
07 nov 2024
El ejército ruso después de Ucrania. Los retos de la reconstitución de un ejército
Javier Ruiz Arévalo
Tarde o temprano, la Guerra de Ucrania finalizará, o se congelará, y Moscú tendrá que abordar el complejo problema de reconstituir sus Fuerzas Armadas para recuperar las capacidades militares necesarias para abordar con garantías de éxito su estrategia de seguridad nacional. Cuando se presente esta situación, el Kremlin tendrá que tener en cuenta los objetivos de fuerza que marque esa estrategia, pero deberá abordarlos sin pasar por alto una situación de partida que se verá muy condicionada por el grado de destrucción sufrido por el ejército ruso, la situación de sus reservas estratégicas de material militar y la necesidad de compaginar el gasto militar con otras necesidades presupuestarias.
Moscú es consciente de esta realidad y se plantea ya la necesidad de iniciar un programa para reconstruir su fuerza militar a largo plazo, restaurando las pérdidas provocadas por la guerra y construyendo la fuerza que estima necesaria para el futuro. En cualquier caso, el primer paso para este proceso consiste en definir la situación final deseada: ¿Qué Fuerzas Armadas pretende tener Rusia a largo plazo? Responder a esta pregunta de una forma mínimamente creíble exige un ejercicio previo de realismo a la hora de identificar las opciones disponibles, descartando aquellas situaciones finales que, por muy deseables que sean, constituyan meras quimeras.
Concepto de reconstitución (Reconstitution)
Conviene, antes de proseguir con este análisis, definir con claridad el alcance del concepto de reconstitución. Si habláramos de actualización nos referiríamos al proceso habitual de adaptación de un ejército al entorno operativo, siempre cambiante. Si habláramos de reconstrucción, el objetivo sería restañar las pérdidas para volver a tener el mismo ejército existente antes del inicio del conflicto. Sin embargo, la reconstitución es un concepto diferente. Se trata de un proceso mediante el cual una organización militar recupera un nivel suficiente de capacidad de combate tras sufrir pérdidas durante su participación en un conflicto armado.1 Nótese que no se habla de recuperar las capacidades previas al conflicto, sino de recuperar “un nivel suficiente de capacidad”, que vendrá condicionado por las necesidades y posibilidades una vez finalizado el conflicto armado, con toda seguridad muy diferentes a las previas. Básicamente, se trata de proporcionar el personal, armamento y equipo necesarios en cantidad y calidad suficientes. Es más que probable que Moscú sea consciente de que este proceso debe iniciarse en tiempo de guerra, ahora, y continuar en el periodo de posguerra.
Como ya hemos adelantado, con la reconstitución no se pretende reconstruir el ejército previo al conflicto, se trata de configurar una fuerza militar conforme con las nuevas necesidades de la seguridad nacional, teniendo en cuenta, además de la situación geopolítica, las posibilidades reales en cuanto a recursos humanos y económicos y la situación política interna. El ejército previo al conflicto puede no ser posible o deseable en el postconflicto. Concretamente, la situación geopolítica que Moscú prevea para el postconflicto, así como su situación política, social, demográfica y económica determinarán los objetivos a plantear para el proceso de reconstitución y los plazos necesarios para alcanzarlos.
Por otra parte, no debe pensarse en la reconstitución como un proceso en el que debiera calificarse a las fuerzas militares, de modo binario, como «reconstruida» o «no reconstruida» y tampoco debe medirse únicamente por el restablecimiento del número de efectivos y equipos previos a la guerra. La reconstitución es un proceso de recuperación de funciones de combate, competencia y capacidades que permitirá a una fuerza ejecutar las misiones que se prevean para ella. Así, el diseño de fuerzas de Moscú no será el mismo si el escenario que contempla es una proyección de poder limitada a otro país vecino que no sea miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), o si se plantea un escenario de enfrentamiento abierto con la Alianza.
Situación de partida
De hecho, el Kremlin ha iniciado ya este proceso de reconstitución, aunque de forma “moderada”, es decir, sin poner la economía en pie de guerra, de acuerdo con su política de mantener la ficción de que Rusia ha acometido una “operación especial”, pero no está en guerra. De acuerdo con este relato, en lo que respecta al personal, ha evitado una movilización general, limitándose a recurrir a movilizaciones parciales y a suculentos incentivos económicos para atraer a soldados voluntarios. En cuanto al material, el esfuerzo se ha centrado en reparar el material disponible, en la adquisición en el extranjero de municiones y armas y en incrementar la producción poniendo a pleno rendimiento a la industria de defensa ya existente. Nada que pueda parecer una movilización general y la adopción de una economía de guerra. Sin embargo, esta política impone sus limitaciones: las capacidades de producción se han estancado desde principios de 2024 y, aunque hay aun cierto margen de mejora, aumentando la eficiencia mediante la reducción de la corrupción y haciendo un mayor esfuerzo en innovación, los incrementos serían modestos.2 En el caso de personal, la situación es similar: resulta difícil imaginar grandes incrementos en el reclutamiento sin recurrir a una movilización mucho más ambiciosa que la actual.
De forma que, si Moscú considerara necesario un incremento significativo en personal o material, necesitará tomar medidas drásticas para movilizar recursos humanos e industriales, lo cual tendría efectos muy relevantes en su economía, su mercado laboral y al compromiso de la población con la guerra. Equivaldría a poner el país “en pie de guerra”, algo que hasta ahora ha tratado de evitar por sus repercusiones políticas y sociales.
A pesar de no haberse planteado un debate abierto al respecto, todo parece indicar que el Kremlin se plantea aumentar el volumen de sus Fuerzas Armadas, lo que supone enfrentarse a problemas demográficos y financieros que será necesario tener en cuenta.
Escollos para la reconstitución de las Fuerzas Armadas rusas
El Kremlin ha sido muy cuidadoso a la hora de ocultar ante su opinión pública las pérdidas que está suponiendo la guerra. De la misma forma, se ocultan las considerables necesidades de reconstitución que implican, vinculándolas a la necesidad de contrarrestar la expansión de la OTAN, lo que permite justificar los incrementos en el gasto militar y en el volumen de fuerzas sin admitir que se deben, en su mayor parte, a las pérdidas sufridas en Ucrania.
Para reconstruir sus fuerzas a corto plazo, Moscú está renovando equipos obsoletos, movilizando personal y reclutando voluntarios. Actualmente (otoño de 2024) la mayor parte del equipo que Moscú envía al frente es material reacondicionado. Cumple con los requisitos mínimos, pero es cualitativamente peor que los equipos de última generación. Por otra parte, al ritmo actual, se estima que las reservas de material para este fin quedarán agotadas en 2026.3
Un tema particularmente espinoso es el de las municiones. Además de dotar al ejército de las necesarias para afrontar la guerra con Ucrania, Moscú debe tener presente la necesidad de reconstituirlas para que, cuando finalice el conflicto, no se encuentren exhaustas sus reservas de guerra. El ritmo actual de producción hace inalcanzable alcanzar cualquiera de estos dos objetivos. A corto plazo, Moscú ha optado por la adquisición de proveedores extranjeros, pero a largo plazo necesitará incrementar su producción. Para conseguirlo sin adoptar medidas drásticas, se ha recurrido a procedimientos que permiten maximizar la producción de las instalaciones actualmente en servicio, como el aumento de turnos o la reapertura de líneas de producción cerradas. De esta forma se ha logrado, en un breve plazo, un incremento significativo de la producción, a pesar incluso de las sanciones económicas a las que está sometido el país.4
A día de hoy, la industria de defensa rusa es capaz de poner en servicio, mediante fabricación o modernización, unos 1.200 carros de combate al año, además de unos 2.000-3.000 vehículos blindados de combate de diversos tipos, 1.400 sistemas de artillería y unos 12.000 vehículos, 1.400 de ellos blindados. Debe tenerse en cuenta que no todos estos materiales son de nueva fabricación. En el caso de los carros de combate y vehículos blindados, por ejemplo, cerca del 80% es material reacondicionado y modernizado a partir de las reservas de guerra.5 En lo que respecta a la munición, los resultados rebasan en mucho a las previsiones que se habían hecho desde Occidente. Rusia ha logrado producir 3 millones de proyectiles de grueso calibre (122 mm y superiores) supone haber alcanzado unas cotas que nadie anticipaba.6 En general, la producción actual de munición de artillería convencional triplica las estimaciones iniciales del gobierno estadounidense y supera la producción de los treinta y tres países de la OTAN juntos.7 Algo parecido sucede con la fabricación de misiles, donde se ha conseguido que las reservas actuales sean superiores a las previas al inicio del conflicto.8 Lo que estos datos están poniendo de manifiesto es que medir las posibilidades económicas rusas en función de su PIB, en lugar de utilizar como dato de referencia el poder adquisitivo, había llevado a la mayoría de los analistas occidentales a minusvalorar el potencial económico ruso. Los costes de producción rusos son muy inferiores a los occidentales, lo que ayuda a explicar la aparente falta de sintonía entre el PIB y la capacidad de producción demostrada por la industria rusa.
El Secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, reconocía la sorpresa que han supuesto estos logros. Estimando que más de 300.000 soldados han muerto o resultado heridos,9 que se han “invertido” 211.000 millones de dólares y que los consumos de municiones y pérdidas de material resultan ingentes, podría pensarse que Rusia sería incapaz de sobreponerse a semejantes costes. Sin embargo, el mismo Austin reconocía que "Rusia ha aumentado su producción. Toda su industria de defensa responde directamente al Estado, por lo que les resulta más fácil hacerlo más rápido. Rusia ha reconstituido agresivamente su fuerza militar".10
A pesar de ello, el propio Ministerio de Defensa ruso considera que se ha alcanzado ya el techo de lo que puede conseguirse sin poner en funcionamiento nuevas fábricas y aumentar el suministro de materias primas, algo difícil de conseguir en un plazo inferior a cinco años. De acuerdo con las proyecciones publicadas por el New York Times, Rusia sólo sería capaz de mantener semejante esfuerzo durante un plazo máximo de cinco años. Eso sin tener en cuenta que la sostenibilidad del ritmo de producción se vería afectada negativamente por factores como la escasez de mano de obra y la calidad decreciente del material producido.11 Debe tenerse en cuenta que, a medida que disminuya la cantidad de material disponible para su reacondicionamiento, la capacidad industrial deberá dedicarse a la fabricación de nuevas plataformas, lo que significará necesariamente una disminución significativa en el número de unidades que la industria estará en condiciones de entregar.12
Con estos antecedentes, Avril Haines, director de la Agencia Nacional de Inteligencia de EEUU, estima que Moscú necesitará entre 5 y 10 años para reconstituir sus fuerzas terrestres, siempre y cuando sea capaz de mantener durante ese tiempo un presupuesto de defensa similar al de 2024, siendo conscientes de que éste dobla el de 2021. Incorporando algunas partidas no declaradas, supondría dedicar al gasto militar alrededor de un 10-12% del PIB.13
Las opciones de Moscú
De acuerdo con esta situación, podemos concluir que el Kremlin dispone de varias opciones para reconstruir la fuerza a medio plazo (2030). La elección de una u otra dependerá de si se pone el acento en la rapidez o en la sostenibilidad del esfuerzo. Si se prioriza reconstruir y ampliar la fuerza lo antes posible, los actuales esfuerzos de reconstitución, ya estancados, resultarán insuficientes; sería necesario recurrir a nuevas movilizaciones de personal e industrias. Si, por el contrario, se prioriza la estabilidad interna y económica sobre la urgencia, podría lograrse manteniendo los ritmos de reclutamiento y producción actuales, aunque ello suponga aceptar riesgos. Como solución intermedia, podrían incrementarse reclutamiento y producción industrial paulatinamente hasta principios de la década de 2030, siempre y cuando la Guerra de Ucrania finalizara o se estancara, disminuyendo la presión para acelerar el proceso de reconstitución.
A día de hoy, la opción de incrementar la producción se enfrenta a algunos escollos estructurales que limitan el ritmo de este incremento. Por una parte, un incremento significativo de la producción exigiría la construcción de nuevas fábricas, a menos que se acepte el riesgo de suspender temporalmente las exportaciones, lo que no parece muy probable, o de interrumpir la producción mientras las fábricas se reacondicionan y modernizan, lo que resulta incompatible con las tasas de producción exigidas por la guerra. Cabría optar por movilizar fábricas civiles y reorientar su producción para satisfacer el esfuerzo bélico, lo cual, aparte de lo problemático que puede resultar este proceso,14 sería un claro indicativo de que Rusia se mueve hacia una economía de guerra, con las implicaciones que ello tendría en la política interna rusa. Rusia podría optar también por importar material militar de otros países, aunque hacerlo supondría alejarse de su política tradicional en este campo. Este tipo de decisiones sugeriría que Rusia no está dispuesta a aceptar riesgos a corto plazo y que planea continuar la acción ofensiva contra Ucrania.
En el ámbito de los recursos humanos, le reconstitución será también problemática. El hecho de que la normativa excepcional actualmente en vigor prohíba a los militares profesionales rescindir sus contratos impide conocer los efectos que la guerra está teniendo en la retención de los militares actualmente en servicio. Por otra parte, el Kremlin está recurriendo a ofrecer mayores salarios y prestaciones sociales para atraer nuevos reclutas, pero mantener este elevado gasto per cápita una vez finalizada la guerra añadiría más presión a un presupuesto de defensa, ya de por sí muy elevado.
Actualmente, el volumen de fuerza autorizado es de 1,3 millones de personas, pero hay voces dentro de las Fuerzas Armadas rusas que abogan por incrementarlo hasta 1,5.15 Este incremento implicaría una inversión significativa en la producción de nuevos equipos, la construcción de nuevas infraestructuras militares y el reclutamiento de más soldados profesionales en una sociedad que se ha acostumbrado a salarios elevados y costosas prestaciones y beneficios sociales. Además, este esfuerzo económico coincidiría con las presiones en materia de adquisiciones sobre un presupuesto de defensa ya hinchado y una mano de obra masculina ya bajo presión. En realidad, Rusia dispone de importantes recursos humanos sin explotar, a los que podría recurrir para mantener al esfuerzo bélico. Ni ha recurrido a los oficiales de la reserva, muy numerosos, ni ha levantado las restricciones sobre los puestos que pueden ocupar las mujeres en el ejército o en la industria de defensa. En su lugar, las autoridades han optado por otras medidas provisionales, como comprimir la formación militar de los nuevos oficiales o reclutar en las prisiones o en el extranjero. Cualquier cambio en estas políticas serían una señal de que Rusia tiene la intención de acometer un aumento sustantivo del volumen de sus Fuerzas Armadas o de la industria de defensa.
En síntesis, a la hora de optar por una u otra vía, el Kremlin debería ser consciente de que la opción de una fuerza mayor podría no ser totalmente compatible con la realidad demográfica y financiera rusas. Financiar un ejército profesional permanente más numeroso podría implicar unos costes políticos difíciles de asumir. La alternativa podría ser una vía intermedia, en la que se combinara una fuerza profesional permanente más reducida y financieramente manejable, de alrededor del millón de efectivos, con una reserva estratégica expansiva de personal con experiencia de combate que podría movilizarse en caso necesario. Esta vía permitiría mantener un mayor potencial de fuerzas sin incurrir en los costes financieros y requisitos de infraestructura que supone mantener permanentemente una fuerza mayor. Esta opción se asemejaría al retorno del sistema de preparación mixta de finales de la era soviética e inmediatamente después, y supondría un cambio significativo en el pensamiento militar respecto al prevalente en los últimos veinte años.
A modo de conclusión: Continuismo frente a innovación
Una vez finalizada la guerra, el ejército ruso tendrá que aplicarse a la tarea de extraer lecciones de la experiencia acumulada durante su desarrollo. Es probable que en los años inmediatamente posteriores al cese de las hostilidades se creen organizaciones formales para llevar a cabo este análisis y difundir sus resultados con el fin de influir en los conceptos, procedimientos y diseño de la fuerza. En una democracia autoritaria como la rusa existe un riesgo evidente de que este proceso se vea dificultado por el temor a herir sensibilidades políticas o señalar responsabilidades, lo que puede conducir a informes sesgados que, lógicamente, darían lugar a conclusiones erróneas sobre posibles necesidades de cambio en organización, materiales y procedimientos, lo que podría afectar negativamente al proceso de reconstitución, por basarlo en premisas falsas. A ello hay que sumar que el debate sobre las necesidades de reconstitución nace ya viciado por el secretismo sobre las bajas de personal y material, unido a la ampliación de las leyes que limitan la libertad de expresión en asuntos relacionados con la seguridad nacional. Toda la información sobre pérdidas de personal y material causadas por la guerra está clasificada y cualquier crítica a los costes humanos y económicos de la guerra se considera un crimen. Este entorno de falta de información limita la discusión sobre la reconstitución y el futuro diseño del ejército ruso. Además, supone un obstáculo a las directrices del Kremlin de aumentar la innovación en el sector privado.
Un aspecto que podría favorecer una visión innovadora a la hora de acometer el proceso de reconstitución deriva del hecho de que, aunque oficiales subalternos y suboficiales experimentados constituyen el grupo que está sufriendo un mayor porcentaje de bajas, los supervivientes aunarán una dilatada experiencia en combate con una formación militar formal reducida, por la compresión de sus programas de enseñanza. Esta combinación de amplia experiencia y escasa formación formal puede facilitar cambios importantes en el ejército ruso en el futuro, si las experiencias de los supervivientes pueden aprovecharse como lecciones aprendidas en los años de posguerra.
Javier Ruiz Arévalo
Coronel CGET. Doctor en Derecho
Jefatura del Mando de Adiestramiento y Doctrina
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El ejército ruso después de Ucrania. Los retos de la reconstitución de un ejército
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