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DE DEFENSA

COMPARECENCIA DEL MINISTRO DE DEFENSA EN LA COMISIÓN DE DEFENSA DEL CONGRESO

25/05/2004 Twitter

Bono propone un pacto para que la defensa nacional sea una política de Estado y no de lucha partidista

Bono: "Una de mis prioridades será evitar incertidumbres laborales al personal de las Fuerzas Armadas"

Bono: "Modernizar y racionalizar los recursos será uno de mis compromisos"

Bono: "La política de Defensa se basará en la cooperación, la lealtad con los aliados y el respeto a la legalidad internacional"

Bono: "Queremos unos ejércitos para la paz y la seguridad mundiales"

Hace 21 años intervine por última vez como diputado en el pleno de esta Cámara. Hoy comparezco por primera vez como ministro de Defensa de España.

Hace 21 años tenía como ciertas algunas cuestiones que hoy ya no defiendo. Nosotros, los de entonces, Sr. Presidente, ya no somos los mismos ... aunque en gran medida sí lo somos

Disculpen estas palabras hilvanadas por emociones producidas por el reencuentro con veteranos colegas como J. Leguina, Luis Mardones, Rogelio Baón, Fernando López Amor,

Permítanme que les diga que la España que yo quiero defender como ministro de Defensa, y no en vano ni en solitario, sino con la Constitución, es aquella en la que, en vez de refugiarnos en las certidumbres particulares del pasado, seamos capaces de afrontar, juntos, las incertidumbres del futuro. Pensando que el bienestar de los españoles vale más que nuestras diferencias políticas.

A esa actitud responde lo mejor de lo construido en estas dos décadas, y es el camino por el que deberemos transitar con cautela y sabiendo que nos acechan paradojas e incertidumbres que sólo se resuelven como el maestro en paradojas, Miguel de Unamuno -vasco, español y contradictorio-, afirmaba: con inteligencia y generosidad.

Vengo hoy para exponerles las líneas básicas del Ministerio de Defensa. Antes, quisiera, a modo de introito, hacer cuatro apuntes:

Primero.- He aceptado el honor de ser ministro de Defensa porque así me lo pidió el presidente y porque estoy dispuesto a esforzarme para que nuestros Ejércitos cumplan la función que les encomienda nuestra Carta Magna: garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Intentaré ser útil a tal propósito.

Sin embargo, señorías, el cometido que los españoles atribuyen a sus Fuerzas Armadas en la Constitución no puede ser exhibido como arma arrojadiza de unos contra otros. El orden constitucional y de la soberanía nacional no se deben interpretar a la usanza de quienes se ven en España como vecinos envidiosos y siempre prestos a participar en un perpetuo motín de Esquilache. La hora de los Ejércitos intervencionistas pasó hace tiempo y, hoy día, garantizar la soberanía nacional no es cosa distinta, y mucho menos contraria, que defender la libertad y proteger la radical igualdad de todos los españoles.

Segundo.- Nuestros Ejércitos no son ninguna organización secreta que desee vivir a espaldas o cerrada ante la sociedad. Todo lo contrario: son una gran institución de hombres y de mujeres que la sirven de manera ejemplar, con una vocación muy digna de destacarse y con un esfuerzo y sacrificio, no siempre compensados.

Tercero.- Nuestras Fuerzas Armadas tienen prestigio. El pasado mes de febrero en una encuesta, las FAS estaban igualadas con el Consejo General del Poder Judicial con un 4,9 detrás de la Corona con 5,9 puntos y el Tribunal Supremo con 5,0 y por delante del Tribunal Constitucional (4,7) Los jueces (4,5), los Bancos (4,4) y el Gobierno de la Nación (4,3).

Sin embargo, algunos ciudadanos, desconociendo el nivel de preparación y profesionalidad de nuestros militares, recurren a fáciles descalificaciones. Comprenderán que como Ministro de Defensa aspire a que los españoles conozcan bien a sus Ejércitos y sientan agrado y satisfacción por el buen cumplimiento de sus misiones y por la profesionalidad de sus componentes.

Creo que el Gobierno y esta Cámara representan muy mayoritariamente a una sociedad que quiere tener unas FFAA y que éstas le garanticen seguridad. Por ello, debemos huir de planteamientos, tan legítimos como minoritarios, que niegan la función de los Ejércitos y mantienen que la paz no hay que preservarla ni defenderla.

Cuarto.- Tengo Partido, pero, en materia de Defensa, la política de mi partido ha de ser una política de Estado.

No vengo hoy ni tengo intención de venir nunca al Parlamento para atizar polémicas o para pasar facturas a anteriores gobernantes. Mi compromiso es con la Defensa y con los españoles. Me esmeraré en tratar a mis antecesores con el mismo respeto que querría ser tratado por quienes me sucedan.

Ayer regresó el último contingente militar desde Irak. Este hecho produce alegría llena de cordura. Esa alegría y el silencio que pienso guardar acerca del juicio que me merece la decisión de enviarlos quiero tomarlas como presagio de un gran acuerdo de todos en la política de Defensa.

Buscaré la suma de voluntades, aunque nunca para eludir mis riesgos, ni para diluir o transferirles las que son mis obligaciones. Por otra parte, el consenso nunca puede construirse a costa de la eficacia de nuestras Fuerzas Armadas.

He pedido esta comparecencia para explicar las líneas principales de actuación del Gobierno y agradezco la atención que prestan a la misma. En correspondencia a su cortesía les anuncio que no esperen de mi un discurso de madera que se asemeje al de quienes no pudiendo ser profundos se conforman con ser confusos.

Dividiré mi exposición en cuatro partes:

1. Relaciones internacionales en el terreno de la Defensa

2. Ámbitos prioritarios de la política exterior de Defensa.

3. Objetivos prioritarios de nuestras Fuerzas Armadas

4. El nuevo modelo de las Fuerzas Armadas

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1.- Principios de relaciones internacionales en el terreno de la Defensa

- Principio de cooperación con otros Estados; una cooperación desde la soberanía, no desde el sometimiento.

- Principio de lealtad con nuestros aliados. Una lealtad que, como componente ético, no sólo es exigible a las personas sino también a los Estados; una lealtad que es también aval de nuestra credibilidad. Nos proponemos el cumplimiento de los compromisos que España tiene establecidos, tanto en el ámbito de la OTAN como en Europa. La participación de España en el ámbito europeo de la Seguridad no excluye una relación trasatlántica robusta y equilibrada.

- Principio de respeto a la legalidad internacional. Consideramos que se debe reforzar el papel de la Organización de Naciones Unidas y decir "No" a la llamada "guerra preventiva". Si habíamos creído prescrito ya el viejo aforismo "si vis pacem para bellum" los neoconservadores dieron un paso más, hacia atrás, y dijeron "si quieres la paz desencadena la guerra preventiva". Se auparon en la conmoción que produjo el 11-S. No les importó que frente a ese ardor guerrero se levantara la voz de tantos seres humanos, hasta del Papa ("la guerra es una aventura sin retorno").

A España no le aprovecha el camino de la guerra. En la decisión de repliegue de nuestras tropas de Irak se condensa una respuesta al papel en el mundo de hoy de las guerras y de las Fuerzas Armadas: queremos unos Ejércitos para la Paz y la seguridad mundiales.

Queremos que sean fuerzas para preservar y para construir. No atribuyo a mi gobierno el título de pacifista, pero lo que es evidente es que no somos belicistas.

Quizá pudiéramos, desde España, regalar a nuestro aliado EEUU la sabiduría antigua de nuestro compatriota Saavedra Fajardo: "Si el vencer tiene por fin la conservación y aumento de la república, mejor la conseguirá la astucia o la negociación que las armas. Mas importa la vida de un ciudadano que la muerte de muchos enemigos".

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2.- Señalados estos principios, paso a relacionarles los ámbitos prioritarios de la política exterior de Defensa.

El primero naturalmente es Europa. El Gobierno es partidario de impulsar una Defensa Común Europea. Naturalmente, vamos a mantener nuestro apoyo y nuestra participación en el proyecto de dotar a la Unión Europea con una Capacidad Militar de Respuesta Rápida, que estaría compuesta por unos 1.500 efectivos (dos unidades en el horizonte 2010).

Consideramos que se debe potenciar la Agencia Europea de desarrollo de capacidades militares .

En cuanto a la presencia de tropas españolas en misiones dentro del continente, permítanme recordarles que, respecto de Bosnia-Herzegovina, el Consejo Europeo del pasado diciembre confirmó la disposición de la Unión para asumir allí una misión PESD .

Por otra parte, en Kosovo lo previsto era reducir gradualmente nuestros efectivos a lo largo del año 2004, de manera que a finales del mismo, previsiblemente, se habría completado la retirada total. A la vista de la situación actual, se está considerando la decisión a adoptar.

Europa debe estar comprometida en la tarea de la seguridad mundial. Si me lo permiten, usando una imagen del ámbito militar: una Europa que no sea ni un barco a la deriva ni tampoco arrastrado por un buque; el barco en el que viajamos 450 millones de europeos tiene que navegar con la vocación de convertirse en un portaviones de progreso global. Considero necesario mantener nuestro compromiso de integración en el Eurocuerpo y otras fuerzas europeas.

La primera potencia civil del mundo no puede ser tan incapaz como es actualmente de garantizar la paz, o influir en la resolución de los conflictos.

Otro ámbito prioritario es el Mediterráneo. En él no sólo no debemos ser impulsores de conflictos sino que debemos trabajar interesadamente para que éstos no se produzcan.

Necesitamos recuperar nuestra política mediterránea porque no podemos abandonar la pretensión de integrar a la frontera sur de la Unión Europea en un área de paz y de estabilidad.

Iberoamérica, por motivos históricos, culturales, hasta familiares en muchos casos, tiene un significado especial para los españoles.

Iberoamérica no puede quedar relegada, tampoco, de las prioridades de nuestra política exterior de defensa y no debemos restringir nuestra vinculación trasatlántica a una relación exclusiva con los Estados Unidos. No podemos desdeñar la capacidad de aportar el apoyo que se nos solicite en defensa de la democracia y en la lucha contra el terrorismo.

El lugar al que quiero referirme para cerrar esta enumeración es Afganistán donde continuamos con las acciones iniciadas en su día por parte del Gobierno anterior. Quiero destacar el buen trabajo que nuestras tropas están desarrollando con la población dentro de la ISAF , así como la presencia -dentro de la operación 'Libertad Duradera'- de tropas españolas que siguen participando como miembros de OTAN. Son cerca de 400 los miembros de nuestras Fuerzas Armadas que integran estas dos misiones.

También debo añadir que, en nuestra vocación europea, estamos dispuestos a que el Eurocuerpo asuma el nuevo cuartel General de la ISAF a partir del mes de agosto; una participación que no supondrá, en principio, un incremento de los efectivos actualmente destinados en ese Cuartel General.

3.- Objetivos prioritarios de nuestras FFAA

La Directiva de Defensa Nacional 1/2000 establece 3 objetivos prioritarios:

- Garantizar la seguridad y defensa de España y de los españoles.

- Contribuir en misiones internacionales.

- Fomentar la conciencia de la defensa nacional.

Garantizar la seguridad y defensa de España y de los españoles es el primero. Un objetivo defensivo que proscribe el uso de nuestros Ejércitos contra otro Estado, salvo en defensa, por una agresión anterior, pero nunca para quebrantar la paz y la legalidad internacional que establece además que nuestros Ejércitos nunca podrán utilizarse en forma incompatible con la voluntad de la Nación Española.

Las misiones de ayuda humanitaria y de operaciones de paz y de gestión de crisis son otro de los objetivos prioritarios señalados en dicha Directiva.

Hubo una época no muy lejana en que algunos buenos profesionales de nuestros Ejércitos, y no sólo ellos, no alcanzaban a comprender la necesidad de que nuestras tropas tuviesen que salir, por ejemplo, en misión humanitaria, fuera de nuestras fronteras.

Encogerse de hombros ante el sufrimiento evitable de los débiles, además de inmoral es poco inteligente. Porque no se puede vivir en paz, ni ser feliz, por más riquezas que se posean, en estado de sitio, desconfiando de todos los desconocidos y convirtiendo la propia casa, el barrio o el país de uno en una trinchera frente al resto de la humanidad.

Ya no somos únicamente ciudadanos de una sola nación, ni tenemos un solo Estado que nos represente, proteja y defienda. Cada vez se impone con más fuerza un concepto de ciudadanía con validez universal.

Nuestra seguridad está inseparablemente unida a la del resto del planeta. Desde las reformas iniciadas en 1983, nuestras Fuerzas Armadas han adquirido una notable experiencia en nuevas tareas internacionales . Baste recordar los puestos de relevancia alcanzados en organizaciones de seguridad como la OTAN y las Eurofuerzas .

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Me ha llamado la atención la sorpresa que produce en algunos profesionales extranjeros de la milicia la tercera prioridad fijada en la Directiva de Defensa Nacional 1/2000, "Fomentar la conciencia de la Defensa entre la sociedad española". No alcanzan a comprender que los españoles tengamos necesidad de recibir explicaciones acerca de la necesidad de poseer, financiar y defender a nuestras FFAA.

Una excursión por nuestra, ya no tan reciente historia política, serviría de explicación. No entraré en ello.

Sin embargo, como ministro de Defensa no puedo pasar por alto un hecho que me preocupa y que, a juzgar por las prioridades fijadas en la Directiva de Defensa Nacional 1/2000, también preocupaba a sus redactores. Me refiero a la necesidad de trasladar a la conciencia ciudadana una convicción que otros países de nuestro entorno tienen asumida desde hace tiempo: la necesidad de ser defendidos, la necesidad de que los Ejércitos nos defiendan.

Hablar de los Ejércitos significa, hoy más que nunca, hablar de paz. No es una paradoja literaria.

La historia ha cambiado radicalmente. Los ejércitos se organizaron desde tiempos muy remotos para conquistar o someter. Hoy, en nuestras sociedades democráticas, la idea del ejército de ocupación o de conquista ha quedado obsoleta.

¿Por qué un ejército para la paz? Muy sencillo: porque sólo hay paz si se garantizan la vida y los derechos de todas las personas. La paz no es un estado de naturaleza, ni existe por sí sola, Hay tiranos deleznables. Se despliegan ideologías fanáticas que incitan al odio y a la guerra. Y porque existe esa constante amenaza, son necesarias las Fuerzas Armadas.

Ésa es la nueva Política de Defensa: protegernos de la violencia, defendernos del terror, tener ejércitos no para hacer la guerra, sino para extender la paz. Esta es una lección que los españoles no deberíamos demorarnos en asumir.

La conciencia de la Defensa Nacional no puede quedarse exclusivamente en el ámbito de las Fuerzas Armadas. La sociedad española debe asumir que sin defensa no hay seguridad, y que sin seguridad no hay progreso, y que sin progreso no hay bienestar.

Y se ha de llegar a comprender que es necesario garantizar las inversiones que su actividad requiere, porque sólo así podremos contar con Ejércitos eficaces que puedan llevar a cabo sus misiones en el mundo de nuestros días.

4.- El nuevo modelo de las FFAA

Señorías, el Gobierno quiere y pretende que España pese en el mundo, y tal pretensión exige una política de Seguridad y Defensa respetable y respetada.

Es verdad que nuestras Fuerzas Armadas están salvando airosamente los primeros retos del siglo XXI. Funcionan en lo internacional y en lo nacional, y funcionan bien. ¿Por qué cambiar entonces? Porque gran parte de su buen hacer es a costa de entregas y de sacrificios que no siempre son justos e incluso pueden llegar a resultar insuficientes.

Paso a comentarles a continuación algunas cuestiones relacionadas con el modelo de nuestras Fuerzas Armadas.

1.- Modificación de la Ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional . Resulta ineludible la adaptación y la modernización de la Ley Orgánica de Criterios Básicos de la Defensa Nacional puesto que desde su promulgación en 1980 y reforma en 1984, ha habido cambios notables. Ya el presidente, el 26 de abril en el Congreso de los Diputados, se refirió a ello comprometiéndose a remitir a esta Cámara un proyecto en el que se prevea la participación del Parlamento en las decisiones del Gobierno relativas a la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en el exterior.

Se ha de incorporar, por ejemplo y sin ir más lejos, todo lo derivado de la Revisión Estratégica de la Defensa que vio la luz en el año 2002.

2.- En la Revisión Estratégica ya se anuncia la conveniencia de que exista, no sólo en el papel, un único mando operativo. Son muchos los profesionales que me han hecho llegar la conveniencia de potenciar el mando operativo conjunto de los tres Ejércitos que se encuadra en el Estado Mayor de la Defensa. Veo más beneficios que servidumbres en la propuesta de la Revisión Estratégica y, en tal caso, los JEMES pasarían a ser los mandos orgánicos de sus Ejércitos pero sin funciones operativas, que estarían asignadas al EMAD.

3.- Reforzamiento de las misiones no armadas como:

- La protección de las personas en caso de catástrofe o calamidad;

- El abastecimiento de bienes y servicios indispensables en circunstancias de fuerza mayor.

- La colaboración con la Policía para el restablecimiento de la paz y la tranquilidad pública ante ataques terroristas; Ganar a los terroristas debe ser más importante que ganar las elecciones.

- La vigilancia de fronteras, incluida la vigilancia costera y el auxilio y salvamento marítimos;

- El control de la circulación aérea general

- La protección del medio ambiente; por ejemplo en el caso de los incendios forestales.

4.- Los Servicios de Inteligencia los regula una ley aprobada por amplia mayoría de las Cortes Generales. Pero tenemos servicios de inteligencia en los tres Ejércitos que deben unificarse en la estructura orgánica del Estado Mayor de la Defensa y con dependencia funcional del Centro Nacional de Inteligencia. Está en preparación la correspondiente norma jurídica.

Quiero añadirles respecto a dichos serrvicios, que cumpliré mi compromiso de que éste sea un ámbito a tratar con exquisita prudencia... hasta el secreto que, por otra parte, con buen criterio, impone la ley en muchas de las cuestiones relacionadas con ellos. No sólo por el carácter clasificado de la información de que disponen, sino por la no visibilidad de la que depende su eficacia. Voy a ser riguroso en este punto. Tan riguroso como transparente en otros.

Deseo citar en esta Cámara a los agentes del Centro Nacional de Inteligencia, porque son personas que se sacrifican y esmeran hasta dar su vida para defender la seguridad de los españoles y no siempre pueden recibir el tributo que merece su trabajo. En muchas ocasiones porque el éxito que alcanzan no puede, por razones obvias, atribuírseles; el secreto, la confidencialidad y el sigilo son partes integrantes de su propia actividad.

5.- En materia de personal una de las tareas prioritarias consistirá en corregir incertidumbres.

En cuanto al número y perfil de efectivos, considero que el debate debe ser sobre la calidad y la especialización y no sólo sobre la cantidad. Debemos conjugar unas cifras-objetivo realistas con el principio de calidad suficiente.

Pero el hecho es que ha disminuido notablemente el contingente de tropa. Cuando se produjo el tránsito de Fuerzas Armadas de leva obligatoria a un ejercito profesional, se fijó el contingente necesario de tropa en más de 100.000 efectivos. La realidad es que hoy día no se llega a cubrir tal cifra y, especialmente en la Armada, el problema no es despreciable. En los últimos años hemos descendido a un ritmo superior a 1.500 soldados y marineros por año.

Para conjugar los principios de cantidad y de calidad, entre las posibles medidas a estudiar, no deben ignorarse las siguientes: Formación que garantice la razonable certeza de integración en el mundo laboral; incremento en la reservas de plaza para reincorporación; Consideración de suboficial en las circunstancias que se determinen como ocurre en la Guardia Civil; pensiones; Estabilidad y promoción profesional; mejores salarios para las unidades que para los destinos burocráticos, etc.

6.- Considero que la actual carrera profesional no debe ser el único derecho adquirido que permita alcanzar los puestos de mayor responsabilidad en las Fuerzas Armadas españolas. La calificación obtenida en la Academia, la posición en el escalafón, no pueden ser las únicas formas de ascenso. Desde el soldado o marinero hasta los mayores empleos hay que poner en valor que sólo el trabajo y la eficiencia constantemente evaluada es origen del mérito y del reconocimiento de éste. Creo que coincidirán conmigo: La legitimidad de un soldado está en su trabajo, cualquiera que sea su empleo.

7.-Probablemente haya que definir un modelo que necesite una menor cantidad de soldados y una mayor cantidad de técnicos, es decir de suboficiales.

Igualmente se ha de establecer una proporción operativa adecuada y eficiente entre el contingente de oficiales y suboficiales para, sin perjudicar las legítimas expectativas de los actuales profesionales, se ordene para el futuro lo más conveniente a la Defensa Nacional.

8.- Es obligado que los militares realicen trabajos militares y las demás tareas sean desempeñadas por personal civil o prestadas mediante servicios externos. La misión encomendada a la Defensa Nacional no puede desarrollarse por entidades privadas, pero esa premisa no impide que haya servicios que puedan y deban encomendarse a terceros por razones de eficacia y de economía. En ningún sitio está escrito que sea más progresista ni más adecuado pagar más por servicios idénticos, siempre que no se resienta el servicio público que se presta.

9.- Calidad de vida. Estoy decidido a prestar una atención muy especial a las condiciones de vida del personal de nuestros Ejércitos. Hay una clara razón de justicia con personas a las que se exigen sacrificios, disciplina, disponibilidad permanente para el servicio, movilidad geográfica con frecuentes traslados, y hasta restricciones en el ejercicio de derechos generalmente reconocidos a la ciudadanía. Impulsaré un Plan Global de Calidad de Vida.

10.- También pretendo que vayamos adaptando el actual "ordenamiento legal de los derechos y deberes de los militares" (Ley 85/1878, de 28 de diciembre). Quizá debamos hacer nuestro aquel concepto que un día fue acuñado por las modernas fuerzas alemanas, identificando al personal militar con la expresión de "ciudadano de uniforme" . Sin ignorar, dicho sea de paso, que hay servidumbres que el uniforme impone.

Aquí, quiero añadir un comentario a propósito de nuestra Guardia Civil, cuya naturaleza militar y experiencia acumulada como fuerza de seguridad debe ser aprovechada y puesta en valor en operaciones de paz en el exterior. Sobre este asunto el Presidente ya adelantó su propósito de constituir una unidad al efecto.

11.- Refiriéndome al personal quiero hacer un paréntesis para comentarles las actuaciones que el Gobierno está llevando a cabo con los familiares de los 62 militares españoles fallecidos en el accidente del 'Yakovlev-42'.

Estamos cumpliendo el compromiso contraído en su día por el presidente del Gobierno de intentar reparar, en lo que esté en nuestra mano, el dolor de los allegados. La primera audiencia que concedí como ministro fue a los principales representantes de la Asociación de Víctimas; luego he recibido a otros familiares afectados.

Tenemos un buen clima de diálogo entre las familias y el Ministerio. No podremos hacer que cicatricen las heridas tan recientes, pero pretendemos hacer frente a los problemas ocasionados por el accidente y honrar la memoria de quienes queremos que descansen en paz, después de haber servido a su país.

Hoy mismo viajaré a Turquía para inaugurar el monumento que se inaugurará mañana, cuando se cumple el primer aniversario del accidente.

12.- Recursos, material e infraestructuras. Un capítulo muy importante del modelo de Fuerzas Armadas es el que se refiere a las dotaciones del material que precisan y a las infraestructuras de la Defensa. Modernizar los recursos y racionalizar su uso es una tarea tan prioritaria como constante.

No considero inadecuado que se estudie en profundidad la conveniencia de incrementar los recursos presupuestarios con destino a las unidades operativas, financiando tales incrementos con minoraciones en las funciones de Administración y servicios generales. Reducir la burocracia para incrementar la potencia de nuestros Ejércitos no creo que encuentre oposición justificada.

En cuanto al material, quiero avanzar en la mejora de la operatividad de nuestras unidades. Para ello, considero de vital importancia continuar impulsando el desarrollo de los grandes programas de armamento que ya están en marcha.

Es necesario dotar a nuestros Ejércitos de un modo efectivo, a la vez que contribuimos a consolidar y a hacer competitiva la propia industria nacional de Defensa.

En cuanto a las infraestructuras y su racionalización debemos considerar que la profesionalización y la reorganización consiguiente de las Fuerzas Armadas hacen necesario concentrar, por un lado, y liberar patrimonio del Estado afecto al Ministerio de Defensa por otro.

Mientras termina la necesidad de uso de unos determinados bienes, otras necesidades demandan nuevas inversiones. Es compromiso del Ministerio que, en ningún caso, en dicho tránsito de enajenaciones y de inversiones se favorezcan intereses que sean contrarios al interés general.

FINAL

En definitiva, señorías, el Gobierno no pretende iniciar reformas para satisfacer pruritos sin fundamento. Detrás de cada cambio habrá una razón y un proceso de reflexión y de diálogo con todos los que deseen o deban emitir criterio.

Deseo que sintonicen con la voluntad de llegar a acuerdos con un Gobierno y con un ministro que no desea imposiciones ni es amigo de reformas basadas en el encastillamiento ni en la intransigencia.

Necesitamos y, además, queremos su apoyo para sacar adelante un proyecto en el que ha de primar la operatividad sobre la burocracia, la eficacia sobre la inmovilidad, y la ilusión sobre el conformismo.

He ido al Ministerio sin más servidumbres -y no son pocas- que mis propios defectos personales. Sin embargo, no tengo en las Fuerzas Armadas amigos a los que servir ni de quienes espere ni un aplauso adulador, ni una ayuda para un ascenso que no busco. Mi interés es desinteresado y mi deseo es llegar a acuerdos con ustedes, con todos los grupos parlamentarios. Les pido su ayuda en aquello que coincidamos y su indulgencia en mis errores.

Si lo hago de este modo tan directo es porque, al margen de diferencias políticas evidentes entre nosotros, creo que todos tenemos un mismo empeño: expandir las libertades como requisito para la paz. Trabajar por la paz no sólo para que el mundo sea mejor, sino para que pueda seguir existiendo.

Avancemos siguiendo el consejo de Berlin cuando nos decía que: En ética y en política no hay nada más pernicioso que sostener fanáticamente unas pocas ideas simples como claves universales.