ESFAS. Guerra entre Rusia y Ucrania: nuevo diseño de las operaciones militares

Ofensiva rusa febrero del 2022

24 abr 2026

ESFAS. Guerra entre Rusia y Ucrania: nuevo diseño de las operaciones militares

Pedro Ángel González Álvarez, Comandante de Infantería, CGET

Introducción

Una antigua frase célebre nos trae a la memoria que quien olvida la historia está condenado a repetirla. En los albores del siglo XXI, las guerras de alta intensidad han resurgido, poniendo sobre el tablero de juego nuevas piezas, jamás vistas con anterioridad.

Puede parecer que las tecnologías emergentes y disruptivas, junto a una evolución continua del pensamiento militar, han cambiado la esencia del arte de la guerra. Sin embargo, ¿realmente nos encontramos frente a una nueva forma de diseñar las operaciones militares, o por el contrario las reglas del juego siguen siendo las mismas con leves matices?

A lo largo de este artículo, se analizará el conflicto actual entre Rusia y Ucrania. Viajaremos en el tiempo buscando las causas subyacentes que fundamentan dicho enfrentamiento. Analizaremos, desde el punto de vista de la doctrina española, los cambios sustanciales que se han producido, frente a un marco comparativo con otros conflictos anteriores. Determinaremos si las nuevas tecnologías han supuesto un impacto significativo en el diseño de las operaciones militares. Y, por último, penetraremos en las mentes de algunos de los más grandes pensadores militares, tratando de discernir si los cimientos sobre los que edificaron su pensamiento se mantienen vigentes en la actualidad o por el contrario han sido condenados al ostracismo.

Al final del presente artículo, corresponderá al lector tomar la decisión de si realmente, en el siglo XXI, la forma de hacer las guerras actuales ha cambiado respecto a otras guerras ocurridas con anterioridad o por el contrario la esencia de las mismas se mantiene perenne.

Exposición
Antecedentes del conflicto

Antes de comenzar a estudiar un conflicto en profundidad, se deben conocer los factores que lo motivaron. En el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania, las razones son múltiples y están ancladas a profundos sentimientos del pasado.

De esta forma, debemos remontarnos al siglo IX donde encontramos la Rus de Kiev, un estado eslavo que en la actualidad es la capital de Ucrania. Tras su caída cuatro siglos después, su territorio fue puesto en disputa, y aquí se encuentran los primeros orígenes de tensión como consecuencia de la pugna del Gran Ducado de Moscú por hacerse con dicha parte del territorio.

Avanzando en el tiempo y entrando de lleno en la era soviética, nos situamos en el año 1922, donde Ucrania fue una de las repúblicas fundadoras de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, la identidad cultural específica ucraniana siempre fue motivo de disputa. Tanto Lenin, como Stalin, dirigieron férreas políticas tendentes a rusificar a esta región, tratando de eliminar su cultura específica y su lengua propia.

El caso más llamativo de las políticas extremas llevadas a cabo contra Ucrania fue la colectivización forzada de los campos de cultivo por parte de Stalin. Dicha medida supuso uno de los eventos más trágicos en la historia de Ucrania, conocido como “Holodomor”, una hambruna de proporciones bíblicas que tuvo lugar en el año 1932. Este “Holodomor” no solo causó un desastre humanitario sin precedentes, sino que también dejó heridas sin cerrar en las mentes de miles de ucranianos que entendieron la hambruna como un acto de genocidio deliberado contra su pueblo, lo que intensificó el sentimiento en contra del régimen soviético y sentó las bases para un nacionalismo ucraniano más fuerte.

Unos años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, la invasión de las tropas nazis en el 1941 llevaría a una ocupación casi absoluta del territorio ucraniano, llevando a la muerte a millones de sus habitantes, tanto por el conflicto en sí, como por sus devastadoras consecuencias posteriores. Finalizada la contienda bélica como uno de los pueblos más asolados, la resistencia frente al dominio soviético se acrecentó más que nunca por parte del pueblo ucraniano. Esto produjo intensos episodios de represión por parte del KGB1 y del ejército soviético, para tratar de aplacar su sentimiento nacionalista.

Este gran descontento social, unido a la crisis económica y política que azotaba a la URSS, llevó a un incremento de las demandas de independencia de sus repúblicas soviéticas, alcanzando finalmente la independencia ucraniana en el año 1991. Sin embargo, la felicidad del pueblo ucraniano sería efímera. Una guerra les esperaba algo más de treinta años después de haber firmado ese tratado de independencia.

Este recorrido histórico nos permite entender parte de la esencia del conflicto actual entre Rusia y Ucrania. A continuación, se ahondará en las principales causas superficiales que hicieron estallar la guerra.

En primer lugar, la posición geoestratégica ucraniana, ubicada a caballo entre Europa y Rusia, le confiere un interés especial para ambas facciones. Por un lado, Moscú considera la orientación prooccidental de Ucrania como una amenaza directa. Rusia sigue considerando a Ucrania como parte de su esfera de influencia, y cualquier intento de integración de Ucrania con la Unión Europea (UE) o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es percibida como un desafío a su seguridad nacional.

Seguidamente, la expansión de la OTAN hacia el este, que incluye la incorporación de países que antes formaban parte del bloque soviético, alimenta, más si cabe, las preocupaciones de Rusia relativa a su seguridad y su influencia en la región.

También se debe tener en cuenta que los intereses económicos han jugado un papel fundamental en el conflicto. Ucrania es un país rico en recursos naturales y su ubicación es estratégica para el tránsito de gas natural de Rusia hacia Europa. El suministro de dicho gas ha sido un tema de tensión entre ambos países durante años. Rusia ha utilizado su posición como proveedor de gas para ejercer presión sobre Ucrania y otros países europeos, lo que ha llevado a una serie de desavenencias, incluidos aumentos de precios y cortes de suministro (Guijarro, 2022).

Por último, la economía ucraniana ha estado en crisis desde 2014, agravada por el conflicto en el Donbás. La inestabilidad económica ha debilitado la capacidad del Gobierno ucraniano para hacer frente a las demandas de la población y ha creado un caldo de cultivo perfecto para el descontento social. Este descontento ha sido aprovechado por la Federación de Rusia para tratar de adherir a su causa a la población ucraniana que sufría sus consecuencias, llegando a utilizarse de forma profusa la guerra de información, mediante la desinformación y la propaganda, para deslegitimar al Gobierno ucraniano. A través de los medios de comunicación y las redes sociales, se han estado difundiendo narrativas que presentan a Ucrania como un estado fallido, y a los líderes occidentales como culpables de esta crisis. Esta estrategia, sin duda, ha contribuido a polarizar la opinión pública ucraniana.

Con todos estos ingredientes, se obtenía la receta perfecta para que un 24 de febrero del 2022, las fuerzas rusas cruzaran la frontera ucraniana tratando de apropiarse de nuevo de aquello a lo que un día le habían prometido su libertad.

El conflicto estudiado desde la doctrina española

Las funciones conjuntas son una herramienta que permite simplificar el planeamiento, ayudando al jefe a obtener una comprensión integral de una operación compleja. De esta forma, a nivel maniobra se destaca que la finalidad de esta radica en el control del espacio físico mediante la fuerza, buscando la destrucción del enemigo (EMAD, 2018).

Entrando de nuevo en el conflicto que estalló entre ambos países en febrero del 2022, se destaca que la unidad fundamental utilizada por el ejército ruso fue la Brigada interarmas. Dichas Brigadas, contaban con las capacidades de combate necesarias para afrontar operaciones militares, integrando en su orgánica, unidades de infantería, caballería, artillería, ingenieros y transmisiones, otorgándole polivalencia y autosuficiencia en el combate. Al inicio del conflicto el ejército ruso disponía de sesenta unidades de este tipo (Varela, 2023).

Establecida la organización fundamental del ejército ruso para el combate se continuará analizando la maniobra ejecutada por estas unidades durante la primera fase de la invasión militar.

Rusia llevó a cabo una maniobra ofensiva convergente y simultánea, basada en cuatro ejes principales: el frente norte, lanzado desde Bielorrusia, que llevaría el esfuerzo principal de la operación. El noreste, desde Briansk, utilizado como esfuerzo de apoyo a la ofensiva principal sobre Kiev. El este, lanzado desde Kursk, que buscaba embolsar a las unidades ucranianas que protegían el Donbás. Y, por último, el esfuerzo sur, materializado desde Crimea, que pretendía unir esta región con la de Donetsk. Dichos esfuerzos se realizaron buscando su convergencia hacia el epicentro del país, tratando de derrocar al gobierno en Kiev (Grau and Bartles, 2019). De esta forma, Rusia trataba de plantear diferentes dilemas a Ucrania mediante la saturación de su capacidad de mando y control, basando su maniobra en una operación rápida y sorpresiva.

Entrando en el marco comparativo al que se hacía previamente referencia, esta maniobra encontraría grandes similitudes con la operación Barbarroja, ejecutada por el ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial, buscando derrocar a la Unión Soviética, con una maniobra que se denominó “Guerra relámpago”, por la velocidad con la que se ejecutaba, tratando de penetrar sin pausa en las entrañas del enemigo.

Ofensiva rusa febrero del 2022
Figura 1. Ofensiva rusa febrero del 2022 (El País, 2022)

Ahondando ahora en los fuegos utilizados durante la contienda, se ha evidenciado que la artillería rusa ha sido uno de los principales elementos diferenciadores. Gracias a su precisión, unida al alcance superior de sus medios, el ejército ruso podía atacar objetivos ucranianos sin estar afectados por su fuego de contrabatería. Tal fue le efectividad de sus medios, que volvió a recobrar su fama aquella frase de “Las fuerzas rusas maniobran para disparar, mientras que las occidentales disparan para maniobrar”. Con esto se ha continuado reforzando el concepto de “Batalla sin contacto”, por el que las unidades rusas, tras haber ejecutado un agresivo plan de fuegos, obtenían el control de objetivos sin necesidad de entrar al combate con su infantería.

A pesar de que los avances tecnológicos han optimizado el uso de estos medios, principalmente enfocados en precisión y letalidad, es obligatorio reseñar que, el empleo de la artillería en el conflicto actual sigue siendo muy similar al utilizado en otros conflictos anteriores, tales como la Segunda Guerra Mundial, donde los cohetes “Katiusha” de Stalin arrasaban los campos de batalla como antesala de la intervención de las unidades de a pie.

Por último, tratando la logística, se ha demostrado a lo largo de la historia que una operación minuciosamente preparada, puede ser condenada al mayor de los fracasos si no está convenientemente organizada desde el punto de vista de su logística. Y en el caso de estudio, la guerra en Ucrania no es una excepción.

Este apoyo logístico durante la primera fase del conflicto demostró influir de forma tajante, junto a la esmerada resistencia ucraniana, sobre el fracaso ruso a la hora de alcanzar la capital. Las líneas de comunicaciones utilizadas por el ejército ruso se alargaron más de lo que hubiera sido considerado como deseable. De esta forma, las unidades acorazadas que progresaban a vanguardia del despliegue, tras encontrarse con una enconada defensa ucraniana, fueron incapaces de recibir el apoyo logístico necesario al no poder hacer un óptimo despliegue de sus unidades (Ruiz, 2022). La destrucción por parte de los ucranianos de vías férreas, junto a puentes principales derribados, impidió el sostenimiento principal de las operaciones.

Sin embargo, no se podría decir que este hecho fue algo aislado, ya que a lo largo de la historia se encuentran situaciones similares, en las que la logística fue el elemento decisivo de una operación militar, como es el caso de la campaña del norte de África durante la Segunda Guerra Mundial, donde la ofensiva perpetrada por los carros de combate de Rommel no fue capaz de continuar por un problema en el abastecimiento de combustible.

El impacto de las nuevas tecnologías

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta el auge que las nuevas tecnologías están teniendo sobre la vida cotidiana, parece sencillo asegurar que estas han tenido un impacto significativo sobre las operaciones militares, sin embargo, sometamos a tela de juicio dicha aseveración.

El conflicto entre Rusia y Ucrania se ha constituido, sin duda, como el primer hito de la historia militar en el que ambos bandos han hecho un extenso uso de drones en apoyo a sus acciones militares (Kowrach, 2018). Si bien el lector puede pensar que ya en el conflicto de Nagorno Karavaj, que enfrentó a Armenia frente a Azerbayán, dichos medios fueron decisivos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la principal diferencia radica, en este último caso, en que Armenia no disponía de drones con la capacidad de los drones azeríes. Y así fue como en poco más de un mes de guerra, Azerbayán sometió a Armenia, prácticamente si darle opción a combatir. De esta forma, el monopolio de su uso por parte del ejército azerí no permite una confrontación rigurosa para el presente artículo.

Sin embargo, en el conflicto entre Rusia y Ucrania, se debe destacar que ambos bandos han implementado dichos dispositivos, utilizándolos principalmente para misiones de obtención de inteligencia, así como de ataque. Un ejemplo de esto fue el avance logrado por Ucrania en la región de Kharkiv, la cual fue considerada como una de las victorias más importantes de Ucrania desde que comenzó la invasión. En dicha ofensiva se combinaron procedimientos convencionales, haciendo un uso profuso de artillería y drones, tanto militares, como comerciales, con un avance sólido de las fuerzas terrestres. Con esto se evidenció que la incorporación de drones, junto a las innovaciones que ellos representan, jamás puede estar disociada del resto de procedimientos convencionales utilizados en conflictos anteriores. En definitiva, la utilización en exclusiva de estos sistemas, al margen de una operación ofensiva bien planeada, y una ejecución meticulosa de las unidades de asalto, no garantiza en absoluto el éxito (Karber, 2015).

Por lo tanto, se infiere que la implantación de la tecnología UAV (Unmanned Aerial Vehicles) ha supuesto sin lugar a duda un hito revolucionario. Sin embargo, la contribución al éxito de una campaña en la que se enfrentan adversarios con tecnologías similares queda una vez más supeditada a una combinación de factores, donde la preponderancia sigue siendo, a semejanza de guerras anteriores, como la Segunda Guerra Mundial, la persistencia del combate convencional perpetrado por unidades terrestres.

Las acciones en el ciberespacio han sido frecuentes desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania. Desde operaciones de denegación de servicio, orientadas a atacar servidores buscando su inoperancia, hasta la destrucción física de centros logísticos mediante ataques de guerra electrónica, pasando por la influencia en el dominio cognitivo, buscando ganar las mentes de aquellos que no estaban absolutamente convencidos de la causa por la que luchaban.

De esta forma, si bien la explotación del dominio ciberespacial se considera novedosa, no lo son los resultados buscados con la misma, ya que más allá de los medios empleados, el fin se considera similar a otras campañas desarrolladas a lo largo de la historia, como por ejemplo, la campaña de influencia que se desarrolló durante el Desembarco de Alhucemas, en la que se arrojaron desde aviones panfletos instando a la rendición de los defensores rifeños.

Y, por último, en cuanto a la inteligencia artificial, es un hecho constatado que el conflicto de estudio está acelerando el proceso de desarrollo de esta tecnología enfocada hacia fines bélicos. A modo de laboratorio, las grandes potencias y las principales empresas del sector desarrollan y prueban nuevos sistemas de inteligencia artificial enfocados en diferentes funcionalidades. Por citar un ejemplo, Rusia proporciona a China información relativa a su experiencia relativa a la implantación de esta inteligencia artificial en su maquinaria bélica, mientras que China desarrolla sistemas que son utilizados por el ejército ruso en el campo de batalla (Pardo, 2024).

Uno de los primeros éxitos que cosechó el uso de inteligencia artificial, incluso antes de comenzar la guerra, fue la gran ayuda que supuso para los analistas de inteligencia de Estados Unidos en la predicción de la invasión de Rusia a Ucrania con varios meses de antelación a que sucediera. Con esto se negó al Kremlin la sorpresa, posicionando a Ucrania, a pesar de ser la fuerza defensora, en una situación de superioridad en la información.

Durante este conflicto, el uso de inteligencia artificial se ha centrado fundamentalmente en el análisis de datos facilitando la toma de decisiones. Dichos datos, compuestos por una cantidad ingente de imágenes tomadas por diferentes medios de obtención de alta resolución, sería tarea imposible de analizar con medios humanos. Sin embargo, esta tecnología ha logrado obtener un panorama general del campo de batalla en tiempo real, permitiendo al comandante tomar decisiones con información veraz y actualizada. Además, cabe destacar que estos sistemas funcionan a través de algoritmos que favorecen su reentrenamiento y adaptación, personalizando su respuesta en función del usuario, lo que la convierte en un instrumento cada vez más útil.

Sin embargo, es necesario advertir que, a pesar de los avances que la inteligencia artificial está produciendo en el ciclo de gestión de la información, la decisión final, relativa al empleo de sistemas de armas, en el momento de desarrollar este artículo divulgativo, está siendo tomada en última instancia por un analista, no autorizando a una máquina de forma autónoma a que ataque un objetivo (Pardo, 2024).

A pesar de todo esto, se quiere destacar que la mayoría de las tecnologías emergentes y disruptivas que se están utilizando, como consecuencia del conflicto entre Rusia y Ucrania, están generando cambios en las operaciones militares. Sin embargo, dichos cambios están enfocados sustancialmente en el acortamiento de los ciclos de decisión, y en su caso, a las ayudas proporcionadas a un analista para discernir entre múltiples blancos. Sin embargo, en este momento, las aportaciones proporcionadas por estas no están modificando en esencia el proceso de planeamiento de las operaciones.

Grandes pensadores militares

El siglo XIX trajo aparejado profundos cambios en la forma de diseñar las operaciones militares. De los nuevos escenarios inciertos y volátiles se desprendió un nuevo nivel de planeamiento de las operaciones conocido como nivel operacional.

Mientras el nivel estratégico se centraba en el profundo arte de la guerra buscando alcanzar una posición de superioridad frente a un ejército enemigo, y el nivel táctico se dedicaba a ejecutar procedimientos de combate para ganar enfrentamientos, este nuevo nivel operacional se constituyó como el eslabón fundamental que imbricaba ambos niveles permitiendo al comandante de la operación planear, sostener y conducir campañas (EMAD, 2018).

El viejo estereotipo de un combate de alcance limitado entre facciones bien definidas derivó en un concepto más holístico, amparado bajo la guerra total, con multitud de actores implicados y una gran movilización de recursos y personal.

Fue precisamente a raíz de la revolución industrial, cuando tras la aparición del ferrocarril, la aviación y las armas modernas, los campos de batalla se transformaron en escenarios de proporciones jamás antes imaginadas, donde era fundamental la preparación de estas campañas en el nivel operacional.

Y así fue como en esa época surgió un elenco de grandes pensadores militares que servirían de base para fundamentar los principios del arte de la guerra utilizados en la actualidad.

De esta forma, durante la Primera Guerra Mundial, encontramos a una Unión Soviética que adolecía de un gran retraso tecnológico, limitando su capacidad de movilizar recursos y personal. Tras la contienda, Vladimir Triandafillov2, fue uno de esos pensadores, responsable de realizar una crítica interna, buscando modificar las entrañas de la maquinaria militar soviética. Y de esta forma surgió el concepto de las operaciones en profundidad. Dichas operaciones buscaban romper el frente enemigo mediante una combinación de unidades de infantería acorazada y fuegos masivos, siempre amparada bajo el prisma de la sorpresa.

Ya entrando en la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán, haciendo uso de una letal combinación de carros de combate, artillería y aviación, penetró en el frente soviético por tres ejes buscando alcanzar Leningrado por el norte, Stalingrado por el sur y la propia capital, Moscú, por el esfuerzo central. A pesar de las modificaciones doctrinales que el ejército soviético había acometido desde la guerra anterior, no fue capaz de detener el impulso alemán, que penetraba en su despliegue como si de mantequilla se tratara. En un proceso continuo de ensayo y error, la unión soviética, logró revertir la situación, equilibrando la balanza tras la batalla de Stalingrado, considerada como una de las batallas más sangrientas de la historia, sin embargo, el precio pagado en vidas fue demasiado elevado.

Penetración alemana en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial
Figura 2. Penetración alemana en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial (López, 2023)

Esto llevó al ejército soviético de nuevo a un periodo de profunda reflexión, buscando optimizar el funcionamiento de sus fuerzas armadas. Y así fue como, en los albores del siglo XXI surgió la figura del general Gerasimov, cuyas enseñanzas se plasmaron en la publicación conocida como “Dotrina Gerasimov”. Este oficial ruso estableció las bases del espectro de los conflictos, que afirma que, entre la guerra y la paz, existe una amplia gama de colores que vuelve más incierto si cabe el complejo arte de la guerra. Como consecuencia de esto se desarrolló el concepto de la guerra híbrida, cuya máxima expresión se empleó en Crimea en el año 2014, mediante una combinación de tropas militares y actores civiles, con lo que se obtuvo una situación de ventaja para Rusia tras generar caos e incertidumbre.

Sin embargo, lejos de encontrarnos frente a un concepto novedoso, este sistema híbrido fue ya utilizado en el año 2006 en el conflicto entre el Líbano e Israel, donde el Líbano3, utilizó para su defensa una combinación de sus fuerzas armadas, unidades paramilitares y procedimientos propios de la insurgencia para detener el avance israelí. Y así fue como, utilizando una gran cantidad de artefactos explosivos improvisados, puso en jaque al ejército hebreo, frenando en sus fronteras a los carros de combate Merkava que avanzaban sobre su territorio.

Conclusiones

Haciendo una recopilación de las principales ideas fuerza expuestas en el presente artículo, se extraen unas conclusiones que permiten destacar las semejanzas que los conflictos actuales tienen con otros conflictos acaecidos en el pasado.

De esta forma, el avance audaz del ejército nazi durante la Segunda Guerra mundial a través de las Ardenas no encuentra diferencias notables con los carros de combate rusos cruzando la frontera de Bielorrusia hacia el sur, tratando de tomar el centro neurálgico de Kiev.

Asimismo, el actual estancamiento del frente ruso ucraniano nos trae a la memoria aquella lejana guerra de trincheras de la Primer Guerra Mundial, donde avanzar un palmo se pagaba con ingentes cantidades de sangre de sus soldados.

Los potentes bombardeos de la artillería rusa nos retrotraen a unas antiguas palabras de un héroe de la División Azul, que aseguraba que los “órganos” de Stalin, nombre con el que eran conocidos los cohetes de artillería “Katiusha” por su característico sonido al ser disparados, atronaban el suelo, haciendo sentir a los defensores de Krasny Bor como enjuague bucal.

Es de justicia reconocer que la evolución inherente a nuestra sociedad ha traído aparejada una mayor rapidez en la gestión de la información, así como un incremento en la letalidad de los sistemas de armas.

La inteligencia artificial ayuda a gestionar un gran volumen de datos en unos tiempos impensables para el común de los cerebros humanos, favoreciendo la ayuda a la decisión del jefe.

El dominio cognitivo, consistente en ganar las mentes de la población indecisa, es mucho más accesible ahora, ya que todo el mundo dispone de un dispositivo móvil que le bombardea continuamente con noticias, abonando el campo de la desinformación.

Los drones, han sustituido, en cierto modo, a aquellos antiguos bombardeos realizados por la aviación, evitando así la exposición del piloto y abaratando sobremanera los costes de los mismos.

Sin embargo, la esencia intrínseca de las operaciones militares se mantiene intacto siglo tras siglo, reduciendo todo al archiconocido concepto del fuego, el movimiento y el choque. Porque independientemente de los avances tecnológicos que se hayan podido producir. Todo finaliza con la guerra librada frente a frente y la vida jugada a cara o cruz.

Puede ser que en un futuro próximo esto haya cambiado y sea de justicia envainar estas palabras. Pero hoy, en este preciso momento, un soldado ucraniano está defendiendo fusil en mano una trinchera en el Donbás, fiel a su juramento de no ceder ni un solo palmo de su tierra al enemigo.

Bibliografía

Pedro Ángel González Álvarez
Comandante de Infantería, CGET, España.

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]Agencia de inteligencia y seguridad interna de la Unión Soviética.
[2]Triandafillov fue jefe del Estado Mayor del Ejército Rojo de mayo de 1931 a de julio de 1931.
[3] Referencia al empleo de tácticas híbridas en el conflicto de 2006.
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