CEHISMI. Soldados de la Carrera de Indias. Estructuras militares y conexiones atlánticas de la Monarquía Católica en el siglo XVII

29 oct 2025
CEHISMI. Soldados de la Carrera de Indias. Estructuras militares y conexiones atlánticas de la Monarquía Católica en el siglo XVII
Enrique García Hernán. Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Comisión Española de Historia Militar (CESEDEN)
Alonso J. Hernández Rodríguez, Soldados de la Carrera de Indias. Estructuras militares y conexiones atlánticas de la Monarquía Católica en el siglo XVII, Ediciones Doce Calles, Madrid, 2025, 418 pp. ISBN: 978-84-9744-486-6.
Nos encontramos ante un importante libro de historia militar de un cuerpo poco conocido: el Tercio de la Carrera de Indias, estructura destinada a la protección del sistema atlántico español, que se sostiene durante una centuria gracias a una mutua colaboración entre la Corona y el Comercio (Consulado de cargadores), como ejemplo del estado-fiscal militar de la Monarquía Hispánica.
Dado el carácter multifuncional de Tercio, como unidad militar, y más bien como resultado de su traslado marítimo a otros frentes bélicos, esta unidad se convirtió rápidamente en el mejor instrumento para luchar en el mar, como sucedió con el Tercio del Mar de Nápoles. El académico Hugo O´Donnell publicó hace años una historia de la Infantería de Marina (La Infantería de Marina Española. Historia y Fuentes, Bazán 1999) y la profesora Pi Corrales ha dedicado buena parte de su investigación a estos tercios, con un resultado magnífico en su libro Tercios del mar: historia de la primera infantería de marina española (Madrid 2019), libros que merecen ser citados. Había diversos tercios de armada, aunque el más conocido es el Tercio de Armada de 1580 y el que menos es este Tercio de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, que comienza en 1600 con su primer gobernador, Fadrique de Cáncer, y termina con el desastre de 1708, cuando el gobernador conde de Vega Florida pierde un combate de galeones contra Charles Wager cerca de la isla de Barú. Su gobierno se debe a la Junta de Guerra de Indias. No solo desaparece la unidad, sino que el sistema del impuestos conocido como de Avería se extingue y la defensa la pagará la Real Hacienda. La nueva unidad será el Cuerpo de Batallones (1717), en Armada, Marina, Bajeles y Océano.
Este libro viene a colmar un vacío de estos más de cien años y nos abre nuevas líneas de investigación para comprender mejor la relación entre el militar y su contribución (al margen de lo estrictamente militar) a un sistema defensivo, que implica no solo el dominio de las armas, sino también liderazgo social y adentrarse en los resortes de la economía indiana. El autor es un joven doctor de la Universidad de Sevilla que ha trabajado esta línea de investigación en una tesis doctoral. Desde 2020 venía aportando diversos artículos sobre el soldado de la Carrera de Indias, y ahora nos ofrece este espléndido libro, muy bien articulado y documentado.
El libro está estructurado en dos bloques. En la primera parte, más amplia y mejor ligada, se adentra en “La infraestructura militar de la Carrera de Indias”. Aquí desarrolla su tesis en cinco capítulos, los tres primeros son introductorios y podrían haber formado un bloque independiente, mientras que los dos restantes los dedica a la primera y segunda mitad del siglo XVII sobre la infraestructura militar (Military Fiscal State y Contractor State). Interesante el Capítulo III sobre el impacto de la gente de guerra de la Carrera de Indias sobre el territorio y en especial sobre el presidio de Cádiz. Los capítulos IV y V son cronológicos, cuyo eje vertebrador es el aparato militar y su financiación, y, lógicamente, da mucha importancia a la Avería y describe cómo se sale de la crisis económica y se financia la Armada gracias a los militares-empresarios, y esta es quizá una de las mejores aportaciones del libro, en la que luego se extiende en la segunda parte cuando trata de los oficiales y el factor humano (es difícil diseccionar actividad militar y actividad comercial). El autor, en una de sus pocas afirmaciones rotundas, asevera, que los militares-empresarios fueron los cimientos en lo que se apoyó la Monarquía para no perder aquellos territorios a causa de la penetración mercantil extranjera (página 218) y concluye que, pese a ello, este recurso financiero no tuvo suficiente fuerza para reimpulsar la construcción naval y en los años Ochenta ya daba señales de crisis. El lector no se hace una idea clara de cómo el militar-empresario vence la contradictoria orden de impedir el contrabando (sacar mercancías fuera de registro) y que los militares fueran empresarios (a no ser que tuvieran permisos). Es como decir que la Monarquía se hacía trampa a sí misma, aunque el autor prefiere hablar de “readaptación” y que se miraba para otro lado simplemente para garantizar la “pervivencia del orden español” (página 280).
La segunda parte del libro contiene dos largos capítulos dedicados a lo que ha llamado el autor “gente de guerra”, básicamente a los oficiales (capítulo VI) y a los soldados (capítulo VII), que son algo más de 120 páginas magníficas de estudio sociológico, aunque hubiera venido bien hablar más de relaciones familiares, matrimonios, endogamia, etc. Respecto a los oficiales, Hernández llega a la conclusión, que necesitaría mayor evidencia, de que los capitanes de mar y guerra de la Armada de la Guarda estaban mejor seleccionados que los de la Armada del Mar Océano, conformando una élite naval, y así alcanzaron generalatos y almirantazgos, así como ennoblecimiento, y que fueron destinados a puestos de gobierno en las Indias. Estoy de acuerdo en que se formó una élite naval, pero no tenemos prueba definitiva que fueran mejor seleccionados por un motivo predeterminado, ni tampoco conforman una cantidad suficientemente grande (41, según los recoge en apéndice VII) como para afirmar que sirvieron de cantera para el gobierno de Indias, porque los corregimientos, alcaldías, y gobernadores de todas las Indias en algo más de cien años fueron muchísimos, y sus nombramientos procedían de una selección, no parece que hubiera una predisposición hacia los miembros del Tercio de la Carrera. También estoy de acuerdo en que estos hombres fueron la base para la reconstrucción naval borbónica, como los Lezo, Montemar o Mina, y que no vino esta revitalización por el mero cambio de dinastía.
El libro se enriquece con 22 tablas y 18 gráficos, así como 9 anexos y una importante bibliografía. Se echa en falta una selección de mapas y un índice analítico al final. Aunque tiene una breve introducción historiográfica, hubiera venido bien en el primer capítulo una introducción heurística, explicando las fuentes que ha utilizado, que básicamente han sido el Archivo General de Indias y el Archivo General de Simancas, lo cual hubiera evitado enterarnos, en la página 241, de que en la secretaría de la parte del Perú del Consejo de Indias están las relaciones de servicios y partes de la mayor parte de los militares de la Carrera de Indias. El investigador quisiera conocer las fechas extremas y el número de expedientes. Las conclusiones no recogen la gran aportación que supone el estudio sociológico tan detallado que ha realizado del soldado de la Carrera de Indias, quizá por evitar repeticiones y por no ser demasiado largo. El final del Tercio en 1708 parece que necesitaría más explicaciones. Tiene la gloria esta unidad de en algo más de cien años haber tenido pérdidas en barcos en tan solo cinco enfrentamientos contra enemigos (1627, 1628, 1657, 1665 y 1708). Solo queda felicitar al autor, así como a los editores, por un libro muy trabajado, muy bien escrito, y que abre nuevas perspectivas de comprensión y de explicación sobre la capacidad de resistencia y recuperación de la Monarquía, sobre todo si también se hiciera una investigación similar con el Tercio de la Armada de la Armada de Barlovento.
Enrique García Hernán
Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Comisión Española de Historia Militar
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