CEHISMI. Francisco de Ribera : el almirante invicto, una visión del escenario naval de inicios del XVII

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15 sept 2026

CEHISMI. Francisco de Ribera : el almirante invicto, una visión del escenario naval de inicios del XVII

Pilar Domínguez Sánchez. Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Vocal de la Comisión Española de Historia Militar (CESEDEN)

Sánchez Sánchez, F. Javier. Francisco de Ribera : el almirante invicto, una visión del escenario naval de inicios del XVII. Valencina de la Concepción (Sevilla) : Renacimiento, 2025; (Isla de la tortuga ; 23). 404 pp. ISBN: 979 13 87552 29 9

Si la Historia es “la vida del hombre en el tiempo”, he aquí un claro ejemplo de historia personal contada en el marco de su época. Es decir, vemos el bosquejo biográfico de Francisco de Ribera y Medina (c.1582-1646), el almirante más brillante y efectivo del siglo XVII, célebre por su audacia y dominio táctico en los mares, conocido por su invencibilidad en combate (a pesar de operar en una época de gran convulsión), y seguimos sus vicisitudes vitales. Una vida que se enmarca en el análisis de la hegemonía española en Europa a comienzos del siglo XVII, en un escenario de continuos conflictos.

En esta obra se definen perfectamente sus cualidades esenciales: un marino de acción y corsario, un ascenso rápido por “méritos de guerra”, y su ennoblecimiento, superando las barreras sociales de su época, frente a las rígidas normas estamentales de la nobleza en la carrera naval.

Hoy, la memoria del almirante Francisco de Ribera ha sido relegada al olvido a pesar de que en su tiempo gozó de una gran notoriedad y popularidad entre buena parte de la población. Una fama que condujo a la creación de una obra teatral en su honor: El asombro de Turquía y valiente toledano, de Luis Vélez de Guevara, escrita probablemente hacia 1622.

Del perfil histórico que presenta el autor resalta cómo su temperamento, la de un hombre de naturaleza violenta que participó en diversos duelos, le llevó a huir a Cádiz. En esta ciudad se inicia su carrera naval bajo el mando de Luis Fajardo y Chacón, nombrado en 1604 capitán general de la Armada del Mar Océano. Con Fajardo, Ribera cruza el Atlántico rumbo a las Indias y participa en la victoria sobre los piratas neerlandeses. También estuvo presente en la batalla del cabo de San Vicente y en la campaña de Túnez, arrasando el puerto moro de La Goleta. “En algún momento alcanzó el grado de alférez”, apunta el autor. Pero, al herir en duelo a un capitán, tuvo que huir de nuevo, y se alista en la armada del duque de Osuna

El teatro de operaciones navales de Francisco de Ribera se desarrolla en los escenarios más importantes y conflictivos de la época.

Mediterráneo: en los virreinatos de Sicilia y Nápoles (1611-1622). Se pone al servicio del duque de Osuna, que, como virrey de Sicilia y después de Nápoles, fortalece las armadas de galeras virreinales y crea una formidable escuadra privada, de galeras y galeones, al tiempo que se convierte en el más exitoso armador corsario del Mediterráneo. Siendo el duque, como fue, de los pocos hombres que llegaron a entender entonces que la prepotencia y reputación de España estribaba en el dominio de los mares, necesario de todo punto para el mantenimiento y progreso del mundo colonial extendido por Oriente y Occidente en límites difícilmente mensurables. La carrera del capitán corsario Francisco de Ribera, antes de llegar a las más altas cotas de la Armada, no se puede entender sin la figura del duque de Osuna.

Al principio, se enrola como soldado en la flota de galeones del general murciano Luis Fajardo. El buque más genuinamente español de todos los tiempos: el legendario galeón. Esta embarcación fue la mayor aportación española a la navegación durante siglo XVI y, gracias a su polivalencia, aceptada con suma rapidez por el resto de flotas europeas como buque mercante o militar. De tal modo que, en breve plazo, formaron el eje central de la supremacía española en el Atlántico y el navío escogido para el comercio con las Indias. El galeón se convertía en el símbolo más representativo y emblemático del poder naval español.

En el aspecto militar, con el embarque y acoplamiento de la artillería, los galeones españoles enseguida se transformaron en los poderosos y eficaces buques de guerra. La superioridad combativa de estos buques reside sobre todo en su gran potencia de fuego, debido al gran número de cañones que podían acoplar en su interior.

Asimismo, estos buques jugaron una importante labor de vigilancia en el estrecho de Gibraltar. En los galeones de la Armada del mar océano, con base en Cádiz, fue donde Francisco de Ribera entró en contacto con el mar y el inicio de su transformación en uno de los más grandes marinos de España.

Trasladado Osuna al virreinato de Nápoles, llevó consigo a Ribera entre la comitiva de sus bravos.

Atlántico: en la Armada del Mar Océano (1622-1627). En 1622, navegaba ya integrado en la Armada del Estrecho: años más tarde, Ribera fue requerido por la Corona para participar en la defensa del Atlántico, ámbito en el que llegó a desempeñar el cargo de general interino de la Armada del Mar Océano, con base en Cádiz y Lisboa. El autor refiere la participación de Ribera en la guerra transoceánica, con hitos tan destacados como en la recuperación de San Salvador de Bahía.

Mar del Norte: en la Armada de Flandes (1627-1634), que se encuadra en la guerra marítima entre la Monarquía Hispánica y las Provincias Unidas durante el conflicto más amplio de la Guerra de los Ochenta Años (1568–1648).

En el libro se capta de manera clara cómo la actuación de nuestro protagonista se vio condicionada por las diferencias de criterio asumidas en la política exterior de los reinados de Felipe III y Felipe IV (pacifismo versus belicismo). Para el duque de Lerma (“Pax Hispanica”) su prioridad fue estabilizar la economía mediante la paz. Firmó el Tratado de Londres (1604) con Inglaterra y la Tregua de los Doce Años (1609) con las Provincias Unidas. El conde-duque de Olivares rompió con la tregua holandesa en 1621 y sumergió a la monarquía en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

También se pueden seguir en el libro las luchas de poder en el Consejo de Estado durante la primera mitad del siglo XVII, luchas que reflejaron la transición de un sistema polisinodial a un gobierno dominado por validos. El Consejo de Estado, aunque era teóricamente el órgano consultivo supremo para asuntos exteriores y alta política, vio su autoridad socavada por los validos, que tomaron decisiones en beneficio propio o de sus facciones. Los conflictos entre facciones nobiliarias afectaron al duque de Osuna y, de rebote, a su protegido Francisco de Ribera.

El autor ha consultado los archivos más importantes: el Archivo General de Simancas, que conserva el fondo documental más completo de nuestra historia de los siglos XVI y XVII; los Archivos Generales del Reino de Bélgica, y los manuscritos de la colección del marino Martín Fernández de Navarrete conservados en el Museo Naval (Madrid), amén de la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España.

Para el capítulo de los virreinatos de Sicilia y Nápoles (1611-1622) ha utilizado tanto las memorias de soldados y espadachines del Siglo de Oro: Diego Duque de Estrada (1589-1647)y Alonso de Contreras (1582-1645) cuya autobiografía es una narración ágil, movida e interesante por cualquier concepto, desde el sociológico al histórico y psicológico. También se sirve de las obras dedicadas al duque de Osuna - la clásica de Cesáreo Fernández Duro - y la reciente de Luis María Linde Castro: Don Pedro Girón, duque de Osuna.La hegemonía española en Europa a comienzos del siglo XVII.

Para los planes, proyectos, programas y estrategias de Felipe III en el Mediterráneo ha consultado la obra de Miguel Ángel Bunes Ibarra: Políticas de Felipe III en el Mediterráneo: 1598-1621, donde se analizan las actuaciones de Felipe III, el duque de Lerma, el de Medina Sidonia, los virreyes de Mallorca y sus homólogos de Nápoles y Sicilia en las diferentes partes en las que podemos dividir el Mediterráneo y la Berbería de las dos primeras décadas del siglo XVII.

En lo referente a La Armada del Mar Oceáno (1622-1627) vuelve a echar mano de las obras de Fernández Duro y también consulta las obras clásicas de José Alcalá-Zamora Queipo de Llano sobre España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639) y la de Robert A. Stradling sobre la Armada de Flandes.

Para el capítulo Almirante de la Armada de Flandes (1627-1634) consultó la obra de Enrique Otero Lana sobre los corsarios españoles durante los años 1621-1697, obra basada en su tesis doctoral, centrada en los corsarios que actuaban en el Atlántico peninsular (costa cantábrica, gallega y Andalucía occidental).

Aunque no hacemos una referencia exhaustiva a la bibliografía consultada, creemos que tanto las fuentes archivísticas como las bibliográficas se quedan un poco cortas, quizá por la dificultad de hallar fuentes concretas sobre el personaje.

Seguimos con interés la vida y aventuras de nuestro protagonista hasta que nos “golpea” emocionalmente su desaparición: en un memorial presentado por su hijo Pedro, en 1646, éste solicita la encomienda de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) por haber quedado vacante debido a la muerte de su padre.

El mérito de la obra reside tanto en el uso de una prosa ágil y elegante como en la perfecta descripción de los conocimientos, aptitudes y rendimiento de un marino sin igual que el autor califica muy acertadamente como “almirante invicto”.

Pilar Domínguez Sánchez
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos
Vocal de la Comisión Española de Historia Militar

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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