ESFAS. La importancia del nivel operacional en la Campaña de Pacificación del Protectorado de Marruecos (1924-1928)

17 oct 2025
ESFAS. La importancia del nivel operacional en la Campaña de Pacificación del Protectorado de Marruecos (1924-1928)
Francisco CARRILLO MARTÍNEZ. Comandante
Introducción
La campaña de pacificación del Protectorado de Marruecos (1924-1928) se enmarca en un periodo crítico de la historia contemporánea española, tras el "Desastre del 98" y la pérdida de sus últimas colonias en América y Asia. Aunque ya hacía muchos años que España no era realmente una potencia, el tratado de París de 1898 vendrá a ratificar una irrelevancia internacional que se une a una situación interna complicada (compleja, decadente), propiciada por un sistema político corrupto e ineficaz; la Restauración.
Desde el balcón del S. XIX, el Mundo contempla el nacimiento de nacionalismos e imperialismos, impulsados por la Revolución Industrial. Las nuevas potencias (Alemania, EE.UU, Japón) se alzan desafiando el liderazgo político y económico de Inglaterra y Francia. En la Conferencia de Berlín (1884-1885) se consumará el reparto de África entre las naciones europeas, un intento de conformar a las nuevas potencias que sólo retrasará un inevitable enfrentamiento entre ellas durante la Primera Guerra Mundial.
En este contexto internacional, España logra asegurar sus posesiones en el norte del continente africano. Sin embargo, el país, necesitado de importantes reformas internas, no estaba preparado para llevar a cabo una nueva aventura colonial. La Conferencia de Algeciras (1906) otorgará España un protectorado en Marruecos a partir de 1912, pero la inestabilidad política impedirá una administración eficaz del mismo hasta la pacificación real del territorio, alcanzada en 1927.
Durante el proceso de pacificación tiene lugar el desastre militar de Annual (1921), frente a los rebeldes rifeños. Este suceso, que evidenció la necesidad de una reforma militar profunda, supuso el final de la Restauración y el ascenso del Directorio Militar, fruto de un golpe de Estado encabezado por el general Primo de Rivera. El Dictador tardaría dos años en tomar la decisión definitiva de intervenir en Marruecos. En 1925, la operación conjunto combinada de desembarco anfibio de Alhucemas marcaría un punto de inflexión en la capacidad militar española y en la estrategia de pacificación del Protectorado.
Este artículo pretende reflejar cómo la campaña de pacificación de 1926-1927, ardua y costosa en términos humanos y económicos, acabó con un triunfo incontestable tan sólo unos años después de Annual. El éxito puede atribuirse a varios factores, incluyendo la aceptación y el apoyo social de que gozó el Directorio Militar desde 1923, así como las reformas militares introducidas por la Ley de Bases1 a partir de 1918, que dio un paso definitivo en la modernización del ejército. Sin embargo, sería un cambio en el paradigma de la guerra, la adopción de un nuevo enfoque de las operaciones, concebido desde el punto de vista del planeamiento operacional, basado en las lecciones extraídas de la Primera Guerra Mundial, lo que contribuiría de forma decisiva a la finalización del conflicto.
Tras la conclusión de la campaña militar, la estabilización del territorio requirió una administración colonial eficiente. Se implementó una campaña de desarme de las tribus rifeñas, esencial para el control y la pacificación del territorio. Además, se estableció una administración colonial con la figura del interventor militar, que desempeñaría un papel crucial en la organización y gestión del Protectorado durante 30 años.
España y las “naciones moribundas”. Papel de España en e contexto internacional de principios del S. XX (Protectorado o zona de influencia (500).
En la segunda mitad del siglo XIX, Europa transita de las revoluciones liberales a una nueva etapa marcada por el nacionalismo y el colonialismo. Tras el Congreso de Viena de 1815, la política de equilibrios de poder evoluciona con las unificaciones de Alemania e Italia y la expansión colonial para obtener recursos y ejercer influencia global. Este periodo, de 1870 a 1914, conocido como "imperialismo clásico", tiene su hito en la Conferencia de Berlín (Rioja, 2019).
El pensamiento filosófico del siglo XIX justificaba el colonialismo con la "responsabilidad civilizadora" de los europeos hacia los "pueblos atrasados"2. La creencia extendida era que los europeos debían llevar progreso material y social a otras culturas (Rioja, 2019). Sin embargo, esta idea también ocultaba el darwinismo social, que postulaba la superioridad de la raza blanca y justificaba la expansión colonial como un derecho de las razas más avanzadas para dominar a las menos evolucionadas (Rioja, 2019).
España, debilitada tras la guerra con Estados Unidos en 1898, buscaba evitar ser vista como una nación en decadencia. La teoría del darwinismo social no solo se aplicaba a cuestiones raciales sino también a la capacidad de supervivencia nacional, como reflejó el discurso de Lord Salisbury en 1898, donde se afirmaba que las naciones débiles se debilitan más mientras que las fuertes prosperan. Para evitar ser considerada una "nación moribunda", España utilizó la Conferencia de Algeciras en 1906 para reafirmarse como potencia colonial y recuperar su estatus perdido tras el desastre del 98 (De la Mata, 2008).
No queremos concluir este apartado sin destacar que, en contra de muchas opiniones, Enrique Arques (1956), autor coetáneo, cuestiona el término "protectorado" aplicado a la situación de España en Marruecos. Basa su argumentación en que el tratado franco-español de 1912 no menciona el término "protectorado", sino "zona de influencia", estando ambas figuras reconocidas en el derecho internacional de la época. El autor sugiere que el uso del término "protectorado" refleja un gesto de "patriotismo" frente a la superioridad esgrimida por los franceses, observando que las publicaciones académicas utilizan el término "protectorado" y las publicaciones oficiales sobre Marruecos emplean inicialmente el término "zona de influencia".
Consideraciones semánticas aparte, la realidad reflejó que el trato a través de terceros (Francia) con el Sultán conllevó ciertas desventajas a la hora de fijar el territorio sobre el que se ejercía la acción del protectorado, y reservó para Francia el control de la mayoría de los grandes puertos ubicados en la costa marroquí, a excepción de los históricamente controlados por España, así como las relaciones internacionales del Sultanato3.
Esta situación llevaría a una mayor cautela diplomática, por parte del Directorio militar de Primo de Rivera, a la hora de realizar los acuerdos de Madrid, en julio de 1925, con el fin de limitar la intervención francesa en las operaciones sobre Alhucemas (Rioja, 2019).
Fig. 1: portadas de los boletines oficiales de Marruecos, donde se aprecia el cambio de denominación entre el nº1, que data de abril de 1913, y el de marzo de 1927. Fuente: Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España (bne.es).
Colaboración hispano-francesa durante la campaña de pacificación del protectorado.
Las relaciones de España y Francia fueron difíciles durante toda la época del protectorado español el Marruecos Rioja (2019). Como ya hemos visto, el papel de España en la escena internacional no ayudó a que Francia la considerase en el mismo plano de igualdad, sino como una potencia menor a la que se podía utilizar. De esta visión deriva también la firma de un tratado internacional con la potencia que ejerce el protectorado (Francia), y no con el país protegido directamente (Marruecos)4.
Esta visión de Francia como potencia principal hizo que la colaboración entre las dos naciones fuese deficiente y muy puntual hasta 1925. En esta primera época (1912-1925), España apenas si tiene relación con Francia. Sus Altos Comisarios se dedican a intentar entender una región difícil de manejar y con un alto índice de beligerancia hacia el extranjero que pretende dominarles. El grado de relación con Francia es sencillo de determinar si tomamos el siguiente dato; la temprana irrupción del conflicto mundial, en 1914, detuvo la intervención española en el territorio, con el objetivo de evitar posibles interpretaciones de que España se aprovechaba de la situación de conflicto de su vecino para acceder a sus territorios (Macías, 2013: 61)5.
Cuando en mayo de 1925 el caudillo rifeño Abd el Krim ataca el territorio francés del Protectorado, el mariscal Lyautey, Alto Residente desde 1912, ya tiene conciencia de la derrota española en Annual, cuatro años antes, y del peligro que puede suponer el levantamiento del Rif. Levantando una línea de defensa a lo largo del rio Uarga, límite natural entre ambos protectorados, piensa que podrá proteger su territorio de unas tribus levantiscas que han podido vencer a una potencia de segundo orden, como España, pero que nunca serán capaces de una acción igual contra Francia (D. Rioja, 2019). Se equivoca.
La historia de la colaboración de España y Francia en el protectorado de Marruecos es una historia de necesidad mutua. A pesar de la oposición de Lyuatey, el mariscal Pétain, enviado por Francia para solucionar el problema, pronto intuye que sólo con la colaboración de ambas naciones tendrá éxito su misión (Goded, 1932. Rioja, 2019). Desde ese momento (junio de 1925), y hasta la derrota total de los rifeños, en julio de 1927, la colaboración entre ambas naciones alcanzará su punto máximo, tanto a nivel militar como político.
Aunque durante la campaña de pacificación Francia participa muy activamente en las operaciones. Dicha participación no se limita al momento del desembarco de Alhucemas (más testimonial que realmente efectiva), sino que contribuye creando un nuevo frente en el sur, lo que exigirá a Abd el Krim el desvío de efectivos para poder contener a los franceses. Aunque las muestras de admiración y respeto hacia los aliados son muchas en la historiografía del momento, apareciendo incluso en el discurso de final de campaña del general Sanjurjo (Goded, 1932), un análisis más directo nos llevará a la conclusión de que la intervención final de Francia en la campaña de pacificación fue importante, sobre todo en factores como el económico o el militar, pero ni mucho menos decisiva en ninguno de sus aspectos (Moyano, 2007).
El cambio de paradigna en la Guera de África: la campaña de pacificación de 1925-28.
La dura campaña de pacificación llevada a cabo entre 1925 y 1928 no sólo fue un duro examen para el Ejército Español en África (EEA), renovado y fortalecido tras el desastre de Annual, sino también para el sistema administrativo desplegado en el Protectorado. España se da cuenta de que el sistema empleado hasta el momento, una aproximación más civil que militar, no es el adecuado. El problema de Marruecos se concibe como una guerra colonial, y no como un enfrentamiento total que implicará la necesidad del apoyo incontestable de toda la nación para su resolución.
A lo largo de este apartado incidiremos en los aspectos más relevantes de la importante modernización que tuvo lugar en el EEA durante los cuatro años que hay entre Annual y el comienzo de la campaña. Así mismo, intentaremos significar que, a pesar de que el desembarco en Alhucemas es la operación más conocida, sólo fue el comienzo de una campaña militar que se extendió hasta el verano de 1927, momento a partir del cual comenzaría una fase de desarme, transición y consolidación de las estructuras administrativas.
El ejército de España en África
A las reformas orgánicas introducidas por la Ley de Bases de 1918, se unen, tras el final de la primera guerra mundial, una serie de cambios de gran importancia en la estructura y el equipamiento del contingente militar desplegado en África. Un factor clave para llevar a cabo el control del territorio del Protectorado fue la pacificación del mismo, duramente conseguida tras casi 20 años de conflictos intermitentes. En estas campañas, el ejército español irá adaptándose a los paradigmas emanados de la Gran Guerra e incluso introduciendo algunos nuevos, como en el caso de Alhucemas. A pesar de sus grandes limitaciones, España logra crear por fin una máquina de guerra profesionalizada y derrotar al enemigo colonial al que se enfrenta.
Esta profesionalización afectará sobre todo de las fuerzas de choque del EEA. Aunque el ejército español seguía siendo en su mayoría un ejército de conscripción, la creación de las Fuerzas Regulares Indígenas (1911), y del Tercio de Extranjeros (1920), supuso un salto cualitativo importante de la fuerza de choque del EEA (Puell, 2022). La profesionalización de estas fuerzas contribuiría de forma decisiva al éxito final de la campaña de pacificación por dos causas; el aumentó exponencialmente su capacidad de combate, y el menor impacto de las bajas sufridas por estas fuerzas profesionales en España, sin la repercusión social de otras ocasiones (semana trágica de Barcelona). Este último punto sería tenido en cuenta tanto por los gobiernos de la Restauración, como por Primo de Rivera, a la hora de tomar sus decisiones respecto a la acción española en Marruecos6.
Otro de los puntos a destacar es el de la adquisición de material moderno utilizado durante la Gran Guerra. Aunque España no participó directamente en la contienda, algunos oficiales del Estado Mayor General fueron destacados en los diferentes cuarteles generales con el propósito de estudiar el conflicto de la manera más directa posible. Sus conclusiones y experiencias trascenderían después en lecciones aprendidas, tanto sobre el material o las capacidades, como sobre las tácticas y el planeamiento operacional. Todas ellas contribuirían al éxito de la campaña de Marruecos (Macías, 2013).
El portaaeronaves Dédalo, la capacidad submarina, las barcazas de desembarco blindadas tipo “K”, los carros de asalto Renault FT-17 y Schneider CA1, el acorazado Alfonso XIII o los aviones Breguet XIX e hidroaviones Macchi M.18AR ponen de manifiesto las diferencias existentes entre las capacidades del ejército que desembarcó en Alhucemas en 1925 y el que anteriormente había servido en el Protectorado (Museo del Ejército, 2022).
Además de estas mejoras evidentes en el material, las capacidades de la fuerza también se ven aumentadas. El uso de las columnas mixtas, unidades creadas ad hoc para llevar a cabo una determinada operación, el despliegue sanitario de primera línea, que incluía hidroaviones preparados para evacuar a las bajas a los buques hospital, la confección de un plan director de fuegos en la bahía de Alhucemas, o la preparación logística fueron también decisivos para la campaña (Souza, 1976).
Influencia del planeamiento operacional en la campaña de pacificación del protectorado.
Aunque la Historia es rica en campañas militares que fueron planeadas con gran nivel de detalle, generalmente se sitúa en el S. XIX el nacimiento del planeamiento operacional con el objetivo de resolver los problemas planteados por la movilización y el sostenimiento en campaña de grandes ejércitos (Silvela 2015). La creación de los Estados Mayores, entes encargados de la organización, el control y la logística de dichos ejércitos, fue fundamental para proporcionar “al comandante operacional las fuerzas que necesita, en el lugar y en el momento en los que las necesita” (VV.AA, 2022).
Durante el S. XIX, teóricos como Clausewitz o Jominí7 crean nuevas teorías sobre la guerra, sus causas y sus objetivos. El general prusiano Moltke intuirá en su campaña contra Francia (1871-2) que el paradigma de la guerra cambia hacia un modelo de guerra total, intuición que se verá reflejada en el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Aunque el planeamiento operacional ha sufrido una evolución paralela a la que podemos ver en los conflictos, posee muchas pautas comunes a los primeros desarrollos. Una de ellas es la finalidad del planeamiento en sí, que no es otra que la de entender un problema que se nos plantea (situación inicial insostenible) y encontrar las diversas soluciones intermedias que nos ayuden a solucionar ese problema y alcanzar la “situación final deseada” (SFD)8.
Pero, ¿quién es el responsable de decirnos cuál es esa situación final a la que debemos llegar? ¿Quién nos dice que tenemos un problema? Para responder a estas preguntas es necesario aclarar otra de las circunstancias comunes que el planeamiento operacional ha ido arrastrando; los niveles de planeamiento (PDC- 01 (A), 2018: 99).
Existen varios niveles de planeamiento; político, estratégico, operacional y táctico. Cada uno de ellos tiene reservados unos objetivos y unas funciones. Si en sus inicios, la interconexión entre los diferentes niveles del proceso era muy grande (hablamos de épocas históricas con figuras próximas al absolutismo), en el proceso actual, donde interviene un mayor número de figuras, existe igualmente una gran interconexión y solape entre los diferentes niveles debido a la evolución del método de planeamiento.
En primer lugar tendríamos el nivel político. Es el que determina que hay un problema. Ayudado por el nivel estratégico (SHAPE, 2021:3-61), define ese problema y nos dice a qué solución quiere llegar (SFD).
A continuación se encuentra el nivel operacional. La OTAN lo define como aquel “en el que se diseña, planea, conduce y sostiene un campaña u operación militar principal que permita alcanzar los objetivos estratégicos en un teatro o área de operaciones conjunta determinada”9. Atendiendo a nuestro esquema, este nivel es el encargado de encontrar la solución al problema y cómo hacerla práctica.
Finalmente, en la base de la pirámide tendríamos el nivel táctico. En dicho nivel se ejecutan las acciones y se crean los efectos necesarios para poder solventar el problema.
Aplicando esta teoría al proceso de pacificación del Protectorado, la historiografía nos habla de cómo el nivel político supo ver que existía un problema en el territorio. Inicialmente intentó aplicar una solución basada en lo que hoy día denominaríamos “soft power” o poder blando, a base de acciones civiles que pretendían ganarse a la población y demostrarles que nuestra intención era más “civilizadora” que “económica” (Souza, 1976: 27).
Sin embargo, como ya hemos señalado, dicha solución no funcionó. Aconsejados por el nivel operacional (Alto Comisario de España en el Protectorado), se llevaron a cabo acciones de “hard power” o poder duro, que agitaron a los rifeños. Esta etapa acabaría con el desastre de Annual. Posteriormente, la figura de Primo de Rivera acaba unificando todos los niveles de planeamiento, excepto el táctico. En el desembarco de Annual, el dictador permanece durante casi un mes a bordo del acorazado Alfonso XIII, frente a la bahía de Alhucemas, tomando decisiones como cabeza visible del nivel político, el nivel estratégico y el nivel operacional10.
La campaña de 1925-27 vista desde el punto de vista operacional
El desembarco de Alhucemas
Muchos libros de historia y muchos autores dan por concluida la pacificación del protectorado español en Marruecos tras el éxito obtenido en el desembarco de Alhucemas11. El propio Primo de Rivera señala en sus declaraciones posteriores a la toma de Axdir, que la misión se ha cumplido y el trabajo está prácticamente terminado (Goded, 1932). Nada más lejos de la realidad.
Tras la toma de Axdir (2-4 de octubre de 1925), las tropas españolas se preparan para consolidar las líneas de defensa del territorio ganado. Detienen por tanto la ofensiva, que ya no continuará hasta la primavera de 1926, y con ello pierden la oportunidad de “explotar el éxito” obtenido tras el desembarco. En palabras de Goded (1932), esta decisión fue un grave error estratégico, que permitió a Abd el Krim rehacer sus fuerzas y recuperar la iniciativa.
En realidad la historiografía da diferentes versiones sobre cuál era el objetivo real del desembarco de Alhucemas. El general Gómez-Jordana Souza (1976) contradice expresamente las palabras de Goded, significando que la operación de Alhucemas no era una simple operación de castigo, limitada a abrir una cabeza de puente en la bahía, castigar Axdir, a Abd el Krim y a la cábila de Beni Urriaguel (centros de Gravedad de la rebelión rifeña), sino que era “la base desde la que llevar a cabo ulteriores operaciones sobre el Rif central”12. Souza (1976) justifica la pausa operacional en la necesidad de preparar a la fuerza para una campaña dura, tratando de evitar así un nuevo Annual.
Tras realizar un análisis de fuentes documentales e historiografía moderna, podríamos extraer la siguiente conclusión: Gómez-Jordana deja claro en su ponencia que la operación de Alhucemas en ningún caso será decisiva para la pacificación del Rif. Se trata de una fase inicial de una campaña posterior sobre el Rif central (Souza, 1976).
Sin embargo, a pesar de que el autor hace una encendida defensa de sus objetivos, no deja claro ni cómo piensa desarrollar la campaña, ni si el objetivo final de la misma es la ocupación del Rif central o de todo el territorio del Protectorado. En realidad, de las decisiones tomadas por Primo de Rivera como comandante operacional (Goded, 1932), se podría deducir que, en contra de la opinión de sus Estado Mayor, el Dictador pensaba que la operación sobre la bahía de Alhucemas y la toma de Axdir significarían el final de la rebelión de Abd el Krim y facilitarían una ocupación pacífica del resto del territorio del Protectorado.
Tras comprobar que el colapso finalmente no se producía, Primo de Rivera decide fortificar el frente y traspasar el mando al general Sanjurjo, al que nombrará Alto Comisario (Rioja, 2019). Con esta acción, el Dictador logra un doble objetivo. Monopolizará el éxito de Alhucemas, no sólo a los ojos de la sociedad española, sino también de la prensa internacional, y evitará además el desgaste político y social derivado de lo que ya se presuponía una fuerte campaña en la primavera de 1926.
Desde el punto de vista del nivel operacional, podemos decir que Alhucemas sólo fue una pequeña aunque decisiva parte de una de las fases en las que finalmente se dividió la campaña de 1926 (Ver marco operacional, en figura 2). La operación, perfectamente planificada, tuvo sus luces y sus sombras. Entre las primeras está ser la primera operación anfibia conjunto combinada de la historia, obteniendo un gran éxito en un difícil campo, donde potencias mucho más poderosas, como Francia e Inglaterra habían fracasado estrepitosamente diez años antes (Gallipoli, 1915). Debe destacarse aquí también la colaboración en el planeamiento operacional con los franceses, que contempló no sólo la operación sobre Alhucemas (Sueiro, 1993)13, sino la apertura de un segundo frente en el sur, desde el territorio del protectorado francés, que permitió además la recuperación de la línea defensiva del Uarga, y la práctica expulsión de las fuerzas rifeñas de la región española del Kert.
Fig. 2: Modelo de Marco operacional; SHAPE, COPD. Fuente: elaboración propia14 a través de Goded, 1932 y Souza, 1976
Entre las sombras podemos destacar la incapacidad para explotar el éxito inicial obtenido, lo que permitiría a Abd el Krim recuperar la iniciativa durante el invierno, o el deficiente diseño del plan logístico de sostenimiento, que obligó a realizar una pausa operacional entre el 15 y el 22 de septiembre, al alcanzar la fuerza desembarcada su punto culminante15.
La campaña de 1926-1927
El invierno de 1925 fue particularmente difícil para las fuerzas españolas defendiendo las líneas en Axdir. Según Goded (1932), jefe del Estado Mayor de Sanjurjo, los ataques rifeños eran constantes, y las bajas, frecuentes. Aprovechando una pausa operacional de los españoles, los rifeños fortalecieron sus defensas y lanzaron ofensivas que detuvieron el avance español.
En este contexto, se preparó la campaña de 1926-27. A diferencia de campañas anteriores, esta fue meticulosamente planificada en coordinación con el ejército francés, definiendo claramente los apoyos, fuerzas y objetivos. La meta era pacificar y ocupar completamente el Protectorado, con tres ejes de ataque para los españoles y dos para los franceses, centrados en ocupar el Rif central y asegurar la provincia del Kert (Goded, 1932. Muñoz, 2013).
El 7 de mayo de 1926, tras el fracaso de las negociaciones de paz con los rifeños, las tropas españolas y francesas lanzaron operaciones sincronizadas. Abd el Krim, líder rifeño, atacó Tetuán, capital del protectorado español, pero este ataque sólo debilitó más a sus fuerzas, abriendo un tercer frente. Para el 22 de mayo, Sanjurjo había alcanzado sus objetivos iniciales. Con el fin de explotar el éxito alcanzado, el general solicitará una ampliación de objetivos al nivel estratégico, que será aprobada (Goded, 1932). De esta forma, el nivel operacional introduce otra novedad en el desarrollo de la campaña, eliminando las pausas operacionales y acelerando el tempo16 de las operaciones para eliminar las pausas operacionales y mantener la presión sobre el enemigo.
El 26 de mayo de 1926, Abd el Krim se rindió a los franceses y fue deportado a la isla de Reunión (Goded, 1932). Durante el año 1926, se introdujeron dos innovaciones clave en el planeamiento operacional. Primero, una campaña de verano dirigida por el Comandante Capaz con una fuerza móvil y pequeña logró someter la provincia de Gomara mediante contactos y alianzas locales sin necesidad de grandes contingentes militares. Segundo, en invierno, se implementó un sistema de defensa en profundidad, con fuerzas locales en la primera línea, fuerzas indígenas del gobierno marroquí en la segunda, y tropas españolas en la tercera línea de fortificaciones (Goded, 1932). Esta estrategia evitó que las fuerzas rifeñas se recuperaran, y para la primavera de 1927, sólo cuatro de las 66 cabilas del protectorado seguían en rebelión, situadas en zonas inaccesibles del sur y suroeste del protectorado.
La campaña de primavera de 1927 demostró la fortaleza logística del ejército español. Un levantamiento de cabilas en Ketama requirió el rápido movimiento de más de 5000 hombres desde Tetuán hasta el sur del Rif central, un desplazamiento que se completó en solo 36 horas a través de una línea de transporte que incluía Tetuán, Ceuta y Alhucemas.
La campaña de pacificación concluyó el 10 de julio de 1927, logrando el restablecimiento de la administración del Protectorado y la consecución de la paz. Se restableció la red de oficinas de Intervención en todas las cabilas, facilitando el control territorial, el desarme y el inicio de una etapa de crecimiento que se prolongó hasta el final de la Guerra Civil en 1939.
Conclusiones
El desastre de 1898, que marcó la pérdida de las colonias españolas, evidenció la caída del estatus de España como potencia, aunque aún conservaba territorios en África. La Conferencia de Berlín (1884-85) y la Conferencia de Algeciras (1906) marcaron momentos cruciales en la redefinición del papel colonial de España, especialmente en Marruecos. España se vio beneficiada al recibir el protectorado en el norte de Marruecos, una solución que evitaba conflictos mayores entre Francia, Inglaterra y Alemania por el control del Estrecho de Gibraltar.
La conferencia de Algeciras dejó claro que España no era más que una pieza en el tablero de las grandes potencias, beneficiada en esta ocasión con un protectorado principalmente por los intereses franceses y británicos. La aceptación del protectorado reflejaba tanto la necesidad de España de recuperar su prestigio como la misión civilizadora percibida por la sociedad española de la época.
La coordinación franco-española en la campaña de pacificación (1925-1927) y las relaciones bilaterales, derivadas de intereses territoriales, son también un punto a destacar. El Tratado de Fez (1912) subrayó la posición subordinada de España, obligada a firmar con Francia en lugar de directamente con el Sultán de Marruecos, mostrando la limitada influencia política y diplomática española.
España cumplió con sus compromisos administrativos, actuando en nombre del Sultán y sin buscar beneficios territoriales, aunque la actitud de Primo de Rivera en 1923 amenazó con abandonar el protectorado.
En este contexto internacional, la estabilización del protectorado fue un proceso difícil, destacando la pacificación lograda tras casi 20 años de conflictos. Las campañas militares, adaptadas a los nuevos paradigmas de la Gran Guerra, y la introducción de innovaciones tácticas y tecnológicas, como el desembarco aeronaval en Alhucemas, fueron claves para el éxito.
Las reformas en el ejército español, tanto legislativas como tecnológicas y conceptuales, fueron decisivas. La "Ley aprobando las Bases para la reorganización del Ejército" (1918) y la formación de tropas profesionales, como las Fuerzas Indígenas Regulares y el Tercio de Extranjeros, mejoraron significativamente la capacidad militar española.
La modernización tecnológica, con la adquisición de material de la Gran Guerra y su aplicación en operaciones como la de Alhucemas, fue crucial. También se implementaron innovaciones administrativas, como el proceso de desarme de las cabilas, liderado por la Intervención militar.
Finalmente, las reformas conceptuales en el planeamiento y conducción de operaciones, impulsadas por oficiales del Cuerpo de Estado Mayor, marcaron una diferencia crucial entre el ejército derrotado en Annual y el que logró la pacificación en 1927. La ausencia de pausas operacionales y la sincronización de ataques impidieron la recuperación de los rebeldes rifeños, asegurando el éxito final de la campaña y la pacificación del protectorado.
En conclusión, las operaciones de pacificación y la modernización del ejército transformaron la capacidad militar de España en Marruecos, asegurando el control del territorio y el restablecimiento de la administración del protectorado, marcando una etapa de crecimiento que culminaría con el final de la Guerra Civil española en 1939.
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Lista de abreviaturas
| AEK | Abd el Krim |
| AJP | Allied Joint Procedures |
| CEM | Cuerpo de Estado Mayor |
| CIMIC | Cuerpo de Estado Mayor |
| COA/OCOA | Curse(s) of Action / Opposite Curse of Action |
| CoG | Centre of Gravity |
| COPD | Comprehensive Operations Plannig Directive |
| EEA | Ejército de España en África |
| EMC/EMG | Estado Mayor Central / General |
| ESFAS | Escuela Superior de las Fuerzas Armadas |
| IHCM | Instituto Histórico Cultural Militar |
| IGM | Primera Guerra Mundial |
| IIGM | Segunda Guerra Mundial |
| OTAN/NATO | Organización del Tratado del Atlántico Norte. |
| PDC | Publicación Doctrinal Conjunta. |
| SFD | Situación Final Deseada. |
| SHAPE | Supreme Head quarter Allied Powers Europe. |
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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La importancia del nivel operacional en la Campaña de Pacificación del Protectorado de Marruecos (1924-1928)
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