ESFAS. La misión geopolítica de Rusia según Alexander Duguin

Imagen decorativa creada con ChatGPT

27 feb 2026

ESFAS. La misión geopolítica de Rusia según Alexander Duguin

Javier Irazoqui González, Consejero de Embajada

Introducción

«Para nosotros los Eurasianistas, Occidente es el reino del Anticristo, “el lugar maldito”. Toda amenaza contra Rusia procede de Occidente y de los representantes de las tendencias occidentalistas en Rusia» (Duguin, 2016, p. 66).

La muerte en un atentado en 2022 de Daria Duguina, hija de Alexander Duguin, trajo una vez más al foco de la opinión pública la figura de este pensador nacionalista ruso, al que varios autores y periodistas no han dudado en calificar de «ideólogo del Kremlin», «cercano a Putin» o «guía espiritual de la invasión de Ucrania» (Europa Press, 2022).

Alexander Duguin es un destacado intelectual y teórico de la geopolítica rusa y uno de los máximos exponentes contemporáneos del llamado pensamiento eurasianista, que concibe a Rusia como una entidad con características diferenciadas tanto de Oriente como de Occidente. Su influencia en el gobierno ruso ha sido ampliamente debatida en los últimos años, especialmente tras la invasión en Ucrania y debido a su postura claramente antioccidental.

Diversos periodistas y académicos se han ocupado de la figura de Duguin y de su obra, sobre todo desde finales de los años noventa, cuando la aparición de su libro Fundamentos de Geopolítica marcó un hito en su trayectoria profesional. El libro agotó cuatro ediciones y sigue estudiándose en la Academia rusa del Estado Mayor y otras universidades militares del país (Clover, 2022). De acuerdo con Dunlop (2001, p. 91): «probablemente no ha habido otro libro publicado en Rusia en el período postcomunista que haya ejercido una influencia comparable en las élites militares, policiales y en los estrategas de política exterior rusos».

Pero ¿cuál es la visión geopolítica que promueve Duguin para Rusia? ¿Qué es el eurasianismo y por qué debe interesarnos? ¿Cómo podemos rastrear el peso de esta visión en la política exterior de la Federación rusa? En las próximas líneas vamos a tratar de responder a estas preguntas.

Exposición
La Geopolítica

Para poder estudiar la visión geopolítica de Alexander Duguin es fundamental entender primero qué es la geopolítica, una disciplina que se ha vuelto a poner de moda especialmente desde la reciente llegada a la Casa Blanca de Donald Trump pero que, quizás, se comprende poco.

Temas como el Ártico, Groenlandia o el Canal de Panamá han reactivado el interés estratégico global, subrayando el valor contemporáneo de esta disciplina, que es clave para entender el pensamiento de Duguin. Como señala el periodista Charles Clover (2022), los autores clásicos de la geopolítica han tenido una profunda influencia en Duguin, por lo que revisarlos nos ayudará a contextualizar su pensamiento.

La geopolítica, entendida de forma general, estudia cómo la geografía condiciona las relaciones de poder entre Estados. Esta perspectiva atribuye un peso decisivo a factores como la ubicación, los recursos naturales o las fronteras, y ha sido central para entender conflictos, como la II Guerra Mundial, las alianzas y estrategias globales. Tal como explica Marlène Laruelle (2012), una de las principales expertas en el eurasianismo ruso, Duguin ha transformado la ideología eurasianista en una corriente geopolítica.

Los orígenes de la geopolítica moderna se sitúan entre finales del siglo XIX y principios del XX, en un contexto de fuerte competencia imperial entre las grandes potencias europeas. Fue entonces cuando surgió un grupo de pensadores que, desde distintas disciplinas (la geografía, la historia o la ciencia política), comenzaron a explorar cómo el territorio, los recursos naturales y la ubicación geográfica condicionaban la capacidad de los Estados para proyectar poder más allá de sus fronteras. Entre ellos destacan figuras como Friedrich Ratzel, Alfred Mahan, Rudolf Kjellen y Halford Mackinder, que establecieron lo que más tarde se denominaría la tradición geopolítica clásica.

El marino estadounidense Alfred Mahan (1840–1914) defendía que el poder de una nación dependía de su dominio marítimo a través de una flota poderosa. Por su parte, el geógrafo británico Halford Mackinder (1861–1947) dio prioridad al poder terrestre. En su influyente artículo The Geographical Pivot of History (1904), formuló la teoría del heartland, la idea de que el dominio de la masa continental euroasiática, podía garantizar la hegemonía mundial al ser una región rica en recursos y difícil de invadir.

Friedrich Ratzel (1844–1904), geógrafo y etnógrafo alemán, introdujo el polémico concepto de lebensraum o espacio vital. Concebía al Estado como un organismo vivo que necesita crecer territorialmente para garantizar su supervivencia. En Alemania también, Karl Haushofer (1869–1946), influenciado por Ratzel y Mackinder, integró geografía, historia y política. Defendía la necesidad de que Alemania ampliase su espacio de influencia. También es relevante la figura de Carl Schmitt (1888–1985), jurista y teórico político alemán, cuyas ideas analizan las relaciones entre derecho, espacio y poder.

Tras un periodo de descrédito después de la II Guerra Mundial, por la asociación de varios de estos autores con el régimen nazi, la geopolítica vivió un resurgimiento en los años 80, tanto en su vertiente neoclásica (con autores como Kissinger), como con la llamada geopolítica crítica, impulsada por el irlandés Gearóid Ó Tuathail y el estadounidense John Agnew. Esta corriente cuestiona los supuestos tradicionales y busca desentrañar los discursos de poder detrás de la política exterior, más que limitarse a describir la influencia de la geografía.

Uno de los conceptos desarrollados por esta perspectiva crítica es el de los códigos geopolíticos. Taylor y Flint (2018) los describen como un conjunto de cinco elementos que muestran cómo un país concibe su posición en el mundo: quiénes son los aliados actuales y potenciales, los enemigos actuales y potenciales, cómo fortalecer las alianzas o contrarrestar amenazas, y, finalmente, cómo se justifica todo esto ante la opinión pública, es decir, la narrativa.

El eurasianismo

Tal y como señalan varios autores, y es evidente al leer la obra de Duguin, este autor ruso se sirvió de las ideas de los geopolíticos clásicos para dar un enfoque geopolítico al eurasianismo. Pero, ¿qué es el eurasianismo?

Este movimiento surgió en las décadas de 1920 y 1930 entre intelectuales rusos emigrados a ciudades como París y Praga, en plena crisis de identidad por la guerra civil y la caída del Imperio ruso. Figuras como Nikolai Trubetskoy (lingüista), Piotr Savitsky (economista), o Roman Jakobson (filólogo), entre otros, coincidieron en una idea clave: Rusia no es ni Europa ni Asia, sino una civilización única, con una misión histórica propia. Según Laruelle (2012), esta identidad eurasiática se basa en una síntesis entre elementos eslavos y turcomusulmanes, en oposición al modelo europeo, al que rechazaban como materialista, individualista y colonialista.

Estos pensadores defendían que cultura, lengua, arte y territorio forman un todo orgánico. En Praga, por ejemplo, fundaron en 1925 el Círculo Lingüístico con colegas checos y rusos, donde se argumentó que cada civilización posee una estructura cultural profunda que se manifiesta en la arquitectura, la música o el folclore. El manifiesto fundacional Éxodo al Este (1921) ya proponía que Rusia debía redescubrir sus raíces asiáticas y rechazar su occidentalización forzada desde Pedro el Grande hasta la Revolución bolchevique.

Uno de los autores más influyentes de esta corriente fue Piotr Savitsky (1895–1968), aristócrata y economista, a quien Duguin considera primer y único geopolítico ruso (Duguin, 2023). Savitsky veía en Rusia una civilización con una posición única entre Europa y Asia, y propuso el concepto de miestorazvitie (lugar en desarrollo): la idea de que cada pueblo se desarrolla en relación orgánica con su territorio. Su visión combinaba geografía, cultura y etnicidad de forma sintética.

Sin embargo, el movimiento eurasianista no fue homogéneo. En 1928, Trubetskoy rompió con el grupo por desacuerdos políticos, y los eurasianistas se dividieron en dos ramas: una más conservadora en Praga, liderada por Savitsky y contraria a colaborar con la URSS, y otra en París, encabezada por Suvchinsky, que sí contemplaba alianzas con los bolcheviques. La ruptura se agravó con la infiltración del grupo por parte de los servicios secretos soviéticos. Savitsky, convencido por estos agentes de que el movimiento tenía apoyo en la URSS, fue arrestado tras la entrada del Ejército Rojo en Checoslovaquia en 1945, deportado a Moscú, interrogado y finalmente internado en un gulag en Mordovia.

Tras su liberación, Savitsky trabó relación con otro prisionero interesado en las ideas eurasianistas: Lev Gumilev (1912–1992). Hijo de los célebres poetas Anna Ajmátova y Nikolái Gumilev (ambos represaliados por el régimen soviético), Gumilev sufrió dos internamientos en campos de trabajo estalinistas (solía señalar que uno fue por su padre y el otro por su madre). Su detención quedó inmortalizada en Réquiem, la obra más conocida de su madre.

Gumilev se convertiría en una de las figuras más influyentes del eurasianismo moderno. Su obra aportó una dimensión biológica al pensamiento eurasianista: en lugar de centrarse en elementos culturales, propuso una teoría de la etnogénesis en la que cada grupo étnico pasa por ciclos de nacimiento, expansión y declive, impulsados por un fenómeno cósmico llamado pasionaridad (pasionarnost). Esta energía cósmica produciría individuos históricos excepcionales, como Juana de Arco o Alejandro Magno.

En conjunto, los autores del eurasianismo clásico aportaron una base filosófica, cultural y geográfica que Duguin recoge y transforma para proponer una nueva visión geopolítica del mundo. Desde el exilio y los campos de concentración, estos pensadores imaginaron una Rusia alternativa, ni europea ni asiática, pero con elementos de ambas.

Alexander Duguin

Alexander Duguin (Moscú, 1962) es considerado el principal ideólogo del neoeurasianismo, una corriente que resurge en los años noventa tras la disolución de la URSS. Partiendo de los eurasianistas clásicos, reformula su pensamiento con un fuerte rechazo a Occidente y a la tradición romano-germánica, abogando por un nuevo orden mundial multipolar liderado por Rusia (Pizzolo, 2020).

Desde joven, Duguin mostró interés por el misticismo y el ocultismo. En los años ochenta fue detenido por la KGB por sus vínculos con círculos nacionalistas de extrema derecha. Tras el colapso soviético, inició una intensa actividad intelectual y viajó por Europa, donde entabló relación con figuras de la ultraderecha como Alain de Benoist. Su encuentro con el escritor y editor Alexandr Prokhanov resultó decisivo: lo incorporó al periódico Den (antecesor de Zavtra), lo que permitió a Duguin acceder a una tribuna ideológica y a contactos con sectores conservadores del poder.

A finales de los años noventa, Duguin alcanzó notoriedad con la publicación de Fundamentos de Geopolítica (1997), obra encargada supuestamente por el entonces ministro de Defensa, el general Rodionov. A ella siguieron otros títulos relevantes como La cuarta teoría política (2012).

Duguin también fundó en 2002 el partido político Eurasia, tras varias fases de consolidación del movimiento eurasianista en la Rusia postsoviética. A principios de los noventa había fundado también con Eduard Limonov (escritor, político, activista, etc cuya figura fue popularizada por el escritor francés Emmanuelle Carrere) el Partido Nacional Bolchevique, del que luego se separaría.

Según Maíz (2023), la obra de Duguin es una amalgama de influencias conservadoras y reaccionarias (Schmitt, Evola, Guénon, Heidegger, la Nueva Derecha europea) al servicio de un nacionalismo ruso que mezcla ortodoxia religiosa, revolución conservadora, fascismo y nacional-bolchevismo.

El proyecto político de Duguin busca construir un nuevo espacio imperial eurasiático, en oposición a Occidente. Sus pilares serian: la multipolaridad como principio internacional; la asimilación del espacio postsoviético a un núcleo civilizatorio ruso; y una forma de gobierno autoritaria bajo un nuevo zar, alternativa a las democracias liberales.

Duguin aboga por una Rusia potencia terrestre (telurocracia), enfrentada a la talasocracia liberal-atlántica liderada por EE. UU., en una lucha estructural que remite a la oposición histórica entre Roma y Cartago o Inglaterra y Alemania. Para él, Rusia debe reconstruirse como imperio, identificando como enemigo común el liberalismo, el globalismo y el poder estratégico occidental.

Frente a estos adversarios, propone un mundo multipolar liderado por Rusia a través de tres ejes o alianzas estratégicas:

  1. Moscú–Berlín: Una alianza con Alemania y Europa Central, basada en una historia y geografía comunes. Rusia aporta fuerza política; Alemania, desarrollo económico. Duguin propone entregar Kaliningrado a Alemania para favorecer el acercamiento.
  2. Moscú–Tokio: Una estrategia para contrarrestar la influencia de China, a la que Duguin considera un potencial rival para Rusia. Japón sería una puerta hacia el Pacífico y un socio tecnológico. Sugiere la devolución de las Kuriles para sellar la alianza.
  3. Moscú–Teherán: Irán encarna el sentimiento antioccidental y permite a Rusia acceder al golfo Pérsico y consolidar su influencia en Asia Central (la tradicional aspiración de Rusia de llegar a los “mares cálidos”).

En su narrativa, además, Duguin apela al respeto de las soberanías nacionales, al antimperialismo y a la diversidad cultural, posicionando a Rusia como defensora de un mundo más justo frente a la homogeneización liberal occidental. En La cuarta teoría política, afirma que la crisis del modelo occidental es global, y que Rusia debe liderar una respuesta articulada por tradicionalistas, nacionalistas y antioccidentalistas.

Partiendo de los EE.UU., su ideología capitalista liberal y de sus aliados, como adversarios de Rusia y representantes de la tradición talasocrática tradicionalmente opuesta a los poderes terrestres, Duguin postula un contrapeso geopolítico en Eurasia, un equivalente del heartland mackinderiano con Rusia como centro, que debe aliarse con una serie de actores que le ayuden a contrapesar los intentos unipolares de los EE.UU.: Alemania al oeste, Japón al este e Irán al sur, junto con los países del tercer mundo que busquen independizarse de América y reafirmar sus valores tradicionales como Rusia, en contra del liberalismo uniformizador.

La política exterior de Rusia desde el 2000

¿Pero estas ideas de Duguin tienen algún reflejo en la política exterior rusa? Podríamos argüir sencillamente que la invasión de Ucrania o la guerra de Georgia son claras muestras de oposición a Occidente y que en ello Rusia parece seguir a Duguin. Pero dado que Duguin es un pensador con una extensa obra escrita resulta interesante comprobar si sus ideas han tenido algún impacto en los documentos oficiales de política exterior rusa.

En este sentido, según Milosevich-Juaristi (2016), los Conceptos de política exterior son uno de los documentos oficiales, junto con la doctrina militar y el concepto de seguridad nacional, que han venido definiendo desde la llegada al poder del presidente Putin en el año 2000 las estrategias para lograr los objetivos de la Federación Rusa de reimperialización y competición con Occidente.

Tal y como señala el concepto de 2023 en su inicio, en línea con lo señalado por los conceptos anteriores, «se trata de un documento de planificación estratégica que proporciona una visión estratégica de los intereses nacionales de la Federación Rusa en el ámbito de la política exterior, sus principios básicos, sus fines estratégicos, sus principales objetivos y las áreas de prioridad de la política exterior de Rusia» (Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, 2023, punto 1).

Se trata, por tanto, de documentos oficiales, de fuentes primarias que reflejan una visión estratégica y no meramente coyuntural de Rusia y su lugar en el mundo, estructurados en distintos puntos que, tal y como señala Ruiz (2013), permanecen estables en el tiempo y con cambios mínimos, lo que permite hablar de «un documento muy consolidado» y que «facilita la comparación entre sucesivas ediciones» (Ruiz, 2013, p. 2).

Desde la caída de la Unión Soviética, se han aprobado en Rusia seis conceptos de política exterior: en los años 1993, 2000, 2008, 2013, 2016 y 2023. De entre estos conceptos, podemos elegir, por ejemplo, los correspondientes a los años 2000, 2008, 2016 y 2023 pues los mismos se corresponden con hechos tan relevantes como la llegada al poder de Vladimir Putin en el año 2000, actor político principal en Rusia, según Milosevich-Juaristi (2016); la guerra de Georgia de 2008 y la proclamación de la independencia unilateral de Kosovo, la anexión de Crimea de 2014 y la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022.

Si leemos estos conceptos, podremos identificar una clara evolución del discurso oficial pues podremos constatar, como veremos, una posición de partida de equilibrio con Occidente (2000), pasando por la afirmación de un mundo multipolar (en los conceptos de 2008 y 2016), hasta la conceptualización de Occidente como enemigo existencial para el país (2023).

En esta línea, como indica Pardo de Santayana (2022), Putin, a su llegada al poder, intenta realinear la relación con Washington sobre la base de la cooperación y del respeto de los mutuos intereses, lo que se constata con el apoyo de Rusia a los EE.UU. tras los atentados del 11S aunque, posteriormente, la situación se revertiría con la política de expansión de la OTAN, tal y como se constataría con la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007, en la que el presidente ruso expresó sin lugar a dudas su oposición a Washington y al intento de la OTAN de «cercar» a Rusia.

En todo caso, esta oposición a Occidente no sería un elemento nuevo con la llegada de Putin ya que previamente, en 1996, la doctrina Primakov proponía ya la promoción de un mundo multipolar que contrarrestara la influencia de Washington, la influencia de Rusia en el espacio postsoviético y la oposición a la expansión de la OTAN (Pardo de Santayana, 2022).

Como se puede ver al analizar los conceptos, por otro lado, en todos ellos se busca proyectar una imagen responsable de Rusia como país interesado en la seguridad internacional y que no se considera necesariamente hostil a ningún país, sólo a fenómenos como el terrorismo internacional y el crimen organizado.

Pero existe una clara evolución en cómo Rusia se presenta al mundo desde el concepto del año 2000, que presenta a una Rusia buscando su lugar en un mundo que aún no es auténticamente multipolar a declararse, en posteriores conceptos, como el mayor de los países eurasiáticos en un orden multipolar que ya es una realidad.

En los conceptos posteriores al del 2000 ya no se trata, por otro lado, de la constatación de un mundo abocado a una especie de «fin de la historia» fukuyamiano, comprometido con la economía de mercado y la democracia y en el que el factor poder pierde peso sino, crecientemente, un mundo diverso en que se produce un incremento del factor religioso y la pugna entre valores y civilizaciones (un modelo huntingtoniano con el que Duguin estaría conforme).

Además, en el concepto de política exterior del año 2000 se cita únicamente una vez el concepto de Eurasia al señalar que Rusia es uno de los principales países eurasiáticos. En el concepto de 2023 hay un apartado dedicado al continente eurasiático y en la introducción se describe a Rusia como un país-civilización, un vasto país eurasiático que reúne al pueblo ruso y a otros pueblos a los que les une una civilización y cultura comunes, en línea con el discurso eurasiático.

En relación con la caracterización de aliados y adversarios, el discurso también va cambiando a lo largo de los años, manteniéndose las menciones al crimen organizado o al terrorismo internacional. En el concepto de 2023 ya se habla claramente al comienzo del concepto de países aliados, neutrales e inamistosos.

Por lo que respecta a los adversarios, en el concepto del 2000, se habla en términos más vagos de la amenaza para Rusia de las tendencias unipolares o de los intentos de injerencia en los asuntos internos de los países. El lenguaje se va afilando en los sucesivos conceptos, quizás como reflejo de los acontecimientos (independencia unilateral de Kosovo, fuertemente criticada por Rusia o la guerra de Georgia en 2008 y la anexión de Crimea en 2014), presentando posteriormente al «Occidente histórico», es decir, a los EE.UU., el mundo anglosajón y los aliados europeos, como una amenaza por su resistencia a aceptar un mundo multipolar y su política de contención a Rusia.

Un mundo multipolar, por otro lado, en el que ya se constata en los últimos conceptos el tránsito del centro de gravedad económico del Atlántico al Pacífico, un mundo en el que, según el último concepto de 2023, ya se habla de un continente Eurasia, al estilo de Duguin, en el centro del cual está Rusia.

En relación con los aliados, finalmente, los sucesivos conceptos presentan una mayor continuidad, con las constantes menciones a la CEI y a los procesos de integración en Asia, proponiendo una alianza con China. Lejanos parecen quedar los tiempos, en el concepto de 2023, en el que se habla de la concertación en el marco del G8.

Los países europeos y la UE (caracterizados en el concepto de 2023 como «la parte europea de Eurasia») pasan de ser el principal socio en el 2000 a un actor hostil aliado con EE.UU. en el concepto de 2023 a los que se llama, aun así, a un nuevo modelo de coexistencia.

En los distintos conceptos se identifican igualmente aliados en América Latina, Asia y África (Venezuela, Irán, Nicaragua, …), en una relación cambiante de países, pero, ya en el último concepto, esta delimitación de aliados potenciales se viste con una retórica antiamericana, hablando en el caso de África de luchar contra «políticas neocoloniales» y en el caso de América latina de aliviar la presión que ejercen los EE.UU. En el caso del mundo islámico se habla de la emergencia de un nuevo polo de desarrollo en el mundo.

Conclusiones

Como hemos visto, los eurasianistas clásicos compartían una serie de ideas en relación con la visión que tenían de Rusia: la presencia un claro elemento geográfico de contornos difusos (Eurasia) sobre el que se asentaría el pueblo ruso; la existencia de una «misión» para dicho pueblo, ya presente en los primeros escritos eurasianistas, profundamente religiosos; y, finalmente, una concepción de Rusia como algo diferente y opuesto a Occidente y que rechaza la forma de entender la realidad de la cultura occidental y los intentos de ésta de imponer su civilización como un estado de desarrollo al que, supuestamente, debe llegar Rusia.

Estos tres elementos, nos permiten conectar con el pensamiento de Duguin a través del desarrollo geopolítico que realiza de la concepción geográfica de Rusia de los primeros eurasianistas y su visión de Rusia como depositaria de una misión civilizadora que tiene como principal enemigo a los EEUU. y a Occidente (que para los primeros eurasianistas englobaba principalmente a Europa por el momento histórico de que se trataba).

Por lo que respecta a Duguin, podríamos hablar de la persistencia de una postura antiliberal y antioccidental, algo particularmente contradictorio, como ya han apuntado algunos autores, teniendo en cuenta que este autor bebe en buena medida de pensadores europeos y occidentales, desde Evola, Mackinder o Schmitt hasta Alain de Benoist.

Estas ideas, como hemos visto, son comparables en gran medida con el análisis que las autoridades rusas hacen de la escena internacional en los Conceptos de política exterior: podemos ver, en efecto, una clara coincidencia en la identificación de adversarios (EE.UU., aliados de estos, la OTAN) y de aliados (CEI, Irán, Venezuela, Nicaragua…) y la forma en que Rusia debe aproximarse a ellos: oposición, diplomacia, alianzas, integración económica, medidas asimétricas, entre otras.

De todas formas, la coincidencia entre las ideas de Duguin y los conceptos de política exterior no es total y, en este caso, el ejemplo de China es paradigmático. Como hemos mencionado, en los distintos conceptos de política exterior se postula una alianza con China mientras que Duguin, al igual que en caso de Turquía, partiendo del análisis histórico parece descartar la misma.

Es cierto, se podría argüir, que tan razonable parece que Rusia oficialmente proponga y promueva una alianza con China, dado su peso demográfico, estratégico y económico y su competición con los EE. UU.; como el que Duguin proponga exactamente lo contrario, prefiriendo una alianza con Japón, teniendo en cuenta el alto potencial de conflicto en el pasado, y en el futuro, entre Rusia y China.

En todo caso, para dar una respuesta aquilatada de la verdadera influencia de Duguin en la política exterior rusa haría falta estudiar muchos más aspectos y fuentes documentales. El propio Duguin, en una conversación con el periodista Charles Clover (Clover, 2022) desmiente su supuesta relación cercana con Putin. Duguin es un especialista en teorías de la conspiración (ha publicado un libro al respecto) y, según Clover (2022), los rusos son muy dados a las mismas.

Quizás también los analistas occidentales y el público general también nos entregamos en cierta medida a las teorías de la conspiración o al sensacionalismo al simplificar la realidad y pretender que Putin tiene a su lado a un moderno Rasputín, un consejero áulico cuyo pensamiento nos dará todas las respuestas y nos permitirá adelantarnos a los movimientos de un villano, Putin, de proporciones casi míticas.

En todo caso, y a modo de reflexión final, podemos ver, en línea con el concepto de política exterior ruso de 2023, que el Kremlin parece ver claramente el mundo en términos de aliados y adversarios y con una narrativa de confrontación muy marcada, alejada del pragmatismo equilibrado del año 2000.

En un mundo con una acelerada transformación del contexto de las relaciones internacionales, resulta esencial y de naturaleza estratégica para España y para la Unión Europea analizar y desentrañar las raíces ideológicas y geopolíticas de actores globales como la Federación rusa, que parece considerar la Europa occidental meramente como la parte europea de Eurasia y sometida a los dictados de Washington.

En este horizonte, el eurasianismo, como hemos visto, ha resultado ser una aventura intelectual que, nacida al calor de la diáspora aristocrática de la Revolución Rusa, transitó por el gulag staliniano y por la disidencia antisoviética para transformarse, en manos de Duguin, en un artefacto discursivo que no solamente busca una nueva identidad para Rusia, como el príncipe Trubetskoy, sino que basa la misma en la confrontación contra lo que considera Occidente en términos épicos como si de la reedición de las guerras púnicas se tratase.

Bibliografía

Javier Irazoqui Gonzalez
Consejero de Embajada

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

    • ESFAS. La misión geopolítica de Rusia según Alexander Duguin (0,27 MB)