
21 abr 2026
CEHISMI. Historia de la guerra. Seiscientos años de enfrentamientos en Occidente (siglos XV-XXI)
Miguel Ballenilla y García de Gamarra. Teniente general, Ejército de Tierra. Presidente de la Comisión Española de Historia Militar
Fernando Puell de la Villa, Historia de la guerra. Seiscientos años de enfrentamientos en Occidente (siglos XV-XXI), Madrid, Espasa, 2026, 437 pp.; ISBN-13: 9788467079951
La aparición de una historia general de la guerra escrita originalmente en español y concebida desde una sensibilidad historiográfica propia constituye, por sí sola, un acontecimiento digno de atención. En un campo dominado durante décadas por la producción anglosajona, la publicación de Historia de la guerra, de Fernando Puell de la Villa, viene a cubrir una carencia real de nuestra bibliografía: la ausencia de una gran síntesis que recorra la evolución del fenómeno bélico en Occidente desde la irrupción de la pólvora hasta la guerra de drones, la ciberguerra y la inteligencia artificial, sin renunciar por ello a incorporar de manera orgánica las aportaciones españolas al arte militar. Esa es, precisamente, una de las ambiciones declaradas del libro, y también una de sus principales fortalezas.
No estamos ante una mera cronología de campañas ni ante una sucesión de batallas ilustres. El propósito de Puell es más amplio y exigente: compendiar la historia de la guerra de forma asequible, pero intelectualmente sólida; explicar la transformación de los instrumentos de combate, de los procedimientos tácticos, de los marcos estratégicos, de las organizaciones militares y de la relación entre guerra, política y sociedad; y hacerlo, además, desde una perspectiva cultural y cronológicamente cercana al lector hispanohablante. El propio autor sitúa su obra en diálogo con nombres inexcusables como Michael Howard, John Keegan o Jeremy Black, al tiempo que subraya la insuficiencia, en el ámbito español, de obras de síntesis comparables. Esa autoubicación no suena presuntuosa: funciona más bien como una declaración de necesidad historiográfica.
La arquitectura del volumen está muy bien pensada. Tras una introducción de notable densidad historiográfica, el libro se organiza en cuatro grandes partes: la primera dedicada al arte militar entre los siglos XV y XVIII; la segunda, a la guerra decimonónica; la tercera, a la época de las guerras mundiales; y la cuarta, a la etapa comprendida entre 1945 y 2024, bajo la rúbrica expresiva de “Nuclearización y asimetría”. El recorrido se cierra con un epílogo sobre la distinción entre táctica y estrategia, de evidente utilidad didáctica y no menor interés conceptual. Esta estructura revela dos aciertos. El primero, no encadenar sin más guerras y campañas, sino combinar bloques cronológicos con bloques temáticos. El segundo, asumir sin complejos que la historia militar debe prolongarse hasta el presente, siempre que se haga con método y prudencia analítica.
La primera parte del libro resulta especialmente valiosa por la claridad con la que explica la gran transformación de la guerra europea en el tránsito del Medievo al Renacimiento. Puell aborda la cuestión clásica de la llamada “revolución militar” con equilibrio y sin dogmatismos: expone la tesis de la ruptura y, al mismo tiempo, atiende a la interpretación que prefiere hablar de un proceso gradual de adaptación tecnológica y doctrinal. Esa forma de proceder caracteriza buena parte del volumen: el autor no se deja arrastrar por esquemas simplificadores, sino que procura mostrar las continuidades junto a las rupturas. En ese marco, sobresalen sus páginas sobre la pólvora, la artillería, la pica, el arma de fuego portátil y la fortificación abaluartada, tratadas no como piezas aisladas, sino como elementos interrelacionados de una mutación más amplia del hecho bélico. Y es ahí donde aparece uno de los rasgos distintivos del libro: la voluntad de rescatar la experiencia hispánica, por ejemplo, al recordar la temprana utilización de la pólvora en al-Ándalus o el papel de las monarquías peninsulares en la rápida incorporación de la artillería.
La segunda parte, consagrada al siglo XIX, está entre las más logradas del volumen. No solo por la selección de conflictos —las guerras napoleónicas, la Guerra de Secesión y las guerras de unificación alemana—, sino porque el autor acierta a presentar el siglo como el gran laboratorio en el que confluyen transformación doctrinal, universalización del reclutamiento, industrialización del armamento y modernización de las comunicaciones. El tratamiento del servicio militar, del ferrocarril, del telégrafo o del vapor no cae en un tecnicismo deshumanizado: al contrario, Puell muestra cómo esos cambios alteraron la escala, el ritmo y la lógica de las operaciones. También aquí destaca la incorporación de las aportaciones españolas, no como apéndice patriótico, sino como contribución historiográficamente pertinente: la guerrilla en la Guerra de la Independencia, las innovaciones de campaña en las guerras carlistas y ciertas prácticas de control territorial y de población en los conflictos ultramarinos aparecen integradas en la narración general del devenir bélico.
La tercera parte, centrada en la Paz Armada, la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial, asume el riesgo de toda síntesis: condensar sin banalizar. Puell lo resuelve con solvencia. Renuncia a la exhaustividad imposible y opta por una exposición en la que pesan más los procesos que el detalle anecdótico. El lector encuentra aquí una explicación clara de las implicaciones sociales, políticas y operativas de las dos conflagraciones mundiales, así como un capítulo específico sobre las innovaciones armamentísticas en tierra, mar y aire. De nuevo, el caso español no queda subsumido ni sobredimensionado: Marruecos y la Guerra Civil comparecen como “peculiaridades” con entidad propia, tratadas desde la historia de las operaciones y no solo desde la historia política interna. Esta decisión metodológica merece ser subrayada, porque evita dos desviaciones frecuentes: la de diluir completamente a España en las grandes narrativas internacionales y la de encerrarla en una excepcionalidad estéril.
Tal vez la apuesta más delicada del libro se encuentre en su cuarta parte. Prolongar una historia de la guerra hasta 2024 obliga a entrar en un territorio donde la distancia temporal es menor, el debate doctrinal es más vivo y la sedimentación historiográfica más incompleta. Puell es plenamente consciente de ello y lo explicita con honestidad en la introducción, defendiendo la legitimidad de una historia del tiempo presente aplicada al fenómeno bélico. Esa toma de posición es importante, porque entronca con una convicción que conviene reivindicar: si la historia militar quiere seguir siendo intelectualmente fecunda, no puede replegarse cómodamente hacia periodos remotos, dejando el presente en manos exclusivas del análisis estratégico o del periodismo especializado. Desde esta premisa, el libro recorre la nuclearización, la disuasión, las operaciones de mantenimiento de la paz, la guerra asimétrica y los nuevos paradigmas bélicos asociados a compañías militares privadas, sistemas no tripulados, ciberespacio e inteligencia artificial. La selección es acertada, aunque inevitablemente desigual: algunas cuestiones admiten mayor desarrollo que otras. Pero el balance general es positivo, sobre todo por la capacidad del autor para ofrecer al lector un mapa inteligible de la mutación contemporánea de la guerra.
Uno de los méritos más notables del volumen reside en su equilibrio entre divulgación de alto nivel y obra de consulta. El prólogo de Amador Enseñat subraya con acierto tres virtudes del libro —precisión, claridad y concisión—, y esas tres virtudes se perciben realmente en la lectura. Puell escribe con notable economía expresiva, sin jerga innecesaria, pero sin sacrificar el rigor conceptual. Ello se advierte, por ejemplo, en el cuidado con que maneja categorías propiamente castrenses y en la importancia que concede a deslindar táctica y estrategia en el epílogo final. Ese cierre no es un añadido menor: resume bien la voluntad pedagógica del libro y revela hasta qué punto el autor piensa su obra también como instrumento formativo.
Desde un punto de vista historiográfico, conviene destacar además la seriedad del aparato de sustentación. El autor declara apoyarse en una amplísima literatura especializada y en el uso puntual de fuentes primarias cuando lo considera imprescindible, y el volumen concluye, en efecto, con un bloque extenso de notas y una bibliografía muy amplia. Esa bibliografía confirma dos cosas: por un lado, el predominio todavía abrumador de la producción anglosajona en este campo; por otro, el esfuerzo deliberado del autor por priorizar, cuando es posible, obras de autoría española o traducidas al español. No se trata de un gesto menor, sino de una verdadera toma de posición intelectual: construir un lenguaje historiográfico accesible para el lector español sin desconectarlo del debate internacional.
Como toda obra de gran síntesis, Historia de la guerra también presenta límites, aunque estos derivan más de la naturaleza del proyecto que de deficiencias de ejecución. Quien busque un tratamiento monográfico de un periodo, una escuela estratégica o una campaña concreta no lo encontrará aquí, ni puede exigírsele. Tampoco hallará una historia global de la guerra en sentido estricto, pues el propio subtítulo delimita con honestidad el foco occidental. Quizá algunos lectores deseen mayor desarrollo de ciertas dimensiones no estrictamente operativas —economía de guerra, movilización cultural, experiencia del combatiente, género o memoria—, muy presentes en renovaciones recientes de la historia militar. Pero sería injusto convertir esas expectativas en reproche: el libro no pretende ser una enciclopedia total, sino una síntesis interpretativa, y en ese registro cumple con solvencia.
En definitiva, Fernando Puell de la Villa ha escrito un libro importante. Importante por la magnitud del tema, por la rareza del género en nuestra bibliografía, por la naturalidad con que integra la perspectiva española en una historia general de la guerra y por su utilidad simultánea para el lector culto, el estudiante universitario, el investigador que busca una obra de referencia y, muy particularmente, el militar profesional. No es una observación marginal. Durante mucho tiempo, la enseñanza de la historia militar osciló entre el adiestramiento práctico y la erudición desconectada. Este libro apunta en otra dirección: muestra que la historia militar puede seguir siendo intelectualmente rigurosa, culturalmente ambiciosa y profesionalmente útil. Precisamente por eso, no debe leerse solo como una aportación editorial, sino como una intervención en un debate más amplio: el del lugar que corresponde a la historia militar en la formación superior de los oficiales y, en general, en la cultura estratégica de una nación. Historia de la guerra no clausura ese debate; lo estimula. Y eso, en una obra de síntesis, ya es mucho decir.
Teniente general, Ejército de Tierra, Miguel Ballenilla y García de Gamarra
Presidente de la Comisión Española de Historia Militar
-
-
Historia de la guerra. Seiscientos años de enfrentamientos en Occidente (siglos XV-XXI) (0,05 MB)
-
