelante, China está construyendo su propia flota de rompehielos. Véase también: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/artico_2025_dieeeo52.pdf/
[3]En todo caso, en los últimos años, el aumento de la tensión geopolítica en la región ha provocado un incremento de la presencia militar, sobre todo, en Alaska, así como el anuncio de planes para modernizar antiguas instalaciones militares en la región.
[4]Se entiende como High North lo que es el espacio ártico europeo, que se extiende desde Groenlandia en el oeste hasta la frontera entre Noruega y Rusia en el mar de Barents en el este, y que abarca zonas de importancia estratégica como el GIUK.
[7]Para los dirigentes soviéticos las islas Svalbard eran fundamentales para la seguridad de su flota naval estacionada en la península de Kola, así como para el acceso de sus buques y submarinos al Atlántico.
[9]El Concepto Estratégico de la OTAN, aprobado en la cumbre de Madrid de 29-30 de junio de 2022, dice que «En el High North, su capacidad de interrumpir o perturbar el refuerzo y la libertad de navegación en el Atlántico Norte es un reto estratégico para la Alianza». Disponible en: https://www.nato.int/strategic-concept/
[12]Pone a disposición de los Estado miembros créditos por hasta 150 000 millones de euros para desarrollar capacidades de defensa en común.
[14]Véanse las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, en el X Foro Económico Oriental de Vladivostok el 5 de septiembre de 2025. Disponible en: http://kremlin.ru/events/president/news/77927
[15]El programa federal de Desarrollo del Ártico en conexión con el programa federal del espacio contempla la creación de una constelación de satélites en órbita polar completa y permanente a esos territorios.
[16]El 2 de agosto de 2007, un minisubmarino tripulado Mir bajó hasta 4261 metros para plantar una bandera rusa en el fondo del océano Ártico, en la cordillera Lomonósov, con pretensiones de soberanía.
[17]La plataforma continental ártica rusa tiene más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, es un espacio marítimo rico en petróleo, gas y materias primas y se estima que más del 20% de todas las reservas de hidrocarburos no descubiertas del mundo se concentran ahí.
[18]El presidente Putin dijo durante una reunión con expertos del sector nuclear en la ciudad de Sarov (antigua Arzamas-16) que «Esta es nuestra ventaja militar. Y la investigación, incluso en esta zona ártica, es sumamente importante para nosotros». Disponible en: http://kremlin.ru/events/president/news/77837
[19]El 26 de mayo de 2025, el presidente Putin aprobó los planes de construcción de dos nuevos buques, cuya producción debería comenzar en 2026. Disponible en: https://portnews.ru/news/379923/
[20]En 2024, el volumen de carga en la RMN fue 37,9 millones de toneladas, menos de la mitad del objetivo de ochenta millones ordenado por el presidente en ruso en 2018. El 21 de mayo de 2025, el director general de GlavSevmorput, Sergey Zybko, anunció un ambicioso objetivo de ciento diez millones de toneladas en 2030. Disponible en: https://sudostroenie.info/novosti/45253.html
[21]El 27 de agosto de 2025, autoridades rusas anunciaron medidas de reciprocidad contra la prohibición de las operaciones de pesqueros rusos en espacios marítimos y zona económica exclusiva de la UE y Noruega. Disponible en: https://fish.gov.ru/main-news/2025/08/27/ilya-shestakov-rossiya-primet-otvetnye-mery-v-otnoshenii-norvezhskih-rybopromyslovyh-sudov/
[23]Aquí opera la mayor infraestructura marina jamás construida, una plataforma de transformación de gas de 640 000 toneladas, que se construyó en Kola y se trasladó remolcada hasta su zona de explotación.
[24]Como parte de este proyecto, en 2019, se puso en servicio la primera central nuclear flotante en el puerto de Pevek y hay planes para construir otras cuatro más, bajo la dirección de Rosatom.
[25]El 26 de mayo de 2025, el primer viceprimer ministro ruso, Denis Manturov (uno de los protegidos del Kremlin), presidió una reunión gubernamental sobre planes de construcción naval donde se planteó un objetivo de mil seiscientos buques de gran tonelaje hasta 2026, especialmente, gaseros y petroleros.
[26]El presidente chino, Xi Jinping, declaró en su visita a Moscú el 8 de mayo de 2025 que «hay un progreso significativo en cuestiones relacionadas con el desarrollo y el uso comercial de la Ruta del Mar del Norte», mientras que Putin mencionó de los planes de centros logísticos en Múrmansk y Petropavlovsk-Kamchatski. Disponible en: http://kremlin.ru/events/president/news/76873
[28]En 2024, New New Shipping estableció una empresa conjunta con Rosatom registrada y bajo jurisdicción en China que tiene como finalidad explorar vías de colaboración en la RMN.
    • El Ártico como espacio de conflicto (0,6 MB)

    • The Arctic as a space of conflict (0,6 MB)