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EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO FIRMA LA DIRECTIVA DE DEFENSA NACIONAL 2004

30/12/2004 Twitter

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"Señoras y señores:

Con la firma en el día de hoy de la nueva Directiva de Defensa Nacional, cerramos un ciclo de 25 años.

Estos son, en efecto y en términos prácticos, los que han transcurrido desde que, en 1980, se dictó la primera Directiva de Defensa Nacional y se aprobó la Ley Orgánica de Criterios Básicos de la Defensa Nacional.

Han sido veinticinco años de esfuerzos: de esfuerzos y sacrificios continuados y coronados por el éxito.

En estos años, todo lo relacionado con la Defensa Nacional y con las Fuerzas Armadas ha experimentado un profundo cambio.

La organización y estructura de las Fuerzas Armadas; su composición interna; la configuración de sus operaciones; los sistemas de formación, perfeccionamiento y adiestramiento de sus integrantes; su régimen de personal; el mantenimiento del apoyo presupuestario para mantenerlas en condiciones de eficacia; la modernización de su equipamiento; su participación en programas de ciencia, investigación e innovación; su integración en alianzas militares y en operaciones internacionales de envergadura.

Todo esto ha cambiado. Lo ha hecho en las leyes, lo ha hecho en las actitudes, lo ha hecho en los valores, lo ha hecho en la forma de ejecución de órdenes e instrucciones.

El resultado de un proceso de cambio tan intenso se puede resumir fácilmente. España tiene hoy unas Fuerzas Armadas modernas, bien equipadas, capaces de colaborar en condiciones de igualdad con las de los países más desarrollados del mundo. Unas Fuerzas Armadas bien integradas en el ordenamiento constitucional. Unas Fuerzas Armadas queridas y apreciadas por el pueblo al que sirven.

Porque hay algo que considero muy relevante. En estos años también ha cambiado la relación mantenida entre los ciudadanos y las Fuerzas Armadas españolas.

Los ciudadanos han ido 'haciendo suyas' a las Fuerzas Armadas: las han visto realizar misiones útiles para el conjunto de la sociedad; las han visto implicarse en operaciones humanitarias, de defensa de los derechos humanos, de salvaguarda de la paz y la seguridad internacional en muchos lugares del mundo; las han visto constituirse en un elemento de estabilidad del Estado; las han visto asumir con disciplina y profesionalidad misiones peligrosas que efectivamente han costado la vida a militares españoles de toda graduación y nuevas tareas al servicio de la colectividad, como las que, en estos días, ejercen colaborando con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para garantizar la tranquilidad de todos los ciudadanos.

Todos podemos sentirnos responsables de este continuado esfuerzo y satisfechos del éxito con el que se ha ido coronando. No en vano, prácticamente la totalidad de las grandes decisiones en materia de Defensa han sido fruto del consenso, del acuerdo entre los grupos políticos, que han comprendido la trascendencia de la Defensa Nacional para el presente y el futuro de nuestra vida colectiva.

Es un reconocimiento que corresponde a las propias Fuerzas Armadas, a los sucesivos gobiernos, a las fuerzas políticas, al Parlamento.

Es un reconocimiento que corresponde, en un principalísimo papel, a Su Majestad El Rey, comandante supremo de las Fuerzas Armadas, a las que viene prestando un afecto, un apoyo y un respaldo absolutamente imprescindibles para mantener su identidad al servicio de todos los españoles conforme a los principios y valores constitucionales vigentes en nuestro Estado democrático.

En los últimos tiempos, sin embargo, el mundo ha experimentado cambios trascendentales.

Entre ellos, algunos suponen la aparición o el desarrollo de nuevas amenazas que implican un riesgo abierto para nuestro sistema de vida y la pervivencia y garantía de nuestros derechos. Nueva York, Beslan, Madrid son recuerdos y presencias vivas que nos hacen patentes este nuevo desafío.

Necesitamos, pues, revisar las bases con que hasta ahora hemos estructurado nuestra Defensa y nuestra Seguridad. La nuestra propia y la que compartimos con nuestros socios y aliados.

A este reto es al que pretende responder la nueva Directiva.

Su valor fundamental es que abre las puertas a un nuevo período de planeamiento de nuestra Defensa Nacional.

Es un período que tendrá cuatro ejes principales.

Por un lado, la aprobación de una nueva Ley Orgánica de la Defensa Nacional, cuyas líneas esenciales hemos examinado en el Consejo de Ministros que se acaba de celebrar y cuyo texto enviaremos en las próximas semanas al Parlamento una vez que hayamos consensuado los ejes básicos de la misma.

Es una Ley que revisará la estructura de mando y la organización de las Fuerzas Armadas.

Es una Ley que abordará el papel que corresponde a las instituciones del Estado en relación con la defensa.

Es una Ley que regulará la forma y condiciones en que las Fuerzas Armadas Españolas podrán participar en operaciones en el exterior. Una regulación que reconocerá al Parlamento, en cuanto representación máxima de la ciudadanía, una capacidad decisiva de la que hasta ahora carecía y que asegurará una legitimación esencial a estas iniciativas.

Por otro lado, la Directiva define compromisos del Gobierno y de toda la Administración del Estado destinados a garantizar la disponibilidad de los recursos necesarios para abordar el proceso de transformación que deben experimentar las Fuerzas Armadas con el fin de dotarse de las capacidades que un país como el nuestro requiere, merece y está en condiciones de alcanzar para garantizar los derechos de los ciudadanos.

La Directiva establece, asimismo, las líneas esenciales de nuestra política de alianzas en materia de Defensa.

España es, definitivamente, uno de los grandes países del mundo. Nuestra Política Exterior debe responder a esa condición y, por ello, también debe hacerlo uno de sus instrumentos, la Política de Defensa.

El Gobierno las concibe como destinadas a influir en la consecución de la paz, la estabilidad, la seguridad internacionales. El multilateralismo, el respeto a la legalidad internacional, la fortaleza de nuestro sistema de defensa, son las guías que la harán posible.

Ni podemos ni queremos afrontar aisladamente estos objetivos. El esfuerzo por nuestra seguridad es, hoy, un esfuerzo necesariamente compartido.

Europa, también aquí, es nuestra referencia natural.

Junto a ella, la Alianza Atlántica constituye el foro en el que queremos seguir encontrándonos con nuestros socios, nuestros aliados, nuestros amigos.

Una y otra, junto con las Naciones Unidas, nos proporcionarán el marco en el que velar por nuestra seguridad nacional y participar en la seguridad colectiva.

Seguridad que nos ayudarán a preservar los Estados Unidos de América, con quienes queremos fortalecer las pautas de entendimiento que se recogen en el Convenio de Cooperación para la Defensa.

La Directiva, en fin, abre nuevos cauces para la participación de las Fuerzas Armadas en operaciones destinadas a proporcionar bienestar y seguridad a los ciudadanos mediante su colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con los servicios de protección civil y emergencias.

Señoras y Señores:

A ustedes, generales, jefes, oficiales, suboficiales y tropa de los Ejércitos de España, corresponderá, en buena medida, un nuevo esfuerzo de adaptación a la época de transformación de las Fuerzas Armadas que ahora se inicia.

El Gobierno espera de ustedes, en el cumplimiento de esta tarea, de este reto, la dedicación, el sacrificio, la disciplina, la profesionalidad, y el amor a España que siempre han demostrado.

Tendrán, a la hora de hacerlo, el respaldo del Gobierno y la satisfacción y el afecto de todos los españoles".

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