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A la caza de los secretos del sol

13/09/2018 Twitter

El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) ha dado un paso más como centro público de investigación y en su faceta de cooperación internacional al haber contribuido de forma relevante en la puesta a punto de Solar Orbiter, un avanzado satélite que pretende posicionarse en las cercanías del astro rey para recoger imágenes y datos de su atmósfera exterior, de su campo magnético, de su cara no visible desde la Tierra y también de los polos del Sol, una región jamás observada.

Solar Orbiter es una misión espacial conjunta entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Administración para la Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), para observar la atmósfera solar con lentes de alta resolución espacial y combinarlas con observaciones y mediciones tomadas en el entorno que rodea al orbitador.

El principal objetivo es aportar datos para que la comunidad científica pueda descifrar los mecanismos que están en el origen del viento solar, una especie de aliento infernal que el Sol desprende de forma continuada y que cada segundo proyecta al cosmos una tonelada de partículas, muchas de las cuales alcanzan la atmosfera terrestre. Las citadas emisiones provocan en los polos las espectaculares auroras boreales, pero también producen perturbaciones en las emisiones de radio, apagones eléctricos y daños en los satélites.

La construcción e integración de la plataforma corresponde a la industria europea, mientras que su envío al espacio es responsabilidad de la norteamericana. La complejidad de la misión ha obligado a retrasar varios años su puesta en órbita. En la actualidad, se encuentra programada para volar al espacio en 2020 desde el complejo espacial de Cabo Cañaveral —en el estado norteamericano de Florida— a bordo de un lanzador Atlas V de Lockheed Martin.

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