CEHISMI. La soledad de un marino. Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias

Portada del libro

20 oct 2026

CEHISMI. La soledad de un marino. Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias

Beatriz Alonso Acero. CEHISMI (CESEDEN)

Cerdá Crespo, Jorge: La soledad de un marino. Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias, (Madrid: Edaf, 2025), 430 pp., ISBN: 978-84-414-4410-2.

La figura del marino don Blas de Lezo y Olavarrieta se cuenta entre los escasos protagonistas de la Historia Militar de España que desde hace ya décadas viene suscitando un gran interés por parte de historiadores y militares, por no hablar de otros perfiles académicos que han privilegiado enfoques más sociológicos e institucionales. Sus limitaciones físicas, su controvertido carácter y, sobre todo, el giro que da su vida en los últimos años de su existencia, cuando, tras su nombramiento como comandante de Galeones en 1736, es destinado a las Indias con el objetivo de convoyar embarcaciones mercantes que navegarían según el nuevo modelo del navío de registro, han ejercido como potentes atractivos para pergeñar una ingente producción bibliográfica sobre su persona y desempeño profesional que sería ocioso —e innecesario— recapitular en esta reseña. Es esta una cuestión que el autor se ha planteado, circunstancia que, lejos de desmotivarle en el trazado de una nueva biografía del personaje, le ha servido como acicate por cuanto «su destacada relevancia resulta un soporte fundamental para que se continúe profundizando en el conocimiento de una época de nuestro pasado que aconteció ciertamente de forma brillante y que muy pocos personajes, mejor que Blas de Lezo, se pueden prestar a liderar» (p. 307), palabras que, como colofón, cierran el libro.

Es Jorge Cerdá Crespo, doctor en Historia por la Universidad de Alicante, donde ejerce como profesor de Historia de América Moderna, un excelente conocedor de los tiempos vividos por Blas de Lezo, pues su tesis doctoral, defendida en 2008, versó precisamente sobre La guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748), investigación que dio lugar al libro Conflictos coloniales: La Guerra de los Nueve Años 1739-1748 (Alicante, Universidad de Alicante, 2010). Para un especialista en este período tan convulso como atractivo de la historia naval española y de los conflictos coloniales en el siglo XVIII, el análisis de la trayectoria vital de Blas de Lezo era una opción casi obligatoria para continuar avanzando en su bien acreditada labor investigadora.

Pero lo que Cerdá Crespo nos propone en este libro de algo más de cuatrocientas páginas no es, ni mucho menos, otra biografía del marino vasco, sino un estudio serio, eficaz, preciso y completo de su vida y de la compleja época en la que se enmarca, características de la obra que vienen avaladas por el extenso acopio documental en el que basa, primera y principal fortaleza del libro que reseñamos. Dividido en catorce capítulos, el autor prefiere juntar las notas de cada uno de ellos al final del libro, pues suman más de mil en total, la mayoría relativas a fuentes archivísticas, en especial procedentes del Archivo General de Indias, Archivo General de Simancas y Archivo Histórico Nacional. A ellas hay que sumar las fuentes manuscritas y las primarias publicadas, entre las cuales destacan los diarios escritos por las más variadas plumas —y opiniones—sobre la batalla de Cartagena de Indias. Es, por tanto, un libro que se ofrece al lector como resultado y elaboración de un nutrido trabajo de investigación previo, serio y riguroso.

La obra comienza, acertadamente, por situar el contexto histórico en el que se enmarca la figura de Blas de Lezo (cap. 1), centrando el significado y relevancia de la guerra del Asiento como conflicto comercial, lo que establece un lazo invisible entre el inicio de este nuevo libro con el anterior publicado por Cerdá Crespo en 2010 mencionado más arriba. También con lógica, el autor nos lleva a continuación a los parajes en los que transcurre el meollo del libro, describiendo la plaza de Cartagena de Indias, llave del Caribe dominado por la Monarquía hispánica, desde su nacimiento en el siglo XVI hasta su estado a mediados del XVIII (cap. 2), atendiendo a su situación estratégica, población, costumbres, bases de su economía… Dada la importancia de su fortificación, se dedican unas necesarias páginas a analizar las obras defensivas llevadas a cabo durante los dos siglos de dominio español (cap. 3). Una vez presentados los espacios, eternos e imperecederos, es el momento de hacer comparecer a los personajes, efímeros y finitos, por lo que los siguientes capítulos (4-6) nos presentan a Blas de Lezo y al virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava, desde sus respectivos nacimientos hasta su llegada a Cartagena de Indias, trazando unos perfiles precisos que recogen una vida dedicada a servir a la Corona como militares de primera fila, presentes en diferentes batallas terrestres y marítimas de la guerra de Sucesión (1702-1713) y en acciones posteriores de calado en Italia, donde, por ejemplo, Eslava consiguió la rendición de Mesina en 1718, o incluso en el norte de África, donde ambos tomaron parte en el desembarco para la conquista de Orán de 1732 comandado por el duque de Montemar.

Tras unas breves páginas centradas en el análisis de la reinstauración en 1737 de la junta del Almirantazgo tras la muerte de Patiño, con la consecuente transformación del modelo de gestión naval (cap. 7), y el estudio de uno de sus miembros, Rodrigo de Torres y Morales, designado por dicha junta en 1740 para encabezar la defensa de la plaza frente a la ofensiva británica (cap. 8), la obra se centra en su objetivo prioritario: el relato de la batalla de Cartagena de Indias, realmente asedio, que se prolongó desde primeros de marzo a finales de mayo de 1741. Cerdá Crespo puntualiza primero sobre las fuentes en las que ha basado su análisis (cap. 9), fundamentalmente diarios que compara entre sí, en los que distingue entre los que construyen la narrativa oficial, de carácter propagandístico, ensalzando al virrey Eslava, y los no oficiales, los que, como él los define, «nos hablan incluso cuando callan» (pp. 173-184). Sabedor de que no son fuentes nuevas, sino que ya Lucena Salmoral las analizó en 1973, y más recientemente Mariela Beltrán y Carolina Aguado (La última batalla de Blas de Lezo; Madrid: Edaf, 2018) han hecho importantes puntualizaciones, expone que lo que pretende no es negar estudios anteriores, sino contribuir a completar el nuestro conocimiento sobre este hecho bélico, aportando un enfoque diferente y enriquecedor. El objetivo, por tanto, de su estudio de la batalla, al que dedica el capítulo más extenso (cap. 10), con casi setenta páginas, es realizar un nuevo relato del episodio reuniendo todas las fuentes disponibles en la actualidad, discriminando solamente aquellas que se desviaban en exceso de la realidad, las reincidentes en la exposición de los hechos y las que aportaban escasa información. Es, en definitiva, y como Cerdá indica, un excelso «esfuerzo acumulativo», en el que, teniendo también en cuenta las fuentes inglesas, se aspira a una historia completa, sin juicios de valor, a la luz de la documentación reunida (p. 185). Curiosamente, el estudio del asedio se realiza por periodos semanales, metodología discutible pero eficaz de cara a compartimentar el análisis en un intento por dosificar la información siguiendo un criterio cronológico estricto. Los datos y cifras en los diarios de la batalla se incluyen en un nuevo capítulo (cap. 11) diferente al del relato del asedio, concluyendo que son tan abultados que se convierten en vulnerables, haciendo difícil establecer valores totales o parciales que se mantengan en la estricta objetividad.

El libro se cierra con tres capítulos (12-14) que abundan en la compleja y tensa relación entre Lezo y Eslava durante todo el tiempo que sirvieron a la Corona en Cartagena de Indias a partir de los diarios de Lezo —aunque realmente esta rivalidad está presente como hilo conductor a lo largo de toda la obra— y lo que ocurrió en la plaza tras una victoria que el comandante de Galeones nunca se atribuyó a su mismo, sino a la divina providencia. No se dejan de lado las acusaciones a Lezo presentadas por Eslava ante Felipe V, ni lo que la Corona recriminó a Eslava, aunque el rey finalmente decidirá cerrar el expediente y centrarse en difundir por toda Europa el éxito alcanzado. Lezo morirá en Cartagena de Indias tan solo unos meses después de finalizado el asedio, el 7 de septiembre, sin ver cumplido su anhelo de regresar a España, lo que, junto a otras circunstancias que se analizan, lleva a Cerdá Crespo a definir al marino como «un personaje por comprender», en unas páginas finales que funcionan a modo de conclusión del libro.

Si el rigor documental está presente en toda la obra, no es aportación menor la inserción de mapas e imágenes (estas últimas especialmente en dos magníficos cuadernillos interiores en color), que contribuyen a visualizar y comprender los hechos de armas, figuras y lugares analizados en un libro que carece de un deseable índice analítico y que presenta algunos problemas ortotipográficos. Su acierto en la construcción del índice general, su precisión en la reconstrucción de las vidas y de los hechos militares, y el denuedo por establecer una valiosa comparación de las numerosas fuentes en las que se basa como metodología para alcanzar la verdad convierten a este libro en referencia para el estudio de Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias.

Beatriz Alonso Acero
CEHISMI

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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