CEHISMI. Luis Huet y Lambert. Un ingeniero militar entre la Europa y América

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23 jul 2025

CEHISMI. Luis Huet y Lambert. Un ingeniero militar entre la Europa y América

Enrique García Hernán. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -CEHISMI(CESEDEN)


Pedro Cruz Freire, Luis Huet y Lambert. Un ingeniero militar entre la Europa y América, Madrid, Sílex, 2024, 233 pp., ISBN: 978-84-19661-88-3

El autor de este libro es Pedro Cruz Freire, que actualmente es profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz. Es conocido por la publicación de su tesis doctoral en la Universidad de Sevilla con el título de Silvestre Abarca. Un ingeniero militar al servicio de la monarquía hispana (Sevilla, Athenaica 2017). Desde la obra clásica de Muñoz Corbalán (Los ingenieros militares de Flandes a España, 1691-1718, Madrid 1993), hasta la más reciente de Hinarejos Martín (El sistema de defensas de Puerto Rico, 1493-1898, Madrid 2020), pasando por Capel y otros, los estudios sobre el Real Cuerpo de Ingenieros Militares, creado en 1711, van teniendo en los últimos años más auge, sobre todo en el terreno de la historia del arte. Cabe destacar la figura de Jorge Próspero Verboom, primer Ingeniero General en 1712, y también la presencia de ingenieros extranjeros, porque entre 1717 y 1718 se contrató a una serie de ingenieros, en su mayoría españoles, pero también a franceses, suizos y flamencos, muchos de los cuales tenían apellido de origen francés, un total de 42, como apunta Jesús Cantera Montenegro (coord.), Presencia de Ingenieros militares extranjeros en la milicia española (Madrid: 2019). Entre estos extranjeros hay que incluir a Luis Huet y Lambert, porque nació en Livorno en 1721, aunque no se formó en la Academia de Milán, sino en la de Matemáticas de Barcelona, creada en 1720, como ha estudiado Pedro Luego en el libro antes citado. Falleció en 1798, tras 63 años de servicio. Quizá es también conocido porque es el abuelo de célebre ingeniero Antonio Ramón Zarco del Valle.

Es verdad que, en general, se han estudiado más los ingenieros militares en su relación con la obra pública, y menos en su faceta como verdaderos militares que desarrollaban planes de asedio y combate, lo cual llevó a una disputa con los artilleros, que solo se resuelve en 1751 con las Academias de Artillería de Barcelona y Cádiz. Hay que tener en cuenta que había desde 1773 tres ramos: fortificaciones, academias y arquitectura civil. Así, por ejemplo, Silvestre Abarca era de fortificaciones, Juan Caballero de academias, y Sabatini de arquitectura civil. Es necesario relacionar la biografía del ingeniero con el proceso constructivo de las diversas estructuras y sobre todo enhebrar su implicación con el combate, con las nuevas técnicas y la aplicación de tecnologías avanzadas.

El autor ha elegido la figura de Luis Huet, quizá beneficiándose de la información que había obtenido previamente gracias al trabajo del navarro Silvestre Abarca, teniente general y director comandante de los ingenieros. El autor nos ofrece un trabajo dividido en cinco capítulos, pero en realidad se puede estructurar en tres bloques. Vaya por delante que no se trata de una biografía en sentido clásico, porque no sigue el curso vital del protagonista, con sus elementos discursivos por años. Es en el capítulo II donde desgrana los principales hitos de Huet, de modo breve (37-50), por lo que algunos aspectos no se han profundizado, como su relación con Pedro Lucuce, director de la Academia de Matemáticas (autor de las ordenanzas en 1739), y con Juan Martín Cermeño (Ingeniero Director en 1766), y sobre todo su matrimonio en 1747 con la genovesa Bárbara Bontempo, o la consecución del hábito de Calatrava, que también obtuvo su hijo José, también ingeniero militar.

El autor desglosa en tres bloques sus principales aportaciones, de ahí que a veces nos encontramos con repeticiones y un continuo ir y venir en el tiempo y el espacio. Quizá se debe a que estructura la obra según las misiones del ingeniero, que eran mejorar la red defensiva y la ordenación del espacio. El autor pasa rápido sobre la participación de Huet en las guerras de Italia en el contexto de la guerra de Sucesión Austriaca, así como su contribución en Valencia, Alicante y Málaga, de 1740 a 1762, de modo que apenas conocemos esos veintidós años del biografiado. El tercer capítulo se centra en las aportaciones a la defensa militar de la Monarquía, para lo cual elige tres escenarios: Ceuta (1762-1772), La Habana (1772-1785) -aquí culmina el proyecto defensivo de Silvestre Abarca-, y ya fuera de ese marco temporal, en Cádiz y Andalucía (1785- 1790) (51-112).

En el cuarto capítulo entra en los conflictos bélicos, que titula Guerra, táctica, estrategia y espionaje (113-166). Interesante su plan ofensivo contra Gibraltar de 1797, aunque no se llevó a acabo, a pesar de que era el mejor momento, tras los fracasos de Nelson en Cádiz y Tenerife. También la experimentación de la bala roja (que ya hacían los ingleses), un dispositivo artillero para la defensa de la bahía gaditana. Son balas que una vez calientes al rojo vivo se disparaban para provocar un incendio. Me ha parecido también interesante cómo el autor desarrolla la misión de Huet como Cuartel Maestre General, con la misión de formar el plan de batalla. Creo que en este capítulo podemos encontrar la mejor aportación de Huet, y donde el autor muestra un mayor dominio. Tras la firma del Tercer Pacto de Familia la guerra con Inglaterra es inevitable y España ayuda a la Independencia de Estados Unidos. Aquí Huet tiene un papel relevante con sus planes de batalla para la toma de San Miguel de Panzacola. En suma, Huet trazó el plan ofensivo que llevó a cabo Bernardo de Gálvez en 1779, con el preciso título Plan de ataque de viva fuerza contra el casto de estacas de Panzacola (p. 121, cfr. AGI, Cuba, 1290). Y aunque la ofensiva llevada a cabo finalmente tenía “pocos aspectos en común”, el que Huet fuera precavido sirvió para que los 7.800 efectivos de Gálvez arrollaran en poco tiempo a los 1.800 enemigos. El autor hace un careo con el plano realizado por Joseph Purcell en 1788, dadas las similitudes. Creo que solo por esto, Huet merece un libro como el que se reseña ahora. Hizo también Huet unos planes de conquista de Jamaica y de la isla de Providencia, que, por diversas circunstancias, no tuvieron efecto.

El último bloque es el capítulo V, dedicado a su contribución civil, titulado Planificación urbana, construcción civil y labor cartográfica (176-206). Hay que resaltar que en Cuba creó dos nuevas ciudades, la de San Juan de Jaruco y la de San Julián de Güines. Es destacable también su labor cartográfica de la costa cubana y sus principales puertos, con catorce mapas de 1776 de La Habana y otros más sobre puertos y ciudades para la seguridad de la isla, dibujos que “fueron producto de un concienzudo reconocimiento” (p. 205), lo cual refleja que un reconocimiento de un ingeniero y no un oficial de Armada, se debía a “un nuevo modelo de paradigma defensivo, que anticipada las corrientes de protección propias del siglo XIX” (p. 206).

También es importante la descripción minuciosa que hace el autor las soluciones urbanísticas de Huet para Cádiz, donde estuvo destinado al final de su carrera, porque ahí fue promovido a Mariscal de Campo en 1789, y a Teniente General en 1791. Quizá la mayor carencia de Huet es que no se le conoce ningún tratado de ingeniería militar.

El libro contiene numerosas imágenes a color de fotos y cartografías y un apéndice documental de cinco documentos, así como bibliografía. Está bien documentado, y supone un gran esfuerzo, dada la carencia de un corpus documental único del biografiado. No cuenta con índice analítico, ni mapas ni infografías. Se trata de una buena aportación, no tanto como biografía de un relevante militar con una dilatada carrera militar (no aparecen sus redes familiares), cuanto una descripción de sus principales actividades, con una perspectiva del historiador del arte.

Enrique García Hernán
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) - CEHISMI

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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